{"id":8362,"date":"2018-11-12T14:21:57","date_gmt":"2018-11-12T20:21:57","guid":{"rendered":"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=8362"},"modified":"2018-11-21T12:15:39","modified_gmt":"2018-11-21T18:15:39","slug":"ciberacoso-en-adolescentes-escolarizados-en-el-estado-de-nuevo-leon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=8362","title":{"rendered":"Ciberacoso en adolescentes escolarizados en el estado de Nuevo Leo\u0301n"},"content":{"rendered":"<p class=\"p1\" style=\"text-align: right;\">Mar\u00eda Elena Villarreal Gonz\u00e1lez*, Juan Carlos S\u00e1nchez Sosa*,<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: right;\">Gonzalo Musitu Ochoa**, Luis Antonio Lucio L\u00f3pez*<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: right;\">CIENCIA UANL \/ A\u00d1O 21, No.92 noviembre-diciembre 2018<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/doi.org\/10.29105\/cienciauanl21.92-1\">https:\/\/doi.org\/10.29105\/cienciauanl21.92-1<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>RESUMEN<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">El objetivo del presente trabajo de investigaci\u00f3n fue analizar la prevalencia del ciberacoso en adolescentes escolarizados del nivel medio en el estado de Nuevo Le\u00f3n, en funci\u00f3n del sexo y de la condici\u00f3n (urbana y suburbana). La muestra estuvo constituida por 8,778 adolescentes de ambos sexos y de edades comprendidas entre los 11 y 16 a\u00f1os, a partir de un muestreo estratificado proporcional de 984 planteles educativos ubicados en las zonas urbanas y suburbanas del estado de Nuevo Le\u00f3n. Los resultados obtenidos revelan que 40.9% de los alumnos encuestados nunca han utilizado la violencia en redes, mientras que cerca de la mitad de los alumnos (49.6%) se\u00f1ala incurrir en ciberacoso de manera ocasional, mientras que 4.3% asume ciberacoso grave y muy grave, lo cual es preocupante por los efectos e implicaciones que genera no s\u00f3lo en los victimizados, sino tambi\u00e9n en las familias y el contexto escolar. Asimismo, se encontr\u00f3 que en las escuelas urbanas se presenta m\u00e1s ciberacoso que en las suburbanas. Tambi\u00e9n se confirm\u00f3 que los hombres son m\u00e1s acosadores en las redes sociales que las mujeres.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Palabras clave: <\/b>ciberacoso, adolescentes, redes sociales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>ABSTRACT<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\"><i>The objective of research was to analize the prevalence of ciberbullying in upper level schooled teenagers of the State of Nuevo Leon, according to sex and status (urban and suburban). The sample consisted by 8,778 teenagers of both sexes and ages between 11 and 16 years old from a stratified sample of 984 proportional educational stablisments of urban and suburban areas of the State of Nuevo Leon. The results show that 40.9% of surveyed students have never used the violence in networks, while near half of the students (49.6%) report to be engaged in cibebullying occasionally. The data also revealed that 4.3% assumes serious and very serious the ciberbullying, which is worrying for the effects and implications that generates not only in victimized, but also in families and school context. Aditionally, it was found that in urban schools is presented more than in suburban ciberbullying. Also, it was confirmed that men are more stalkers in social networking than women.<\/i><\/p>\n<p class=\"p1\"><b><i>Keywords: <\/i><\/b><i>Ciberbullying, teenagers, social networking.