{"id":9689,"date":"2020-01-16T12:53:50","date_gmt":"2020-01-16T18:53:50","guid":{"rendered":"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=9689"},"modified":"2020-01-16T12:53:50","modified_gmt":"2020-01-16T18:53:50","slug":"el-almacen-de-carbono-en-los-desiertos-de-mexico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=9689","title":{"rendered":"EL ALMAC\u00c9N DE CARBONO EN LOS DESIERTOS DE M\u00c9XICO"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/portada.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-9690\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/portada.png\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"447\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/portada.png 693w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/portada-268x300.png 268w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/a><\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 42\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p style=\"text-align: right;\">\u00d3scar Luis Briones Villarreal*<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 42\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p style=\"text-align: right;\">CIENCIA UANL \/ A\u00d1O 23, No.99 enero-febrero 2020<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 42\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Por las perturbaciones humanas, la concentraci\u00f3n global del bi\u00f3xido de carbono (CO<sub>2<\/sub>) se increment\u00f3 de alrededor de 227 partes por mill\u00f3n (ppm) en 1759, a 405 ppm en 2017; es decir, se elev\u00f3 46%. El a\u00f1o 2016 fue el primero en el cual la concentraci\u00f3n de CO<sub>2<\/sub> fue superior a 400 ppm. De manera notable, M\u00e9xico ocup\u00f3 el lugar n\u00famero 11 entre los pa\u00edses emisores de CO<sub>2<\/sub> a la atm\u00f3sfera, con 490 megatoneladas (Mt; 1 Mt = 1 mill\u00f3n de toneladas) en 2017. En los \u00faltimos 60 a\u00f1os el incremento global en la temperatura del aire ha coincidido estrechamente con el incremento en la concentraci\u00f3n de CO<sub>2<\/sub>.<\/p>\n<p>El CO<sub>2<\/sub> es el gas atmosf\u00e9rico con mayor efecto invernadero por retener parte de la energ\u00eda que la superficie terrestre emite por haber sido calentada por la radiaci\u00f3n solar. La concentraci\u00f3n de CO<sub>2<\/sub> atmosf\u00e9rico depende del movimiento del carbono entre los almacenes del ciclo del carbono en la biosfera, la litosfera, la hidrosfera y la atm\u00f3sfera. El conocimiento de la din\u00e1mica del carbono en M\u00e9xico es muy importante por su relaci\u00f3n con el cambio clim\u00e1tico.<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 42\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>La captura de carbono ocurre cuando la vegetaci\u00f3n absorbe CO<sub>2<\/sub> durante la fotos\u00edntesis, almacenando el carbono en la biomasa a\u00e9rea o subterr\u00e1nea. A trav\u00e9s de la fotos\u00edntesis las plantas capturan CO<sub>2<\/sub> y luz para producir energ\u00eda, glucosa y otros az\u00facares y a trav\u00e9s de la respiraci\u00f3n metabolizan y rompen los az\u00facares para construir sus tejidos y crecer y regresan el CO<sub>2<\/sub> a la atm\u00f3sfera. Tanto la fotos\u00edntesis como la respiraci\u00f3n de las plantas est\u00e1n fuertemente determinados por la cantidad y estacionalidad de la lluvia y en consecuencia los ecosistemas des\u00e9rticos pueden funcionar como sumideros de carbono en a\u00f1os lluviosos, pero como vertederos en a\u00f1os secos.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/robert-murray-toCqTyxsT4Q-unsplash-scaled.