General Juan Zuazua: el hijo de la frontera y el soldado de la Reforma

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EDUARDO CÁZARES PUENTE*

CIENCIA UANL / AÑO 17, No. 66, MARZO – ABRIL 2014

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foto zuazua

JUAN ZUAZUA

La soberanía pertenece al pueblo, y el pueblo que conoce su soberanía es invencible. General Juan Zuazua Esparza

Durante los aciagos años de mediados del siglo XIX, se fortaleció en México la figura de diversos caudillos regionales ante la ausencia de un poder central que aglutinara la autoridad y el orden administrativo. En el noreste, la figura de Santiago Vidaurri emergió con singular brillo respaldado por sus exitosas campañas en la frontera contra los indios lipanes y comanches, y por el ordenamiento económico y social que promovió entre los habitantes de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas.

En este contexto, el general Juan Zuazua, “el soldado de la Reforma”, se constituiría en el brazo armado de Santiago Vidaurri contra la dictadura de Santa Anna, en 1854 y durante la Guerra de Reforma, al mando del prestigioso Ejército del Norte.

El historiador Santiago Roel, en su apología al militar oriundo de Lampazos, que apareció en el periódico El Porvenir del domingo 31 de julio de 1932, expresó las siguientes letras, sacudiendo del recuerdo el polvo de la ingratitud y del olvido hacia la figura de tan importante militar, depositado por el correr de los años en la indiferencia y la ignorancia de los humildes y el descuido y el egoísmo de los poderosos:

Escobedo, Zaragoza, Zayas, Hinojosa, Garza Ayala, Quiroga y Pedro Martínez, quienes han pasado a la historia como bravos militares fronterizos, y cuyas campañas guerreras han sido la admiración de la posteridad, porque entre nosotros nadie ha podido igualarlas, tuvieron un maestro tan soldado y tan valiente como ellos, bajo la dirección de quien se formaron y a cuyas órdenes lucharon en no pocas batallas; pero su nombre y sus acciones se han opacado ya, tal vez porque no alcanzó a vivir durante la intervención francesa, que fue cuando escribieron las más brillantes páginas de la vida de nuestros caudillos.

La patria chica

Juan Nepomuceno Zuazua Esparza nació el 6 de enero de 1820 en la villa de Punta de Lampazos. Fue precisamente allí, en la soledad de esta norteña villa del norte de Nuevo León, donde aprendería a montar espléndidamente a caballo y a manejar el rifle como pocos en la lucha que sostenían, día a día, los habitantes de estas tierras contra los indios lipanes y comanches que asolaban la región.

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Registro de matrimonio de Juan Zuazua y Antonia de la Garza, Villa de la Punta de Lampazos, abril de 1850, fragmento.

Años después estudió en el Seminario Conciliar de Monterrey sin terminar la carrera, regresó a Lampazos para dedicarse a la agricultura y al comercio. Tenía 26 años cuando participó en las primeras batallas contra la invasión norteamericana de 1846, en las que fue parte de la Guardia Nacional en representación de su pueblo Lampazos. Combatió en Palo Alto y Resaca de la Palma, en mayo de ese año, y en la reñida Batalla de Monterrey de septiembre, en la que fue ascendido a capitán por su valor y denuedo en la defensa de la soberanía nacional. Meses después también estuvo cara a cara frente al invasor en la batalla de la Angostura, librada en las afueras de Saltillo.

Después de la toma de Monterrey, Zuazua participó en las guerrillas que hostilizaron al enemigo invasor durante 1847, principalmente entre los caminos de Monterrey a Camargo. Según su biógrafo Hermenegildo Dávila, junto a los hermanos Alderete, hostilizó a los norteamericanos en las villas de la frontera norte con sus recursos, y participó junto al general Urrea, a mediados de 1847, en el famoso asalto al convoy de pertrechos y objetos en las inmediaciones de la Hacienda de Ramos al oriente de Monterrey, dejándoles un botín de cerca de dos millones de pesos, los cuales fueron remitidos a la custodia del coronel Miguel M. Miramón (padre del general conservador del mismo nombre).

