La literacidad académica de los estudiantes universitarios

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GUADALUPE CHÁVEZ GONZÁLEZ*, LUDIVINA CANTÚ ORTIZ*

CIENCIA UANL / AÑO 18, No. 71, ENERO-FEBRERO 2015

Un acercamiento a sus prácticas letradas (1)

A lo largo de su carrera profesional, los estudiantes leen y escriben una cantidad importante de textos que los informan y forman sobre los aspectos teóricos y metodológicos que deben adquirir para convertirse en profesionales de su área de conocimiento.

Durante algún tiempo, la universidad se excusó de continuar con el desarrollo de los procesos de lectura y escritura. Se argumentó que ese aspecto ya había sido estudiado en los niveles previos, así que no le correspondía al nivel superior abordar de nuevo los temas relativos al uso adecuado de la lengua. Sin embargo, para los años noventa del siglo pasado hubo una demanda por parte de los empleadores, quienes manifestaron que los profesionistas evidenciaban importantes carencias en su forma de expresarse oralmente y por escrito, es decir, poseían un bajo desarrollo de la competencia comunicativa, lo que terminaba por afectar su desempeño laboral. Ante ello, la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) implementó el curso Comunicación oral y escrita (hoy Competencia comunicativa) en todas las carreras, buscando fortalecer este aspecto de la formación universitaria.

No obstante, en tiempos más recientes se hace visible otro problema en este mismo rubro que pone en evidencia que un curso de competencia comunicativa, aunque ayuda, no es suficiente, pues los estudiantes siguen mostrando dificultades en su literacidad académica, lo que les impide comprender a profundidad los textos de la especialidad, desarrollar el pensamiento crítico y producir textos escritos académicos. En consecuencia, se requiere un mayor trabajo consciente y comprometido para que los estudiantes logren apropiarse de las formas pertinentes en el uso del lenguaje y estructuras semánticas de la disciplina (literacidad o alfabetización académica).

Trabajar en torno a la escritura y la lectura en la universidad significa habilitar a los estudiantes para que sean capaces de comprender y generar textos adecuados a sus necesidades comunicacionales,1 a efecto de que se produzca la apropiación requerida del bagaje cultural de la profesión en que se están formando. Hoy en día, es común escuchar los señalamientos de los profesores universitarios en el sentido de que sus estudiantes no saben leer ni escribir. Aunque esto es inexacto, y claramente puede reconocerse un cierto nivel de lectura y escritura y un cierto dominio del lenguaje, el tema en cuestión es que nuestros estudiantes no han desarrollado la habilidad o competencia comunicativa que el nivel superior les demanda. Demuestran baja habilidad reflexiva y crítica, así como dificultades para generar textos académicos que implican procesos complejos.

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No es posible soslayar el hecho de que los estudiantes en la universidad revelan problemas para utilizar el lenguaje de manera adecuada, así como para comprender e interpretar textos especializados, por consiguiente, para escribir por su propia cuenta nuevos textos, ello dificulta la adquisición de conocimientos de su disciplina, lo que con frecuencia deriva en un aprendizaje insuficiente o fragmentado.

Ante esta problemática, hemos iniciado una investigación denominada “Estudios de literacidad en la UANL”, cuyo objetivo es identificar, describir, analizar y explicar las prácticas letradas de los estudiantes de las diferentes áreas de conocimiento de la Universidad, con el propósito de diseñar y formular estrategias que coadyuven al desarrollo de la literacidad académica de los estudiantes.

Ahora bien, para los efectos de este artículo, planteamos la identificación del nivel de literacidad escrita, en tanto que práctica social, contextualizada e institucionalizada, que evidencian estudiantes del quinto semestre (agosto-junio 2013) de la licenciatura en educación, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Los resultados que aquí se presentan equivalen a un primer análisis sobre la literacidad o alfabetización académica de estudiantes, a través del estudio de un corpus de textos en los que describe o explica un problema educativo que deba investigarse. Estudios de esta naturaleza son necesarios, dado que los jóvenes están en el proceso de su formación académica profesional y, además, porque la observación en la práctica cotidiana revela un exiguo desarrollo de su competencia comunicativa y un pobre manejo de los lenguajes y discursos de la disciplina.

