LA CONFRONTACIÓN DE DOS VISIONES SOBRE LA SELVA AMAZÓNICA

Share This
Etiquetas

Pedro César Cantú-Martínez*

CIENCIA UANL / AÑO 23, No.101 mayo-junio 2020

La alarma que han generado los incendios forestales en la selva amazónica, particularmente mostrados a través de los medios de comunicación y las redes sociales, ha promovido una indignación internacional. Debemos recordar, como señala Ceballos (citado por Olvera, 2019: 4), quien advierte que la Amazonía

comprende una de las últimas grandes selvas tropicales que viven en el planeta, probablemente la más extensa, junto con el Congo. Por lo tanto, es la zona de mayor diversidad biológica, con una amplia cobertura forestal y donde hay una enorme cantidad de especies de plantas y animales.

Sin embargo, en la actualidad, está siendo consumida por el fuego, estropeando la dinámica natural que en esta región subsiste y que sin duda ocasionará estragos en el orden mundial por el impacto negativo que esto representará y cuyas consecuencias seguramente pronto se verán.

Tan sólo meditemos en lo siguiente: esta zona en particular, como otras más en el mundo que han claudicado por las actividades productivas del ser humano, representa una maquinaria natural extraordinaria de orden planetario para generar formidables volúmenes de agua, también interviene mundialmente en el almacenamiento de bióxido de carbono y producción de sorprendentes cantidades de oxígeno.

Esto que acontece es de honda preocupación, no únicamente para Brasil, ahora también atañe al contexto internacional compartir esta intranquilidad. Por lo cual, se destaca el comentario realizado por Aizen (2019: 1), al aseverar:

Puede molestarnos que el Norte global, […] venga a decirle al Sur lo que tiene que hacer. Pero lo que más debería molestarnos es que no sean los propios políticos del Sur los que entiendan que la destrucción no es sinónimo de producción, sino todo lo contrario.

Por esta razón se alza como un clamor general, tanto por políticos, académicos, investigadores, organizaciones  no gubernamentales y sociedad en general, el conocer las causas que han promovido tan lamentable pérdida, la cual está constituyéndose en un ecocidio, que muestra la fuerte destrucción ambiental y el daño masivo que esto conlleva en la región del Amazonas, y que compromete excepcionalmente la capacidad regeneradora de la propia naturaleza.

En este manuscrito queremos mostrar y recapitular lo relacionado con este suceso. Para ello, abordaremos, en primera instancia, lo que simboliza la región del Amazonas desde un contexto ecosistémico, posteriormente expondremos lo que representa esta región en el ámbito económico, también presentaremos las principales causas que han originado este evento y concluiremos con unas consideraciones finales.

¿QUÉ REPRESENTA EL AMAZONAS?

El sistema natural denominado Amazonas constituye 5% de la superficie de nuestro planeta, alberga alrededor de 6.7 millones de kilómetros cuadrados que involucran territorialmente a nueve países de Sudamérica: “Brasil (59.17% del bioma), Perú (11.27%), Colombia (7.94%), Venezuela (6.69%), Bolivia (5.99%), Guyana (3.51%), Surinam (2.35%), Ecuador (1.75%) y Guayana Francesa (1.33 %)” (Charity et al., 2016: 14). En este sentido, Yolanda Kakabadse (en Charity et al., 2016: 9), como presidenta internacional del Fondo Mundial para la Naturaleza, indicó:

Durante los últimos años hemos aprendido cuán importante es la Amazonía para el bienestar de la humanidad, al ayudar a estabilizar el clima mundial y el ciclo hidrológico, y al proporcionar los servicios ambientales que sustentan la seguridad de alimentos, agua y energía.

Aunado a lo anterior podemos agregar que la Amazonía cumple un rol muy trascendente en el control de los volúmenes existentes de bióxido de carbono alrededor del mundo, ya que ésta es “un inmenso almacén de carbono, que contiene aproximadamente 100,000 millones de toneladas de carbono, más de diez veces las emisiones anuales mundiales de los combustibles fósiles” (Greenpeace, 2014: 5).