La milicia

Terminada la guerra con los Estados Unidos, y tras el acercamiento fronterizo al río Bravo en 1848, los problemas para las villas del norte del país se incrementaron notablemente. Los constantes asaltos de los indios lipanes y comanches a las rancherías y pueblos, el acecho de los filibusteros norteamericanos y el bandidaje en el camino se convirtieron en verdaderos flagelos para los habitantes de esas tierras. La inseguridad fue un grave problema social que afectó la política y la economía de los estados y municipios, por lo que fue necesario crear instituciones que ofrecieran certeza y paz.

Croquis de la Batalla de Monterrey.

Croquis de la Batalla de Monterrey.

En este contexto, aparece Juan Zuazua encabezando la Primera Compañía Móvil de Caballería de Lampazos, creada en septiembre de 1849 por el presidente José Joaquín de Herrera. Tres años después, Zuazua fue nombrado comandante de la Fuerza Defensora de la Frontera, que no tenía otra misión más que perseguir a los grupos de indios norteamericanos y aniquilarlos.

Durante esta etapa de la persecución contra los apaches, lipanes y comanches, en el norte de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, Zuazua pulió sus cualidades en el manejo del rifle y la destreza en la monta del caballo. No era fácil enfrentar a enemigos que se movían rápidamente y atacaban por sorpresa. Esta escuela militar vivida en las despobladas llanuras semidesérticas del noreste mexicano le permitió a Zuazua ser atrevido en sus decisiones militares futuras y mostrar dureza en los momentos de prueba.

Al estallar la Revolución de Ayutla, en 1854, Zuazua se subleva junto a su paisano Santiago Vidaurri contra la dictadura santannista y toma Monterrey el 23 de mayo de ese año. Constituido el Ejército del Norte con sede en Monterrey, Juan Zuazua fue nombrado coronel, por su destacada labor militar en la campaña.

A partir de este momento, los blusas rojas del Ejército del Norte, con su sombrero de ancha ala montando a caballo, fueron respetados por sus rivales no sólo por su apariencia, sino por la disciplina, su agresiva táctica militar y el buen manejo de las armas de fuego en combate. Parecía como sí “persiguieran una horda de comanches rumbo a [la meseta de] Catujanes”, comentaría en una ocasión Zuazua.

El sello de los desafíos que la frontera les impuso a los hombres y mujeres de la época se refleja en el carácter demostrado por Zuazua en los combates que le tocó liderar. Muestra de ello es la estrepitosa derrota a las huestes, de Anastasio Parrodi, gobernador de San Luis Potosí, a finales del verano de 1855, cuando sorpresivamente atacó la capital potosina con sus carabineros, tras un largo recorrido iniciado en la localidad de Morterillos.

Una revolución en el noreste de México

Tras la caída de la dictadura de Antonio López de Santa Anna, en 1855, nuestro país inicia un periodo de reorganización política-jurídica que va a permitir consolidar un Estado-nación. Este periodo de diez años, conocido como “La Gran Década Nacional (1857-1867)” va a provocar guerras civiles y luchas sangrientas entre mexicanos y una intervención europea.

 

Paso de la Santa Cruz, Matamoros y el Río Bravo, 1848.

Paso de la Santa Cruz, Matamoros y el Río Bravo, 1848.

Ante la falta de un ejecutivo nacional con autoridad para someter al caudillaje regional, surge en el noreste mexicano “la etapa Vidaurrista (1855-1864)”, periodo en el cual el viejo cíbolo, apelativo como era conocido el general lampacense Santiago Vidaurri, gobernó los destinos de Nuevo León y Coahuila, además tuvo cierta influencia en Tamaulipas.

Zuazua y sus blusas rojas del Ejército del Norte fueron parte importante de este liderazgo regional, a causa de la imperiosa fidelidad a Vidaurri. Durante la fusión que Vidaurri hiciera arbitrariamente de los estados de Nuevo León y Coahuila en uno solo, el 19 de febrero de 1856, las victorias de Juan Zuazua dieron legitimidad a la gestión vidaurrista.

