Ciencia UANL

Cuajiotes y copales: árboles sagrados del México antiguo, claves para el bienestar social y ambiental

Yessica Rico*

CIENCIA UANL / AÑO 24, No.110, noviembre-diciembre 2021

Los árboles son elementos esenciales para el equilibrio ecológico, el bienestar social y el desarrollo cultural de civilizaciones pasadas y recientes. Los árboles aportan oxígeno, regulan el clima, filtran contaminantes, retienen el suelo y su fertilidad, son fuente de alimento y refugio para humanos y animales; nos proveen compuestos medicinales y materias primas como la madera, aceites y gomas para la elaboración de distintos productos, y además son elementos de esparcimiento, contemplación y creación artística.

Cada país, región o cultura, posee árboles emblemáticos o sagrados, ya sea porque forman parte del imaginario colectivo, son componentes dominantes del paisaje o motores de la economía local. En México contamos con diversas especies emblemáticas de árboles como el magnífico ahuehuete (Taxodium mucronatum), conocido por su sorprendente tamaño y longevidad, y que podemos apreciar en el árbol del Tule en Oaxaca (¡14 metros de ancho, 42 metros de altura y casi 2,000 años!). Otro árbol emblemático es el oyamel (Abies religiosa), una conífera nativa de las montañas centrales sur de México y oeste de Guatemala, el cual es el preferido para la hibernación de la mariposa monarca en Michoacán y el Estado de México. La diversidad de la flora arbórea en México es sorprendente, contamos con más de 4,000 especies, y para algunos grupos (géneros botánicos) tenemos el récord mundial de diversidad, como ocurre en los pinos, encinos o las burseras. De estos tres grupos, el género Bursera, con un poco más de 100 especies, de las cuales más de 90 ocurren en México, se distingue por ser el género con el mayor número de especies (alrededor de 95%) con origen exclusivo del territorio mexicano.

Figura 1. (A) Árbol adulto de Bursera cuneata (sección Bullockia); flor (B) y fruto (C) (imágenes: Yessica Rico).

¿CÓMO DISTINGUIMOS UN ÁRBOL DE BURSERA?

El género Bursera se compone por dos grupos que engloban las especies popularmente conocidas desde tiempos prehispánicos como cuajiotes (sección Bursera) y copales (sección Bullockia). Se distribuyen en el continente americano desde el suroeste de Estados Unidos hasta Perú y parte de Brasil, pero es en México, específicamente en la Depresión del Balsas, donde se registra el mayor número de especies (alrededor de 48) (Rzedowski y Guevara-Féfer, 1992).

Las burseras principalmente presentan forma arbórea y como máximo alcanzan los 30 metros de altura, aunque la mayoría de las especies oscila entre los 4 y 15 metros (figura 1A). Si estuvieras en los bosques tropicales secos, un ecosistema con una marcada estacionalidad entre la época de lluvias y secas, reconocerías las burseras por el agradable aroma que desprenden sus hojas cuando las estrujas, o de la resina que exuda de sus ramas. Estos árboles pierden su follaje durante el inicio de la época seca, mientras que florecen y renuevan sus hojas al inicio de la época de lluvias. Poseen flores muy pequeñas (1-3 cm), poco vistosas al ojo humano, de color blanquecino amarillento (figura 1B), en grupos o solitarias, y generalmente duran unas cuantas semanas durante el inicio de las lluvias antes de que desarrollen a plenitud su follaje.

Sus frutos, en cambio, son más fáciles de observar a simple vista (miden alrededor de 3-5 cm), por su coloración verde que va cambiando a tonalidades naranja a rojizas conforme maduran hacia finales de la época de lluvias y muy entrada la época de secas. Los frutos son numerosos, de forma ovoide y textura dura. Al madurar el fruto expone una semilla naranja-rojiza, cuya coloración es muy atractiva para las aves (figura 1C). Otra característica de las burseras es la distinción entre árboles machos y árboles hembras. En cuanto a la forma de las hojas, pueden ser delgadas a carnosas, de textura aterciopelada, lisa o rugosa, y de una gran variedad de formas y tamaños que van desde lineales, como en Bursera paradoxa, a formas elipsoides, como en Bursera roseana.

