{"id":9957,"date":"2020-03-30T12:39:42","date_gmt":"2020-03-30T18:39:42","guid":{"rendered":"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=9957"},"modified":"2020-03-31T11:14:04","modified_gmt":"2020-03-31T17:14:04","slug":"la-violencia-en-adolescentes-escolarizados-en-el-estado-de-nuevo-leon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=9957","title":{"rendered":"LA VIOLENCIA EN ADOLESCENTES ESCOLARIZADOS EN EL ESTADO DE NUEVO LE\u00d3N"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\">Mar\u00eda Elena Villarreal Gonz\u00e1lez*, Juan Carlos S\u00e1nchez Sosa*,<br \/>\nGonzalo Musitu Ochoa**<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">CIENCIA UANL \/ A\u00d1O 23, No.101 mayo-junio 2020<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">DOI: <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.29105\/cienciauanl23.101-1\">https:\/\/doi.org\/10.29105\/cienciauanl23.101-1<\/a><\/p>\n<h4>RESUMEN<\/h4>\n<p>El objetivo es analizar la prevalencia de la violencia escolar (manifiesta y relacional) en los planteles educativos urbanos y suburbanos del estado de Nuevo Le\u00f3n. La muestra estuvo constituida por 8,115 adolescentes de ambos sexos y de edades comprendidas entre los 11 y 16 a\u00f1os, en 118 escuelas secundarias. Los resultados nos indican que la mayor parte de los adolescentes (88.6%) nunca han utilizado la violencia, o lo han hecho de manera ocasional, y 9.4% la utiliza de forma continuada o muy continuada. Y tambi\u00e9n, que las mujeres utilizan m\u00e1s la violencia de tipo relacional que los hombres, y \u00e9stos utilizan m\u00e1s la violencia manifiesta. Se discuten los resultados obtenidos.<\/p>\n<p>Palabras clave: violencia escolar, adolescentes, Nuevo Le\u00f3n.<\/p>\n<h4>ABSTRACT<\/h4>\n<p><em>The objective of this research is to analyze the prevalence of school violence\u00a0 (manifest\u00a0 and\u00a0 relational) in urban and suburban schools in the state of Nuevo Le\u00f3n. The sample consisted of 8,115 adolescents of both sexes and ages between 11 and 16, in 118 secondary schools. The results indicate that most of the adolescents (88.6%) have never used violence or have done occasionally, and 9.4% use it continuously. Additionally, that women use more relational violence than men who use more manifest violence. The obtained results are thorougly discussed.<\/em><\/p>\n<p><em>Keywords: School Violence, Adolescents and Nuevo Le\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>La violencia escolar es un problema socioeducativo que perjudica gravemente el proceso de ense\u00f1anza-aprendizaje y las relaciones sociales en el aula entre compa\u00f1eros, alumnos y profesores (Steffgen, Recchia y Viechtbauer, 2013). De hecho, tiene un\u00a0 triple impacto en el funcionamiento de la escuela: desmotiva laboralmente a los profesores, genera en la instituci\u00f3n escolar un abandono de sus objetivos prioritarios de ense\u00f1anza de conocimientos, puesto que la atenci\u00f3n recae en las medidas disciplinarias, para poner\u00a0 atenci\u00f3n en aquellos estudiantes que muestran m\u00e1s problemas de disciplina (Buelga, Mart\u00ednez y Musitu, 2015; Debarbieux, 2006; Fern\u00e1ndez <em>et al., <\/em>2011; Moreno <em>et al., <\/em>2009; Musitu, 2013; Trianes, S\u00e1nchez\u00a0\u00a0 y Mu\u00f1oz, 2001). La violencia escolar se define como\u00a0 el uso intencional y persistente de la fuerza o el poder f\u00edsico, de hecho, o como amenaza, contra uno mismo, otra persona, un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de\u00a0 originar\u00a0 lesiones,\u00a0 da\u00f1os\u00a0 en\u00a0 su integraci\u00f3n f\u00edsica o psicol\u00f3gica e inclusive llegar a la muerte (Trianes, 2000). En M\u00e9xico, seg\u00fan la Encuesta Nacional de Salud y Nutrici\u00f3n (Guti\u00e9rrez <em>et al., <\/em>2012), la violencia en adolescentes de edades comprendidas entre los 10 y los\u00a0 19 a\u00f1os\u00a0 se increment\u00f3\u00a0 significativamente\u00a0 de 2006 (3.3% en alumnos y 1.3% en alumnas) a 2012 (4.4% en alumnos y 3.4% en alumnas), lo cual representa un incremento de m\u00e1s de 1.1 y 2.1%, respectivamente (Guti\u00e9rrez <em>et al.