El orden implicado de David Bohm

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Eduardo Estrada Loyo

La capacidad de percibir o pensar
de manera diferente
es más importante
que el conocimiento adquirido.
– David Bohm

CIENCIA UANL / AÑO 16, No. 64, OCTUBRE-DICIEMBRE 2013

http://zean-renovables.blogspot.mx/2010_03_01_archive.html

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Cuando Nicolás Copérnico (1473-1543) formuló su Teoría heliocéntrica del Sistema Solar, lo hizo preocupado más por el impacto que iban a tener los resultados de su trabajo en el ámbito científico. Sin embargo, el valor que tuvo al difundir sus aportaciones, que destronaban al ser humano como centro de la creación, imponiendo la razón sobre los principios de la fe, le dio la fuerza suficiente como para retar al poder dominante de su época: la Iglesia. Sentó, de esta manera, las bases de la astronomía moderna y dio inicio, junto con Galileo Galilei, a la primera revolución científica.

Posteriormente, Charles Darwin (1809-1882), en su obra El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas preferidas en la lucha por la vida, introdujo en el mundo el concepto de evolución, destronando a su vez al inmovilismo propugnado por el creacionismo escolástico.

Aunque la vida se transforma para mejorar su adaptación al medio, la evolución está presente en todos los ámbitos del existir. El cambio y la transformación se encuentran presentes siempre, cambian y se transforman las circunstancias, las ideas y las cosas, y bajo ciertos escenarios se propende hacia la excelencia.

Más adelante, en 1915, Albert Einstein (1879- 1955) volvió a sacudir el concepto que teníamos de lo real al formular su Teoría de la relatividad general, con lo que inicia el estudio científico del origen y la evolución del universo, y pone de manifiesto lo relativo de las leyes de la física que desde Isaac Newton (1642-1727) se creían inmutables.

Es aquí donde comienza una nueva revolución científica cuyo epicentro se genera desde la física, y cuyas repercusiones ya se hacen sentir en otros ámbitos, como la filosofía y la religión.

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Pero no es hasta el advenimiento de la física cuántica cuando la seguridad de las leyes emanadas de la física clásica termina por venirse abajo. Hasta entonces, las leyes de la física podían predecir lo que iba a suceder, con la física cuántica sucede todo lo contrario; en ella permean, en un mundo de apariencias, la incertidumbre, el caos y el azar.

La física cuántica, a diferencia de la física einsteiniana, orientada al origen y la evolución del universo, está enfocada en torno a las micropartículas que conforman la materia, y al intercambio discreto (mínimo) de energía que realizan entre sí dichas partículas llamado quantum (cuanto). Otro concepto introducido por la física cuántica es el de probabilidad. La probabilidad cuántica señala que las propiedades de una partícula, su velocidad y ubicación, no están determinadas hasta que las observamos. Dió pie a lo que conocemos como el principio de incertidumbre, enunciado por W. Heisenberg en 1927; Heisenberg afirma que “el hecho de que cada partícula lleve asociada consigo una onda impone restricciones en la capacidad para determinar al mismo tiempo su posición y su velocidad”, en que la probabilidad señala que la posición de la partícula se define hasta que es observada.

Así que desde Copérnico, quien nos despojó del trono como reyes de la creación, pasando por Darwin, quien nos sustrajo de la idea de un padre creador, y Einstein, quien nos dijo que las leyes del cosmos, relacionadas al tiempo y al espacio, son relativas, llegan los descubrimientos de la física cuántica, y nos señalan que no hay certeza en el mundo, pero que, sin embargo, todo es probable.

Pero aún hay esperanza, como dijo Einstein: “Dios no juega a los dados”, al referirse al hecho de que en realidad existe un orden en el universo, y que la física cuántica no está descubriendo un caos subyacente en el mundo. En realidad, según Bohm, existe un orden implicado.

