La costa de Nuevo León: una mirada hacia el pasado geológico del estado

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Felipe de Jesús Torres de la Cruz*, María Isabel Hernández Ocaña*

CIENCIA UANL / AÑO 19, No. 82, NOVIEMBRE-DICIEMBRE 2016

Al mencionar Nuevo León, lo primero que viene a la mente son las montañas y la aridez del terreno; el calor y la relativa lejanía con el mar han sido los factores principales por los cuales los neoleoneses han preferido vacacionar en la costa del estado vecino, Tamaulipas, o la Isla del Padre en Texas.

La majestuosidad de las montañas obliga a que poca gente mire el norte del estado, la provincia fisiográfica de las Grandes Llanuras de Norteamérica que palidece ante el abrumador espectáculo de la Sierra Madre Oriental (SMO); sin embargo, para poder apreciar la grandeza geológica de las planicies de Nuevo León hay que mirar hacia abajo, no hacia arriba. La finalidad de este artículo es que el lector se adentre en la historia geológica del noreste de Nuevo León.

Son pocos los que conocen que, en el pasado geoló- gico de Nuevo León, el estado fue, por varios millones de años, parte de un sistema sedimentario costero, cuyos diversos elementos sedimentarios como barras litorales, llanuras de inundación y lagunas costeras, eran elemento común del paisaje. Las evidencias de esta diversidad geológica se encuentran cubiertas por sedimentos recientes, exponiéndose únicamente en zonas donde el hombre ha impactado el terreno con trazos carreteros, actividad agrícola, ganadera o de almacenamiento de agua.

La carretera de cuota Monterrey-Reynosa ofrece un viaje en el tiempo que abarca desde el final del Cretá- cico, hace 65.5 millones de años, hasta el Oligoceno (figura 1) en el Paleógeno, con aproximadamente ~37 millones de años de historia geológica expuesta en un recorrido de más de 115 kilómetros.

Figura 1. Columna estratigráfica de la Cuenca de Burgos (modificado a partir de la Carta Geológico Minera Río Bravo, clave G14-8, 2003).

Como ejemplo de esta diversidad sedimentaria se puede observar un ambiente costero en el municipio de China, mismo que ahora ostenta un ambiente de lago, pero esta vez no se trata de procesos geológicos sino de procesos que el hombre ha generado: la presa El Cuchillo.

A la altura del kilómetro 68 sobre la carretera de cuota 40D Monterrey-Reynosa, se yergue la Sierra de Papagayos como la mayor estructura geológica en la porción neoleonesa de la provincia de las Grandes Llanuras de Norteamérica.

En el anticlinal de Papagayos se expone la Formación Méndez, representante del último piso del Cretácico y del último ambiente netamente marino (Ifrin, Stinnesbeck y Schafhauser, 2005) para el noreste de Nuevo León; los sedimentos depositados posteriormente son el producto de la deformación tectónica conocida como Orogenia Larámide, la cual instauró un régimen sedimentario costero con el depósito de la Formación Midway en forma discordante con la Formación Méndez (Consejo de Recursos Mineros, 2003).

LA GRAN REGRESIÓN

A principios del periodo Paleógeno se inició una gran retirada del mar con dirección Este, instaurándose diferentes regímenes sedimentarios costeros en el noreste de Nuevo León y depositando, al mismo tiempo, sedimentos arenosos y arcillosos en franjas que representan la paleolínea de costa. De hecho, estas franjas han sido objeto de interés petrolero por muchos años (Echanove, 1986), por lo cual se desarrolló en la zona el Activo de Producción Burgos, en donde se buscó explotar los yacimientos gasíferos desarrollados en las rocas arenosas de la paleocosta de Nuevo León.

La primera formación del Paleógeno en dicha área corresponde a la Formación Midway, que se encuentra en gran parte cubierta por sedimentos continentales, productos de la erosión de la SMO. Sin embargo, en algunos puntos es expuesta por arroyos, carreteras o alguna otra actividad antrópica.

La Formación Midway está constituida por una sucesión de arenisca y lutita en donde el aspecto paleoambiental más interesante está dado por el desarrollo de bancos de moluscos del género Venericardia (Perrilliat-Montoya 1963; figura 2), localizados cerca del municipio Los Herreras y el rancho El Rebaje. La presencia de estos moluscos y su asociación litológica se relaciona con ambientes litorales, ambientes de playa donde la marea sube y baja y con ambientes infralitorales.

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2. Moluscos del género Venericardia sp., de El Rebaje, China, Nuevo León.

Estos moluscos se encuentran en estratos de arenisca de grano grueso altamente intemperizados y de tonalidades ocre. La mayoría de los moluscos se encuentran con sus valvas separadas, sin embargo, hay algunas valvas que están completas y en algunas ocasiones las dos valvas se encuentran unidas, lo cual sugiere una zona con energía relativamente moderada.