<\/em>, 2013). Respecto del lugar de donde ocurri\u00f3 la agresi\u00f3n, se observ\u00f3 en este estudio que 46.0% de las agresiones sucedieron en la v\u00eda p\u00fablica, 29.8% en la escuela y 11.2% en el hogar. El resto de los porcentajes corresponden a\u00a0 establecimientos\u00a0 comerciales,\u00a0 campos de futbol, transporte p\u00fablico y otros. Cabe destacar que 53.6% sufri\u00f3 agresi\u00f3n f\u00edsica, 34.6%, agresiones verbales y 11.8% corresponde a agresiones sexuales, sofocaci\u00f3n, ahogamiento, estrangulaci\u00f3n y otros tipos de agresi\u00f3n. En otra encuesta (SEP, 2008) sobre exclusi\u00f3n, intolerancia y violencia en estudiantes de 15 a 19 a\u00f1os, se constat\u00f3 que 16% de los j\u00f3venes encuestados estaba de acuerdo en que la violencia es parte de la naturaleza humana, y 9% de que era normal golpear a alguien.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se observ\u00f3 que 46.6% de los varones y 39.3% de las mujeres han insultado a sus compa\u00f1eros de clase; y 39.3% de los varones y 18.5% de mujeres han utilizado los apodos. Respecto al rechazo a sus compa\u00f1eros, 36.5% de varones y 35.3% de mujeres hab\u00edan llevado a cabo esta conducta. Un dato interesante de este estudio es el relacionado con la victimizaci\u00f3n, al constatar que 19% de varones y 30.5% de mujeres ha pensado que es mejor morir que ser v\u00edctima.<\/p>\n<p>La violencia escolar parece responder, en cierto grado, a la necesidad que sienten algunos j\u00f3venes de lograr un determinado reconocimiento social en el grupo de iguales (Barry, 2006; Emler y Reicher, 1995), y est\u00e1 asociada con una actitud de rechazo hacia las normas socialmente establecidas, con el deseo de lograr una identidad social construida desde el rechazo de las normas de convivencia socialmente acordadas y con la consecuente implicaci\u00f3n en actos violentos, vand\u00e1licos y antisociales (Brown, Birch y Kancherla, 2005). Con el fin de analizar de mejor manera el comportamiento violento, en el\u00a0 presente trabajo se utiliz\u00f3\u00a0 la\u00a0 clasificaci\u00f3n\u00a0 de\u00a0 violencia\u00a0 escolar en la que se hace una distinci\u00f3n de acuerdo a su forma (<em>manifiesta <\/em><em>vs. relacional<\/em>). La violencia <em>manifiesta <\/em>se refiere a los comportamientos que implican una confrontaci\u00f3n directa con otros con la intenci\u00f3n de causarles un da\u00f1o (por ejemplo, golpear, pegar, amenazar, etc.), en tanto que la violencia <em>relacional <\/em>es una conducta m\u00e1s sutil y menos perceptible, alude a conductas que tienden a provocar un da\u00f1o en el c\u00edrculo\u00a0 de amistades\u00a0 de las\u00a0 personas,\u00a0 o bien a su percepci\u00f3n de pertenecer a un grupo (por ejemplo, transmitir chismes, rumores, ignorar a alguien con el fin de excluirlo del grupo) (Little <em>et al<\/em>., 2003). Aunado a lo antes mencionado,\u00a0 en\u00a0 paralelo\u00a0 se\u00a0 evalu\u00f3\u00a0 la\u00a0 intensidad y duraci\u00f3n de la violencia escolar y se categoriz\u00f3 de la siguiente manera: <em>no violencia\/violencia ocasional <\/em>se refiere aquellos alumnos que nunca o casi nunca han usado la violencia; <em>violencia de riesgo <\/em>se refiere a los estudiantes que s\u00ed la han utilizado algunas veces, pero de manera discontinua y, por \u00faltimo, <em>la violencia grave y muy grave <\/em>se usa para referirse a aquellos adolescentes que muchas veces la han utilizado y de manera continuada en el tiempo. Teniendo en cuenta lo anterior, nos propusimos los siguientes objetivos: 1) prevalencia de la violencia escolar (manifiesta y relacional) en escuelas urbanas y suburbanas; 2)\u00a0 prevalencia\u00a0 de\u00a0 la\u00a0 violencia\u00a0 manifiesta en escuelas urbanas y suburbanas; 3) prevalencia de la violencia\u00a0 relacional\u00a0 en\u00a0 escuelas\u00a0 urbanas\u00a0 y \u00a0suburbanas;<\/p>\n<p>4) prevalencia de la violencia manifiesta y relacional en escuelas urbanas y suburbanas en hombres y mujeres, todos en funci\u00f3n de la intensidad de la violencia.<\/p>\n<h4><strong>M\u00c9TODO<\/strong><\/h4>\n<p>Para la selecci\u00f3n de la muestra de este estudio <em>ex postfacto <\/em>descriptivo y transversal, se utiliz\u00f3 el programa <em>nQuery Advisor <\/em>6.0. El nivel de confianza fue de 90% y el coeficiente alfa de .05 (Elashoff, 2005). Se utiliz\u00f3 un muestreo estratificado proporcional en funci\u00f3n de los 984 planteles educativos de secundaria existentes en Nuevo Le\u00f3n: urbanos (Monterrey y su \u00e1rea metropolitana) y suburbanos (regiones norte, sur, citr\u00edcola y perif\u00e9rica de este estado).