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-9691\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/robert-murray-toCqTyxsT4Q-unsplash-scaled.jpg\" alt=\"\" width=\"700\" height=\"465\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/robert-murray-toCqTyxsT4Q-unsplash-scaled.jpg 2560w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/robert-murray-toCqTyxsT4Q-unsplash-300x199.jpg 300w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/robert-murray-toCqTyxsT4Q-unsplash-1024x680.jpg 1024w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/robert-murray-toCqTyxsT4Q-unsplash-768x510.jpg 768w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/robert-murray-toCqTyxsT4Q-unsplash-1536x1019.jpg 1536w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/robert-murray-toCqTyxsT4Q-unsplash-2048x1359.jpg 2048w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/robert-murray-toCqTyxsT4Q-unsplash-220x146.jpg 220w\" sizes=\"auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 44\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>El potencial de almacenamiento de carbono en la vegetaci\u00f3n y los suelos en la mayor\u00eda de las zonas \u00e1ridas y semi\u00e1ridas es bajo (&lt;225 gigatoneladas de carbono por hect\u00e1rea \u2013GtC ha<sup>-1<\/sup>; 1 Gt = 1000 millones de toneladas\u2013) en comparaci\u00f3n con los bosques tropicales y boreales (300 a 400 GtC ha<sup>-1<\/sup>) (Schlesinger y Bernhardt, 2013; tabla I). Sin embargo, los ecosistemas des\u00e9rticos son muy importantes para secuestrar el CO<sub>2<\/sub> atmosf\u00e9rico y contrarrestar el cambio clim\u00e1tico por su gran extensi\u00f3n en el planeta (White y Nackoney, 2003). Los ecosistemas des\u00e9rticos ocupan m\u00e1s de un tercio de la superficie terrestre mundial y m\u00e1s de la mitad del territorio de M\u00e9xico, convirti\u00e9ndose en grandes reguladores del ciclo del carbono y del clima. A pesar de lo anterior, la evaluaci\u00f3n del carbono se ha centrado principalmente en los ecosistemas tropicales y forestales, mientras que los des\u00e9rticos han sido descuidados.<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 44\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Los procesos del ciclo de carbono operan a distinta velocidad, pero en general se reconocen dos escalas de tiempo: geol\u00f3gica y biol\u00f3gica (Schlesinger y Bernhardt, 2013). En la escala biol\u00f3gica el carbono se mueve a una velocidad r\u00e1pida a trav\u00e9s de los organismos en flujos diurnos y anuales. El ciclo biol\u00f3gico se manifiesta claramente en el hemisferio norte, en donde la alta actividad fotosint\u00e9tica de las plantas y del fitoplancton causan la disminuci\u00f3n del CO<sub>2<\/sub> atmosf\u00e9rico en la primavera y verano, mientras que la disminuci\u00f3n de la fotos\u00edntesis, el incremento en la respiraci\u00f3n de ra\u00edces y microbios y la descomposici\u00f3n de la materia org\u00e1nica del suelo ocasionan el incremento del CO<sub>2<\/sub> en el oto\u00f1o e invierno. En el hemisferio sur las oscilaciones atmosf\u00e9ricas de CO<sub>2<\/sub> est\u00e1n invertidas y son menos marcadas, ya que la vegetaci\u00f3n est\u00e1 concentrada hacia los tr\u00f3picos en donde la variaci\u00f3n clim\u00e1tica es menor. En la escala geol\u00f3gica el carbono se mueve lentamente entre el suelo, las rocas y el oc\u00e9ano y regresa a la atm\u00f3sfera a trav\u00e9s de la actividad tect\u00f3nica o la disoluci\u00f3n de las rocas calizas en un lapso entre 100 y 200 millones de a\u00f1os.<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 44\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Las actividades humanas han incorporado nuevos flujos de carbono, con una influencia significativa en la cantidad de carbono almacenado en los compartimientos del ciclo global del carbono (IPCC, 2019). La extracci\u00f3n de petr\u00f3leo y consumo de combustibles f\u00f3siles, la producci\u00f3n de electricidad, cemento y alimentos y el cambio en el uso del suelo al eliminar la vegetaci\u00f3n generan gran cantidad de CO<sub>2<\/sub> y otros gases de efecto invernadero como metano, bi\u00f3xido de nitr\u00f3geno y ozono, que se almacenan en la atm\u00f3sfera.<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 44\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>En d\u00e9cadas recientes se han realizado esfuerzos por la comunidad cient\u00edfica y organismos de gobierno para inventariar y sintetizar el conocimiento sobre los almacenes y las transferencias de carbono de los ecosistemas terrestres en M\u00e9xico, que permiten entender con mayor detalle las magnitudes de los procesos ecol\u00f3gicos que afectan el ciclo del carbono en los ecosistemas des\u00e9rticos. El objetivo de este trabajo es resaltar el papel de los ecosistemas des\u00e9rticos en el contenido del carbono y su importancia en el ciclo del carbono en M\u00e9xico.