El tigre dientes de sable que llegó para quedarse: Simolodon fatalis, mascota de la FCT

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Elizabeth Chacón Baca*, Victoriano Beraza*

CIENCIA UANL / AÑO 20, No. 86 octubre-diciembre 2017

Smilodon fatalis, mejor conocido como tigre dientes de sable, se encuentra entre los fósiles que recuerdan a los carnívoros más ágilesy feroces de la típica megafauna del Pleistoceno (es decir, animales con un peso superior a los 45 kg). La ubicación taxonómica de este audaz mamífero es dentro del grupo de los felinos. Un tamaño relativamente grande (con más de 1 m de largo), un peso que podría llegar a oscilar entre los 360 y 450 kg, y una apertura de fauces de hasta 120 grados, son características morfológicas suficientes que dejan clara la habilidad cazadora de este gran felino. Su cráneo estuvo conformado por un foramen extenso posicionado abajo del diastema (figura 1); sin embargo, la característica diagnóstica que le da fama a su nombre es un par de colmillos filosos, pareados y aserrados, así como un diastema postcanino muy largo.

Figura 1. Réplica de Smilodon fatalis utilizada como modelo para la elaboración de la placa de bronce de la mascota FCT, UANL.

El registro fósil de Smilodon fatalis es conocido ampliamente por la gran cantidad de restos fósiles preservados in situ en Rancho La Brea (Stock, 2001), convertido hoy en el Museo de Historia Natural George C. Pagedel, en Los Angeles, California. De este sitio se han rescatado más de un millón de restos fósiles diversos (Berta, 1985). El paleoambiente de esta localidad sugiere un ambiente de planicie aluvial que se extendía por Norteamérica durante el Pleistoceno Tardío, especialmente en un piso conocido como Rancholabreano (hace unos 40,000 años), muy común en California, Texas y Florida (Morgan et al., 2001).

Durante el Pleistoceno, la comunidad típica de vertebrados estaba representada por mamíferos diversos como los grandes caballos (Equus occidentalis), camellos (Camelops), bisontes (Bison bison) y mamuts (Mammuthus columbi). Probablemente S. fatalis se alimentaba de herbívoros de movimiento lento como mamuts, mastodontes y perezosos. Incluso la morfología del tigre dientes de sable sugiere, según algunos especialistas, que probablemente no era un cazador solitario, al contrario de los felinos modernos como los tigres, cheetahs, pumas y jaguares. Este felino, cuyo centro de origen se ubica en el noreste americano, es uno de los cazadores emblemáticos de la legendaria Era del Hielo. De hecho, todos los restos fósiles del famoso tigre dientes de sable pertenecen a Smilodon fatalis del Pleistoceno Tardío de Norteamérica. Se cree que esta familia de felinos emigró hacia el sur pasando por México, al establecerse un puente terrestre entre el continente sudamericano y el continente norteamericano hace alrededor de tres millones de años.

Figura 2. Reconstrucción de Smilodon fatalis (www.animals.com).

Quizás el género Smilodon (Felidae, Machairodontinae) sea el representante más conocido de los tigres dientes de sable, un grupo de felinos exclusivamente americano. Su centro de origen se ubica en el noreste del continente americano y sus restos fósiles más antiguos corresponden a una edad de aproximadamente 2.5 Ma (Berta, 1985; Turner y Antón 1997). Con base en sus atributos morfológicos, como el tamaño del fémur, el tamaño del cráneo, dientes y de las garras, se han distinguido tres especies: S. gracilis, S. fatalis y S. populator (Kurtén y Werdelin 1990). En Sudamérica los fósiles de este famoso felino provienen de varias localidades, entre las que destacan la localidad de Ensenada, en Argentina, con una edad aproximada de 2 Ma. Otras especies de Smilodon se han atribuido a Smilodon gracilis, cuyo tamaño y densidad ósea es mucho menor. Se cree que S. fatalis invadió el sur hasta el Pleistoceno Tardío y que ambas especies desaparecieron durante el límite Pleistoceno-Holoceno (Kurtén y Werdelin 1990).

