EVANESCENCIAS

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Armando V. Flores Salazar*

CIENCIA UANL / AÑO 22, No.93 enero-febrero 2019

En la sección “Bienes Raíces” del periódico El Norte, con fecha del domingo 16 de septiembre de 2018, encabezando la página 13, con letras grandes se anuncia: “Busca conservar con libro arquitectura de la ciudad”, y como subtítulo “Presentarán obra en aniversario de la Fundación de Monterrey”. El artículo firmado por Bárbara Cardona anuncia e invita a los lectores del diario a la presentación del libro Evanescencias, de Armando V. Flores, que la Universidad Autónoma de Nuevo León presenta en su Centro Cultural “Colegio Civil” el jueves 20 de septiembre, como conmemoración en el 422 aniversario de la fundación de la ciudad de Monterrey. La presentación corrió a cargo de Javier Serna, Rosana Covarrubias y Antonio Ramos.

Posteriormente, su presentación oficial como libro estuvo a cargo de Penélope Montes y Javier Serna, y se llevó a cabo el viernes 19 de octubre en la Feria Internacional del Libro, organizada por el Tecnológico de Monterrey.

En Evanescencias se congregan casi un centenar de ensayos sobre cultura arquitectónica en el paisaje urbano de Monterrey, publicados durante treinta años (1986-2017) en revistas universitarias, nacionales y extranjeras. Como libro, tales ensayos se organizan según su temática en cuatro amplios apartados: en la “Ciudad vivida” habitan reflexiones sobre objetos arquitectónicos que forman parte del paisaje urbano actual, como las escuelas monumentales, el Panteón del Carmen, la Ciudad Universitaria, y también aborda temas sobre la contaminación visual o la arquitectura como celebración, entre otros. En la “Ciudad imaginada” se agrupan las lecturas sobre objetos distanciados en el tiempo y referidos en documentos gráficos y escritos, como la arquitectura en el acta de fundación de la ciudad, el convento franciscano o las pérdidas del patrimonio arquitectónico por fuego, por lluvias o por estulticia humana. En la “Ciudad evocada” se conjuntan los ensayos que se aproximan al género lírico-poético y en trasfondos de intimidad cultural, como la casa de la infancia, los paisajes íntimos de la ciudad, la arquitectura de factura animal o la arquitectura parlante; mientras que en la “Ciudad construida” se congregan los ensayos que se aproximan a la transmisión del conocimiento arquitectónico como práctica de continuidad cultural: la arquitectura como documento, niños y arquitectura, la arquitectura como práctica cultural y datos biográficos de arquitectos.

El objetivo general del libro es hacer énfasis en el aprecio de los objetos arquitectónicos como objetos culturales, y por extensión la de ser también objetos históricos, documentales, confesionales y patrimoniales, entre otros. Sin embargo, en su título de Evanescencias subyace el temor y la preocupación de su posible pérdida, como se puede apreciar en la mayoría de los objetos en él referidos.

En el texto de 646 páginas y formato cuadrado se integra además un “Pórtico”, de Alejandra Rangel; un“Soportal”, de Javier Serna; un “Portal y una Puerta”, de Armando V. Flores –su autor–; un “Índice onomástico”, de Cruz Bravo y Bertha Irene Hernández; un “Índice general”, fotografías de Eduardo Alarcón y el diseño editorial de Alejandro Derbez.

Alejandra Rangel plantea en el “Pórtico” que en el libro se dibuja la historia de los hombres mediante la creación de sus ciudades, analiza estilos y formas arquitectónicas y recrea épocas que diseñan el rostro de los habitantes de la región noreste de México, aquello que fuimos y no hemos dejado de ser, lo que nos constituye y nombra. El autor –dice Alejandra– desvela los recuerdos detenidos en la mirada de los tiempos, en la ciudad de los orígenes, en el viaje prolongado. Una ciudad contemplada desde el presente y encargada de la memoria del pasado y al mismo tiempo del futuro. Nos revela que todas las ciudades emergen de un proceso histórico e inacabado, lo cual dialécticamente significa que llegan a ser y desaparecen para volver a ser. Los símbolos de las creaciones culturales del pasado dejan su marca y actúan sobre las nuevas estructuras fundacionales en un eterno repensarse y volver a significar.