<\/p>\n<h4><strong>Participantes <\/strong><\/h4>\n<p>La muestra que se seleccion\u00f3 fue de 118 escuelas (62 urbanos y 56 suburbanos) con un total de 8,115 alumnos, de los cuales 5,059 pertenec\u00edan a escuelas urbanas (62.3%) y 3,056 a escuelas suburbanas (37.7%); en cuanto al sexo, la muestra fue de 4,177 (51.5%) hombres y 3,938 (48.5%) mujeres. Las edades comprendidas oscilaban entre los 11-13 a\u00f1os \u25004,384 (54.0%)\u2500, y entre los 14-16 a\u00f1os \u25003,731 (46.0%)\u2500. Finalmente, en relaci\u00f3n con el grado escolar, 2,882 (35.5%) cursaban primer grado; 2,743 (33.8%), el segundo grado, y 2,490 (30.7%) en tercer grado. Los valores perdidos por escalas o subescalas se trataron mediante el m\u00e9todo de imputaci\u00f3n por regresi\u00f3n. La detecci\u00f3n de valores at\u00edpicos univariantes se llev\u00f3\u00a0\u00a0\u00a0 a cabo mediante la exploraci\u00f3n de puntuaciones estandarizadas (Hair <em>et al<\/em>., 1999).<\/p>\n<h4>Instrumentos<\/h4>\n<p><em>Escala de Conducta Violenta en la Escuela <\/em>(Little <em>et al., <\/em>2003)<\/p>\n<p>Adaptaci\u00f3n: equipo LISIS. Escala de 25 \u00edtems que eval\u00faa dos tipos de conducta violenta en el contexto escolar: por un lado, la violencia manifiesta: <em>\u201cSoy capaz de llegar a los golpes para conseguir lo que quiero\u201d, y relacional: \u201cSoy una persona que cuenta chismes y rumores de\u00a0 los dem\u00e1s\u201d, <\/em>con un rango de respuesta de 1 a 4 (nunca, pocas veces, muchas veces y siempre). El coeficiente de fiabilidad alfa de Cronbach fue de .88 y .81 para\u00a0\u00a0 las subescalas manifiesta y relacional y de .90 para la escala total. Respecto de la validez, las dimensiones de violencia manifiesta y relacional mostraron relaciones positivas con medidas de actitud negativa hacia la autoridad institucional, transgresi\u00f3n hacia las normas sociales, deseo de una reputaci\u00f3n antisocial, conflicto familiar, estr\u00e9s percibido e insatisfacci\u00f3n con la vida (Buelga, Musitu y Murgui, 2009; Buelga <em>et al., <\/em>2008).<\/p>\n<p><em>Intensidad de la violencia escolar<\/em><\/p>\n<p>Se evalu\u00f3 con dos preguntas con seis opciones de respuesta cada una, las cuales oscilaban entre: nunca, una sola vez, dos o tres veces, una o dos veces al mes, una o dos veces a la semana y todos o casi todos los d\u00edas. Las cuatro \u00faltimas modalidades de respuesta permiten evaluar la violencia moderada (menos de una agresi\u00f3n por semana) y el acoso severo (m\u00e1s de una agresi\u00f3n por semana).<\/p>\n<p><em>Duraci\u00f3n de la violencia escolar<\/em><\/p>\n<p>Se evalu\u00f3 con dos preguntas con cuatro opciones de respuesta cada una de ellas: nunca, un mes (o menos), entre tres y seis meses y un a\u00f1o (o m\u00e1s).<\/p>\n<h4><strong>Procedimiento<\/strong><\/h4>\n<p>La planificaci\u00f3n y desarrollo de la presente investigaci\u00f3n fueron realizados entre la Universidad Aut\u00f3noma de Nuevo Le\u00f3n y la Secretar\u00eda de Educaci\u00f3n del Estado\u00a0 de Nuevo Le\u00f3n. Una vez informados y concedidos los permisos, se administraron a los alumnos seleccionados los instrumentos en los planteles educativos. En caso de alumnos con problemas de lectura y comprensi\u00f3n se les administr\u00f3 el instrumento de forma individualizada y se les ofreci\u00f3 el apoyo necesario. La participaci\u00f3n\u00a0 fue voluntaria y an\u00f3nima, y un total de 19 estudiantes (.21%) rehusaron ser incluidos. El estudio\u00a0 cumpli\u00f3\u00a0 con los principios fundamentales de la Declaraci\u00f3n de Helsinki en lo referente a la \u00e9tica en la investigaci\u00f3n con seres humanos.<\/p>\n<h4><strong>RESULTADOS<\/strong><\/h4>\n<p>En la figura 1 se muestran los porcentajes de la violencia escolar en la muestra total. Se observa que 88.6% (7,765 adolescentes) nunca ha utilizado la violencia, o lo ha hecho de manera ocasional. Un 7.4% (646 adolescentes) se sit\u00faan en la violencia de riesgo, es decir, se comportan de forma violenta algunas veces y, finalmente, 4.1% (352 adolescentes) utiliza la violencia bastantes veces y muchas veces de forma continuada en el tiempo, a la cual denominamos grave (2.6%) y muy grave (1.5%).<\/p>\n<div id=\"attachment_9960\" style=\"width: 510px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura1-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-9960\" class=\"wp-image-9960\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura1-1.