<\/p>\n<div id=\"attachment_9693\" style=\"width: 810px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Tabla1.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-9693\" class=\"wp-image-9693\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Tabla1.png\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"344\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Tabla1.png 1056w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Tabla1-300x129.png 300w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Tabla1-1024x440.png 1024w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Tabla1-768x330.png 768w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Tabla1-173x75.png 173w\" sizes=\"auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-9693\" class=\"wp-caption-text\">Tabla I. Contenido de biomasa y carbono en la biomasa y suelo(0-300cm) en los ecosistemas terrestres (Schlesinger y Bernhardt, 2013).<\/p><\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 45\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<h4>CARACTERIZACI\u00d3N DE LOS DESIERTOS DE M\u00c9XICO<\/h4>\n<div class=\"page\" title=\"Page 45\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>En los desiertos o zonas \u00e1ridas y semi\u00e1ridas de M\u00e9xico la p\u00e9rdida de agua por evaporaci\u00f3n es mucho mayor que la entrada por la precipitaci\u00f3n, la temperatura es extrema y es baja la disponibilidad de agua y nutrientes en el suelo. De acuerdo con el \u00edndice de aridez (IA) = P\/T, en donde <em>P<\/em> es la precipitaci\u00f3n anual y<em> ET<\/em> es la evapotranspiraci\u00f3n anual, las zonas \u00e1ridas son regiones con IA menor a 0.65. Las zonas hiper\u00e1ridas con IA menor 0.05 cubren 0.67%, las \u00e1ridas con IA entre 0.05 y 0.20 cubren 18.91% y las semi\u00e1ridas con IA entre 0.20 y 0.50 ocupan 34.77% de los 1,960,189 km2 del territorio mexicano. As\u00ed definidas, las regiones des\u00e9rticas de M\u00e9xico se localizan principalmente en las porciones norte y centro del pa\u00eds (figura 1).<\/p>\n<div id=\"attachment_9701\" style=\"width: 510px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/mapa.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-9701\" class=\"wp-image-9701\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/mapa.png\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"386\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/mapa.png 881w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/mapa-300x232.png 300w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/mapa-768x594.png 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-9701\" class=\"wp-caption-text\">Figura 1. \u00cdndice de aridez en M\u00e9xico (mapa proporcionado por Arturo Flores Mart\u00ednez).<\/p><\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 45\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Los desiertos mexicanos albergan una gran diversidad biol\u00f3gica y cultural, siendo los de mayor extensi\u00f3n el Chihuahuense, Sonorense y Tamaulipeco, mientras los de la Barranca de Metztitl\u00e1n en Hidalgo, del valle de Tehuac\u00e1n-Cuicatl\u00e1n en Puebla y Oaxaca y del valle de Perote en Veracruz son m\u00e1s peque\u00f1os y se localizan bajo la sombra orogr\u00e1fica de las monta\u00f1as (figura 2). La vegetaci\u00f3n de los desiertos mexicanos consiste principalmente de matorrales y pastizales xer\u00f3filos, compuestos por plantas le\u00f1osas de porte bajo, plantas suculentas y gram\u00edneas (Rzedowski, 1978). Los matorrales xer\u00f3filos se desarrollan desde el nivel del mar hasta los 2,300 msnm y se caracterizan por una amplia variedad fison\u00f3mica, determinada por arbustos y \u00e1rboles bajos siempreverdes o caducifolios, con tallos le\u00f1osos provistos de espinas o sin ellas, por plantas con troncos semisuculentos con hojas delgadas o carnosas arregladas en rosetas y por plantas con troncos suculentos con espinas y sin hojas.