La peligrosa inacción ante la catástrofe climática
*Universidad Autónoma de Nuevo León, General Escobedo, México.
Correo: carlos.ramirezm@uanl.mx
Actualmente, el planeta enfrenta grandes desafíos ocasionados por la crisis climática y la inadecuada atención de las emergencias que provoca. De acuerdo con el Informe Mundial sobre los Desastres 2026, publicado por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (IFRC, por sus siglas en inglés), entre 2020 y 2024 las catástrofes afectaron a casi 700 millones de personas, causaron más de 105 millones de desplazamientos y cobraron alrededor de 270,000 vidas. Adicionalmente, el Informe de Evaluación Global (GAR) 2025: La resiliencia da sus frutos: financiamiento e inversión para nuestro futuro, menciona que los costos de los desastres superan actualmente los 2.3 billones de dólares anuales, si se consideran los efectos en cascada y los daños a los ecosistemas.
La crisis climática, en definitiva, es el mayor desafío de este tiempo, ocurre más rápido de lo que se esperaba y prácticamente ningún sitio en el planeta se encuentra a salvo. El aumento de la temperatura de la Tierra es una de las principales causas de la degradación ambiental que está originando el surgimiento de un gran número de desastres naturales y de eventos meteorológicos extremos que afectan la seguridad de la población, y en algunos casos crean situaciones de inseguridad alimentaria e hídrica.
El informe especial del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) 2019: Sobre el océano y la criosfera en un clima cambiante, dio a conocer que el calentamiento global continúa elevándose, provocando una inminente superación del umbral de 1.5°C, respecto a los niveles preindustriales, lo que supondrá el surgimiento de un mayor número de emergencias climáticas y desastres naturales. En ese sentido, de acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM), es probable que el fenómeno de El Niño se intensifique durante 2026 y 2027; diversos informes indican que este nuevo episodio podría alcanzar o exceder los máximos históricos y convertirse en uno de los más intensos jamás registrados: un posible “Super El Niño” que ocasionaría grandes catástrofes ambientales y humanitarias en todo el orbe.
Otro importante factor que está desencadenando la crisis climática es la acumulación de gases efecto invernadero (GEI) en la atmósfera, generados principalmente por la quema de combustibles fósiles, que continúan siendo la base del progreso y la economía mundial. También influyen los patrones de consumo excesivo, especialmente en países desarrollados y emergentes, donde el aumento de los ingresos de la población ha impulsado la adquisición de bienes suntuarios como símbolos del estatus a costa del deterioro de la naturaleza y las graves consecuencias que de esto derivan.
El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres, ha mencionado que existe una preocupante falta de acción gubernamental frente a las causas y efectos de la crisis atmosférica que provoca una “desconexión histórica y peligrosa”, refiriéndose al hecho de que “la ciencia y los ciudadanos reclaman acciones climáticas ambiciosas y transformadoras, mientras tanto, muchos gobiernos dan largas. Esta inacción tiene graves consecuencias”.
De acuerdo con informes del IPCC y el Marco de Sendai de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción de Riesgo en Desastres (UNDRR, por sus siglas en inglés), “los desastres no son naturales, son el resultado directo de lo que las sociedades eligen dejar de prever o mitigar”. Lo cual significa que pasar de una respuesta reactiva a una acción preventiva es el cambio de paradigma que urge adoptar si se quiere evitar que las amenazas naturales se transformen en inevitables catástrofes.
Debido a esto, es imperativo implementar los esquemas necesarios para terminar de una vez por todas con la elevada dependencia que aún tienen los sistemas de producción y el modelo económico predominante, respecto al gasto de combustibles fósiles. Dicha acción implica acelerar la transición hacia el uso de energías renovables, disminuir los actuales niveles de consumo y restaurar los ecosistemas degradados, entre otras acciones, con el propósito de frenar el agravamiento de la crisis climática.
La evidencia científica sobre la existencia de la crisis climática y sus causas es irrefutable, pero también muestra que aún es tiempo para frenar su avance. Por esto, es indispensable y urgente reconocer la gravedad del problema y participar activamente en la solución. El fracaso no es opción. La colaboración entre gobiernos, iniciativa privada, sociedad civil, en especial los jóvenes, y las universidades e institutos de investigación científica permitirá avanzar hacia la construcción de un modelo de desarrollo sustentable, que disminuya la vulnerabilidad social y ambiental y reduzca el riesgo de enfrentar futuras catástrofes.