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"246\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura1-1.jpg 552w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura1-1-300x148.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-9960\" class=\"wp-caption-text\">Figura 1. Violencia escolar en la muestra total.<\/p><\/div>\n<h4>Violencia escolar en escuelas urbanas<\/h4>\n<p>En la figura 2 se muestran los porcentajes de la violencia escolar en las escuelas urbanas. Se observa que 88.2% (4,894 adolescentes) nunca ha utilizado la violencia, o lo ha hecho de manera ocasional. Un 7.4% (412 adolescentes) se sit\u00faa en la violencia de riesgo, es decir, se comporta de forma violenta algunas veces y de manera discontinua y, finalmente, 4.4% (243 adolescentes) utiliza la violencia bastantes veces y muchas veces de forma continuada, a la que denominamos grave y muy grave. Se observa que el comportamiento de esta muestra sigue un patr\u00f3n similar al de la muestra total.<\/p>\n<div id=\"attachment_9961\" style=\"width: 510px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-9961\" class=\"wp-image-9961\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura2.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"328\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura2.jpg 545w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura2-300x197.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-9961\" class=\"wp-caption-text\">Figura 2. Violencia escolar en escuelas urbanas.<\/p><\/div>\n<h4>Violencia escolar en escuelas suburbanas<\/h4>\n<p>En la figura 3 se muestran los porcentajes de la violencia escolar en las escuelas suburbanas. Se observa que 89.3% (2,871 adolescentes) nunca ha utilizado la violencia, o lo ha hecho de manera ocasional. Un 7.3% (234 adolescentes) se sit\u00faa en la violencia de riesgo, es decir, se comporta de forma violenta algunas veces y de forma discontinua y, finalmente, 3.3% (109 adolescentes) utiliza la violencia bastantes veces y muchas veces de forma continuada, a la que denominamos grave y muy grave. Se constata que el comportamiento violento en las escuelas suburbanas es similar y ligeramente inferior al observado en las escuelas urbanas y en la muestra general.<\/p>\n<div id=\"attachment_9962\" style=\"width: 510px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura3.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-9962\" class=\"wp-image-9962\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura3.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"279\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura3.jpg 597w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura3-300x167.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-9962\" class=\"wp-caption-text\">Figura 3. Violencia escolar en escuelas suburbanas.<\/p><\/div>\n<p>En la figura 4 se observa que los hombres superan a las mujeres en la violencia de riesgo, N=381 (60.2%) y N= 252 (39.8%), respectivamente. Tambi\u00e9n se observa, en esta misma figura, que en el \u00e1mbito de la violencia grave y muy grave los porcentajes guardan proporciones similares, aunque ligeramente mayor en los hombres N=189 (55.0%) y N=154 (45%), respectivamente.<\/p>\n<div id=\"attachment_9963\" style=\"width: 510px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura4.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-9963\" class=\"wp-image-9963\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura4.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"272\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura4.jpg 613w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura4-300x163.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-9963\" class=\"wp-caption-text\">Figura 4. Prevalencia de violencia escolar de riesgo, grave y muy grave.<\/p><\/div>\n<p>En la figura 5 se muestran los porcentajes de la violencia manifiesta en la muestra total. Se observa que 89.2% (7,820 adolescentes) nunca ha utilizado la violencia, o lo ha hecho de manera ocasional. Un 6.5% (574 adolescentes) se sit\u00faa en la violencia manifiesta de riesgo, es decir, se comporta de forma violenta algunas veces y no de manera continuada y, finalmente, 4.3% (377 adolescentes) utiliza la violencia manifiesta bastantes veces y muchas veces y de forma continuada, a la que denominamos grave y muy grave.