<\/p>\n<div id=\"attachment_9700\" style=\"width: 510px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/cerros.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-9700\" class=\"wp-image-9700\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/cerros.png\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"479\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/cerros.png 756w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/cerros-300x288.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-9700\" class=\"wp-caption-text\">Figura 2. <em>a)<\/em> Desierto Chihuahuense y <em>b)<\/em> desierto del valle de Tehuac\u00e1n-Cuicatl\u00e1n.<\/p><\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 45\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>El clima en donde crecen los matorrales xer\u00f3filos es c\u00e1lido, con temperaturas de 16 a 24\u00b0C en promedio anual y precipitaci\u00f3n total anual entre 100 y 400 mm, aunque pueden presentarse valores hasta de 900 mm. La cobertura vegetal puede oscilar desde 5% en sitios muy secos, hasta 100% en sitios h\u00famedos, pero generalmente la vegetaci\u00f3n cubre la mitad de la superficie del terreno. Los pastizales xer\u00f3filos se desarrollan en elevaciones entre 1,100 y 2,500 msnm y en regiones con suelos casi siempre \u00edgneos, donde la precipitaci\u00f3n total anual oscila entre 300 y 600 mm. Los pastizales xer\u00f3filos son m\u00e1s abundantes en las zonas semi\u00e1ridas que en las \u00e1ridas y se distribuyen en la mitad norte y occidente de M\u00e9xico. Los pastizales xer\u00f3filos est\u00e1n dominados por varias especies de gram\u00edneas, adem\u00e1s de hierbas y arbustos de diferentes familias, como las compuestas y leguminosas y la cobertura de la vegetaci\u00f3n puede ser de 100%. En comparaci\u00f3n con las temperaturas del matorral xer\u00f3filo, las de los pastizales son m\u00e1s frescas, con medias anuales de 12 a 20\u00b0C.<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 45\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Los ecosistemas des\u00e9rticos proveen de forraje para la producci\u00f3n de ganado y han sido usados para la extracci\u00f3n de plantas para alimentos, combustible, industria farmac\u00e9utica y de cosm\u00e9ticos, material para construcci\u00f3n, fibras, bebidas alcoh\u00f3licas y medicamentos. Sin embargo, el uso excesivo ha producido el sobrepastoreo, reduci\u00e9ndose la biomasa y la cobertura vegetal, compact\u00e1ndose el suelo, decreciendo la infiltraci\u00f3n e incrementando la escorrent\u00eda y la erosi\u00f3n ed\u00e1fica, que conllevan a la p\u00e9rdida de carbono.<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 46\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<h4>CONTENIDO DE CARBONO EN LOS DESIERTOS DE M\u00c9XICO<\/h4>\n<div class=\"page\" title=\"Page 46\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>La determinaci\u00f3n de la biomasa de un ecosistema permite estimar los almacenes de carbono en la vegetaci\u00f3n y el flujo potencial de \u00e9ste hacia la atm\u00f3sfera y suelo. En los ecosistemas terrestres la biomasa viva en tallos, hojas y ra\u00edces, y la materia org\u00e1nica del suelo son los principales almacenes de carbono. La producci\u00f3n de hojarasca y ra\u00edces muertas, la descomposici\u00f3n de la materia org\u00e1nica y la respiraci\u00f3n de las ra\u00edces y microbios son los flujos principales en la transferencia del carbono entre los almacenes. Todos los procesos biol\u00f3gicos del ecosistema est\u00e1n soportados por la entrada de energ\u00eda a trav\u00e9s de la fotos\u00edntesis de los organismos aut\u00f3trofos, por lo que es fundamental entender los factores abi\u00f3ticos y biol\u00f3gicos que la regulan. La escasez de agua es la restricci\u00f3n m\u00e1s fuerte para la producci\u00f3n de biomasa y carbono en los ecosistemas des\u00e9rticos, pero la deficiencia en nitr\u00f3geno y el bajo contenido de carbono org\u00e1nico son, tambi\u00e9n, factores importantes.