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Para esta investigación acudimos a las propuestas teóricas de los nuevos estudios de literacidad (NEL), los cuales permiten la descripción, el análisis y la explicación de las prácticas letradas. Los NEL conciben el texto escrito como una herramienta inserta en un contexto sociocultural, que se utiliza para desarrollar prácticas sociales en un lugar y un momento determinados; es decir, piensan la lectura y la escritura como prácticas sociales en las que las personas utilizan los textos situados sociohistóricamente, en contextos particulares, para desarrollar funciones concretas en instituciones establecidas con unas relaciones de poder determinadas. (2)

Dichos estudios, señala Cassany, entienden que la literacidad es la suma de un proceso psicológico que utiliza unidades lingüísticas, en forma de producto social y cultural. Cada texto es la invención social e histórica de un grupo humano y adopta formas diferentes en cada momento y lugar, las cuales también evolucionan al mismo tiempo que la comunidad. Aprendemos a usar un texto participando en los contextos en que se utiliza. (3)

Desde esta perspectiva teórica, concebimos la literacidad académica como las prácticas letradas, entendidas como prácticas socioculturales, que llevan a cabo los estudiantes a partir de tareas/actividades contextualizadas en una institución académica (la universidad/escuela), y con un propósito comunicativo específico, que evidencian el uso discursivo disciplinar que les es propio, de acuerdo a su formación académica. Dichas prácticas se expresan a través de géneros discursivos y tipos de textos académico-profesionales. Coincidimos con Zavala (4) en que el aprendizaje de la literacidad académica tiene que verse, entonces, como un proceso que implica participar en las prácticas socioculturales letradas que definen a una comunidad académica, lo que significa favorecer la apropiación del bagaje disciplinario.

El corpus analizado se compone de 27 textos escritos de 27 estudiantes del quinto semestre de la licenciatura en educación, que responden a una actividad que solicitó la profesora del curso. Al analizar estas prácticas letradas escritas tratamos de dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿cómo se manifiesta la práctica letrada escrita de los estudiantes del quinto semestre de la licenciatura en educación?, ¿qué características posee?, ¿vehicula o entorpece el desarrollo de la literacidad académica propia de su disciplina?, ¿en qué medida el nivel de su práctica letrada favorece la adquisición de los conocimientos propios de la disciplina?

La práctica letrada y la producción de los textos escritos que conforman el corpus se llevaron a cabo en el contexto de una clase escolarizada/presencial de la Facultad de Filosofía y Letras. Se solicitó a los estudiantes la elaboración de un texto que incluyera un ‘problema’ de investigación educativa que deseen estudiar para, posteriormente, elaborar un anteproyecto de investigación con los elementos que éste conlleva. En el primer momento, se trata de una actividad individual en la que escriben y describen un problema de investigación y, a la par, empiezan a pensar cómo abordarlo. Por supuesto, no es una práctica que los estudiantes llevarían a cabo si un profesor no lo solicita con un propósito concreto; en este sentido, queda claro cuál es el rol de los autores de los textos que analizamos.

De acuerdo con Cassany, los NEL describen de modo exhaustivo, longitudinal y detallado cómo las personas utilizamos un escrito en un lugar y en un momento concreto, dentro de una determinada comunidad, con el objetivo de llevar a cabo alguna tarea y conseguir propósitos predeterminados. Se fijan tanto en los autores y en los lectores, en los contextos físicos, sociales o culturales o en los valores subyacentes a la actividad letrada, como en el propio escrito. Los NEL adoptan una mirada decididamente global, que no excluye nada: ni lo social, ni lo cultural, ni lo histórico. Conciben el discurso como el pivote sobre el que gira la actividad comunicativa y una parte de la organización social de la comunidad. (2)

En este sentido, analizamos dos aspectos de la práctica letrada escrita: los usos del código lingüístico y la estructura de los discursos. Sabemos ya que el contexto de uso es la universidad, por tanto, el género discursivo es académico. En cuanto al tipo textual, aunque en las prácticas letradas predomina la función discursiva informativo-referencial, también se manifiesta un mínimo nivel de argumentación, se trata de textos con la explicación de un problema de investigación educativa y la justificación del autor para estudiar dicho asunto.

Uno de los primeros aspectos que observamos es que, aunque los estudiantes reconocen que un texto académico es un texto formal en el que han de utilizar un lenguaje estándar propio de la disciplina y que será observado, revisado y evaluado por el profesor, evidencian cierto descuido a la hora de construir su texto; es decir, la tercera fase de la redacción, la revisión, no se lleva a cabo, como tampoco la fase de la planificación textual. Es muy posible que algunos fenómenos localizados en estos escritos de los jóvenes pudieran evitarse, si llevaran a cabo la revisión del texto y
realizaran la práctica de escritura con mayor atención y cuidado.