<\/p>\n<div id=\"attachment_9964\" style=\"width: 510px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura5.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-9964\" class=\"wp-image-9964\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura5.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"332\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura5.jpg 571w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura5-300x199.jpg 300w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura5-220x146.jpg 220w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-9964\" class=\"wp-caption-text\">Figura 5. Violencia manifiesta en la muestra total .<\/p><\/div>\n<p>En la figura 6 se observan los porcentajes de violencia manifiesta de riesgo, grave y muy grave por sexo. Los hombres superan a las mujeres en la violencia manifiesta de riesgo, N= 374 (66.5%) y N=188 (33.5%), respectivamente. Y, en el \u00e1mbito de la violencia grave y muy grave, se observa la misma tendencia en el sentido de que los hombres N=188 (66%) superan a las mujeres N=125 (34%).<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura6.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-9965 aligncenter\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura6.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"208\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura6.jpg 1243w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura6-300x125.jpg 300w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura6-1024x426.jpg 1024w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura6-768x319.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/p>\n<p>En la figura 7 se presentan los datos de la violencia relacional de la muestra total. Se observa que 88.8% (7,791) se ubica en las categor\u00edas de no violencia relacional y violencia relacional ocasional. En la violencia relacional de riesgo el porcentaje es de 7.7% (680) y de forma discontinua. Y en la violencia relacional grave y muy grave y continuada los porcentajes son de 2.2 (191) y 1.2% (108). Estos porcentajes son similares, aunque algo inferiores a los obtenidos en la violencia manifiesta.<\/p>\n<div id=\"attachment_9966\" style=\"width: 510px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura7.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-9966\" class=\"wp-image-9966\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura7.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"332\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura7.jpg 586w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura7-300x199.jpg 300w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura7-220x146.jpg 220w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-9966\" class=\"wp-caption-text\">Figura 7. Violencia relacional en la muestra total.<\/p><\/div>\n<p>En la figura 8 se presenta la violencia relacional de riesgo, grave y muy grave por sexo. Se constata que en la categor\u00eda de violencia relacional de riesgo, hombres y mujeres guardan una tendencia muy similar ligeramente mayor en los hombres (51.6%-N=348 y 48.4%-N=326). Un aspecto interesante es el hecho de que en las categor\u00edas de violencia relacional grave y muy grave las mujeres tienen un porcentaje superior a los hombres, lo cual coincide con resultados obtenidos en trabajos realizados en otros pa\u00edses. Se observa que en estas categor\u00edas las mujeres muestran porcentajes mayores que los hombres (58.0%-N=168) y (42.0%-N=123), respectivamente.<\/p>\n<div id=\"attachment_9967\" style=\"width: 510px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura8.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-9967\" class=\"wp-image-9967\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura8.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"239\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura8.jpg 645w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Figura8-300x143.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-9967\" class=\"wp-caption-text\">Figura 8. Violencia relacional de riesgo, grave y muy grave por sexo.