MIGRANTES ALLÁ Y ACÁ. MUJERES Y HOMBRES EN ESTADOS UNIDOS Y EL NORESTE DE MÉXICO

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MARIANA GABARROT*

CIENCIA UANL / AÑO 19, No. 78, MARZO-ABRIL 2016

Óscar Misael Hernández Hernández y María Elena Ramos Tovar (Coords.) Porrúa, Gobierno de Tamaulipas, UANL México, 2014

Los estudios migratorios, sobre todo aquéllos enfocados a los flujos entre México y Estados Unidos, tienen una larga trayectoria a partir de los primeros trabajos, entre éstos el análisis realizado por Manuel Gamio sobre las remesas enviadas desde el Norte a las comunidades origen, en la década de los treinta. Hemos pasado por grandes etapas en las que los objetos y los sujetos de estudio han sido vistos de maneras distintas o construidos desde perspectivas diferentes. A grandes rasgos, pudiéramos mencionar que las primeras preocupaciones estuvieron íntimamente ligadas a la demografía. Necesitábamos, para fines de análisis, pero también de políticas públicas, saber, por ejemplo, cuántas personas migraban, los principales destinos, el perfil sociodemográfico y el estatus legal.

Al llegar al nuevo milenio, estas preguntas se aceptaron en su mayoría como resueltas. Sobre todo al contar con bases de datos lo suficientemente sólidas, además de metodologías cuantitativas de alto grado de sofisticación, las cuales nos permiten monitorear los aspectos cuantitativos de la migración. De tal forma que se han planteado nuevas preguntas, de las cuales podemos identificar dos grupos principales: las primeras cuestionan la relación de la migración con otros fenómenos y construcciones sociales como la pobreza, la sexualidad, la familia y la comunidad; las segundas buscan entender las implicaciones experienciales. En general, estas nuevas interrogantes privilegian los métodos cualitativos. El libro discutido en esta reseña se inserta claramente en este nuevo contexto y refleja, por un lado, el predominio general de un interés por las subjetividades y por el otro los retos o tensiones que se generan al vincular la amplia bibliografía migratoria con otras completamente distintas.

Se pueden identifican de forma clara tres textos en los cuales los argumentos se construyen desde otras corrientes: el primero: «Mexicanos en San Antonio, Texas. Análisis de su participación en programas sociales financiados con recursos públicos», de José Luis Manzanares Rivera, argumenta que la localización de los habitantes de origen mexicano en clústers genera condiciones sociales desfavorables. Por lo tanto, se limita la interacción con otros segmentos de la población, lo que da como resultado un impacto negativo a nivel socioeconómico y un efecto adverso sobre el gasto público. Así, se entiende el clúster como la concentración de individuos representativamente elevada en un espacio geográfico. El análisis es riguroso y los mapas muestran los datos de forma clara. Sin embargo, es evidente que constituye apenas el primer paso de una propuesta a trabajar. Para trasladar este tipo de análisis económico a la complejidad de la experiencia migratoria, falta mucho camino por recorrer. En particular cuando contemplamos a profundidad las posibles consecuencias, tanto analíticas como políticas, de establecer relaciones causales entre un clúster de migrantes y la pobreza.

El segundo, escrito por Guillermo de los Reyes Heredia, discute, desde los espacios migratorios, las identidades gays, tal como se construyen y reconstruyen en la interacción social. En este trabajo, la etnografía y la idea de performance, los lugares y las prácticas, se analizan como actuaciones para entender distintas subjetividades. Así, las identidades son «puestas en escena», en un lugar específico: la discoteca gay Dyamond, en Houston, Texas. Se problematiza entonces la relación entre identidad y género, entre género y sexualidad, entre éstas y la experiencia migratoria. Asimismo, se plantea la plasticidad de las identidades, dado que fuera del lugar se manifiestan distintas. El problema de investigación se sitúa claramente en la literatura queer y la feminista, por lo cual queda pendiente el vínculo con los trabajos relativos a la identidad migrante.

El tercer texto, titulado «Migración interna y tráfico de mujeres hacia la zona metropolitana de Monterrey», de Arun Kumar Acharya, muestra claramente esta ciudad como uno de los polos de explotación sexual en México. La metodología parte de una pregunta interesante para los estudios de migración forzada, a pesar de que no aborda este tema de manera explícita: ¿cómo estudiar poblaciones ocultas? Utilizando el método de bola de nieve, pero en condiciones muy particulares, se llevan a cabo las entrevistas a profundidad. De esta manera se construye un perfil de mujeres jóvenes (15 y 25 años), de escasos recursos y baja preparación, quienes muestran una dramática vulnerabilidad.

