Ciencia UANL

Desmitificando la historia oficial, la labor del socio-historiador Mario Ramírez Rancaño



María Josefa Santos Corral*

*Universidad Nacional Autónoma de México,
Ciudad de México, México.
Contacto: mjsantos@sociales.unam.mx

Mario Ramírez Rancaño es licenciado en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM; maestro en Sociología por la Facultad de Ciencias Sociales, con sede en Santiago de Chile, y doctor, también en Sociología, por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Sus líneas de especialización son la historia social y política, y la tipificada como de iglesias y religiones en las que ha ahondado guiado por tres principios básicos: la originalidad, el uso de fuentes de investigación primaria y la rigurosidad en el manejo del dato.

Dentro de estas directrices, el doctor Ramírez ha publicado numerosos trabajos en los temas de: la relevancia social de los empresarios mexicanos a inicios del siglo XX, historia regional a partir del caso de Tlaxcala, el papel del ejército federal durante el porfiriato y el exilio de los mexicanos también de la primera mitad del XX. Ha participado activamente en la formación de recursos humanos tanto impartiendo cursos como dirigiendo tesis de maestría y doctorado. Actualmente es investigador titular C del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, y desde 2018 obtuvo el nombramiento de investigador emérito del SNII.

¿Cómo inicia su carrera en investigación?


Mi carrera hacia la investigación inicia cuando, siendo estudiante de Ciencias Políticas, me acerqué junto con un compañero a buscar empleo como becario. Yo me quedé trabajando con Regina Jiménez. Ese año llegó el profesor brasileño Ary Dillon Soares a reclutar alumnos con el fin de enrolarlos en los posgrados de sociología y ciencia política en la sede de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) de Santiago de Chile. Este era un posgrado patrocinado por la UNESCO.

Yo no quedé entre los seleccionados porque no hablaba inglés, pero cuando los que habían reclutado originalmente renunciaron, se abrió una oportunidad para mí. Fui a la maestría a Sudamérica pensando que encontraría las herramientas para resolver una vieja preocupación: ¿por qué hay pobres y por qué hay ricos?, era un tema del que uno se percata en la vida cotidiana y, desafortunadamente, al menos en principio, en la Flacso no había muchos elementos con los cuales responderla.

Aunque ayudó la lectura de varias obras como: La cultura de la pobreza, de Harrington, y Los condenados de la tierra, de Franz Fanon. Además, hasta allí llegaba la influencia y fama de Enrique Cardoso, cuyo libro con Enzo Faletto, Dependencia y desarrollo en América Latina, era impresionante. Cuando lo leí me impactó y comencé a estudiar a los empresarios con el objetivo de entender la pregunta que me llevó a Chile ¿por qué hay pobres y por qué hay ricos? Y así fue como me adherí a la sociología.

En ese tiempo los alumnos formados en la Flacso teníamos mucho prestigio. La maestría era reconocida en Estados Unidos y en Europa. Así, a mi regreso a México me ofrecieron trabajo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) y en el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS), ambos de la UNAM, que fue donde me quedé y trabajo aquí desde 1971. La condición para permanecer en el IIS era publicar un libro de autoría en un plazo no mayor a tres años.

Elegí hacerlo sobre los empresarios. Siguiendo la idea de la obra de Enrique Cardoso acerca de las burguesías industriales de América Latina, que fue como mi biblia. Cumplí con la publicación en el periodo establecido: La burguesía industrial, publicado por la editorial Nuestro Tiempo, y poco después Los empresarios textiles de la Revolución Mexicana, y con eso obtuve mi plaza.



¿Cómo transita de la sociología aplicada a la historia social del siglo XX?