Tal como señala Cassany, (5) las instituciones fijan y regulan las características de sus prácticas letradas y se observan en cada contexto: los géneros discursivos que se usan, el tipo de lenguaje que utilizan (estándar o dialectal, formal o coloquial, etc.) o las condiciones de uso (quién tiene acceso a qué, cuándo y cómo), lo que los analistas del discurso denominan el orden de los discursos.6 En la UANL, todos los estudiantes del nivel superior cursan en primero o segundo semestre la unidad de aprendizaje Competencia comunicativa, en la que se fijan las características y estrategias para la construcción de un texto escrito, de tal suerte que esta práctica queda regulada por la institución. Son, por lo tanto, prácticas letradas que se caracterizan porque, además de estar reguladas por la institución, son impuestas y aprendidas formalmente; están socialmente legitimadas, son prestigiosas, vinculadas con la institución y la informatividad. (5)

Los resultados obtenidos del análisis de las prácticas escritas exponen una problemática seria: manifiestan una pobreza generalizada en la literacidad académica, lo que trae consigo una limitación en la redacción de ideas concretas, claras y precisas, en el uso y dominio adecuado del léxico, en la producción de ideas completas y complejas, en la construcción de párrafos conformados por una idea principal y varias de apoyo, y en la organización del discurso.

A partir de la revisión de los 27 textos del corpus encontramos:

1. Dificultad para utilizar los principios de coherencia y cohesión en la práctica letrada escrita, lo que afecta el sentido global del texto.

2. Problemas en el principio de adecuación: los textos muestran ambigüedad en el uso del código lingüístico: los estudiantes desconocen el significado de los conceptos que utilizan y emplean unas palabras por otras, por ejemplo, provocan por realizan: “Este tipo de molestación [bullying] por así decirlo lo provocan en lugares solos, baños, pasillos…”. Este ejemplo es interesante porque evidencia, además, el uso de lo que podría tratarse de un fenómeno de cambio lingüístico en marcha (palabras de nueva creación y circulación), la palabra “molestación” que, al parecer, se utiliza con frecuencia, tanto en forma oral como en las redes sociales; pensemos en el uso de otras palabras similares: festejación, juntación, etc., que están utilizando chicos y grandes, en contextos reales y virtuales. Detectamos, asimismo, la alteración del orden lógico del enunciado, lo que causa confusión; el uso de generalizaciones y la inadecuada formulación de preguntas, así como imprecisión semántica en el uso lingüístico.

3. Los textos escritos presentan bajo nivel de corrección, de acuerdo con Cassany, quien establece que “es fundamental que la instrucción sobre los aspectos lingüísticos del escrito adopten una perspectiva discursiva, sin dejar de lado la corrección, es decir, atender a la norma genuina castellana en todos sus planos: ortografía, morfología, sintaxis y léxico. Adaptación del grado de corrección al contexto”. (7)

4. Manifiestan dificultades con la conjugación, redundancia lexical, pobreza de vocabulario, por tanto, ausencia de claridad en la expresión y uso de formas lingüísticas coloquiales e informales en un texto académico profesional, en un contexto académico. En general, los estudiantes se expresan con ideas simples, lo que conduce a la enumeración, y eluden la construcción de párrafos completos, lo cual indica incompetencia en la estructuración de textos. Nos encontramos ante un pensamiento simple (sencillo, si se quiere), poco estructurado, no relacional, reduccionista y que puede conducir al error y a la ilusión, (8) el cual es producto de un conocimiento del sentido común u ordinario, (9) muy útil para la vida cotidiana, pero no en la vida académica.

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En consecuencia, la práctica letrada escrita de los autores de los 27 textos analizados evidencia formas de escritura imprecisa, confusa, redundante y repetitiva, aunque consigue el propósito comunicativo para el cual fue producido (enunciar un posible problema de investigación); sin embargo, no cumple el objetivo de transmitir con claridad, precisión, sencillez y corrección el mensaje que se quiere expresar, ni alcanza los estándares de literacidad deseables en su nivel académico.

En cuanto a la adquisición y uso de la terminología de la disciplina, encontramos que los jóvenes siguen empleando los significados cotidianos o coloquiales de algunos términos, sin respetar el significado más cercano a la disciplina de que se trata, aun cuando los textos corresponden a temas de la especialidad.