Los capítulos discutidos anteriormente se intercalan con el segundo grupo de trabajos, insertos en distintas avenidas del diálogo sobre las migraciones México-Estados Unidos. Se aborda así la discusión de dos sujetos relativamente nuevos en este tipo de estudio, pero que han sido objeto de profundas reflexiones en los últimos diez años: las mujeres, no como dato, sino como agentes en el proceso migratorio, con emociones y vivencias propias, así como los niños migrantes. El texto de Gustavo López Castro inicia el libro con un relato íntimo de los sentimientos de Verónica con respecto al retorno de su esposo, en éste describe los miedos que conlleva volver a verlo después de una separación. Nos habla, a través de esta experiencia, de una maleabilidad en las relaciones conyugales, pero sobre todo nos proporciona una mirada diacrónica hacia los impactos de la migración en la pareja. Por otro lado, Óscar Misael Hernández Hernández parte del mundo de los niños migrantes para adentrarnos en una discusión sobre la masculinidad como subjetividad y construcción social. Además de lo novedoso del enfoque, llama la atención leer las citas de entrevistas y análisis de narrativas que muestran las experiencias del género. Aún más, el traslape que se muestra entre el aprendizaje migratorio y el aprendizaje de la masculindad en el rol de migrante como hombre proveedor con la mística del valor y la dureza de cruzar la frontera.

Finalmente, los últimos tres textos presentan el punto de vista de las mujeres migrantes. En «Resiliencia de mujeres migrantes en tránsito por la frontera noreste mexicana», las autoras (Teresa Elizabeth Cueva Luna, Blanca Vázquez Delgado y Ma. Teresa Terrón) nos hablan del proceso de empoderamiento que viven las mujeres para persistir en el intento de cruce. Para ello llevan a cabo una construcción muy interesante del contexto de inseguridad utilizando estadísticas de mujeres devueltas por autoridades migratorias de Estados Unidos. Luego relacionan la resiliencia con las motivaciones y los proyectos de vida de las mujeres. Por ejemplo: la visualización de un futuro familiar o la carga materna de proveer para el bienestar de sus hijos. En particular, el tema de la maternidad es profundizado en los últimos dos textos.

Ma. Elena Ramos nos muestra tanto los beneficios económicos como los costos emocionales del viaje para las madres migrantes, en los que persiste el compromiso de cuidar, enseñar y guarnecer a los hijos en la distancia. Así se resignifica y se reconstruye una maternidad transnacional. El texto nos muestra la historia de vida de una mujer quien tenía a sus hijos en México y llevaba más de cinco años en los Estados Unidos, así como la de una abuela en el municipio de San Nicolás de los Garza, Nuevo León, a cargo de los nietos. A través de ellas lleva a cabo una reconstrucción, o más bien deconstrucción, de la culpa, identificando distintos elementos se hace un ejercicio similar con la ira y sus manifestaciones. En el mismo tono de las emociones, Hiroko Asakura nos presenta el resultado de entrevistas realizadas a siete mujeres centroamericanas en la ciudad de Monterrey, con hijos en su lugar de origen. En todas el aspecto económico surge como común denominador. Posteriormente las motivaciones del viaje aparecen como diversas. Por ejemplo: en el caso de Honduras se muestra claramente la relevancia de la violencia. También hay distintas circunstancias que hacen el tránsito por México muy largo, tanto territorial como subjetivamente, al grado de que algunas de ellas optan por quedarse en México. También aquí la culpa se manifiesta como imposibilidad de cumplir con un ideal de buena madre, establecido socialmente. Sin embargo, la autora nos describe cómo las madres transforman estos sentimientos negativos, para lo cual utilizan maniobras emocionales con el objetivo de cumplir su responsabilidad. Por lo tanto, las llamadas telefónicas son cruciales para mantener vínculos afectivos, esto es verdad también para los hijos, cuya percepción es mostrada en la penúltima sección.

A partir de la descripción de los capítulos, podemos concluir que el texto tiene una lectura que asemeja el reflejo del estado actual de los estudios migratorios, interpretando cada uno como muestra de los grandes temas que predominan en la agenda académica y de políticas públicas. En este sentido, vale la pena señalar que es una importante contribución a la bibliografía, en especial porque la mayoría de las colaboraciones provienen de autores residentes en el noreste de México. Resulta importante resaltar lo anterior, dado que es una región cuya producción apunta a tomar relevancia entre las voces académicas de las próximas décadas.

Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

Contacto: mariana.gabarrot@itesm.mx