De manera adicional, adquiere relevancia porque también aloja “aproximadamente 40,000 especies de plantas, 427 de mamíferos, 1,294 de aves, 378 de reptiles, 426 de anfibios y unas 3,000 especies de peces” (Greenpeace, 2014: 5) y una gran cantidad de endemismos, por lo cual es considerada por la comunidad científica y académica como una reserva de material genético de suma importancia mundial.

Pero además, tan sólo en Brasil, el territorio amazónico alberga poco más de 24 millones de personas, y la población alojada en toda la región asciende a más de 38 millones, que sustancialmente está representada por una riqueza cultural e historia sin igual como lo comentan el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA 2009: 19) al exteriorizar al mismo tiempo que la “riqueza de la Amazonía no sólo se basa en la oferta de bienes tangibles, sino que también está sustentada en el funcionamiento de sus variados ecosistemas naturales y sistemas socioculturales, los cuales brindan un conjunto de servicios ecosistémicos”.

Por consiguiente, Lobón-Cerviá y Peña (2013: 23) comentan que en el marco de las cosmovisiones de

los indígenas del Amazonas, las relaciones hombre-naturaleza difieren sustancialmente de las nuestras. Tanto los humanos como las plantas y los animales tienen atributos similares, y sus relaciones humanas sociales son una prolongación de la vida que proviene de la naturaleza. En la práctica, se trata de una relación muy próxima, de tú a tú, de persona a persona. Los animales y plantas son compañeros de vida, amigos, parientes o familiares muy cercanos.

En este sentido, el Ministerio de Cultura de Colombia (2015: 11) ha pronunciado que las poblaciones indígenas oriundas del Amazonas en su país

se han preocupado a lo largo del tiempo por mantener y preservar sus saberes relacionados con la comprensión de la naturaleza material e inmaterial que les rodea, esta última compuesta por el mundo de los espíritus y las relaciones entre los diferentes organismos que habitan las selvas, los bosques y los ríos. Los territorios en que habita cada pueblo son más que espacios físicos, pues son el escenario donde la complejidad de las manifestaciones culturales se entrelaza alrededor de un único significado: la vida.

Como se aprecia, los pueblos originarios de esta región amazónica viven íntimamente en asociación con su entorno natural y son íntegramente dependientes de la vida silvestre que en ella subsiste.

VALOR SOCIOECONÓMICO DE LA SELVA AMAZÓNICA

Desde siempre, el Amazonas ha representado para los académicos e investigadores un total enigma, especialmente por las características fisiográficas que la constituyen y que se particulariza por la “densidad de la selva y su relieve cubierto de ríos, que dificultan el acceso a la región, aunado a la existencia de numerosos pueblos indígenas cuyas formas de vida, manifestaciones y expresiones apenas se reconocen” (Ministerio de Cultura de Colombia, 2015:13).

Por lo tanto, la región del Amazonas, de acuerdo con Charity et al. (2016: 22),

es un sistema extremadamente complejo e interdependiente de bosques lluviosos tropicales y ríos que interactúan con la atmósfera. Aunque contiene muchos ecosistemas diferentes, la Amazonía forma una sola entidad ecológica funcional, en la cual sus múltiples componentes dependen de la integridad del conjunto.

Al respecto, puede agregarse que, desde la perspectiva química y farmacológica, Evans y Raffauf (2009) comentan que en ella subsisten por lo menos 1,516 especies cuyos componentes fisiológicamente activos representan un alto valor para la industria farmacoquímica y medicina moderna; sin embargo, advierten que el potencial existente en sus entrañas puede ser aún descomunal. Por otra parte, desde el contexto sociocultural, en ella subsisten 420 pueblos originarios que cuentan con 86 lenguas y donde adicionalmente se reconocen al menos 650 dialectos (PNUMA y OTCA, 2009).

Por si fuera poco, la Amazonía también proporciona un gran volumen de madera tropical, que representó para Brasil, en 2013, exclusivamente de la venta al mercado español, la descomunal cantidad de 12 millones de dólares de un solo tipo de madera, la cual es extraída del árbol conocido como nuez de Brasil o ipé (Greenpeace, 2014).