La molestia del presidente Ignacio Comonfort contra Vidaurri desató una serie de acciones militares y políticas que buscaban la destitución del caudillo norteño y el sometimiento del Ejército del Norte y sus jefes al proyecto del Ejecutivo nacional. Por tanto, Comonfort ordenó a los generales Juan José de la Garza y Vicente Rosas Landa marcharan rumbo a Monterrey para controlar la región.

De la Garza derrotó a las fuerzas de Mariano Escobedo en Loma Larga, cerca de Cadereyta, y entró a Monterrey. Por lo cual el general Zuazua aprovechó la tropa de Ignacio Zaragoza y del derrotado Escobedo para que se hicieran fuertes en la fortaleza de la Ciudadela, ubicada al norte de la ciudad y así resistir los asaltos de la gente de De la Garza durante tres días.

Una vez más la astuta estrategia de Zuazua al llegar a reforzar la plaza obligó a los comonfortistas a retirarse de la capital del estado para ir a Saltillo. En la Cuesta de los Muertos, en el camino entre Monterrey y Ramos Arizpe, en vísperas de librarse la batalla, se logró un convenio que puso fin a la lucha, en éste se reconoció el liderazgo de Vidaurri y la fusión del estado de Nuevo León-Coahuila como uno solo. Esta unión territorial permanecería hasta febrero de 1864, cuando el presidente Benito Juárez disolvió nuevamente a los estados por causa de sus rencillas con Santiago Vidaurri en los tiempos de la invasión francesa a México.

Tras estallar la Guerra de Reforma a finales de 1857, nuevamente el bien pertrechado y disciplinado Ejército del Norte y su jefe militar entraron en combate a favor de la causa liberal. Vidaurri, Zuazua y sus oficiales sentían desconfianza de los políticos de la capital, pero debían tomar postura. En una carta que Zuazua dirige a su amigo y gobernador expresa su compromiso por el proyecto de la región: “es necesario pelear y con las armas, hacerlos entender que los fronterizos de hoy no somos como los de ayer”.

Don Santiago Vidaurri

Don Santiago Vidaurri

Al marchar hacia el corazón del país para entrar en el fragor de la batalla, Zuazua enfrentó y derrotó, el 17 de abril de 1858, en el Puerto de Carretas, jurisdicción del estado de San Luis Potosí, al “macabeo mexicano” Miguel Miramón, de apenas 26 años de edad. Días después continuó su campaña en Zacatecas, donde con dos mil rifleros a caballo tomó la plaza con grandes muestras de astucia. Meses después, Zuazua, al frente de los blusas rojas, era dueño del noreste de México y merodeaba el Bajío mexicano, situación alarmante para la causa conservadora.

Increíblemente relegado a segundo plano, Zuazua fue testigo de la Batalla de Ahualulco, donde las tropas conservadoras de Miguel Miramón destrozaron al Ejército del Norte al mando de Vidaurri, el 29 de septiembre de 1858. En el diario del coronel Valdés, que en 1913 publicó la Sociedad Mexicana de Geografía, refiere sobre este acontecimiento lo siguiente:

…. Dirán o escribirán cosas los que poco o nada vieron de lo que pasaba los días 27, 28 y 29 y los que no sabían el estado que guardaban nuestras fuerzas, pero lo cierto es que desde que amaneció el 29 todo era desorden y confusión y que de nuestra fuerza total no se batió la quinta parte de ella. Los responsables de la derrota son el señor Vidaurri y su segundo en jefe en la acción don Eduardo Jordán, a cuya supuesta pericia el señor Vidaurri fió la existencia de todo el ejército. Llegaron los momentos críticos y se vio que ni el General en Jefe ni su segundo eran para el caso. Los primeros que causaron el desorden fueron estos dos señores y abandonaron precipitadamente el campo sin hacer el más leve esfuerzo por contener u organizar a los que se retiraban… Aramberri y Zuazua y muchos otros hicieron personalmente prodigios de valor, pero no fueron apoyados…

A partir de este momento, la división y el recelo entraron a las filas del Ejército del Norte. Por un lado, Juan Zuazua y Julián Quiroga mostraron su fidelidad al liderazgo regional de Santiago Vidaurri en el norte, mientras Ignacio Zaragoza, Mariano Escobedo, Silvestre Aramberri y Lázaro Garza Ayala optaron por respaldar el proyecto nacional que encabezaba el presidente Benito Juárez en su lucha contra los conservadores.

