COVID-19 y los efectos psicológicos del aislamiento social

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Una de las recomendaciones emitidas por las instituciones de salud durante el brote del COVID-19 es que las personas se queden en sus casas y eviten, en lo posible, salir o exponerse y así evitar la propagación del virus, en otras palabras, la implementación de un aislamiento social.

Lo anterior obedece a la misma naturaleza del virus: si bien se sabe que el virus se transmite de persona a persona, algunos individuos pueden tener la infección y ser asintomáticos, es decir, no presentar síntomas, lo que los volvería un peligro potencial para la salud de quienes los rodean.

De acuerdo con un estudio publicado en el Journal Perspectives on Psychological Science, la soledad y el aislamiento social son dos veces más perjudiciales para la salud física y mental que la obesidad: “la falta de conexión social aumenta los riesgos para la salud tanto como fumar 15 cigarrillos diarios o tener un trastorno por consumo de alcohol”, explica la doctora y profesora de psicología y neurociencia en la Universidad Brighman Young, Julianne Holt-Lunstad, quien investiga y analiza las consecuencias psicológicas del aislamiento en cuarentena por el COVID-19.

Recordemos que otra de las variables del aislamiento es la constante utilización de aparatos electrónicos y consumo audiovisual, las noticias e información juegan un papel importante en la manera en la que el cerebro afronta el aislamiento.

La ansiedad generada por el coronavirus tiene que ver, en gran parte, en la difusión de noticias y la cantidad de personas que las ven. Incluso existen estudios que detallan la relación entre lo que vemos en nuestros dispositivos electrónicos o móviles y las reacciones que nos causan dichos comunicados.

La propia Secretaría de Salud publicó e informó los efectos de estar largos periodos de tiempo en casa, entre los que destacan, a nivel físico, el cansancio, la fatiga, cambio en los ciclos de sueño y cambió en los patrones de alimentación, mientras que los cambios a nivel psicológico se presentan con hastío, aburrimiento, irritabilidad, enojo, ansiedad, tristeza y, en algunos casos, brotes de hipocondría.

Para cuidar la salud mental durante la cuarentena y el aislamiento es importante evitar el consumo excesivo de noticias alarmistas sobre el virus, elegir un horario, bien sea por la mañana o por la tarde, para ver las noticias, únicamente una vez al día y evitar el pánico social, del mismo modo se recomienda realizar actividades físicas que puedan ejecutarse en casa: rutinas de ejercicio o actividades que nos alejen de la tecnología y las pantallas.

La doctora Julianne Holt-Lunstad enfatiza sobre la importancia de no desestimar el virus del COVID-19, pero de igual forma no descuidar la estabilidad psicológica para poder retomar las actividades de la manera más normal al momento de terminar la cuarentena.

 

Fuente: elpais.com, cnnespanol.cnn.com