En los años setenta no había bibliografía acerca de los empresarios o la burguesía, excepto lo que aparecía en la revista Estrategia, editada por Alonso Aguilar, Fernando Carmona y Jorge Carrión, muy radicales, por cierto. Al no haber publicaciones sobre el tema, tuve que recurrir a otras fuentes y me di cuenta de que tenía que irme atrás en el tiempo. Comencé buscando en las asociaciones de empresarios: la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (Concamín), la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio y Servicios Turísticos (Concanaco), la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y entre las asociaciones de banqueros. El rastreo de información me llevó hasta 1917, cuando Carranza estimula la creación de la Concanaco y la Concamín. Con este dato me di cuenta de que los empresarios estuvieron en la Revolución.

Sin embargo, para completar mi investigación me tuve que ir más atrás, y al no tener formación en esa área traté de adquirirla por otros medios. Compré algunos libros de historia, vi qué archivos consultaban y cómo los citaban y así, de a poco me fui formando. Aprendí haciendo. Revisando los registros que no conocía, encontré una veta impresionante para entender el origen de la burguesía, o más bien su fortalecimiento y el de los empresarios mexicanos. Recuerdo que, aunque el Archivo General de la Nación todavía no se abría al público, me dejaron entrar, me trataron excelente y me dieron mucha información.

Por otro lado, se encontraba el ambiente de la sociología de esa época, las corrientes marxistas y la Revolución cubana iban en total expansión y dominaban el pensar y hacer de la disciplina. La teoría de la dependencia de Cardoso y Faletto era la base. De tal suerte que, si tu texto no la consideraba o se planteaba con un enfoque marxista, no te publicaban nada. Esta, a mi juicio, radicalización, sumada a mi dificultad para entender de manera cabal el marxismo, me hizo optar por el trabajo en los archivos.

Estudié a los empresarios desde una óptica histórica y descubrí que este grupo no desapareció durante la Revolución. Ahora resulta obvio, pero yo hallé que se acomodaron, entre otras cosas, porque Madero, Huerta y Carranza los necesitaban para crear empleos y tener a la gente tranquila y que no se uniera a las revueltas. La historia me daba seguridad personal, considerando esta perspectiva me sentía más útil.

¿Cómo se legitima un sociólogo en la comunidad de los historiadores?


Legitimarme en la comunidad de historiadores fue muy duro, pues según ellos los sociólogos somos “rolleros”. Lo que hacemos no vale la pena porque hablamos de siglos completos en dos páginas, además, para explicar los procesos de cambio recurrimos a pocas fuentes, en sus términos abusamos de la imaginación, escribimos desde la pura fantasía.

Al principio el gremio no me quería mucho, no reconocían mi trabajo y mi estrategia fue tratar de hacer las cosas bien. Incluso cuando me invitaron a evaluar a los historiadores en las comisiones del SNII, la comunidad no estaba nada contenta, pero resistí el embate y seguí de frente.

En los años ochenta y noventa del siglo pasado se puso de moda la historia regional, y también incursioné en el tema desde la región de la que soy originario: Tlaxcala.

¿Cuál considera que es el aporte de la sociología a los estudios históricos?

 

Creo que desde la sociología se pueden plantear diversas ideas con el fin de abordar los registros históricos. Dicha disciplina nos permite entender muchísimas cosas que a los historiadores les parecen complicadas porque no tienen la formación. Con todos los datos que obtenemos siguiendo un método de búsqueda minuciosa, los sociólogos contamos con más elementos para la interpretación. Cuando se hace un análisis histórico se deben introducir estos conceptos con sumo cuidado y rigurosidad si se pretende aumentar el valor del planteamiento y no demeritarlo ante los ojos y trabajos de los historiadores.

A lo largo de mi carrera aproveché las ideas y explicaciones que encontraba desde la sociología, y así pude transitar sin mucho problema a la historia. Dichas claves me permitían analizar los indicios. Eso fue lo que me pasó al estudiar las clases sociales, los empresarios, los sindicatos, las huelgas. Todos estos conceptos los tomé de la sociología, eligiendo siempre lo más adecuado para la interpretación sociológica de mis rigurosos datos históricos.