<\/p><\/div>\n<h4><u>CONCLUSIONES<\/u><\/h4>\n<p>Los resultados de este estudio son muy similares a los obtenidos en la mayor parte de los pa\u00edses occidentales (Akiba, 2004; Cava, Musitu y Murgui, 2007; Gofin, Palti y Gordon, 2002; Liang, Flisher y Lombard, 2007; Smith, 2003; Villarreal- Gonz\u00e1lez <em>et al., <\/em>2011). La mayor parte de los adolescentes nunca han utilizado la violencia o lo han hecho de manera ocasional, lo cual se integra muy bien dentro de lo que caracteriza este espacio cronol\u00f3gico de los 12 a los 20 a\u00f1os y que denominamos adolescencia.<\/p>\n<p>Para entender mejor este dato, aparentemente contradictorio, y que en absoluto creemos que lo sea, se podr\u00eda acudir a las dos rutas en el tr\u00e1nsito de la adolescencia: la transitoria y la persistente (Moffitt, 1993). Estas dos trayectorias se consideran importantes marcos interpretativos de las conductas no deseables en la adolescencia (violencia, delincuencia, consumo de alcohol y drogas). En el marco de la trayectoria transitoria, se describe la adolescencia como un periodo de experimentaci\u00f3n y, como tal, es un momento en el que los adolescentes exploran distintas alternativas en sus relaciones sociales, familia, amigos, profesorado, etc. Gran parte de estas conductas no se perciben como violentas entre los adolescentes, aunque s\u00ed entre gran parte de los adultos, y en realidad no lo son si tomamos en cuenta las caracter\u00edsticas psicol\u00f3gicas y sociales de este periodo, es decir, estas conductas espor\u00e1dicas son parte de este tr\u00e1nsito de la adolescencia.<\/p>\n<p>Sin embargo, no estar\u00eda dentro de este apartado 10% de los adolescentes, tanto hombres como mujeres, en los que la violencia de riesgo est\u00e1 presente de forma continuada en sus relaciones con los iguales en un 6% aproximadamente; un 4% la utiliza muchas veces y de forma continuada, lo cual est\u00e1 dentro de las categor\u00edas grave y muy grave. Esta forma de conducta ya no es parte del tr\u00e1nsito de la adolescencia, sino que corresponde a un d\u00e9ficit del sujeto generado por socializaci\u00f3n inadecuada, violencia familiar, familias desestructuradas, etc., que corresponde a la segunda trayectoria denominaba trayectoria persistente.<\/p>\n<p>Es en este sector de la adolescencia\u00a0 donde\u00a0 se requiere\u00a0 de una verdadera intervenci\u00f3n socioeducativa,\u00a0 y en donde los profesionales deben incidir porque, ya est\u00e1 comprobado, este grupo de adolescentes tiene una alta probabilidad de integrarse en los grupos delictivos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se ha constatado que los hombres utilizan m\u00e1s la violencia f\u00edsica que las mujeres de manera significativa, pero son las mujeres las que m\u00e1s utilizan la violencia relacional, que hace referencia a las conductas encaminadas a provocar un da\u00f1o en el c\u00edrculo de amistades de otra persona o bien en su percepci\u00f3n de pertenencia a un grupo (chismes, falsos testimonios, desprecios, rechazos, etc.). La mayor parte de los trabajos se han centrado en examinar el perfil de aquellos alumnos que presentan problemas de agresi\u00f3n manifiesta, mientras que se deja un poco de lado el estudio de la violencia relacional, que es una conducta agresiva m\u00e1s sutil y menos visible, pero que puede tener consecuencias tan negativas para el ajuste psicosocial adolescente como las derivadas de la violencia manifiesta (Crick y Nelson, 2002).<\/p>\n<p>A esto se a\u00f1ade otra preocupaci\u00f3n relativa a la percepci\u00f3n de las distintas formas\u00a0 de\u00a0 violencia\u00a0 por\u00a0 los\u00a0 adultos,\u00a0 quienes tienden a considerar la violencia relacional como\u00a0 m\u00e1s aceptable, particularmente durante el periodo de la adolescencia temprana (Del Moral-Arroyo <em>et al<\/em>., 2014; Est\u00e9vez y Jim\u00e9nez, 2015; Ingl\u00e9s <em>et al., <\/em>2015; Villarreal-Gonz\u00e1lez, S\u00e1nchez-Sosa y Musitu-Ochoa, 2010; Villarreal-Gonz\u00e1lez <em>et al<\/em>., 2011; Underwood, Galen y Paquette, 2001).<\/p>\n<p>Finalmente, tambi\u00e9n se destaca que las expresiones de violencia difieren poco en los contextos urbanos y suburbanos, algo inferior en los suburbanos, y expresa una tendencia en hombres y mujeres similar a la que se ha observado en la muestra general.<\/p>\n<p>Ser\u00eda muy importante continuar este trabajo elaborando los perfiles psicosociales \u2500personalidad, familia, escuela y comunidad\u2500. Y elaborar programas acordes con estos perfiles, de tal manera que la labor de los profesionales sea mucho m\u00e1s efectiva.