David Joseph Bohm (1917-1992) fue un físico estadounidense que realizó valiosas aportaciones en la física teórica, la filosofía y la neuropsicología. Las primeras contribuciones de Bohm fueron en relación de la física cuántica y la Teoría de la relatividad. Escribió un libro: Teoría cuántica, en 1951. Posteriormente, comenzó a desarrollar la llamada Teoría de Broglie-Bohm, la cual enuncia que las posiciones y los momentos de las partículas son las variables ocultas de la teoría cuántica. En esta teoría existe lo que él denomina, una función de onda, es decir, una configuración en el espacio de todas las configuraciones posibles, la cual contiene, también, una función actual, incluso para situaciones en las que no hay un observador. Por lo que estuvo de acuerdo con la teoría de Louis Victor Broglie (1892-1987), quien en 1923 presentó la dualidad onda-corpúsculo como característica subyacente de la física cuántica.

En 1959, Bohm y su estudiante Yakir Aharonov descubrieron el efecto Aharonov-Bohm, fenómeno cuántico en el que la presencia de un campo magnético incide en la propagación de una carga eléctrica, incluso cuando ésta se propaga en zonas donde dicho campo no está presente. Posteriormente, en colaboración con el neuropsicólogo de la Universidad de Stanford, Karl H. Pribram (1919), desarrolló el modelo holonómico del funcionamiento cerebral. Modelo de la cognición que propone que el funcionamiento del cerebro humano es similar al de un holograma.

Las aportaciones de Bohm en la física cuántica continúan al desarrollar su principio de complementariedad. En éste, Bohm propone que un electrón o un fotón son, al mismo tiempo, una onda y una partícula, y que éstas, al estar en un punto determinado del cosmos, se extienden como onda por todo el universo y pueden estar en cualquier parte. Schrödinger también propone la existencia de este principio con su famoso ejemplo de la paradoja del gato. En ella tenemos encerrado en una caja a un gato, una botella de gas venenoso y un dispositivo que contiene una partícula radiactiva con una probabilidad de 50% de desintegrarse en un tiempo dado; de tal forma que, si la partícula se desintegra, el veneno se libera y el gato muere. Al terminar el tiempo establecido hay una probabilidad del 50% de que el dispositivo se haya activado y el gato esté muerto, y la misma probabilidad de que el dispositivo no se haya activado y esté vivo. Según los principios cuánticos, el estado del gato encerrado en la caja, de acuerdo a la función de onda, estará vivo o muerto y al abrir la caja el gato estará vivo o muerto. Ahí radica la paradoja, mientras que en un sistema clásico el gato estará vivo o muerto antes de que abramos la caja, en la física cuántica el sistema se encuentra en una superposición de estados posibles hasta que interviene el observador.

Según el principio de complementariedad de Bohm, aparecen juntas propiedades, aparentemente, contradictorias, y la ecuación de Schrödinger describe matemáticamente la onda de probabilidad. Según Bohm, el electrón, como onda, puede estar en cualquier parte del universo. Pero la probabilidad de que esté en un lugar u otro no es la misma. En eso consiste la onda de probabilidad. ¿Pero qué sucede cuando lo encontramos en un punto concreto? Se cree que se produce un colapso de la onda de probabilidad.

La probabilidad de que el electrón esté donde lo hemos encontrado pasa a ser de 100%. Lo que nos dice la física cuántica es que sólo por el hecho de observar la realidad influimos en ella. Para ella sólo se obtienen mediciones estadísticamente probables de observaciones similares que aunque sean llevadas a cabo en las mismas condiciones, no se puede predecir en detalle lo que pasará en cada observación individual. El instrumento que observa no puede separarse de lo observado. Algo que la ciencia ortodoxa no está dispuesta a aceptar, ya que, a nivel subatómico, la materia no existe con certeza en lugares definidos, más bien muestra tendencias a existir, y los eventos atómicos no ocurren con certeza en tiempos definidos y en formas definidas, más bien muestran tendencias a ocurrir. A su vez, estas tendencias se expresan como probabilidades de interconexiones (efecto Aharanov-Bohm) cuánticas en las que dos partículas creadas simultáneamente coexisten interconectadas o superpuestas, las cuales, al ser colocadas en lugares distantes del universo, al realizar cambios en una de ellas, la otra partícula adopta instantáneamente los cambios correspondientes. Este efecto parece violar una de la leyes de la Teoría general de la relatividad, relacionado con que nada puede viajar a una velocidad mayor que la de la luz; sin embargo, Bohm explica dicho fenómeno aduciendo que lo que realmente sucede entre las partículas es un intercambio de información. Actualmente, investigadores de otras ramas de la ciencia han coincidido con los planteamientos de Bohm, como el biólogo Rupert Sheldrake. Sheldrake propone su teoría de los “campos mórficos” y de la “resonancia mórfica”, siendo el primero un patrón o estructura energética, subyacentemente, que organiza la vida brindándole información a las células sobre cómo se deben disponer, de forma sutil, para conformar el diseño de un individuo y de todos y cada uno de los ejemplares de la misma especie. Determina, también, sus movimientos, tendencias y comportamientos. Dando por sentado que primero es la forma y después todos los fenómenos y leyes de la naturaleza. La resonancia mórfica, según Sheldrake, sería la vía mediante la cual el conocimiento se transmite instantáneamente entre los miembros de una especie, independientemente del espacio y el tiempo. Asimismo, como el científico austriaco Wilhem Reich, en su libro La biopatía del cáncer anuncia su descubrimiento de la existencia de una energía cósmica, esencialmente nueva, y omnipresente que obedece, más que a las leyes de la mecánica a las funcionales, y a la cual ha denominado energía orgónica.