Zuazua y Vidaurri estaban convencidos de que los generales Jesús González Ortega y Santos Degollado habían dividido con sus intrigas a los oficiales del Ejército del Norte, por lo que desconocieron su autoridad militar. En la disputa por el poder en la región, Vidaurri fue destituido y José Silvestre Aramberri elevado al puesto de gobernador del estado de Nuevo León y Coahuila.

Como una última carta para la causa vidaurrista, el general Juan Zuazua se levanta en armas en Lampazos, N.L., a finales del 1859, contra el gobierno de Aramberri. Declara que en su movimiento reside la soberanía del estado y que hubo un terrible complot para despojar del poder a su amigo Santiago Vidaurri. Por contraparte, Aramberri declara fuera de la ley a Vidaurri y a Zuazua, a quienes acusa de traicionar a la patria tras retirar las fuerzas leales al gobierno liberal del campo de batalla en contra de los conservadores.

Nuevamente la astucia militar de Zuazua dio fruto a favor de la causa vidaurrista, obligando a Escobedo, Aramberri, Treviño y Garza Ayala a abandonar estas tierras. El Congreso del Estado también tuvo que disolverse y huir a la villa de Galeana, N.L., para no caer en manos de los vidaurristas.

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Tras salir a combatir a los “sublevados de Galeana”, Vidaurri y Zuazua se dirigieron a esta población a finales de julio de 1860. Pernoctaron en la hacienda de San Gregorio en las cercanías de Ramos Arizpe, Coahuila, la madrugada del 31 de julio, cuando la suerte abandonó finalmente al militar lampacense.

Santiago Roel Melo narra con profundo sentir los funestos sucesos en que el soldado de la Reforma cayó abatido por una bala enemiga:

El señor Vidaurri imprudentemente se adelantó a la Hacienda de San Gregorio, con su escolta respectiva. Allí se encontraba a las siete de la noche cuando llegó un explorador del teniente coronel Eugenio García, quien con doce oficiales y un clarín, de Galeana había sido desprendido por el General Aramberri a organizar fuerzas en el occidente y norte del estado… [también se encontraba allí] el Gral. Zuazua con su ayudante, tomando el mismo alojamiento que el gobernador Vidaurri. García y sus compañeros marcharon pie a tierra sobre dicha hacienda sorprendiendo el alojamiento de aquellos entre una y dos de la mañana del día 31 y, a la clara luz de la luna, se ordenó al clarín que al romper el fuego tocase en diversos rumbos carga a la derecha, a la izquierda, al centro a caballería e infantería. A los primeros tiros disparados, y al tratar de incorporarse el general Zuazua, recibió un balazo en la cabeza, que le privó en el acto de la vida, sin haber podido hacer uso de sus armas.

Con la tragedia de Zuazua, Vidaurri se hizo más fuerte en el Norte, logrando sobrevivir políticamente otros siete años más hasta su muerte en la Ciudad de México, tras ser pasado por las armas por orden de Porfirio Díaz a causa de su adhesión al imperio de Maximiliano.

Así terminaba la vida del llamado “hijo de la frontera”. En su honor, desde 1863, por decreto de Santiago Vidaurri, la entonces Hacienda de Santa Elena se llama General Zuazua, N.L.; una estatua dedicada al lampacense flanquea el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México y otra se erige en la Macroplaza de la ciudad de Monterrey.

Para conocer más

· J. Ávila; L. Martínez; C. Morado. Santiago Vidaurri. La formación de un liderazgo regional desde Monterrey (1809-1867). UANL, Monterrey, 2012

· Hermenegildo Dávila. Biografía del Sr. General Juan Zuazua. Imprenta calle Dr. Mier No. 70, Monterrey, 1892.

* Universidad Tec Milenio. Contacto: ecazares83@hotmail.com