Ahora puedo decir, a riesgo de parecer un poco presuntuoso, que tengo más obra que otros historiadores de mi generación, y mis análisis son más sólidos. Como ejemplo de lo anterior podría citar mi trabajo sobre haciendas de Tlaxcala donde pude, a partir de la observación de una hacienda ganadera, analizar cómo el reparto de dichas tierras no benefició a los campesinos, pues los campos ocupados por el ganado no eran útiles para la agricultura, y sí acabó con esa actividad y con otros negocios derivados de ella.

¿Qué lo lleva a involucrarse en el tema de los exiliados mexicanos de la primera mitad del siglo XX?

A mis más de 80 años de edad he podido leer toda una biblioteca. Revisando periódicos de la segunda década del siglo XX me encontré, por ejemplo, con artículos que daban cuenta de la gran popularidad de Victoriano Huerta. Era un tipo muy afamado. De inicios (febrero) a fines de 1913 la gente acudía al Palacio Nacional a brindarle su apoyo. Quienes lo apoyaban no querían el desorden del zapatismo: intelectuales, académicos, incluso empresarios que al final terminan saliendo del país por la Revolución. Zapata y su caos no eran muy bien vistos y la destrucción que hicieron Carranza y Villa tampoco.

Estos personajes sembraron un odio terrible entre la población, todos los hacendados, industriales y muchos artistas y pensadores terminaron abandonando sus tierras y refugiándose en la Ciudad de México o en el extranjero. En uno de mis libros, La reacción mexicana y su exilio durante la Revolución de 1910, registro unos 300 intelectuales, académicos y empresarios que huyeron. Salieron a La Habana y a Estados Unidos. A Europa no tanto debido a que también se encontraba en guerra. A mi juicio, este éxodo fue perjudicial para el país porque la gente pensante, las personas más inteligentes se fueron y se quedaron los golpeadores, la fuerza bruta. Los carrancistas, obregonistas y callistas que se pegaban entre ellos. En el texto hice alrededor de 10 grupos de los distintos exiliados: médicos, ingenieros, toreros, artistas e incluso se fue el rector de la Universidad. Podemos mencionar a Julián Carrillo y Manuel M. Ponce. Mi obra es única en el tema de los refugiados mexicanos de esa época, no hay otra. Aunque se trataron de hacer equipos para abordar esa cuestión, por ejemplo, en el Colegio de México, no hubo éxito.También trabajé sobre el asesinato de Obregón, pero desde otra perspectiva, pues no me parecía lógico que una monja, la madre Conchita, pudiera con los ejércitos y lograra ultimarlo. Ni ella ni su congregación contaban con los recursos o la fuerza para mandar liquidarlo, tuvo que ser alguien de más arriba, quizá el episcopado.

Asimismo, incursioné en el estudio de la creación de la Iglesia católica y apostólica mexicana encabezada por el patriarca Pérez, quien decidió fundarla porque se percató de que la gente necesitaba atención, confesarse, escuchar misa y bautizar a sus niños. Así que él, desde la parroquia donde se encontraba, la de Corpus Christi, situada cerca de la Alameda, recibía y proporcionaba sacerdotes a distintas entidades de la república. Tengo los datos sobre cuántos clérigos hubo, especialmente en las zonas indígenas. Dicha iglesia creció mucho pues la Iglesia católica apostólica romana cerró los templos. Se quedaron en su casa y el patriarca Pérez, con su gente, brindó apoyo espiritual a la población. Esta iglesia terminó en 1931 porque al morir el patriarca Pérez, los sacerdotes comenzaron a pelear por el patriarcado.

A mí me gusta trabajar sobre asuntos nuevos, originales. Siempre les digo a mis alumnos vayan al Archivo General de la Nación y revisen los ficheros, hay muchos temas de investigación sin explorar.

¿Me puede hablar un poco de su papel en el rescate de personajes considerados como “villanos” en la historia oficial?