Jidav Krishnamurti y David Bohm. Imagen: http://www.pensamientoconsciente.com/?p=227

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Con respecto a este punto es necesario hacernos una pregunta: ¿tiene la ciencia algo qué decir en torno a la metafísica o al concepto de Dios? Probablemente la respuesta la obtengamos si nos ajustamos a la opinión de los pioneros de la física moderna (relativista y cuántica) como: Einstein, Schrödinger, Heisenberg, Bohr, Eddington, Pauli y Planck. Sin embargo, al realizar esta aproximación encontramos que hay unanimidad entre todos ellos de que no existe en la física moderna un soporte a favor de ninguna clase de misticismo o trascendentalismo, y de que la física moderna no aporta pruebas ni a favor ni en contra, de una visión místico-espiritual del mundo; sin embargo, están dispuestos a admitir que existen ciertas semejanzas entre la visión del mundo de la nueva física y el misticismo religioso, pero que esas semejanzas, aun cuando consideren accidentales, resultan ser triviales comparadas con las amplias y profundas diferencias que las separan.

Más aún, con respecto al principio de complementariedad (la interferencia del observador en el objeto observado), Niels Bohr afirma que “no supone un alejamiento de nuestra posición como observadores desligados de la naturaleza”. No obstante, para David Bohm, la teoría de la física cuántica presupone una interpretación causal (teoría de Broglie-Bohm), y basa en ello la mayoría de sus conclusiones. Para Bohm el universo no es un conjunto de elementos separados entre sí, sino que conforman un todo indivisible, interconectado a través de los principios cuánticos de interconexión y simultaneidad entre las partículas (electrones). La interpretación causal hace referencia a la onda guía o función de onda que según Bohm es subyacente, siendo una interpretación de las variables ocultas ya mencionadas. Dicha función de onda es una función en el espacio de todas las configuraciones posibles, pero adicionalmente contiene una configuración actual, incluso para situaciones en las que no haya un observador. Para Bohm las partículas subatómicas, como los electrones, no son fragmentos sin estructura, sino entidades muy complejas y dinámicas. Además rechazaba la idea de que su movimiento sea incierto, ambiguo o al azar. Para él los electrones siguen un camino preciso, determinado no sólo por las fuerzas físicas convencionales, sino por otra fuerza más sutil, que él llamó el potencial cuántico. Dicho potencial cuántico no depende de la intensidad ni de la fuerza del campo cuántico que rodea al electrón, sino de la forma, por lo que su efecto se mantiene aunque la onda del campo cuántico se extienda por largas distancias (efecto Aharonov- Bohm), Bohm lo ilustra con un barco que navega guiado por un control remoto a través de ondas de radio. El barco se mueve por su propia energía, pero la información que traen las ondas de radio dirige al barco de tal forma que la información contenida en el potencial cuántico determina el resultado del proceso cuántico, en que la onda cuántica lleva la información. Según Bohm, el potencial cuántico guía el movimiento de las partículas, proporcionando una información activa sobre el medio ambiente, por lo que todo el espacio está impregnado de esta información, la cual provee una conexión directa entre todos los sistemas cuánticos de tal manera que el todo organiza las actividades de las partes, siendo éste un fenómeno contrario a lo que enuncia la física clásica mecanicista; más aún, el potencial cuántico descrito en la teoría de Broglie-Bohm parece violar uno de los principios de la teoría de la relatividad en cuanto afirma que ninguna señal puede viajar más rápido que la de la luz; sin embargo, Bohm explica dicho fenómeno aduciendo que lo que realmente sucede entre las partículas es que “actualizan” su información.