<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\">Cada vez est\u00e1 m\u00e1s extendido el uso de las tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n y la comunicaci\u00f3n (TIC), lo cual ha privilegiado el desarrollo de los individuos y las sociedades, generaliz\u00e1ndose en el acontecer diario de la vida de ni\u00f1os y adolescentes (Arnaiz <i>et al.<\/i>, 2016), generando con esto una preocupaci\u00f3n social por el uso de estas tecnolog\u00edas en este grupo de edad (Garaigordobil, 2015).<\/p>\n<p class=\"p1\">El Instituto Nacional de Estad\u00edstica y Geograf\u00eda en M\u00e9xico (2016) se\u00f1ala que 85.9% de los adolescentes de 12 a 17 a\u00f1os utiliza Internet con regularidad; adem\u00e1s, si consideramos que la telefon\u00eda m\u00f3vil es una de\u00a0las tecnolog\u00edas de mayor penetraci\u00f3n social, los problemas asociados al uso de las TIC se incrementan significativamente (Lucio y Gonz\u00e1lez, 2012; Garaigordobil, 2011). A este respecto, el Inegi (2016) reporta que 66.3% de los usuarios (dos de cada tres) cuenta con un tel\u00e9fono de los llamados \u201cinteligentes\u201d (<i>smartphone<\/i>), con conexi\u00f3n a Internet, propiciando con esto el incremento de conductas disruptivas en adolescentes, como el ciberacoso (Garaigordobil, 2011; 2015).<\/p>\n<p class=\"p1\">El ciberacoso es una de las modalidades de acoso digital m\u00e1s conocidas y utilizadas por los adolescentes para hacerse da\u00f1o entre s\u00ed. Se define como cualquier conducta agresiva e intencional que se repite de forma frecuente en el tiempo mediante el uso de dispositivos electr\u00f3nicos sobre una v\u00edctima que no puede defenderse por s\u00ed misma f\u00e1cilmente (Buelga y Ch\u00f3liz, 2013; Buelga <i>et al.<\/i>, 2015). Este tipo de acoso, hasta hace no mucho tiempo desconocido, ha aumentado de forma alarmante entre los adolescentes de todos los pa\u00edses desarrollados del mundo, a tal punto que es una preocupaci\u00f3n de todos los gobiernos su disminuci\u00f3n y prevenci\u00f3n por las graves consecuencias que tiene en los individuos, en las familias y en el \u00e1mbito escolar. Sullivan, un prestigioso psic\u00f3logo dec\u00eda: \u201cLos ni\u00f1os pueden ser crueles, pero armados con las nuevas tecnolog\u00edas pueden ser crueles a escala mundial\u201d (Sullivan, 2006). Lo cierto es que el ciberacoso es un nuevo tipo de acoso que como muy bien dec\u00eda Li: \u201cAn old wine on new bottle\u201d (Li, 2007), en donde el nuevo envase son los dispositivos electr\u00f3nicos o tecnol\u00f3gicos que sirven para acosar a la v\u00edctima, y el viejo problema es el acoso escolar.<\/p>\n<p class=\"p1\">El ciberacoso como acoso escolar se caracteriza por su intencionalidad de causar da\u00f1o, repetici\u00f3n de la conducta agresora y desequilibrio de poder entre el acosador y la v\u00edctima. De hecho, en muchos casos, hay una prolongaci\u00f3n de la experiencia de acoso escolar con el acoso cibern\u00e9tico de modo que los problemas de muchos ni\u00f1os y adolescentes en el contexto escolar se trasladan y siguen en el ciberespacio (Buelga y Ch\u00f3liz, 2013; Varela, 2012). As\u00ed, enfrentamientos que comienzan, por ejemplo, en el descanso escolar contin\u00faan ahora en redes sociales como Twitter, Facebook, correo electronico y mensajer\u00eda instant\u00e1nea (WhatsApp).