<\/p>\n<h4><u>AGRADECIMIENTOS<\/u><\/h4>\n<p>Este trabajo se ha llevado a cabo con financiamiento de la Secretar\u00eda de Educaci\u00f3n del Estado de Nuevo Le\u00f3n\u00a0 y de la Universidad Aut\u00f3noma de Nuevo Le\u00f3n, y en el marco del Convenio de la Red Iberoamericana para el estudio de la Violencia en la Adolescencia (RIEVA).<\/p>\n<h4><u>REFERENCIAS<\/u><\/h4>\n<p>Akiba, M. (2004). Nature and correlates of Ijime-bullying in Japanese middle school. <em>International <\/em><em>Journal <\/em><em>of <\/em><em>Educational <\/em><em>Re<\/em><em>search. <\/em>41: 216-236.<br \/>\nBarry, F. (2006). <em>SOS<\/em> <em>Bullying:<\/em> <em>Prevenir<\/em> <em>el<\/em> <em>acoso<\/em> <em>escolar<\/em> <em>y mejorar la convivencia. <\/em>Madrid: Praxis.<br \/>\nBrown, S., Birch, D., y Kancherla, V. (2005). Bullying perspectives: experiences, attitudes, and recommendations of 9 to 13 year-olds attending health education centers in the United States. <em>Journal of School Health<\/em>. 75(10): 384-392.<br \/>\nBuelga, S., Musitu, G., Murgui, S., <em>et<\/em> <em>al.<\/em> (2008). Reputation and aggressive behavior in adolescence. <em>The<\/em> <em>Spanish<\/em> <em>Journal<\/em> <em>of<\/em> <em>Psycho<\/em><em>logy.<\/em> 11(1): 192-200.<br \/>\nBuelga, S., Musitu, G., y Murgui, S. (2009). Relaciones entre la reputaci\u00f3n social y la agresi\u00f3n relacional en la adolescencia. <em>International Journal of Clinical and Health Psychology. <\/em>9(1): 127-141.<br \/>\nBuelga, S., Mart\u00ednez F., B., y Musitu, G. (2015). Family relationships and cyberbullying. En R. Navarro, S. Yubero y E. Larra\u00f1aga (Eds.): <em>Cyberbullying across the globe: Gender, family, and mental health <\/em>(pp. 99-114). Springer Eds. Disponible en https:\/\/doi. org\/10.1007\/978-3-319-25552-1_5<br \/>\nCava, M., Musitu, G., y Murgui, S. (2007). Individual and social risk factors related to overt victimization in a sample of Spanish adolescents. <em>Psychological Reports. <\/em>101: 275-290.<br \/>\nCrick, N.R., y Nelson, D.A. (2002). Relational and physical victimization within friendships: Nobody told me there\u2019d be friends<br \/>\nDebarbieux, E. (2006). <em>Violence \u00e0 l&#8217;\u00e9cole: un d\u00e9fi mondial? <\/em>Paris: A. Colin.<br \/>\nDel Moral-Arroyo, G., Su\u00e1rez, C., Villarreal, M.E., <em>et al. <\/em>(2014).Types of aggressivevictims in bullying situations atsecondaryschool\/ Tipos de v\u00edctimas agresivas en situaciones de bullying en educaci\u00f3n secundaria. Infancia y aprendizaje. <em>Journal for the Study of Education and Development. <\/em>DOI:10.1080\/02103702.2014.918816<br \/>\nElashoff, J. (2005). <em>nQuery<\/em> <em>Advisor<\/em> <em>Version<\/em> <em>6.0<\/em>. User\u2019s guide. Los Angeles: Statistical Solutions Ltd.<br \/>\nEmler, N., y Reicher, S. (1995). <em>Adolescence and delinquency. <\/em>Oxford: Blackwell.<br \/>\nEst\u00e9vez, E., y Jim\u00e9nez, T.I. (2015). Conducta agresiva y ajuste personal y escolar en una muestra de estudiantes adolescentes es- pa\u00f1oles. <em>UniversitasPsychologica. <\/em>14 (1): 111-124.<br \/>\nFern\u00e1ndez B., F.J., Trianes T., M.V., Morena F. de la M.L., <em>et al. <\/em>(2011). Propiedades psicom\u00e9tricas de un cuestionario para la evaluaci\u00f3n de la violencia cotidiana entre iguales en el contexto escolar. <em>Anales de Psicolog\u00eda. <\/em>27(1): 102-108. Disponible en <a href=\"http:\/\/revistas\/\">http:\/\/revistas.um.es\/analesps\/article\/view\/113521\/107511<\/a>Gofin, R., Palti, H., y Gordon, L. (2002). Bullying in Jerusalem schools: Victims and perpetrators. <em>Public Health. <\/em>116: 173-178.<br \/>\nGuti\u00e9rrez, J.P, Rivera-Dommarco, J., Shamah-Levy, T., <em>et al. <\/em>(2012). <em>Encuesta Nacional de Salud y Nutrici\u00f3n 2012. <\/em>Resultados Nacionales.Cuernavaca, M\u00e9xico: InstitutoNacionaldeSaludP\u00fablica(MX).<br \/>\nHair, J., Anderson, R., Tatham, R., <em>et <\/em><em>al. <\/em>(1999). <em>An\u00e1lisis multivarian<\/em><em>te.<\/em> Madrid: Prentice-Hall.<br \/>\nIngl\u00e9s, C.I., Garc\u00eda-Fern\u00e1ndez, J.M., Marzo, J.C., <em>et<\/em> <em>al.<\/em> (2015). School Anxiety Inventory-Short Version: Factorial invariance and latent mean differences across gender and age in Spanish adolescents. <em>Measurement <\/em><em>and <\/em><em>Evaluation <\/em><em>in <\/em><em>Counseling <\/em><em>and <\/em><em>Develop<\/em><em>ment.