En relación a la extracción de minerales, como la bauxita, el caolín, cobre, hierro, manganeso y níquel, la selva amazónica ha representado para las posturas desarrollistas, tanto conservadoras como progresistas, de los gobiernos de los países donde se acoge esta vasta región, nuevas oportunidades de explotación, así como de incrementar el mercado, lo que ya está sucediendo en Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, Bolivia y Guyana Francesa. Donde es posible observar cómo Brasil vende principalmente los grandes volúmenes de hierro que extrae a naciones europeas y de ahí son trasladadas a países asiáticos y a Estados Unidos, en una clara actividad neoextractivista (Ramos, 2018).

Definitivamente, existe una expansión, cada vez mayor, sobre el territorio amazónico, de actividades económicas relacionadas con la energía, la minería, la forestal y la concerniente a los negocios de carácter agropecuario, lo que se ha traducido en la concreción de proyectos hidroeléctricos, de creación de vías de comunicación, así como de aquellas otras de orden portuario, las cuales han transformado las dinámicas territoriales y naturales.

CAUSAS Y EFECTOS DE LOS INCENDIOS

En agosto de 2019 fuimos sorprendidos por una noticia que circuló internacionalmente e indicaba que el territorio amazónico estaba siendo devastado por múltiples incendios, los cuales tenían como punto coincidente que habían sido provocados intencionalmente, con el objetivo de expandir la frontera de actividades agropecuarias (Dichdji y Muzlera, 2019).

Lo anterior desencadenará afectaciones en la vida silvestre y, sin lugar a dudas, son impensables las consecuencias del impacto global que se avecinará. En este sentido, Ceballos (citado por Olvera, 2019: 5) comenta que “para darnos una idea, hay espacios en la selva donde una hectárea tiene casi tres mil árboles y en este caso hablamos de miles de hectáreas [exterminadas por el fuego]”.

Conforme a información divulgada por la organización no gubernamental Greenpeace México (2019), el daño provocado por estos incendios alcanzó una cifra estimada de un millón de hectáreas consumidas bajo las llamas, por lo cual los daños a la cubierta vegetal han sido descomunales, así como a la vida animal que tristemente sucumbió ante el avance de las llamaradas. Estos atentados contra la Amazonía se han realizado ante el beneplácito de las autoridades gubernamentales, ya que han sido altamente recurrentes, tan sólo en 2019, según el Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil, en la región del Amazonas se registraron 72,843 incendios.

De acuerdo con Zarrili (20,19:2), experto en historia ambiental y director del Centro de Estudios de la Argentina Rural, los incendios acontecidos en la selva amazónica, en una aproximación inicial, conllevarán alteraciones de las condiciones de humedad y por lo tanto del régimen de lluvias, lo que desestabilizará el clima global y afectará la biodiversidad y la capacidad de almacenamiento de bióxido de carbono. Pero, además, este autor, en otra parte de su discurso, asevera categóricamente: “Los enemigos del bosque son evidentes: petroleras, madereras, agronegocios, hidroeléctricas y mineras. ¿Pueden sorprendernos, entonces, los incendios intencionales y la destrucción progresiva de los bosques, comenzando por el más rico y extenso: el Amazonas?”.

Desde esta postura se denota, tras este suceso en el Amazonas, en primera instancia, una política desarrollista y extractivista, promovida desde las instancias gubernamentales por la colusión y coerción política del sector privado para aumentar las actividades agroindustriales y mineras, además de una fuerte incentivación desde las propias estructuras administrativas del gobierno a la ocupación de tierras de manera ilícita en la Amazonía.

Por consiguiente, se puede entrever también cómo se ha debilitado la participación de las mismas instancias oficiales del gobierno relacionadas con la conservación de la selva amazónica, al reducir la operatividad y los recursos financieros de las agencias y corporaciones encargadas de aplicar estas políticas públicas de protección y vigilancia ambiental (Pereira, 2019).

CONSIDERACIONES FINALES

Reflexionando sobre las características del sistema natural amazónico, cuyas cualidades ecosistémicas trascienden más allá de las fronteras políticas de los propios países donde éste se encuentra, se yergue como una necesidad la armonización de las políticas económicas y ambientales con la finalidad de trazar una agenda regional de gestión y conservación de los recursos naturales que la Amazonía ofrece.