<\/p>\n<p class=\"p1\">De cualquier forma, el ciberacoso, tambi\u00e9n conocido como acoso cibern\u00e9tico (Kowalski y Limber, 2007), tiene unas caracter\u00edsticas propias y diferentes al acoso escolar, que aumentan su potencial da\u00f1ino: anonimato del agresor, alcance y amplitud de espectadores, imposibilidad de huir y reproducci\u00f3n de la agresi\u00f3n indefinidamente. A diferencia del acoso escolar, donde la mayor\u00eda de las veces la v\u00edctima sabe a qui\u00e9n se enfrenta, en el ciberacoso, el agresor utiliza pseud\u00f3nimos o nombres falsos para acosar e intimidar a la v\u00edctima. Esta ocultaci\u00f3n de la identidad no s\u00f3lo propicia la agresi\u00f3n, sino tambi\u00e9n la impunidad del acosador. El agresor no percibe de forma directa e inmediata el dolor que provoca en la v\u00edctima, lo cual facilita una mayor violencia y crueldad en sus actos cibern\u00e9ticos.<\/p>\n<p class=\"p1\">Por otra parte, desde la perspectiva de la v\u00edctima, la invisibilidad del acosador acrecienta su indefensi\u00f3n al no saber realmente a qui\u00e9n se enfrenta, aunque la mayor\u00eda de las veces cree conocer su identidad. Este sentimiento de indefensi\u00f3n, de vulnerabilidad, y ahora tambi\u00e9n de humillaci\u00f3n, se potencia a\u00fan m\u00e1s por el car\u00e1cter p\u00fablico que tienen las ciberagresiones.<\/p>\n<p class=\"p1\">\u00c9stas pueden llegar r\u00e1pidamente a cientos, miles, millones de espectadores, que pueden convertirse, a su vez, en nuevos agresores. La reputaci\u00f3n social, tan importante para el adolescente, se ve muy afectada por este car\u00e1cter marcadamente p\u00fablico de las ciberagresiones. No existen lugares seguros para evitar las agresiones p\u00fablicas; \u00e9stas pueden aparecer en cualquier lugar del escenario virtual y en cualquier momento del d\u00eda durante las 24 horas. Los mensajes o im\u00e1genes difundidas en la red pueden recuperarse y, por tanto, revivirse una y otra vez, lo que hace que el da\u00f1o de la agresi\u00f3n permanezca en el tiempo, ampliando sus efectos sobre la v\u00edctima (Buelga <i>et al.<\/i>, 2015).<\/p>\n<p class=\"p1\">El alcance p\u00fablico de las ciberagresiones, con la p\u00e9rdida de control sobre las mismas, y la humillaci\u00f3n personal y social producida por la situaci\u00f3n vivida, puede ser tan nociva para el adolescente, que en casos m\u00e1s extremos puede llegar al suicidio. En M\u00e9xico, la Secretar\u00eda de Salud (2016) estima que m\u00e1s de 59% de los suicidios podr\u00eda ser ocasionado por el acoso f\u00edsico, psicol\u00f3gico y cibern\u00e9tico, principalmente en entidades como el Estado de M\u00e9xico, Jalisco, Ciudad de M\u00e9xico, Veracruz, Guanajuato, Chihuahua, Nuevo Le\u00f3n, Puebla y Tabasco.<\/p>\n<p class=\"p1\">Las formas de intimidar y de acosar en el ciberespacio son muy variadas y, como en el acoso tradicional, pueden agruparse a lo largo de un continuum seg\u00fan la gravedad de la acci\u00f3n realizada. En el extremo m\u00e1s severo podr\u00edan incluirse aquellas agresiones que penalmente son constitutivas de un delito, como las acciones que van en contra de la integridad moral de la v\u00edctima (injurias, calumnias, amenazas, coacciones), o delitos contra la intimidad de la v\u00edctima. El hecho es que hay muchos tipos de ciberagresiones, los cuales, la mayor\u00eda de las veces, los adolescentes desconocen, no s\u00f3lo el alcance psicol\u00f3gico de las mismas, sino tambi\u00e9n las consecuencias jur\u00eddicas que muchas de \u00e9stas pueden llegar a tener para los adolescentes implicados y para su familia.