Imagen: http://www.cmceluniverso.blogspot.com

Imagen: http://www.cmceluniverso.blogspot.com

En 1982, el físico Alan Aspect y sus colaboradores diseñaron un experimento para demostrar la interconexión cuántica. Los resultados del experimento arrojaron evidencia de que las partículas subatómicas que se encuentran lejanas comunican por señales que viajan, aparentemente, más rápido que la velocidad de la luz.

En la década de los sesenta, David Bohm formuló su noción del orden implicado. En ésta describe que en el universo existe lo que él denominó un orden implicado que para él es el todo indivisible, en las que todas las cosas están envueltas, lo no-manifestado. Las conexiones de este orden nada tienen que ver con la localidad en tiempo y espacio, tienen que ver, más bien, con una cualidad diferente que él denominó envolvimiento. Existe, además, el orden explicado, que es la descripción de la realidad tal y como se nos manifiesta desde el orden implicado. De tal manera que el mundo sensible es la manifestación de una energía, de un orden más profundo y de una realidad inconmensurable, el orden implicado. La alegoría con que Bohm ilustra el orden implicado es un holograma, en el que el todo es las partes y cada una de las partes contiene al todo, el universo como un holograma. El potencial cuántico que Bohm postula en la interpretación causal es el orden implicado, el cual es una realidad indivisible, e infinitamente profunda, cuya naturaleza se extiende desde la física hacia la filosofía, la biología y la religión.

Retomemos una vez más la posición de los fundadores de la física moderna: Einstein, Schrödinger, Heisenberg, Bohr, Eddington, Pauli y Planck, referente a que no existe en ella un soporte a favor de ninguna clase de misticismo o trascendentalismo, el cual, según Ken Wilber en su libro Cuestiones cuánticas, escritos místicos de los físicos más famosos, “aprehende inmediata y directamente la realidad, sin ningún tipo de mediación ni de elaboración simbólica, conceptualización o abstracción en la que, el sujeto y el objeto se funden en un acto fuera del espacio y el tiempo, trascendiendo todas las formas posibles de mediación”.

Y agrega: “cuando el físico contempla la realidad (cuántica, relativista etc.) no contempla las cosas en sí mismas, más bien lo que el físico contempla es una serie de ecuaciones diferenciales sumamente abstractas”, y no la realidad, sino los símbolos matemáticos de la realidad. Por lo que podemos concluir que la física contemporánea solamente ve las sombras reflejadas en la caverna, descrita por Platón y de que la aportación más importante de la física actual es el reconocer que todavía no estamos en contacto con la realidad última.

Fuentes

Ken Wilber (editor). 1988. Cuestiones cuánticas. Escritos místicos de los físicos más famosos del mundo. Editorial Kairos. Barcelona, España.

Libia Herrero (David Bohm físico y filósofo. In Memoriam). Rev. Filosofía Univ. Costa Rica, XXXI (76), 263-267, 1993.

Wilhelm Reich.1985. La biopatía del cáncer. Ediciones Nueva Visión. Buenos aires Argentina http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_cl%C3%A1sica_de_campos

http://www.mecanicacuantica.com/introduction.htm

http://www.cienciapopular.com/n/Ciencia/Fisica_Cuantica/Fisica_Cuantica.php

http://es.wikipedia.org/wiki/David_Bohm

http://www.fisica.uh.cu/biblioteca/revcubfi/2004/Vol.%2021,%20No.%201y2/2110417.PDF

http://es.wikipedia.org/wiki/Louis-Victor_de_Broglie

http://mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=pribramkarl

http://www.zonadecaos.com/Articulos/Fisica%20Cuantica.htm

http://www.neuralterapeuticum.org/microtubulos/info05.htm