Las abejas meliponas y su importancia biocultural en los pueblos mayas.

Las abejas meliponas, habitan principalmente en las regiones neotropicales en los estados de Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Chiapas, Tabasco, Veracruz y Oaxaca, y son piezas clave para mantener la salud en los ecosistemas. Su presencia es muy importante ya que ayudan a sostener la reproducción de numerosas especies de plantas nativas y de cultivos esenciales para la seguridad alimentaria, contribuyendo también a la conservación de la especie humana. Pero su importancia va más allá del aspecto ecológico; estas abejas forman parte del patrimonio cultural, económico y espiritual de muchos pueblos mesoamericanos, entre ellos los mayas, quienes las consideraban sagradas y formaban parte de sus ceremonias religiosas.

A diferencia de la abeja europea Apis mellifera, la cual fue introducida durante la Colonia, para el cultivo de la miel (apicultura) las meliponas son abejas nativas que han evolucionado junto a los ecosistemas nativos y a los sistemas agrícolas tradicionales. Su tamaño es más pequeño que el de Apis mellifera, lo cual les permite visitar flores pequeñas, alargadas o de difícil acceso, y muchas especies realizan polinización por zumbido, la cual se caracteriza por una vibración que ayuda a que se libere el polen atrapado en anteras poricidas (estructura donde el polen se libera por poros). Debido a estas adaptaciones, las meliponas son polinizadoras esenciales de plantas nativas y también de cultivos comerciales como el café, el cacao, diversas variedades de chile y el tomate. Su papel en la seguridad alimentaria es, por tanto, profundo e importante.

Aunque carecen de aguijón, no están indefensas, pueden morder con sus fuertes mandíbulas, enredarse en el cabello o introducirse en cavidades para ahuyentar a posibles depredadores. Estas mismas mandíbulas les permiten cortar estructuras florales y facilitar la liberación del polen, contribuyendo de manera directa al proceso de polinización.

El valor biocultural de estas abejas se expresa con especial fuerza en la meliponicultura, una práctica milenaria que ha sobrevivido desde tiempos precolombinos. En la península de Yucatán, por ejemplo, la especie Melipona beecheii —la sagrada xunán kab— era cuidada por los pueblos mayas como parte de su cosmovisión, vista como la conexión entre el mundo terrenal y espiritual, y como un símbolo entre la fertilidad y la abundancia de la tierra. En la lengua maya, kaab no solo nombra a la abeja: también significa “universo”. Para los mayas, este pequeño ser era una expresión de la fuerza que ordena y sostiene la vida, un símbolo de creación y equilibrio. Su miel, menos densa que la de Apis mellifera, es apreciada por su potencial terapéutico y por su uso tradicional en rituales, medicina y alimentación. Sin embargo, su producción es menor, lo que la convierte en un recurso valioso y culturalmente significativo, pero el mismo hecho de que su producción sea menor fue que puso su primer desafío cuando se introdujo a la abeja melífera.

La llegada de la abeja europea durante la Colonia desplazó a muchas especies nativas por competencia, y en el siglo XX las abejas africanizadas añadieron un nuevo desafío, ya que tienen la misma necesidad de recursos y eso genera competencia y el desplazamiento de las especies nativas. A esto se suman las amenazas actuales: la fragmentación del hábitat, el uso de agroquímicos, la pérdida de vegetación nativa y los efectos del cambio climático. En varias comunidades, la meliponicultura enfrenta también presiones sociales como la migración forzada por falta de oportunidades o por eventos climáticos extremos, lo que pone en riesgo la continuidad de este conocimiento ancestral, ya que es un conocimiento que se transmite de manera transgeneracional.

México alberga alrededor de 46 especies de meliponas, lo que lo convierte en el tercer país con mayor diversidad después de Brasil y Argentina. Sin embargo, siguen siendo poco conocidas para la mayoría de la población. Esta falta de visibilidad contrasta con su enorme relevancia ecológica, cultural y económica. No es casual que el 20 de mayo, Día Mundial de las Abejas, busque crear conciencia sobre la importancia de los polinizadores y las amenazas que enfrentan.

Conservar a las abejas meliponas significa proteger los ecosistemas tropicales, pero también resguardar las tradiciones, los saberes y las formas de vida que dependen de ellas. Son pequeñas, discretas y esenciales. Y aunque no pican… muerden.

 

Claudia Elena Rivera Garza.

 

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