Javier Serna, en el “Soportal”, asocia la lectura de Evanescencias como un palimpsesto, es decir, como un escrito soportado sobre otros anteriores que aún pueden ser percibidos y descritos. Y entre una diversidad de importantes reflexiones al respecto, nos comparte que los ensayos que integran el libro testimonian la historia y sabiduría que encierran las piedras y memorias vivas del paisaje urbano norestense. Estos espacios con huellas y rastros en el tiempo constituyen el palimpsesto de nuestra ciudad que fueron –a través de los siglos– superponiéndose a anteriores inscripciones edificadas: ya fueran simples superficies de apoyo, ya entremezclándose debido a intervenciones de contingentes humanos diversos, ya apenas asomándose a través de recubiertas y rezarpeos centenarios, revelándose para Armando como preciado objeto de estudio que en su análisis y recorridos urbanos, éste nos va descubriendo casi en método paleográfico su estima, dándoles a ambos –piedras y memoria vivas– su verdadero valor de archivos documentales inestimables; pero igualmente integrando los repertorios de prácticas culturales que Armando ha conjuntado para edificar una historia y cultura en el devenir del desarrollo urbano local, generando así, a través de su libro, un manifiesto de pensamiento local único y necesario, el mismo que nos da un sentido propio de identidad en eterna evanescencia. A partir de Evanescencias, para mí, Monterrey es como si se tratara de un diccionario cuyos términos pueden ser leídos con la transparencia del aire y en donde todo lenguaje adquiere importancia, sobre todo si se le considera lo que es: un organismo vivo, una ciudad memoria.

Por su parte, Rosana Covarrubias Mijares, coordinadora del Patrimonio Cultural Universitario, en la presentación manifestó que el libro “evoca recuerdos de los sitios más representativos de la ciudad y nos hace pensar personalmente en todo lo que hemos vivido en ellos”. Antonio Ramos Revilla, director de la Casa del Libro y la Editorial Universitaria, destacó: “lo valioso del libro al señalar los lugares emblemáticos de la ciudad es lo que puede generar a partir de su lectura”.

Reitero lo que escribí en el “Portal” del texto: “todo libro es autobiográfico, en sus líneas y en sus interlíneas, y toda lectura nos hace partícipes de lo leído y nos forma, transforma o conforma”.

ADENDA

La intelectualización de la ciudad vivida

Penélope Montes

Una tarde de viernes, lluviosa y fría, fui presentadora, en la FILMTY 2018, del libro Evanescencias: ensayos sobre cultura arquitectónica en el paisaje urbano de Monterrey publicados en revistas universitarias 1986-2017, de la autoría del Dr. Armando V. Flores Salazar. Durante el evento mencioné la cercanía que tengo con el material editado por la Universidad Autónoma de Nuevo León. He sido testigo de la producción, fruto de la labor de investigación del autor en calidad de alumna, primero en la licenciatura y actualmente como tutorada de tesis doctoral, ambos programas cursados en la Facultad de Arquitectura de la casa de estudios.

El tema central de este compendio de artículos-ensayo es la reflexión de la ciudad vivida desde un punto de vista creado y desarrollado a través de la mirada aguda de uno de sus habitantes, en paralelo a su actividad magisterial en el claustro universitario, que funciona como telón de fondo y contexto de los escritos, en su mayoría comisionados para su realización.

La curaduría del material organizó los textos en cuatro apartados: la “Ciudad vivida”, la “Ciudad imaginada”, la “Ciudad evocada” y la “Ciudad construida”. Esta distribución rompe la temporalidad de la producción y provoca su lectura aleatoria, creando un efecto dinámico en el lector, quien es el más favorecido por el uso de un lenguaje alejado del vocabulario especializado.

Al realizar esta lectura cruzada del libro, también se aprecia el amplio espectro interdisciplinario con que se enfoca el estudio de la arquitectura. Por ser de mi interés personal, apunto el acercamiento hacia la casa, objeto clave de la reflexión de los arquitectos, en los ensayos “Casa propia y apropiada”, “La casa en el Paraíso” y “Ésta es tu casa”. Además, resalto la exploración conjunta de la frontera entre literatura y arquitectura en la adenda “La ciudad ficcionada: la literatura como documento”, que se incluye en el ensayo “Monterrey 1846-48” como parte del material de la “Ciudad imaginada”.

La escritura de algunos textos rebasa el español materno y se atiende el idioma inglés en el artículo “Mapping change: Monterrey in the Three Acts”, publicado originalmente en The Architecture and Design Review of Houston. Sin embargo, el pensamiento arquitectónico del autor encuentra un momento cumbre en el ensayo “El museo de arquitectura y escultura en la Gran Plaza de Monterrey”, donde lanza una hipótesis sobre el equilibrio que la cultura impone sobre la estulticia de los destructores del patrimonio arquitectónico en la intervención del centro histórico para la consolidación de una Gran Plaza. Su perímetro está enmarcado por templos, museos, edificios privados y casas de gobierno que muestran el devenir de la metrópoli desde el siglo XVIII.

El resultado de la lectura constante de Monterrey es la intelectualización de la arquitectura, en un tratado para percibir algo invisible de nuestra realidad común. El material, editado como libro, está libre de restricciones, elevando su presencia hacia lo que para mí representa su valor más potente y su arriesgada propuesta: la divulgación del conocimiento urbano-arquitectónico más allá del ámbito académico.

El lector ideal de los textos de Evanescencias es el urbanita o ciudadano, en quien la experiencia de la ciudad es ineludible y cotidiana.

*Universidad Nacional Autónoma de Nuevo León.

Contacto: armandofloressl@uanl.mx