El misterio de la enfermedad de Chagas

Gabriel Enrique Cázares Jaramillo* ORCID: 0000-0003-4493-2830
Zinnia Judith Molina Garza* ORCID: 0000-0003-4493-2830
Lucio Galaviz Silva* ORCID: 0000-0002-8220-6314

CIENCIA UANL / AÑO 26, No.122, noviembre-diciembre 2023

DOI: https://doi.org/10.29105/cienciauanl26.122-3

Descargar PDF

 

La constante idea de la existencia de “enfermedades misteriosas” que afectan a la población hace alusión a la vulnerabilidad y mal uso de buenas prácticas de higiene, así como las diferentes condiciones socioeconómicas en las que se puede vivir son sin duda una condición más de afectación a la raza humana (Corti y Villafañe, 2017).

Dentro de las afectaciones al humano están las conocidas como “enfermedades desatendidas tropicales (Neglected Tropical Diseases), en las que hay diferentes “culpables” a los cuales llamamos microorganismos, como bacterias, hongos o parásitos (Coura, 2013; López-Vélez et al., 2020).

Alguna vez hemos escuchado el término “enfermedad de Chagas (EC)”, sin embargo, la mayoría de nosotros no hacemos caso sobre el asunto. Excepto por algunas frases que se han convertido en la ventana de entrada de información para ésta: “qué curioso animal, le llaman chinche besucona”, “¿un parásito es algo que se alimenta de mí?”, “no puede ser tan grave que me pique un animal así (haciendo referencia al vector que la causa)”, entre otras. Por cierto, es importante recordar que el término “vector” hace referencia a cualquier agente que transporta y transmite, en este caso, el parásito que la ocasiona (Rassi Jr. et al., 2010).

Sin embargo, desde el primer caso descrito en 1909, nos hace preguntarnos ¿quién es el responsable de ocasionar dicho padecimiento?, y más aún, ¿cómo se combate?

Esta dolencia toma el nombre de su descubridor, el médico Carlos Justiniano Ribeiro das Chagas, originario de Brasil. El primer paciente, una niña de 2 años llamada Berenice, fue diagnosticada con la presencia de parásitos en la sangre (Chagas, 1909; Rassi Jr. et al. 2010), lo que nos genera un pregunta, a todo esto ¿cuál es este parásito?

Resulta que el que ocasiona todo este “show” es conocido como Trypanosoma cruzi, un protozoario que se suele presentarse ante la sociedad con tres diferentes formas, dos de las cuales podemos encontrar en el ser humano: la amastigote (intracelular) y la tripomastigote sanguíneo, con su característica forma de letra “S” (De Souza, 2019). De aquí que la gente me pregunte, ¿cómo adquiero el parásito?, ¿tengo que consumirlo?, ¿cómo entra a mi cuerpo?

Hay diferentes rutas para que el parásito pueda ser transmitido y afecte al humano, pero la participación del vector comprende el “modelo clásico”, ya que se encuentra directamente relacionada con aspectos epidemiológicos, contacto social, cultural y aspectos económicos de la población.

La manera en cómo vamos a adquirir dicho parásito es a través de un insecto de la familia Triatomino, en la que encontramos géneros como Triatoma sp. en su mayoría, conocidos como “chinche besucona o vinchucas”, éstos los podemos encontrar en nuestro día a día en diferentes etapas dependiendo de su estado de desarrollo, desde un insecto muy pequeño en estado ninfal, hasta un insecto apreciable a simple vista como adulto (De Souza 2019; López-Vélez et al., 2020).

Entonces, ¿cómo es posible que el insecto transmita este parásito? El proceso es relativamente sencillo, además de ser nocturnas, las chinches besuconas son hematófagas, o que significa que se alimenran de nuestra sangre. De manera muy resumida, para que podamos infectarnos con el parásito a través de esta ruta vectorial el insecto se alimenta de tu sangre y mientras se alimenta deyecta, a través de sus heces, este parásito, y por alguna herida o mucosa el parásito T. cruzi puede penetrar piel hasta llegar al torrente sanguíneo y a través de diferentes procesos ocasionar diversos malestares que pueden llevar a la muerte (Nunes et al., 2013).

En la actualidad existen dos medicamentos (benznidazol y nifurtimox) que podemos encontrar y, bajo autorización-prescripción médica, adquirir; ambos van dirigidos contra el parásito y tienen como finalidad frenar un padecimiento que acongoja a la población; sin embargo, debido a la ausencia de vacunas en contra de bichos, los efectos secundarios considerables y la resistencia a estas sustancias preexistentes, se han puesto en marcha esfuerzos para la búsqueda de medicamentos más económicos, con mayor acción antiparasitaria y mejor eficacia para tratar estas enfermedades (Bermúdez et al., 2016; Zingales, 2018).