Esto será de suma relevancia en los próximos años, particularmente si se espera para 2030 realizar un balance sobre los objetivos de desarrollo sustentable, donde el objetivo 15 que hace alusión a la vida de ecosistemas terrestres tiene como propósito contener las acciones que conllevan la desaparición y el menoscabo de las masas boscosas y selváticas.

Sin embargo, esta situación parece desvanecerse tras los siniestros en el Amazonas, ya que la meta 15.1 textualmente cita:

Para 2020, velar por la conservación, el restablecimiento y el uso sostenible de los ecosistemas terrestres y los ecosistemas interiores de agua dulce y los servicios que proporcionan, en particular los bosques, los humedales, las montañas y las zonas áridas, en consonancia con las obligaciones contraídas en virtud de acuerdos internacionales

Es así que la región amazónica se constituye en un verdadero laboratorio para poner a prueba el precepto de sustentabilidad, ya que confluyen intereses dispares y la confrontación de distintas visiones; por una parte, la extractivista, con un carácter cortoplacista, y por otra la de preservación, con una posición holística para el sostenimiento de la dinámica que de manera natural custodia el sistema planetario en que subsistimos.

¿Se cierne acaso el fracaso del precepto de la sustentabilidad? O bien, estamos siendo testigos del mayor evento masivo de extinción promovido por los intereses particulares de un corpúsculo de personas desarrollistas, especialmente después de admitir, desde 1972 en Estocolmo, que son nuestras propias actividades productivas las que desencadenan estos eventos catastróficos, donde el entorno natural se constituye en un receptáculo, que en muchas ocasiones es dócil y vulnerable a nuestras actuaciones indolentes, egoístas y cortoplacistas.

 

* Universidad Autónoma de Nuevo León.
Contacto: cantup@hotmail.com

 

Referencias

Aizen, M. (2019). Otra mirada sobre el mundo vivo. Estudios Rurales. 9(18): 1-2.
Charity, S., Dudley, N., Oliveira, D., et al. (eds.). (2016). Amazonía viva. Informe 2016: un enfoque regional para la conservación en la Amazonía. Suiza: Iniciativa Amazonía Viva de WWF, Brasilia y Quito.
Dichdji, A., y Muzlera, J. (2019). El Amazonas en llamas. El pulmón del mundo en peligro. Estudios Rurales.
9(18): 1.
Greenpeace. (2014). Amazonía, una crisis silenciosa. España: Organización de Greenpeace.
Greenpeace México. (2019). Las 3 causas de los incendios en el Ama zonas. Disponible en: https://www. greenpeace.org/mexico/blog/3186/ las-3-causas-de-los-incendios-en-elamazonas-imagenes/
Lobón-Cerviá, J., y Peña, S. (2013). Tesoros del Amazonas. España: Sociedad de Amigos del Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Ministerio de Cultura de Colombia. (2015). La tierra de la abundancia. Las cocinas tradicionales indígenas del sur del Departamento del Amazonas. Bogotá: Ministerio de Cultura-República de Colombia.
Olvera, L. (2019). Política, entre las causas de los incendios en la Amazonia. Gaceta UNAM . 5075: 4-5.
Pereira, E.M. (2019). A Amazônia em chamas e a queima do futuro. Estudios Rurales. 9(18): 1-10.
PNUMA y OTCA. (2009). Perspectivas del medio ambiente en la Ama zonía-Geo Amazonía. Panamá: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica.
Ramos, E. (2018). Neoextractivismo en la minería, prácticas coloniales y lugares de resistencia en Amazonia, Brasil. Perfiles Económicos . 5: 35-76.
Shultes, R.E., y Raffauf, R.F. (2009). La selva sanadora: plantas medicinales y tóxicas del noroeste del Amazonas. Revista de Estudios Sociales. 32: 126142.
Zarrili, A.G. (2019). Incendio en el Amazonas, ¿dónde está la sorpresa? El costo de ponerle precio a la naturaleza. Estudios Rurales. 9(18): 1-4.