¿Ahora, cómo distinguimos a los copales de los cuajiotes? Muy simple, los cuajiotes poseen corteza exfoliante, con apariencia de papel que se desprende de su tronco, de hecho, el significado de cuajiote es árbol leproso. Además de esta característica muy evidente, su tronco tiene apariencia lustrosa y con coloraciones rojizas a doradas; en cambio, los copales presentan corteza grisácea, lisa y no exfoliante (Rzedowski y Guevara-Féfer, 1992).

LAS BURSERAS EN EL MÉXICO ANTIGUO Y ACTUAL

Las burseras tienen importancia cultural desde la época prehispánica. Se tiene registro arqueológico del uso de la resina, conocida como copal, como ofrenda en ceremonias religiosas, cuya función era de alimento y medio de comunicación con los dioses para pedir por una buena época de lluvias, una exitosa cacería, producción agrícola u otros satisfactores de la vida cotidiana. El humo blanco que produce la resina al quemarse fue considerado un purificador y curador de afecciones del espíritu (susto, mal de ojo, pérdida del alma), padecimientos físicos (mordeduras de serpiente y alacrán, fiebre, dolor de muelas, dolor muscular, hemorragias), y protector durante la labor de parto (Montúfar-López, 2016).

El uso ceremonial y medicinal del copal sigue presente en diversas regiones de México, como en ceremonias purificadoras en iglesias o baños temazcales, en fiestas patronales relacionadas con la agricultura y la lluvia, y en la liturgia de Semana Santa y Día de Muertos. La especie de más amplio uso para la extracción de resina es conocida popularmente como copal chino (B. bipinnata), y es una de las especies de más extensa distribución. Sin embargo, se han registrado alrededor de 15 especies con uso similar en regiones rurales de Michoacán, Guerrero, Morelos, Puebla y Oaxaca, entre las que destaca el copal ancho (B. copallifera), el copal blanco (B. glabrifolia) y la almárciga (B. citronella) (Linares y Bye, 2008).

Otro uso es la extracción de aceites esenciales de los frutos como ocurre con el lináloe (B. linanoe) o la almárciga. Dichas esencias, que contienen dos sustancias principales, el linalol y acetato de linalilo, son apreciadas en la industria cosmética por su fino aroma, el cual fue intensamente exportado a Europa en el siglo XIX. De hecho, hubo tanto interés por el aceite de lináloe, que la planta fue introducida por empresarios ingleses en la India para la extracción y comercialización de la esencia, superando el mercado mexicano. A algunas especies de Bursera se les atribuyen propiedades medicinales como antiinflamatorias, antioxidantes y analgésicas para tratar dolores de cabeza, problemas dermatológicos, heridas, dolencias relacionadas con las vías respiratorias y del riñón (Rzedowski y Guevara-Féfer, 1992; Cobos et al., 2009; Parrales et al., 2012).

Aunado a lo anterior, por su condición de tener madera blanca, que además puede tallarse fácilmente, las burseras se utilizan para la elaboración de artesanías como los coloridos alebrijes en San Martín Tilcajate y San Antonio Arrazola, en Oaxaca, que utilizan la madera de B. glabrifolia, o las cajitas laqueadas de Olinalá, en Guerrero, a partir de B. linanoe. Otras artesanías populares son las máscaras, figurillas e imágenes religiosas que se elaboran en la cuenca del Lago de Pátzcuaro, en Tócuaro, Michoacán, a partir de la madera de B. cuneata.

Figura 2. Visitantes florales observados en Bursera bipinnata (imágenes: Bruno A. Gutiérrez Becerril).

IMPORTANCIA ECOLÓGICA Y CONSERVACIÓN DE LAS BURSERAS

Las burseras se asocian a los bosques tropicales secos, el ecosistema de mayor distribución en México. Este ecosistema provee múltiples servicios ambientales como la regulación del clima, el reciclaje de nutrientes, la retención de la humedad del suelo y su fertilidad, la prevención de la erosión, la protección contra fenómenos meteorológicos, la regulación del ciclo hidrológico y la polinización. De este último servicio, las flores de las burseras son de las primeras en aparecer con el inicio de las lluvias, lo que las convierte en una fuente de alimento para los insectos cuando este recurso aún es limitante en el bosque. Al no poseer flores especializadas, su néctar y polen es accesible para una gran variedad de insectos (¡se han registrado hasta 60 especies!), que incluyen abejas nativas, moscas, escarabajos, avispas, chinches, hormigas y mariposas (figura 2; Rivas-Arancibia et al., 2015).

