Medicamentos y sus consecuencias como contaminantes emergentes

María E. Zarazúa-Morín(t)
María Rocío Alfaro-Cruz* ORCID: 0000-0003-3328-0240
Leticia Myriam Torres-Martínez** ORCID: 0000-0002-7306-2240

CIENCIA UANL / AÑO 27, No.123, enero-febrero 2024

CONTAMINANTES EMERGENTES: MEDICAMENTOS

Cuando hablamos y escuchamos de la contaminación ambiental, siempre hacemos referencia a las emisiones de dióxido de carbono (Co2) de gases de efecto invernadero, los cuales han afectado gravemente a la humanidad. Sin embargo, una gran parte de ella proviene de los procesos industriales y de  los deshechos que nosotros generamos cada día. En este sentido, los residuos provenientes de industrias textiles y farmacéuticas, hospitales, hogares o productos de cuidado personal son considerados contaminantes emergentes. Éstos no pueden eliminarse fácilmente en las plantas de tratamiento o purificadoras de agua, ya que en su mayoría tienen estabilidad química. 

Desafortunadamente no están regulados o normados, y no cuentan con un límite de descarga establecido por alguna institución, por lo que su presencia en cuerpos hídricos y suelos puede exceder los límites permitidos a una persona (Delgado-Ortega, 2016). Es por esto que las organizaciones reguladoras los clasifican como un problema prioritario, debido a que causan un efecto negativo a largo plazo en la biodiversidad, los hábitats, el desarrollo de resistencias bacteriológicas, entre otras (Villota, Lomas y Camarero, 2016).

Dentro de los principales contaminantes emergentes encontramos a los fármacos, compuestos sumamente necesarios en la sociedad. Sin embargo, el cuerpo humano no posee la capacidad de procesarlos totalmente y una buena parte de éstos termina en forma de desecho en diferentes acuíferos, filtrándose en los mantos subterráneos y suelos, perturbando no sólo al ecosistema, también la salud (Wu, Zhang y Chen, 2012), lo que desencadena el consumo de más drogas y nuevamente comienza el ciclo de degradación de agua y suelos.

 Los fármacos más empleados son naproxeno, ibuprofeno, diclofenaco, eritromicina, trimetoprima, sulfametoxazol, ciprofloxacina, acetaminofén, etcétera, los cuales, al ser eliminados en cantidades no reguladas, ensucian cuerpos subterráneos y suelos. Por ejemplo, se ha reportado que el diclofenaco daña la reproductividad en algunos peces, sus funciones cardiacas y modifican su comportamiento para nadar, mientras que el naproxeno altera su desarrollo y morfología. Por otro lado, la progesterona es altamente dañina en la fauna acuática, ya que causa la masculinización, disminuye la fertilidad en las hembras y trastorna los genes relacionados con la reproducción. En el caso de algunos microorganismos, se ha encontrado que el ibuprofeno mengua su crecimiento, modifica su estructuray morfología y además decrece las concentraciones de clorofila, inhibiendo el proceso de fotosíntesis. Mientras que el acetaminofén (paracetamol) reduce la acumulación de clorofila y la síntesis de proteínas en las plantas (López-Pacheco et al., 2019; Zhang et al., 2021). En la tabla I se presenta un resumen de diferentes productos que adulteran el agua y el suelo.

 

Durante la pandemia, la Asociación Nacional de Distribuidores de Medicinas (Anadim) reportó que los medicamentos más recetados en México fueron la ivermectina (651.7%), oseltamivir (321.9%), dexametasona (169.9%), azitromicina (75.8%) (Anadim, 2022), ya que todos éstos ayudaban en los síntomas presentados por la enfermedad infecciosa provocada por el virus SARS-CoV-2 (figura 1).

Figura 1. Medicamentos más utilizados en México durante la pandemia (Anadim, 2022).

Desde hace años la ivermectina ha sido utilizada en la desparasitación en el sector ganadero, por lo que ya se han investigado las afectaciones que causa en la salud humana y en la biodiversidad (José Manuel et al., 2011). Uno de sus efectos es la contracción en las tasas de reproducción en avispas, moscas, insectos, lombrices terrestres y ácaros. Mientras que, en peces, como el cebra, se han encontrado embriones con anormalidades, además de variaciones en las respuestas bioquímicas y de comportamiento (Acevedo-Ramírez y Torres-Gutiérrez, 2020).