En el área de El Rebaje, en el municipio de China, se encuentran afloramientos de bancos de bivalvos del género Venericardia dentro de terrenos utilizados para la ganadería que paulatinamente han sido desenterrados por maquinaria (figura 3).

Figura 3. Valvas de moluscos del genero Venericardia, dentro de El Rebaje, China, Nuevo León.

BARRAS LITORALES

Algunos kilómetros más adelante, cerca del municipio de China, y sobre el trazo de la carretera libre Monterrey-Reynosa, se puede observar la Formación Carrizo, también conocida como Queen City. A esta formación del Eoceno se le ha asignado un ambiente de barras litorales y aguas litorales de alta energía (Consejo de Recursos Mineros, 2003; Echanove, 1986). Esto quiere decir que su depósito se llevó a cabo justamente en la zona de playa o zona de oleaje.

Un ejemplo actual de este tipo de ambientes se encuentra en la desembocadura del río Grijalva, en Tabasco (figura 4). Una de las características principales se reconoce en el desarrollo de barras paralelas a la línea de costa como productos de las diferentes etapas de sedimentación a las que han sido sometidas.

Figura 4. Izquierda: Formación Carrizo como franjas N-S, China, Nuevo León. Derecha: desembocadura
del río Grijalva, Tabasco (Google Maps, 2016).

LAGUNA COSTERA

En la presa El Cuchillo afloran estratos de la Formación Big Ford, la cual consiste de intercalaciones de estratos gruesos de arenisca de grano medio en tonalidades gris claro que intemperiza a ocre y rojizo, y lutita deleznable con estratificación laminar y nódulos de oxidación.

Esta formación contiene un gran número de claves que nos permiten identificar el ambiente en el que fue depositado: en primer lugar, las huellas de oleaje, también conocidas como ripple-marks, ondulitas o rizaduras, producidas por acción de una corriente de baja energía. En segundo lugar, se puede observar otra estructura sedimentaria conocida como estratificación cruzada, misma que indica que los sedimentos fueron depositados por una corriente que cambiaba de dirección de manera constante (figura 5).

Figura 5. Izquierda: estratificación cruzada. Derecha: rizaduras de la Formación Big Ford en la presa “El Cuchillo”.

En tercer lugar, también se encuentran galerías de icnofósiles del icnogénero Thalassinoides ampliamente distribuidos en estratos de arenisca. Estos icnofósiles se desenvuelven en dos ambientes principales: ambientes de agua somera y de talud, debido a su asociación con otras estructuras como marcas de fondo y hematización de nó- dulos en lutita. En el afloramiento descrito existe variedad en las dimensiones de Thalassinoides, con tamaños que oscilan entre 5 y 20 cm; los estratos de arenisca están intercalados con lutita laminar con intervalos oxidados y concreciones hematizadas (figura 6).

Figura 6. Izquierda: icnofósiles del icnogénero Thalassinoides. Derecha: concreciones hematizadas de la Formación Big Ford.

Las características descritas le han conferido a la Formación Big Ford un paleoambiente de laguna costera con una alta tasa de sedimentación; su más cercano análogo lo encontraríamos en la Laguna Madre en Tamaulipas.

En la región noreste de Nuevo León Existe una estructura sepultada que no es tan espectacular como la Sierra Madre Oriental: el Anticlinal de San Juan de Vaquerías. La interpretación de las rocas que conforman su parte superior representa la secuencia de rocas cenozoicas terrígenas de una costa que se alejaba cada vez más de la SMO, instaurando a su paso diversos ambientes costeros de los cual el área de China nos da una idea.

Aún queda por conocer más de la geología de los ambientes costeros de Nuevo León, ya que existen formaciones como Yegua, Vicksbour, Frío y Conglomerado Norma que no han sido descritos o analizados, los cuales representan paleoambientes que, para apreciarlos, sólo es necesario ver a ras de suelo.

* Universidad Autónoma de Nuevo León. Contacto: torresdelacruzfelipe@gmail.com; felipe.torresd@uanl.edu.mx

REFERENCIAS

Consejo de Recursos Mineros. (2003). Carta geológico-minera Río Bravo clave G14-8 escala 1:250,00, estados de Nuevo León y Tamaulipas, México, p. 64.

Echanove, E.O. (1986). Geología petrolera de la Cuenca de Burgos (Parte I). Boletín de la Asociación Mexicana de Geólogos Petroleros. 38(1): pp. 3-39.

Ifrin, C., Stinnesbeck, W., Schafhauser, A. (2005). Maastrichtian shallow-water ammonites or northeastern Mexico. Revista Mexicana de Ciencias Geológicas. 22(1): pp. 8-64.

Perrilliat Montoya M.C. (1963). Moluscos del Terciario Inferior del noreste de México. Paleontología Mexicana. 19: p. 26.