A lo largo de mi carrera académica he rescatado personajes como los citados líneas arriba y otros satanizados por la historia oficial, por ejemplo, los hermanos Arenas. De origen tlaxcalteca, se adhirieron al Plan de Ayala, otorgando una gran cantidad de tierras en Texcoco, Puebla y Tlaxcala. Sin embargo, y a pesar de eso, fueron acusados por Zapata de traidores al Plan de Ayala, e incluso se mandó asesinar a Domingo Arenas, el cabecilla del movimiento. Pude corroborar la información de la dimensión del reparto de tierras encabezada por ellos con los datos que encontré en la Comisión Nacional Agraria, vi las hectáreas distribuidas e hice las cuentas y llegué a la conclusión de que entregaron tres o cuatro veces más que los zapatistas y sus seguidores. Lo que publiqué sobre el tema no cayó muy bien ni entre los poblanos, ni entre otros investigadores. Pero muestro los datos. No es rollo, estoy desmitificando la historia oficial.

Ese tipo de argumentos son en los que he trabajado. He transitado contrapunteándome con la versión oficial de la historia. En ocasiones, algunos especialistas y otras personas se disgustan conmigo. Me encuentro colegas que señalan que difundo cosas terribles, por ejemplo, en apoyo a Huerta, pero el asunto fue así. En el caso específico de Huerta encontré que hubo un tiempo en que la gente lo respaldaba por su mano dura. No era tan idealista como Madero, quien pensó que estábamos en Suiza y al final todos lo traicionaron.

Sin embargo, considero que, a fin de cuentas, muchas personas han sido receptivas a mis trabajos y a los temas que abordo, comenzando por mis alumnos. Ellos han defendido mi enfoque acerca de los asuntos que investigo y han seguido analizándolos, lo que incluso les ha creado dificultades en sus centros laborales.

¿Qué le ha dado el doctor Ramírez a la UNAM y esta qué le ha dado a usted?

La UNAM me brindó los recursos y conocimientos para hacer una carrera académica y personal. Yo a la UNAM le he dado mi trabajo duro que ha sido reconocido en varios lugares. Comenzando por mi tierra, Tlaxcala, donde pusieron una placa conmemorativa con mi nombre en el pueblo en el que nací, Españita. Me han buscado personajes de la región y por supuesto alumnos de este estado y de otras partes de la república. También abrí temas sobre los que todavía hay poco estudio, como el de las haciendas de Tlaxcala, los exiliados mexicanos o la reivindicación de algunas figuras. El trabajo que yo he hecho es recuperar la historia de ciertos personajes e instituciones “olvidadas” y he tratado, desde el cariz de la sociología, de darles un nuevo brillo.

Muchas gracias, doctor Ramírez

 

Desmitificando la historia oficial, la labor del socio-historiador Mario Ramírez Rancaño

RESUMEN

El artículo versa sobre la trayectoria científica de Mario Ramírez Rancaño; rescata las aportaciones que a partir de la sociología se pueden hacer al análisis de datos históricos. El doctor Ramírez Rancaño se ha dedicado a registrar historias de personajes y acontecimientos poco abordados desde la perspectiva oficial, o bien a buscar interpretaciones de estos distintas a las oficialistas. Algunos de los sucesos documentados por el doctor Ramírez Rancaño son: el papel de los empresarios durante la Revolución, los exiliados mexicanos de la primera mitad del siglo XX, la vida y obra de Victoriano Huerta, entre otros. Procurando siempre abrir nuevos debates en el análisis de la historia nacional de México.

Palabras clave: exiliados mexicanos, sociología, historia regional.

 

Demystifying official history: the work of socio-historian Mario Ramírez Rancaño

ABSTRACT

This article examines the scholarly career of Mario Ramírez Rancaño, highlighting the contributions that sociology can offer to the interpretation of historical data. Dr. Ramírez Rancaño has dedicated himself to documenting the stories of figures and events often overlooked by official narratives, or to seeking interpretations of historical events that differ from the established orthodoxy. Among the topics he has documented are the role of business leaders during the Revolution, Mexican exiles in the first half of the 20th century, and the history of Victoriano Huerta, always

Keywords: mexican exiles, sociology, regional history.