La última gran glaciación

Hace aproximadamente 40,000 años, en las latitudes del hemisferio norte, se generó un proceso geológico conocido como la gran glaciación, que derivaría en lo que familiarmente se conoce como la Era del Hielo. Durante este evento de descenso de temperatura, las poblaciones de los animales más grandes fueron las más vulnerables, así que muchas de ellas empezaron a migrar de norte a sur (y en mucha menor proporción algunas especies también migraron de sur a norte). Esta gran migración incluyó el paso de varias generaciones de manadas de mamíferos por el territorio mexicano. Hace un par de años, ésta Edad de Hielo en México fue recreada dentro de una excelente serie producida por Canal Once. Dicha producción televisiva fue objeto de reconocimientos y premios internacionales debido a que documentaba de manera clara y elegante cómo debió haber sido este evento geobiológico con base en el registro fósil de México. Hace 14,000 años los grandes mamíferos como los mamuts, los mastodontes (Mammut americanum), los gliptodontes (Glyptotherium), los camellos (Camelops hesternus) y los perezosos (Megalolonyx jeffersonii), normalmente de amplia distribución y alta diversidad, se extinguieron hasta en 80% tan sólo en Norteamérica (Lyons et al., 2004), y dentro de un lapso tan corto que algunos especialistas lo han considerado sólo como un “instante geológico”.

Aunque las causas de la extinción de esta notable megafauna de Norteamérica han sido objeto de acalorados debates, el tema se ha centrado en evidenciar si la causa de la extinción progresiva de muchas comunidades tróficas que en ese entonces habitaban estas latitudes fue la caza excesiva por diferentes tribus humanas o fue el cambio climático global. Al parecer, las poblaciones humanas entraron por primera vez al continente americano durante el periodo de extinción de la megafauna. Una explicación alternativa es que el cambio climático del Pleistoceno Final provocó la extinción, ya que se modificaron radicalmente los hábitats. Existe una teoría conocida como Modelo de Equilibrio Dinámico sobre la riqueza de especies (Huston, 1994), que hace hincapié en la importancia del ciclo vital y del fenotipo de mamíferos extintos. Dicho modelo propone que son las perturbaciones ambientales la causa más importante de la extinción. Incluso se sabe que los cambios climáticos más abruptos ocurrieron entre los 16,000 y los 11,000 años. No obstante, esto no excluye la caza excesiva.

Un sablodonte llega a la FCT

Aunque la Facultad de Ciencias de la Tierra tiene ya una tradición que alcanza los 35 años de permanencia, hasta 2002 no se contaba con una mascota propia (figura 3). Por ello, las autoridades de la FCT acordaron en Junta Oficial realizar las actividades necesarias para proponer una mascota para los geocientíficos formados en esta facultad. Por su fiereza y su capacidad para perseguir sus objetivos, como claramente se puede leer en la base de esta escultura, se eligió a Smilodon fatalis. Además de ser un ejemplar fósil autóctono de América del Norte, el sablodonte también compartía las características que exhiben los tigres actuales: inteligencia, fortaleza y una gran capacidad de adaptación al entorno. Aunque fue un feroz felino, el tigre dientes de sable pertenece a un grupo extinto de felinos conocidos como macairodontinos (subfamilia Machairodontinae) del género Smilodon, mientras que el tigre moderno (Panthera tigris) pertenece al grupo de los panterinos (Pantherinae). Es probable que aunque ambos grupos, macairodontinos y panterinos, difieran en la forma de sus dientes, de sable y cónicos, respectivamente, en el patrón de su pelaje y en la forma de cazar, comparten otras características morfológicas. Su adaptación retinal y gran capacidad auditiva, esenciales para la cacería nocturna, son estrategias adaptativas que caracterizan a los felinos. Y como todos sabemos, el tigre es el emblema de la UANL por excelencia. Con todas estas características, parece casi natural que el tigre dientes de sable, como popularmente se conoce a S. fatalis, sea la mascota elegida para esta Facultad.

Figura. 3A. El jardín frontal de la FCT hace 30 años.

 

Figura. 3B. El jardín frontal que hoy alberga al sablodonte en la FCT

 

El sablodonte que llegó para quedarse: montaje y placa

Aunque parece un detalle menor, el lugar donde debían montarse la placa y la escultura fue sujeto también de una inspección cuidadosa, hacía falta un lugar central, con buena visibilidad, pero al mismo tiempo protegido. Actualmente esta escultura no sólo es el punto de encuentro por excelencia, sino el marco ideal para “la foto”. Una vez seleccionado el lugar, este nuevo sitio fue limpiado y preparado para situar a la nueva mascota. Se construyó una base firme y una placa en la parte superior para soporte de la escultura. Posteriormente este nuevo espacio se tapizó con rocas formadas en diferentes ambientes geológicos que a su vez fueron impregnadas con una resina plástica. Una parte del jardín fue cuidadosamente podada para albergar al tigre dientes de sable. La base se fijó firmemente al piso y la parte superior se tapizó con roca; todo se cubrió con tela y se adornó con un vistoso listón para su develación (figura 4).