Ahora, si hablamos de los frutos, éstos son un recurso alimenticio para la fauna durante la época de seca, cuando empiezan a escasear otros. Entre los consumidores y dispersores de semillas de las burseras encontramos a hormigas, escarabajos, mamíferos pequeños (roedores, ardillas), y sobre todo una gran cantidad de aves que van desde especies endémicas, como el carpintero del Balsas (Melanerpes chrysogenys), a especies migratorias, como los vireónidos (Vireo griseus), el copetón viajero (Myiarchus tuberculifer) o el petirrojo (Pyrocephalus rubinus) (Cultid-Medina y Rico, 2020).

Desafortunadamente, el hombre está modificando los ecosistemas a ritmos acelerados. En diversas regiones del país, la abundancia de las burseras ha disminuido considerablemente, ya sea por la explotación de su madera, resinas y esencias, y por el desmonte atroz de los bosques tropicales secos. Por ejemplo, en sitios aledaños a las comunidades donde se explota su madera, es prácticamente imposible encontrar árboles “viejos” con troncos gruesos y alturas que sobrepasen los 8 metros. Esta escasez de recursos ha generado conflictos sociales, ya que los artesanos han tenido que recurrir a otros sitios para encontrar árboles idóneos, generando disputas por el uso del territorio y sus recursos. En cambio, en las ciudades el desmonte de grandes extensiones de bosques tropicales secos ha traído como consecuencia un mayor impacto de los desastres naturales (inundaciones), un incremento considerable de la temperatura (conocida como isla de calor), y una reducida recarga de los mantos freáticos.

CONCLUSIONES

Las burseras son clave para la regeneración de los bosques tropicales secos; tienen la bondad de reproducirse no sólo por semillas, además por estacas, es decir, una rama que se siembra en la tierra puede generar una planta nueva. Esta cualidad facilita su empleo para su producción masiva y posterior siembra en campo, considerando las especies nativas propias de cada sitio a reforestar. Asimismo, podrían utilizarse como árboles ornamentales en las ciudades, ya que no son árboles muy masivos (pueden desarrollarse bien hasta en macetas), y son árboles de considerable belleza y aroma agradable. Debemos sentirnos orgullosos de la alta diversidad de especies con las que cuenta México, además de retomar el valor que las culturas mesoamericanas le otorgaban a la naturaleza para que podamos reconstruir relaciones armónicas con el medio que nos rodea.

Las burseras son árboles de cualidades extraordinarias; son clave para restaurar los bosques tropicales secos y, además, proveen materias primas para contribuir al sustento de las comunidades rurales.

AGRADECIMIENTOS

Al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) por el financiamiento otorgado al proyecto de ciencia básica CB-2016-283237.

 

* Conacyt, Instituto de Ecología, A.C. Red de Diversidad Biológica del Occidente Mexicano, Centro Regional del Bajío.
Contacto: yessica.ricom@gmail.com

REFERENCIAS

Cobos, J.A., Cano-Carmona E., y Otero-Zaragoza, R. (2009). Catálogo florístico de las plantas medicinales de la selva baja subcaducifolia de Acapulco, México. Boletín del Instituto de Estudios Giennenses. 200:231-288.
Cultid-Medina, C.A., y Rico, Y. (2020). Los aliados emplumados de los copales y cuajiotes de México: aves y la dispersión de semillas de Bursera. Revista Digital Universitaria. 21:1-9.
Linares, E., y Bye, R. (2008). El copal en México. Conabio. Biodiversitas. 78:8-11.
Montúfar-López, A. (2016). Copal de Bursera bipinnata. Una resina mesoamericana de uso ritual. Trace. 70:45-78.
Rivas-Arancibia, S.P., Bello-Cervantes, E., Carrillo-Ruiz, H., et al. (2015). Variaciones de la comunidad de visitadores florales de Bursera copallifera (Burseraceae) a lo largo de un gradiente de perturbación antropogénica. Revista Mexicana de Biodiversidad. 86:178-187.
Parrales, R.S., Cruz B.V., Cobos D.S., et al. (2012). Anti-inflammatory, analgesic and antioxidant properties of Bursera morelensis bark from San Rafael, Coxcatlán, Puebla (México): Implications for cutaneous wound healing. Journal of Medicinal Plants Research. 6: 5609-5615.
Rzedowski, J., y Guevara-Féfer, F. (1992). Burseraceae. Fascículo 3. Flora del Bajío y Regiones Adyacentes. https://doi.org/10.21829/fb.129.1992.3