¿Qué más se puede hacer entonces para combatirla? Recientes investigaciones han involucrado los productos que derivan de plantas como una fuente potencialmente activa en contra de estos agentes patógenos, además, diferentes aceites esenciales y extractos de plantas han demostrado tener actividad biológica frente a diversos microorganismos y otros agentes infecciosos (Calderón et al., 2010; Ohashi et al., 2018).

Se han utilizado plantas que podemos encontrar en nuestra vida diaria y que han presentado un efecto contra el parásito, entre otras están el Haematoxylum brasiletto (palo de Brasil), Marrubium vulgare (marrubio) y Schinus molle (pirul), las cuales han ocasionado cierto porcentaje de muerte en diferentes morfologías de T. cruzi; sin embargo, se pretende dilucidar mayor número de compuestos con más porcentaje de mortalidad y qué moléculas en específico son las que tienen estos efectos (Vieira, et al. 2008).

Estas alternativas botánicas distan de ser una curiosidad: su estudio permitirá entender la acción que pudieran tener en comparación con los medicamentos preexistentes, y quizá desarrollar un fármaco eficaz que pueda eliminar el parásito con menos severidad hacia el humano (Coura, 2013). Así que, si en un futuro cercano te hablan de la enfermedad de Chagas, sólo recuerda que ronda entre nosotros y a pesar de lo grave que puede ser, ¡podemos combatirla!

 

* Universidad Autónoma de Nuevo León, San Nicolás de los Garza, México.
Contacto: gabrielcazaresj@gmail.com

 

REFERENCIAS

Bermúdez, J., Davies, C., Simonazzi, A., et al. (2016). Current drug therapy and pharmaceutical challenges for Chagas disease. Acta tropica. 156:1-16. Doi: 10.1016/j.actatropica.2015.12.017

Calderón, Á.I., Romero, L.I., Ortega-Barría, E. (2010). Screening of Latin American plants for antiparasitic activities against malaria, Chagas disease, and leishmaniasis. Pharm Biol. 48(5):5455-3. Doi: 10.3109/13880200903193344

Chagas, C. (1909). Nova tripanozomiaze humana: estudos sobre a morfolojia e o ciclo evolutivo do Schizotrypanum cruzi n. gen., n. sp., ajente etiolojico de nova entidade morbida do homem. Memórias do Instituto Oswaldo Cruz. 1(2):159-218.

Corti, M., y Villafañe, M.F. (2017). AIDS and Chagas’ disease. In American Trypanosomiasis Chagas Disease (pp. 731-749). Elsevier. Doi: 10.1016/ B978- 0-12- 8 01029-7.0 0 031-9

Coura, J.R. (2013). Chagas disease: control, elimination and eradication. Is it possible? Memórias Do Instituto Oswaldo Cruz. 108(8):962-967.

De Souza, W. (2019). Introductory Chapter: Biology of Trypanosoma cruzi. In Biology of Trypanosoma cruzi. IntechOpen. Doi: 10.5772/intechopen.88571

López-Vélez, R., Norman, F.F., y Bern, C. (2020). American Trypanosomiasis (Chagas Disease). In Hunter’s Tropical Medicine and Emerging Infectious Diseases (pp. 762-775). Elsevier. Doi: 10.1016/B978-03-235-5512-8.00103-4

Nunes, M.C.P., Dones, W., Morillo, C.A., et al. (2013). Chagas disease: an overview of clinical and epidemiological aspects. Journal of the American College of Cardiology. 62(9):767-776.

Ohashi, M., Amoa-Bosompem, M., Kwofie, K.D., et al. (2018). In vitro antiprotozoan activity and mechanisms of action of selected G hanaian medicinal plants against trypanosoma, leishmania, and plasmodium parasites. Phytotherapy Research. 32(8):1617-1630.

Rassi Jr., A., Rassi, A., y Marin-Neto, J.A. (2010). Chagas disease. The Lancet. 375(9723): 1388-1402.

Vieira, N.C., Espíndola, L.S., Santana, J.M., et al. (2008). Trypanocidal activity of a new pterocarpan and other secondary metabolites of plants from Northeastern Brazil flora. Bioorganic & medicinal chemistry. 16(4):1676-1682.

Zingales, B. (2018). Trypanosoma cruzi genetic diversity: Something new for something known about Chagas disease manifestations, serodiagnosis and drug sensitivity. Acta Tropica. 184:38-52.