<\/em> 48: 247-265.<br \/>\nLiang, H., Flisher, A., y Lombard, C. (2007). Bullying, violence, and risk behavior in southafrican school students. <em>Journal <\/em><em>of Child Abuse and Neglect. <\/em>31: 161-171.<br \/>\nLittle, T., Henrich, C., Jones, S., <em>et <\/em><em>al. <\/em>(2003). Disentangling the \u201cwhys\u201d from the \u201cwhats\u201d of aggressive behavior. <em>International <\/em><em>Journal <\/em><em>of <\/em><em>Behavioral Development. <\/em>27: 122-133.<br \/>\nMoreno, D., Est\u00e9vez, E., Murgui, S. <em>et al. <\/em>(2009). Reputaci\u00f3n social y violencia relacional en adolescentes: el rol de la soledad, la autoestima y la satisfacci\u00f3n vital. <em>Psicothema. <\/em>21(4): 537-542. Disponible en https:\/\/doi.org\/A Web of science<br \/>\nMoffitt, T.E. (1993). Adolescence-limited and life-course-persistent antisocial behavior: a developmental taxonomy. <em>Psychological Review. <\/em>100: 674-701.<br \/>\nMusitu, G. (Coord.) (2013). <em>Adolescencia <\/em><em>y familia: nuevos retos en el siglo XXI. <\/em>M\u00e9xico: Trillas.<br \/>\nSecretaria de Educaci\u00f3n P\u00fablica. (2008). <em>1\u00aa<\/em> <em>Encuesta<\/em> <em>nacional <\/em><em>exclusi\u00f3n,<\/em> <em>intolerancia<\/em> <em>y violencia en escuelas p\u00fablicas de educa<\/em><em>ci\u00f3n<\/em> <em>media<\/em> <em>superior.<\/em> Disponible en <a href=\"http:\/\/archivo.estepais.com\/\">http:\/\/archivo.estepais.com\/<\/a>inicio\/historicos\/217\/4_propuesta_encuesta_nacional.pdf<br \/>\nSmith, P.K. (2003). <em>Violence <\/em><em>in <\/em><em>schools, <\/em><em>the <\/em><em>response <\/em><em>in <\/em><em>Europe. <\/em>Londres: Routledge.<br \/>\nSteffgen, G., Recchia, S., y Viechtbauer, W.(2013). The link between school climate and violence in school: A meta-analytic review. <em>Aggression and Violent Behavior. <\/em>18(2), 300-309. Disponible en https:\/\/doi.org\/10.1016\/j.avb.2012.12.001<br \/>\nTrianes, M.V. (2000). <em>La<\/em> <em>violencia<\/em> <em>en<\/em> <em>contextos<\/em> <em>escolares.<\/em> M\u00e1laga: Aljibe.<br \/>\nTrianes M., V., S\u00e1nchez S., A., y Mu\u00f1oz S., \u00c1. (2001).Educar la convivencia como prevenci\u00f3n de violencia interpersonal: perspectivasdelosprofesores.<em>RevistaInteruniversitariadeFormaci\u00f3ndelPro<\/em><em>fesorado. <\/em>41: 73-93.<br \/>\nVillarreal-Gonz\u00e1lez, M., S\u00e1nchez-Sosa, J., y Musitu-Ochoa, G. (2010). Un modelo predictivo de la violencia escolar en adolescentes.<em>Revista Ciencia <\/em><em>UANL. 13<\/em>(4): 413-420<br \/>\nVillarreal-Gonz\u00e1lez, M.E., S\u00e1nchez-Sosa, J.C., Veiga, F., <em>et al. <\/em>(2011). Contextos de desarrollo, malestar psicol\u00f3gico, autoestima social\u00a0 y violencia escolar desde una perspectiva de g\u00e9nero en adolescentes mexicanos. <em>Psychosocial Intervention. <\/em>20(2): 171-181<br \/>\nUnderwood, M.K., Galen, B.R., y Paquette, J.A. (2001). Top ten challenges for understanding gender and aggression in children: Why can\u2019t we all just get along? <em>Social Development. <\/em>10: 248-266.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mar\u00eda Elena Villarreal Gonz\u00e1lez*, Juan Carlos S\u00e1nchez Sosa*, Gonzalo Musitu Ochoa** CIENCIA UANL \/ A\u00d1O 23, No.101 mayo-junio 2020 DOI: https:\/\/doi.org\/10.29105\/cienciauanl23.101-1 RESUMEN El objetivo es analizar la prevalencia de la violencia escolar (manifiesta y relacional) en los planteles educativos urbanos y suburbanos del estado de Nuevo Le\u00f3n. La muestra estuvo constituida por 8,115 adolescentes de ambos sexos y de edades [&#8230;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[27],"tags":[],"class_list":["post-9957","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-investigacion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9957","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=9957"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9957\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9972,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9957\/revisions\/9972"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=9957"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=9957"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=9957"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}