Por otro lado, los antidepresivos han intensificado su consumo en los últimos años, éstos permiten el equilibrio en las sustancias químicas del cerebro, ayudando a resolver problemas del estado de ánimo: la depresión, la ansiedad, eldolor y la dificultad para dormir. Sin embargo, al igual que los antes mencionados, los antidepresivos perjudican significativamente a los animales acuáticos que se encuentran en los efluentes. En 2021, Reisinger y colaboradores reportaron el cambio en el comportamiento de los cangrejos de río expuestos a niveles moderados de citalopram (inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina, ISRS). Ya que los cangrejos que estuvieron expuestos a éste pasaron más tiempo buscando comida y menos escondidos, lo que los puede hacer más vulnerables a los depredadores, y por consecuencia estropean los ecosistemas acuáticos (Reisinger et al., 2021).

El Prozac o fluoxetina es un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS), que puede reducir la capacidad de alimentación de los estorninos, pues al sustentarse de orugas, gusanos y moscas que se encuentran en diferentes cuerpos de agua, si éstos no están limpios, hay daño en los depredadores. En 2020, Hung Tan y colaboradores encontraron que las aves expuestas al Prozac cambian sus hábitos dietéticos, lo que podría alterar no sólo su peso, también los riesgos que toman o no al buscar comida, además de que modifican su comportamiento social (Tan et al., 2020).

En este sentido, hay una enorme cantidad de medicamentos consumidos diariamente, cuyas consecuencias al medio ambiente cuando son depositados como residuos al agua o al suelo aún no se estudian, por lo que es difícil resumir la cantidad de contaminantes emergentes que se encuentran en los diferentes ecosistemas. Desafortunadamente, toda la polución derivada de estos desechos no será corregida con facilidad, pues con el surgimiento de nuevas enfermedades, por ejemplo, el SARS-CoV-2, una gran parte de la población consumimos antibióticos y medicamentos para el dolor, acentuando así la alteración por fármacos en el agua y suelos.

Asimismo, la pandemia fomentó los casos de depresión en la sociedad en los últimos años (Depresión, 2021), lo que haprovocado un aumento en el consumo de antidepresivos, incrementando a su vez la contaminación en los efluentes previamente corrompidos con productos de uso personal, drogas, analgésicos, medicamentos oncológicos, etcétera.

 

*Universidad Autónoma de Nuevo León, San Nicolás
de los Garza, México. Contacto: MALFAROC@uanl.edu.mx

**Centro de Investigación en Materiales Avanzados, S. C. Chihuahua, México. Contacto:lettorresg@yahoo.com

REFERENCIAS

Acevedo-Ramírez, P.M. del C., y Torres-Gutiérrez, E. (2020). Efectos ambientales de la ivermectina: un medicamento propuesto para tratar COVID-19. Nuestra Tierra. 33:3-6. Disponible en: http://www.erno.geologia.unam.mx/uploads/nuestra-tierra/archivos/33/Revista_Nuestra_Tierra_No.33.pdf

Asociación Nacional de Distribuidores de Medicinas. (2022). Asociación Nacional de Distribuidores de Medicinas. Disponible en: https://anadim.mx/

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Delgado-Ortega, H.S. (2016). Análisis de la exposición de compuestos emergentes en varios escenarios de usos del agua. España: Universidad Politecnica de Cataluña.

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Lin, Y., et al. (2017). Cocaine modifies brain lipidome in mice. Mol. Cell. Neurosci. 85:29-44. https://doi.org/10.1016/j.mcn.2017.08.004

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Reisinger, A.J., et al. (2021). Exposure to a common antidepressant alters crayfish behavior and has potential subsequent ecosystem impacts. Ecosphere. 12. https://doi. org/10.1002/ecs2.3527

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Wu, S., Zhang, L., Chen, J. (2012). Paracetamol in the environment and its degradation by microorganisms. Appl. Microbiol. Biotechnol. 96:875-884. https://doi.org/10.1007/s00253- 012-4 414-4

Zhang, L.J., et al. (2021). Ecological and toxicological assessments of anthropogenic contaminants based on environmental metabolomics. Environ Sci. Ecotechnol. 5:100081. https://doi.org/10.1016/j.ese.2021.100081.