<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 46\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>La mayor\u00eda de las investigaciones y registros de datos sobre el ciclo del carbono en los ecosistemas des\u00e9rticos de M\u00e9xico ha sido realizada por investigadores y estudiantes de licenciatura y posgrado de universidades y centros p\u00fablicos de investigaci\u00f3n. A pesar de la importancia del ciclo del carbono, los trabajos a escala local y nacional sobre los almacenes de carbono en la biomasa y en el suelo y sobre el flujo de carbono entre esos almacenes y la atm\u00f3sfera en los ecosistemas de matorrales y pastizales son sumamente escasos (Briones <em>et al<\/em>., 2018).<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 46\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>De acuerdo con los trabajos realizados en parcelas experimentales, el carbono total promedio almacenado en la biomasa de los matorrales des\u00e9rticos es 16.3 megagramos por hect\u00e1rea (Mg ha<sup>-1<\/sup>; 1 Mg = 1,000,000 gramos) en 34 sitios estudiados, con valores m\u00ednimos de 2.5 Mg\u00a0ha<sup>-1<\/sup> en un matorral des\u00e9rtico roset\u00f3filo en Chihuahua y m\u00e1ximos de 56.0 Mg ha<sup>-1<\/sup> en un matorral espinoso tamaulipeco en el noreste de M\u00e9xico. En los matorrales, aproximadamente 66% del carbono est\u00e1 almacenado en la parte a\u00e9rea, en comparaci\u00f3n con la biomasa subterr\u00e1nea.<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 46\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Aunque solamente se han realizado cuatro estudios experimentales y por ello es dif\u00edcil describir el patr\u00f3n, el carbono total promedio almacenado en la biomasa de los pastizales des\u00e9rticos es 5.7 Mg ha<sup>-1<\/sup> , con valores m\u00ednimos\u00a0y m\u00e1ximos de 7.95 Mg ha<sup>-1<\/sup> en un pastizal hal\u00f3filo en el Estado de M\u00e9xico y 4.72Mg ha<sup>-1<\/sup> en un pastizal natural en el estado de Coahuila, respectivamente. A diferencia de los matorrales, los pastizales distribuyen proporcionalmente la misma cantidad de carbono entre la biomasa a\u00e9rea y subterr\u00e1nea.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/hojas.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-9697 aligncenter\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/hojas.png\" alt=\"\" width=\"685\" height=\"456\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/hojas.png 685w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/hojas-300x200.png 300w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/hojas-220x146.png 220w\" sizes=\"auto, (max-width: 685px) 100vw, 685px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Con la informaci\u00f3n del Inventario Nacional Forestal y de Suelos (INFyS) 2004-2007 y la aplicaci\u00f3n de ecuaciones matem\u00e1ticas que relacionan la morfolog\u00eda de las plantas con la biomasa y contenido de carbono, se estim\u00f3 que el carbono total almacenado en los matorrales es 1.28 Mg ha<sup>-1<\/sup>, con valores m\u00ednimos y m\u00e1ximos de 0.39 Mg ha<sup>-1<\/sup> en la vegetaci\u00f3n de dunas costeras y 2.64 Mg ha<sup>-1<\/sup> en el mezquital, considerando 9648 registros. El carbono total almacenado en los pastizales es 1.71 Mg ha-1, con valores m\u00ednimos y m\u00e1ximos de 0.25 Mg ha<sup>-1<\/sup> en el pastizal gips\u00f3filo y 4.08 Mg ha<sup>-1<\/sup> en el pastizal natural, considerando 127 registros. La diferencia en las estimaciones del carbono almacenado en los matorrales y pastizales con base en la informaci\u00f3n del INFyS y los datos de las parcelas experimentales probablemente se debi\u00f3 a la posible inclusi\u00f3n de matorrales altos y densos como componentes del bosque tropical seco y por lo tanto no fueron contabilizados como vegetaci\u00f3n des\u00e9rtica, as\u00ed como por las diferencias en las aproximaciones metodol\u00f3gicas para la estimaci\u00f3n de la biomasa a\u00e9rea y subterr\u00e1nea (Briones <em>et al<\/em>., 2019).<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 47\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Sea por las estimaciones de las parcelas experimentales o de los datos del INFyS, los valores de carbono almacenado en la biomasa sit\u00faan a los ecosistemas de los desiertos de M\u00e9xico en un lugar intermedio entre el promedio mundial de los desiertos (2 a 5 Mg ha<sup>-1<\/sup>) y el bosque tropical seco (37 a 117 Mg ha<sup>-1<\/sup>).