Figura 4. Llegada del sablodonte de bronce de la FCT, rodeado por el escultor Cuauhtémoc Zamudio, a su derecha, y por el técnico Victoriano Beraza, en 2007.

Figura 5. Smilodon fatalis, escultura del jardín central de la Facultad de Ciencias de la Tierra, UANL.

Una escultura develada en 2007 concretó la adopción del tigre dientes de sable en bronce para la FCT. Y así, en presencia del MC José Antonio González Treviño, entonces rector de la UANL, del Dr. Héctor de León Gómez, director de la FCT durante esos años, y en presencia del personal docente, técnico, administrativo y estudiantil, en punto de las 10:45 a. m., fue develada la placa de Smilodon fatalis en el jardín frontal de la FCT. La fecha es significativa, porque justamente el 4 de diciembre de 2007 se celebró el Día del Geólogo; en particular, para la comunidad de Ciencias de la Tierra ese evento representa uno de esos “momentos” inolvidables en la vida de toda institución, momentos que han estado marcados por una emoción generalizada, un sentido de identidad colectiva y un entusiasmo felino que se va contagiando a cada nueva generación de estudiantes de la FCT.

Finalmente, con esta breve reseña también hemos querido expresar nuestro agradecimiento a toda la comunidad pasada y presente de la Facultad de Ciencias de la Tierra, quienes aportaron ideas, trabajo y recursos para la selección y montaje de esta espectacular mascota. Especialmente a las autoridades de entonces, Dr. Héctor de León Gómez, Dr. José Guadalupe López Oliva, por impulsar este evento y de manera especial a los técnicos de la FCT que desde siempre han mostrado su lealtad y profesionalismo a través de la calidad de su trabajo. También hemos querido honrar la memoria de la gente que participa, trabaja y construye un lugar de aprendizaje cada vez mejor; a la gente que le ha aportado calidad, tiempo y cariño a esta escuela. Esta reseña quedaría incompleta sin reconocer y agradecer la calidad y la sonrisa permanente de Memo Alanís a lo largo de sus muchos años de trabajo en la Facultad. Otros profesores, alumnos y directivos han dejado su huella, a veces con apoyos no siempre visibles, pero muy importantes en su día, y a veces como una huella felina muy profunda marcada en la memoria y el corazón de esta comunidad.

*Universidad Autónoma de Nuevo León, FCT

Contacto: baicalia2012@gmail.com

Referencias

Berta, A. (1985). The status of Smilodon in North and South America. Contributions in Science. Natural History Museum of Los Angeles County, 370: 1-15.

Huston, M.A. (1994). Biological diversity: The coexistence of species on changing landscapes. Cambridge University Press, Cambridge.

Kurtén, B., y Werdelin, L. (1990). Relationships between North and South American Smilodon. Journal of Vertebrate Paleontology, 10: 158-169.

Lyons S.K., Smith F.A., y Brown J.H. (2004). On mice, mastodons and men: human-mediated extinctions on four continents. Evol. Ecol. Res. 6:339-58.

Morgan, G.S., et al. (2001). Pleistocene vertebrate faunas from northeastern New Mexico: New Mexico. Geological Society, 52nd Field Conference Guidebook, pp. 265-284, 317-336 pp.

Stock, C. (2001). Rancho La Brea: A record of Pleistocene life in California (7th ed.). Los Angeles County Museum, Science Series No. 37. Los Angeles: Natural History Museum of Los Angeles County. 113 p

Turner, A., y Antón, M. (1997). The Big Cats and their Fossil Relatives: An Illustrated Guide to their Evolution and Natural History. Columbia University Press. New York 234 8.

Wolverton, S., et al. (2009). The Terminal Pleistocene Extinctions in North America, Hypermorphic Evolution, and the Dynamic Equilibrium Model. Journal of Ethnobiology. DOI: 10.2993/0278-0771-29.1.28.