<\/p>\n<p class=\"p1\">Una de las primeras clasificaciones de ciberagresiones ha sido realizada por la abogada y directora del Center for Safe and Responsable Internet Use, Nancy Willard (2006; 2007). Esta autora ha catalogado las conductas de ciberacoso en los siguientes tipos: <i>1) <\/i>hostigamiento (env\u00edo repetido de mensajes ofensivos o humillantes a la v\u00edctima); <i>2) <\/i>denigraci\u00f3n (env\u00edo o difusi\u00f3n de rumores o informaciones falsas sobre la v\u00edctima con el fin de da\u00f1ar su reputaci\u00f3n o su c\u00edrculo de amistades); <i>3) <\/i>suplantaci\u00f3n de la identidad (env\u00edo de mensajes maliciosos haci\u00e9ndose pasar por la v\u00edctima para mancillar su reputaci\u00f3n o para involucrarla en problemas); <i>4) <\/i>violaci\u00f3n de la intimidad (difusi\u00f3n de secretos, informaciones o im\u00e1genes embarazosas de la v\u00edctima); <i>5) <\/i>exclusi\u00f3n social (exclusi\u00f3n deliberada y cruel de la v\u00edctima de grupos en linea); <i>6) <\/i>ciberpersecuci\u00f3n (env\u00edo repetido de mensajes amenazantes o intimidantes con el fin de provocar miedo real en la v\u00edctima).<\/p>\n<p class=\"p1\">Kowalski, Limber y Agatston (2010) han propuesto la misma clasificaci\u00f3n, a\u00f1adiendo la ciberagresi\u00f3n de golpiza feliz (<i>happy slapping<\/i>). Este tipo de agresi\u00f3n, que se dio a conocer en 2005 (luego de suceder en un medio de transporte de Inglaterra), consiste en grabar por el m\u00f3vil una golpiza con el fin de difundirla m\u00e1s tarde por Internet.<\/p>\n<p class=\"p1\">L\u00f3gicamente, debido a las consecuencias tan graves que tiene estas nuevas formas de acoso entre los iguales, existe un inter\u00e9s creciente en la investigaci\u00f3n actual en el estudio de la prevalencia de esta problem\u00e1tica a nivel mundial (Garaigordobil, 2011; Buelga y Pons, 2012). Los investigadores concuerdan en afirmar que la incidencia del ciberacoso ha aumentado de forma muy importante en esta primera d\u00e9cada del siglo XXI (Buelga y Pons, 2012). Las razones que revelan el aumento de este nuevo problema mundial se explican, entre otros, por la enorme expansi\u00f3n de los dispositivos tecnol\u00f3gicos en la sociedad actual, y en particular, por su penetraci\u00f3n en los hogares de las familias, a los cuales, los ni\u00f1os acceden a edades cada vez m\u00e1s tempranas. Como Cervera (2009) ha apuntado, mientras los padres utilizan Internet, los hijos viven en Internet, y tienen m\u00e1s oportunidades para utilizar de forma inadecuada las TIC, sin la supervisi\u00f3n apropiada de los padres.<\/p>\n<p class=\"p1\">Esta tendencia de incremento en la incidencia del ciberacoso es reflejada por el hecho de que, en Espa\u00f1a, durante 2010, Buelga, Cava y Musitu (2010) reportaron una incidencia de victimizaci\u00f3n de 26.8%, la cual se incrementa a 30% durante 2011, de acuerdo a Est\u00e9vez <i>et al. <\/i>(2011). En M\u00e9xico, un estudio de la Universidad de Guadalajara (2015) revela que 38% de estudiantes recibe insultos permanentemente por la red; 29% fue ridiculizado; 25% fue acosado sexualmente; 15% recibi\u00f3 amenazas y 18% sufri\u00f3 el robo de sus contrase\u00f1as. El estudio tambi\u00e9n devel\u00f3 que 32% de las agresiones que existen en el ciberbullying son originadas por conflictos desarrollados en el \u00e1mbito escolar. Siguiendo con\u00a0este estudio, se confirm\u00f3 que el tel\u00e9fono celular es actualmente la herramienta m\u00e1s utilizada para ejercer el ciberhostigamiento, ya que el acceso a Internet a trav\u00e9s del <i>smartphone <\/i>permite prolongar el acoso de manera casi ilimitada, lo que sin duda genera efectos psicol\u00f3gicos devastadores en la v\u00edctima (Garaigordobil, 2011; Lucio y Gonz\u00e1lez, 2012). Estos datos vienen a confirmar el incremento del ciberacoso entre ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes. Si en 2010 los estudios aseguraban que m\u00e1s de 25% de los adolescentes era v\u00edctima del ciberacoso entre iguales, los \u00faltimos estudios a 2015 sit\u00faan el porcentaje en casi 40% (Buelga <i>et al.