<\/p>\n<p>La producci\u00f3n de hojarasca compuesta principalmente por hojas y tallos muertos que caen al suelo ha sido utilizada como estimador de la productividad primaria neta (PPN) de un ecosistema. La PPN es la energ\u00eda capturada por la fotos\u00edntesis en la biomasa vegetal y disponible para el ecosistema. Como los patrones globales de producci\u00f3n de hojarasca son similares a los patrones globales de la PPN, es posible considerar la producci\u00f3n de hojarasca como un estimador de la PPN de los ecosistemas. Debido a que la PPN mundial estimada para los desiertos a nivel global es 2.5 Mg ha<sup>-1<\/sup>a\u00f1o<sup>-1<\/sup> y a que la transferencia de carbono de la biomasa vegetal hacia el suelo a trav\u00e9s de la producci\u00f3n de hojarasca de los matorrales es de 3.38 Mg ha<sup>-1<\/sup>, los desiertos mexicanos tienen una productividad mayor a la reportada para los desiertos del mundo (Briones <em>et al<\/em>., 2018).<a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/hojas.png\"><br \/>\n<\/a><\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 47\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>En los desiertos de M\u00e9xico el carbono ed\u00e1fico es 45 a 90% de la biomasa (Monta\u00f1o et al., 2016). En los matorrales, el carbono org\u00e1nico del suelo fluct\u00faa de 2.1 Mg ha<sup>-1<\/sup> en Sonora a 72Mg ha<sup>-1<\/sup> en Tamaulipas, mientras que en los pastizales el carbono ed\u00e1fico var\u00eda entre 2.8 Mg ha<sup>-1<\/sup> en Coahuila a 80 Mg ha<sup>-1<\/sup> en Jalisco.<\/p>\n<p>El cambio en el uso de suelo ha ocasionado la p\u00e9rdida del carbono almacenado en la biomasa de los matorrales, pero se ha observado que esos ecosistemas tienen alto potencial de regeneraci\u00f3n natural. Aunque los estudios son escasos, se ha podido mostrar que los matorrales s\u00f3lo recuperaron entre 26 y 40% del carbono a\u00e9reo despu\u00e9s de 25 a\u00f1os de regeneraci\u00f3n natural. En contraste, tambi\u00e9n se ha mostrado que la vegetaci\u00f3n secundaria tiene alto potencial para secuestrar carbono. Un matorral regenerado pudo capturar casi 1.3 veces m\u00e1s carbono a\u00e9reo, en comparaci\u00f3n con la vegetaci\u00f3n original despu\u00e9s de 30 a\u00f1os (Briones <em>et al<\/em>., 2019).<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/green-leafed-plant-2661685-scaled.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-9698\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/green-leafed-plant-2661685-scaled.jpg\" alt=\"\" width=\"350\" height=\"525\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/green-leafed-plant-2661685-scaled.jpg 1707w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/green-leafed-plant-2661685-200x300.jpg 200w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/green-leafed-plant-2661685-683x1024.jpg 683w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/green-leafed-plant-2661685-768x1152.jpg 768w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/green-leafed-plant-2661685-1024x1536.jpg 1024w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/green-leafed-plant-2661685-1365x2048.jpg 1365w\" sizes=\"auto, (max-width: 350px) 100vw, 350px\" \/><\/a><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 48\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<h4><\/h4>\n<h4>CONCLUSIONES<\/h4>\n<div class=\"page\" title=\"Page 48\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Aunque la informaci\u00f3n es relativamente escasa, los valores de carbono sit\u00faan a los ecosistemas des\u00e9rticos mexicanos en un lugar intermedio entre los desiertos del mundo y el bosque tropical seco. Debido a que los ecosistemas des\u00e9rticos ocupan m\u00e1s de 60% del territorio mexicano, el estudio del ciclo del carbono en los desiertos de M\u00e9xico es necesario para entender el papel que tienen actualmente en contribuir o disminuir el acelerado incremento de concentraci\u00f3n de CO<sub>2<\/sub> y los otros gases de invernadero en la atm\u00f3sfera.