El foco que “oscurece” vidas. Consumidores de cristal en la Colonia Alianza de Monterrey

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José Lorenzo Encinas Garza*

CIENCIA UANL / AÑO 21, No.92 noviembre-diciembre 2018

 

El consumo de drogas en Monterrey y su área metropolitana se ha disparado en los últimos años. Se trata, en su mayoría, de jóvenes provenientes de zonas marginales que se han criado en un clima de violencia y miedo y que no avizoran un futuro halagador.

Los grupos de narcotráfico ven en ellos, más que piezas clave, carne de cañón para su red delictiva; en muchos casos son atrapados a través del consumo de droga, como piedra de cocaína (crack), mariguana o cristal que los deja enganchados y debiéndole favores a las redes del crimen organizado. Son jóvenes de los denominados “ninis”, que ni estudian ni trabajan y encuentran la posibilidad de acceder de forma fácil y rápida al dinero a través del crimen organizado.

Muchos jóvenes en contextos populares urbanos están cayendo dentro de las redes de la criminalidad. Cuando hablamos de crimen organizado en México no sólo hablamos de crimen relacionado con la droga, sino de un sinnúmero de situaciones. Es como el tejido de una telaraña donde los jóvenes se ubican en la base, formando el eslabón más débil en la cadena social.

En nuestra ciudad, muchos de los integrantes de las pandillas se vinculan de dos maneras en la economía de las drogas en los barrios: por un lado, en el mismo consumo y, por el otro, en la venta y distribución del tóxico. Es un hecho que las pandillas dejaron de ser simples grupos de jóvenes que realizaban pintas y escuchaban música reunidos en las esquinas, para ser parte de un fenómeno que se ha denominado como narcocultura.

Los miembros de los grupos delincuenciales utilizan a los jóvenes de las pandillas para distribuir drogas debido al amplio conocimiento que éstos tienen en su sector. Un negocio exitoso porque esos mismos muchachos se convierten en sus clientes. A lo largo de este trabajo llevaremos a cabo un estudio exploratorio sobre las características de los jóvenes consumidores de metanfetaminas, en particular del cristal, en la Colonia Alianza de Monterrey.

El éxito del tóxico radica en lo barato de la dosis, la cual puede alcanzar un valor que oscila entre los $50 y los $100 pesos. Para su consumo, los usuarios utilizan un foco o una pipa. El bajo costo es un atractivo para enganchar a los usuarios, en su mayoría jóvenes menores de edad.

De acuerdo a datos oficiales en Nuevo León, el consumo de metanfetaminas se ha incrementado a tal grado que se le considera el estupefaciente de moda. La única cifra que tenemos al respecto señala que cuatro mil 800 personas acudieron durante 2016 a someterse a tratamiento. La preferencia de este estimulante sintético, conocido como “cristal”, se incrementó estadísticamente en los últimos años en la entidad, al pasar de 0.8% en 2010, a 3.2% para 2016 (Campos, 2017).

Cabe aclarar que los datos oficiales se refieren sólo a personas que acuden a los centros de tratamiento, por lógica desconocemos la cantidad de individuos que consumen cristal y no acuden a un centro para su atención. Con este universo desconocido, la cifra de usuarios de metanfetaminas puede resultar muy alta, aunado a que no hay estudios como en la colonia donde llevamos a cabo la investigación.

Asociado al aspecto de salud, el negocio de la droga se ha transformado en una forma de vida, una lógica donde adicción, criminalidad y narcomenudeo van de la mano. “Esta doble relación estructural configura las prácticas sociales violentas en la región, y permite no sólo la articulación social a redes criminales como las distintas expresiones del crimen organizado a lo largo de la historia regional, sino también una propensión a la acción violenta expresada en la vida cotidiana (violencia anómica, ordinaria, callejera, entre otras)” (Martínez, 2017).