Lo anterior permite afirmar que las dificultades en la coherencia textual, en la cohesión de los textos, así como los problemas en la competencia sociolingüística de los estudiantes, el desconocimiento del uso adecuado de sinónimos, la insuficiencia para construir ideas completas, párrafos y textos con un sentido global producen prácticas letradas inadecuadas para su formación profesional.

Los resultados revelan que los estudiantes no han desarrollado la literacidad académica necesaria para los estándares del nivel educativo en que se ubican; manifiestan dificultades para utilizar el lenguaje de manera adecuada, así como para comprender e interpretar textos especializados y, en consecuencia, para escribir por su propia cuenta nuevos textos, ello dificulta la adquisición de conocimientos de su disciplina, lo que con frecuencia deriva en un aprendizaje insuficiente o fragmentado.

Como sabemos, la coherencia, la cohesión, la adecuación y la corrección textual son claros índices de la aceptación social, académica y profesional de un texto escrito; por tanto, es imperativo continuar con estudios de esta naturaleza para generar propuestas que contribuyan a los esfuerzos que ya existen en la universidad, y al desarrollo de las prácticas letradas de los estudiantes. En este sentido, planteamos dos vías para promover los niveles adecuados de literacidad en los estudiantes (como ya se ha hecho en otras universidades): 10 en primer lugar, fortalecer el trabajo que se hace en Competencia comunicativa, verificando que las prácticas de lectura y escritura que contiene este material se lleven a cabo, no como simples tareas, sino como herramientas cognitivas; en segundo lugar, desarrollar programas de escritura, formales y semiformales, en todas las unidades de aprendizaje, mediante actividades diversas, entre las que han de estar el trabajo específico que los profesores de los cursos de especialidad asignen (prácticas para la adquisición de términos y conceptos), pero también mediante un trabajo de tutoría individualizada, asignando tutores o compañeros (pares) de escritura para que acompañen en sus prácticas letradas a aquellos que tienen menores desempeños en esta área.

1 Una versión anterior de este trabajo se presentó en el XII Congreso Latinoamericano para el Desarrollo de la Lectura y la Escritura. Ciudad de Puebla, del 11al 14 de septiembre de 2013.

Referencias

1. Bianchi (2009). “La lectura y la escritura en la universidad, dos necesidades unidas”. XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación, Año X, Vol. II, (Feb. 2009). Buenos Aires, Argentina. On line: http://fido.palermo.edu/servicios_dyc/publicacionesdc/vista/detalle_articulo.php?id_libro=125&id_articulo=1142
2. Cassany, D. (2006) Análisis de una práctica letrada electrónica. Páginas de Guarda, No. 2, primavera. On line: http://www.paginasdeguarda.com.ar/_pdf/articulos/2_cassany.pdf
3. Cassany, D. (2005) Investigaciones y propuestas sobre literacidad actual: multiliteracidad, internet y criticidad, Cátedra UNESCO para la Lectura y la Escritura, Universidad de Concepción, Chile. On line: http://www2.udec.cl/catedraunesco/05CASSANY.pdf
4. Zavala, V. (2011). “La escritura académica y la agencia de los sujetos”. En: Cuadernos Comillas, 1, 2011, p. 56. Online: http://www.cuadernoscomillas.es/pdf/5_zavala.pdf
5. Cassany, D. (2008). Prácticas letradas contemporáneas. Ciudad de México, Ríos de Tinta.
6. Foucault, M. (2009). El orden del discurso. Barcelona: Tusquets.
7. Cassany, D. (1997). “Funciones y representaciones prácticas de lo escrito. Algunas consideraciones sobre prácticas de la composición”. En: 3a. Jornada de enseñanza de la lengua española, Granada, Universidad de Granada, 1997, http://www. upf.edu/pdi/dtf/daniel_cassany/PadagInstitut.pdf
8. Morín, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Versión On line. Paris: UNESCO. http://www.unmsm.edu.pe/occaa/articulos/saberes7.pdf
9. Berger, P. y Luckmann, Th. (2008). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu.
10. Andrade, M. (2009). “La escritura y los universitarios”. En: Universitas Humanísticas, No. 68, julio-diciembre, pp. 297-340. Bogotá, Colombia: Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca. On line: http://revistas.javeriana.edu.co/index.php/univhumanistica/article/view/2277/1587