<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 48\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>A pesar de su gran importancia, existen grandes vac\u00edos de informaci\u00f3n sobre el ciclo del carbono en los desiertos de M\u00e9xico. Para acrecentar el conocimiento cient\u00edfico sobre el ciclo del carbono y transitar hacia un modelo de desarrollo sustentable con una econom\u00eda baja en carbono en las regiones des\u00e9rticas de M\u00e9xico y en el resto del pa\u00eds, es necesario incrementar sustancialmente la inversi\u00f3n en ciencia y la formaci\u00f3n de recursos humanos.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 42\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Instituto de Ecolog\u00eda, A.C.<br \/>\nContacto: oscar.briones@inecol.mx<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 48\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<h4><\/h4>\n<h4>REFERENCIAS<\/h4>\n<div class=\"page\" title=\"Page 48\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Briones, O., Perroni, Y., Bullock, S., <em>et al<\/em>. (2019). Matorrales y pastizales. En: Paz-Pellat, F., J.M. Hern\u00e1ndez-Ay\u00f3n, R. Sosa-\u00c1valos, et al. (Editores). <em>Estado del ciclo del carbono: agenda azul y verde. Programa Mexicano del Carbono<\/em>. Texcoco, Estado de M\u00e9xico, M\u00e9xico. 303-385 pp. Disponible en: http:\/\/pmcarbono.org\/pmc\/publicaciones\/eccm.php<br \/>\nBriones, O., B\u00farquez, A., Mart\u00ednez-Yr\u00edzar, A., <em>et al<\/em>. (2018). Biomasa y productividad en las zonas \u00e1ridas mexicanas. <em>Madera y Bosques<\/em>. 24: 1-19. Disponible en: http:\/\/myb.ojs.inecol.mx\/index. php\/myb\/article\/view\/e2401898<br \/>\nIntergovernmental Panel on Climate Change. (2019). <em>Special Report on Climate Change, Desertification, Land Degradation, Sustainable Land Management, Food Security, and Greenhouse gas fluxes in Terrestrial Ecosystems<\/em>. Draft: 07-08-2019. 41 pp. Disponible en: https:\/\/www.ipcc.ch\/ site\/assets\/uploads\/2018\/07\/sr2_back- ground_report_final.pdf<br \/>\nMonta\u00f1o, N.M., Ayala F., Bullock, S.H., <em>et al<\/em>. (2016). Almacenes y flujos de carbono en ecosistemas \u00e1ridos y semi\u00e1ridos de M\u00e9xico: s\u00edntesis y perspectivas. <em>Terra Latinoamericana<\/em> 34:39-59. Disponible en: https:\/\/www.terralatinoamericana.org.mx\/index.php\/terra\/ issue\/view\/12<br \/>\nRzedowski, J. (1978). <em>Vegetaci\u00f3n de M\u00e9xico. Limusa<\/em>. 432 pp. Disponible en: https:\/\/www.biodiversidad.gob. mx\/publicaciones\/librosDig\/pdf\/ VegetacionMx_Cont.pdf<br \/>\nSchlesinger, W.H., y Bernhardt, E.S. (2013). <em>Biogeochemistry: An analysis of global change<\/em>. 3rd edition. Elsevier. 503 pp.<br \/>\nWhite, R.P., y Nackoney, J. (2003). <em>Drylands, people, and ecosystem goods and services. A Web-based geospatial analysis<\/em>. World Resources Institute. 58 pp. Disponible en: http:\/\/ pdf.wri.org\/drylands.pdf<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00d3scar Luis Briones Villarreal* CIENCIA UANL \/ A\u00d1O 23, No.99 enero-febrero 2020 Por las perturbaciones humanas, la concentraci\u00f3n global del bi\u00f3xido de carbono (CO2) se increment\u00f3 de alrededor de 227 partes por mill\u00f3n (ppm) en 1759, a 405 ppm en 2017; es decir, se elev\u00f3 46%. El a\u00f1o 2016 fue el primero en el cual la concentraci\u00f3n de CO2 fue [&#8230;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[12],"tags":[],"class_list":["post-9689","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-curiosidad"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9689","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=9689"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9689\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9702,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9689\/revisions\/9702"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=9689"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=9689"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=9689"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}