Para fines descriptivos, llamaremos a los usuarios de cristal consumidores precarizados y los ubicaremos en la base de la pirámide del ejército de personas en espera de ser reclutados por individuos dedicados al crimen como forma de vida, personajes anónimos cuya narrativa de vida está caracterizada por una tremenda escasez.

Los carteles de la droga, en su afán de extender sus mercados, han introducido este tóxico entre los estudiantes de secundaria. El futuro inmediato de estos mu- chachos es el consumo o bien integrar el brazo armado del crimen organizado, aunque, para ser sinceros, debido a los efectos inmediatos del cristal, el presente y futuro realmente es complicado por las consecuencias de salud inmediatas relacionadas al uso de metanfetaminas.

PELIGROS DE SALUD

El cristal, también conocido como foco, hielo, ice o tiza es una de las drogas más usadas en Nuevo León. Entre los componentes que se utilizan en su elaboración encontramos la efedrina, ácido muriático, ácido de batería, sosa cáustica, ácido clorhídrico y raticida, por lo que contiene plomo y mercurio que pueden llevar al consumidor al envenenamiento por metales pesados.

El cristal provoca alucinaciones, pérdida de peso, desconexión de la realidad, disminuye el apetito, provoca insomnio, irritabilidad, ansiedad, euforia, confusión, depresión; en casos severos se corroen los dientes hasta la raíz o se quiebran hasta la encía. Provoca, además, comezón y picazón constante por la sensación de tener insectos debajo de la piel.

Por todo lo anterior, consideramos importante realizar una investigación de campo en un sector específico que nos aporte datos para conocer los perfiles de los usuarios y que además responda a las siguientes preguntas:

• ¿El narco vendedor determina la droga y su frecuencia de su uso entre los usuarios?

• ¿La familia influye en el consumo de drogas?

• ¿El usuario de cristal acude a centros de tratamiento?

• ¿Las adicciones marcan el inicio de una carrera criminal?

LA REALIDAD

Para la recolección de la información recurrimos a las entrevistas, en específico en lo referente al inicio, motivos, consecuencias y la violencia que gira alrededor de la vida cotidiana de los usuarios. Para la compilación de la información se entrevistaron 24 jóvenes adictos al cristal del sector Alianza, al norponiente de Monterrey.

Las conversaciones se realizaron en un lapso de 30 días y fueron seleccionados luego de una investigación de campo entre los grupos urbanos populares de este sector. Primero se efectuó un estudio etnográfico de las pandillas y se entrevistó a los usuarios de cristal (posteriormente se dará a conocer el estudio).

Las pandillas de la colonia Alianza que formaron parte del proyecto investigación fueron:

1. New Kings.

2. Clika 13.

3. Chemos.

4. Bronx.

5. Muñecos.

6. Monkeys.

7. Desmalokos.

8. Palmeros.

Durante aproximadamente 16 semanas realizamos visitas periódicas con las pandillas, una vez detectados los consumidores de cristal procedimos a invitarlos para colaborar en la presente investigación. En entrevista directa, los usuarios son poco explícitos al manifestar las causas del consumo y en este caso optamos por realiza hasta tres entrevistas.

Los nombres de los entrevistados se mantendrán en el anonimato debido a los riesgos, pues algunos son integrantes de organizaciones criminales. Fueron 24 entrevistados: 20 hombres y cuatro mujeres; 16 jóvenes (de ellos tres mujeres) de 13 años; seis (una mujer) de 15 y dos de 17, cuyos nombres fueron modificados.

LAS HISTORIAS (PUNTOS DE QUIEBRE)

En la narrativa de vida de los jóvenes llamaremos puntos de quiebre a los acontecimientos que literalmente les cambiaron la vida y con certeza los vincularon a otras esferas de actividad. En medicina, un “punto de quiebre” es un término utilizado para describir el momento en el que una enfermedad se convierte en epidemia y se vuelve incontrolable.

En sociología vendría siendo una conducta que una vez instaurada modifica la vida del individuo por completo, donde ya nada es como era antes; en otras palabras, un cambio radical (Tarrés, 2001).

A partir de la historia de vida vamos a elaborar un modelo rector donde, a partir de los puntos de quiebre, buscaremos qué factores inciden en el consumo de drogas (aparecerá en un trabajo posterior).

NARRATIVAS DE VIDA

La familia y su problemática son factores que pesan en la incidencia adictiva. A continuación, dos historias donde la droga está presente en el ámbito familiar.

En la casa, mis hermanos y mi papá le hacen a las drogas. Mi papá toma mucho y le pega a mi mamá […] Dos de mis hermanos ya cayeron al penal y a un tío lo mataron por andar con los mañosos […] Mi mamá dejó a mi papá porque no le daba para el gasto y ella trabajaba, y además mi jefe le robaba dinero para sus vicios (testimonio de Jordán).

Mi mamá nunca está en la casa, mis hermanitos y yo no existimos, siempre nos dejaba encargados con familiares porque tenía que trabajar […] Fue madre soltera cuando nací, luego se juntó con otro hombre y le fue mal, la golpeaba y por eso lo dejó […] Cuando mamá supo que era adicto al cristal me dijo que ese era mi problema y que a mis 13 años me las tenía que arreglar como pudiera (testimonio de Kevin).

Los motivos que tiene el joven para drogarse son muy variados, pero es clara y contundente la influencia del narcovendedor en los inicios de la carrera adictiva.

Comencé a drogarme a los 12 años, estaba en sexto año y un chavo llegó al barrio y sacó el cristal, se lo fumaba en un foco y desde esa primera vez me gustó […] Ahora tengo catorce años, ya dejé de estudiar, la verdad me ganaron las ganas de drogarme y en la escuela andaba muy mal, hasta no iba por tal de seguirme drogando […] De vez en cuando vendo cristal, hay mucho vicio y los chavos están bien empicados [marcados por el vicio] del cristal (testimonio de Gabriel).

La droga me la regalaron, tenía como 13 años, el hermano de mi cuñado me la dio y me dijo que era algo diferente a lo que antes había probado y me gustó mucho […] Me salí de trabajar, yo no estudiaba y me quedé en ese vicio, ahora lo que trabajo es para la droga y me pasó en la esquina para haber quién me comparte (testimonio de Ismael).

El tratamiento de las adicciones es muy costoso y algunas veces está lejos de las posibilidades económicas de las familias. Habitualmente, cuando un joven busca la ayuda profesional, literalmente lo hace porque ya tocó fondo y la familia no puede costear el tratamiento.

La mayoría de las veces no acuden en busca de ayuda, o de plano no les interesa el apoyo.

Pese a eso, dos jóvenes acuden a tratamiento gratuito al Centro de Atención Primaria en Adicciones CAPA de la Colonia Alianza, una opción que no genera costos.

Empecé a consumir la droga desde los 14 años y nunca medí las consecuencias, ahora ya no tengo dientes, se me cayeron, y por eso me siento muy mal. Mi familia me rechaza. Perdí a mi esposa y a mis hijos, todo por culpa del cristal, ahora ya todos mis amigos me sacan la vuelta porque cuando quiero la droga y no tengo dinero simplemente robo y generalmente atraco a mis conocidos, por eso me sacan la vuelta (testimonio de Axel).

Uno sólo piensa en sí mismo, porque vive su vida, vive el presente y no nos interesa nada, pero cuando ya empiezas a ver la situación que no está nada bien es cuando te empieza a entrar el miedo, pero de qué sirve que vayas a tratamiento si en la colonia donde vives están los problemas. La tentación es mucha y tienes que comprar droga a fuerza, eres como un esclavo de los narcos (testimonio de Alfredo).

Luego del inicio en el consumo de sustancias tóxicas, muchos jóvenes comienzan a incurrir en actividades relacionadas con el crimen organizado, y lo podemos interpretar desde la óptica del empoderamiento de los jóvenes en una sociedad donde la juventud es sólo una palabra.

Los canales lícitos para obtener el éxito entre estos muchachos son limitados, de hecho, por la misma adicción, los jóvenes dejan la escuela y no les queda más que la calle como recurso de socialización. Las acciones de la criminalidad pueden ser una ventana de oportunidad para escalar peldaños en la pirámide social.

Es decir, estamos hablando de jóvenes que a los 13 años ya conocen el uso de armas de fuego y han estado vinculados en actividades propias del crimen organizado. Bajo este esquema, la delincuencia puede llegar a ser una severa limitante y al mismo tiempo una opción que permite a los muchachos ascender en la escala social. Los costos son muy altos pues muchos de ellos perderán la vida en las actividades delincuenciales.

La influencia de los vendedores de droga es fundamental, máxime si se trata adolescentes de 12 años.

Cuando uno entra a las drogas es muy difícil salir, porque uno no tiene dinero y para conseguir la droga se tienen que hacer determinados favores, y como uno está endeudado tiene que cumplir lo que nos pidan (testimonio de Oziel).

Hay chavitos que entran desde muy pequeños en esto de la droga, y el paso del tiempo es como cualquier trabajo, vas escalando posiciones y vas a ir subiendo, todo depende; si te clavas mucho en la droga llevas las de perder, pero si te pones listo y eres buen elemento, puedes llegar a subir y hasta puedes llegar a ser encargado de una tiendita (testimonio de Roberto).

A MANERA DE CONCLUSIÓN.

El consumo de cristal en esta zona de Monterrey tiene mucho que ver con la estrategia introductoria de los vendedores, quienes buscan jóvenes de secundaria para obsequiarles la droga, una vez “ganchados” en el consumo, y controlada su adicción, se convierten en esclavos capaces de realizar cualquier trabajo. Las comunidades en este caso

serían una especie de botín de guerra y los nuevos consumidores serían su brazo armado. El narcomenudeo es sólo la punta del iceberg de las acciones del crimen organizado.

La familia como causal del uso de drogas es una constante en la vida de los muchachos. Violencia y abandono paterno suelen ser algunos de los problemas que gravitan en la vida de los usuarios.

Por desconocimiento, debido a que carecen de los recursos económicos o porque no les interesa ir a un centro de atención, los consumidores de cristal no acuden a tratamiento.

La mayoría no busca la ayuda profesional, pese a saber que hay sitios donde la atención es gratuita, tal vez por el hecho de que ven lejana la posibilidad de recuperación.

Las adicciones bien pueden ser la puerta de entrada para la delincuencia. Conseguir la droga requiere de una inversión y el usuario no tiene para pagar su consumo, por lo que tiene que recurrir conductas como el robo o colaborar dentro de las actividades de la delincuencia organizada.

Es por esta razón que las personas que más fácilmente pueden caer dentro de las redes del narcotráfico y la criminalidad sean los usuarios que no tienen control de su adicción. En los barrios de algunas colonias del norte de Monterrey proliferan murales en las paredes donde aparecen los rostros de jóvenes que cayeron en la guerra entre los grupos delincuenciales.

 

*Investigador independiente.

Contacto: nichocolombia@gmail.com

 

REFERENCIAS

Campos, L. (2017). Consumo de metanfetaminas crece en Nuevo León. Revista Proceso. Agosto. Disponible en https://www.proceso.com.mx/500405/consumo-metanfetaminas-crece-en-nuevo-leon

Martínez H., L.A. (2017). Contrabando, narcomenudeo y explotación sexual en Pereira, Colombia. Rev. Mex. de Soc. 79(3): 459-486.

Tarrés, M.L. (2001). Observar, escuchar y comprender sobre la tradición cualitativa en la investigación social. México: El Colegio de México.