<\/i>, 2015).<\/p>\n<p class=\"p1\">Otro foco de enorme inter\u00e9s es el estudio de las diferencias de sexo. En relaci\u00f3n a los agresores, las investigaciones concuerdan m\u00e1s en se\u00f1alar que hay una mayor prevalencia de agresores de sexo masculino (Navarro, 2009). En esta l\u00ednea, Del R\u00edo <i>et al. <\/i>(2010) han constatado, en su trabajo con adolescentes latinoamericanos, que 22.4% de los hombres, frente a 13.4% de mujeres, han utilizado el m\u00f3vil o el Messenger para acosar a sus iguales. A este respecto, Buelga y Pons (2012) refieren que los adolescentes acosan m\u00e1s en conductas de hostigamiento, de persecuci\u00f3n y de difusi\u00f3n de im\u00e1genes degradantes sobre la v\u00edctima. En otras conductas m\u00e1s indirectas y relacionales, estos autores no han hallado diferencias de g\u00e9nero.<\/p>\n<p class=\"p1\">En conclusi\u00f3n, el ciberacoso es un problema que est\u00e1 aumentado de forma muy importante en todos los pa\u00edses desarrollados, siendo necesario revelar todav\u00eda muchas cuestiones pendientes para prevenir este tipo de conducta entre los adolescentes del mundo. Teniendo en cuenta estos antecedentes, y constatado el inter\u00e9s cient\u00edfico de analizar la prevalencia del ciberacoso en los diversos escenarios, la presente investigaci\u00f3n se propone como objetivo analizar la prevalencia de la violencia en redes sociales por zona (urbana y suburbana) y por g\u00e9nero (hombres y mujeres) en el estado de Nuevo Le\u00f3n, M\u00e9xico.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>MET\u00d3DO<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">El dise\u00f1o de este estudio fue descriptivo y transversal.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Participantes<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">Para la selecci\u00f3n de la muestra se utiliz\u00f3 un muestreo estratificado proporcional en funci\u00f3n de centros educativos urbanos y suburbanos que constitu\u00edan un universo de 984 centros. Obteniendo una muestra de 8,778 alumnos pertenecientes a 118 centros (62 urbanos y 56\u00a0suburbanos), de los cuales 5,557 se ubicaban en escuelas urbanas (63.3%) y 3,221 en escuelas suburbanas (36.7%); en cuanto al sexo, la muestra fue de 4,489 (51.1%) hombres y 4,289 (48.86%) mujeres. La clasificaci\u00f3n de la ubicaci\u00f3n de los centros obedeci\u00f3 a par\u00e1metros determinados por la Secretar\u00eda de Educaci\u00f3n de Nuevo Le\u00f3n, considerando escuelas urbanas aquellas ubicadas en los siguientes municipios: Apodaca, Garc\u00eda, Escobedo, Guadalupe, Monterrey, San Nicol\u00e1s de los Garza, San Pedro y Santa Catarina. La muestra de planteles suburbanos fue seleccionada del resto de municipios del estado.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Procedimiento<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">Se llev\u00f3 a cabo la planificaci\u00f3n y desarrollo del proyecto entre la Universidad Aut\u00f3noma de Nuevo Le\u00f3n (UANL) y la Secretar\u00eda de Educaci\u00f3n (SE) del mismo estado. La SE convoc\u00f3 a los inspectores de las diversas regiones estatales para comunicarles el inicio de esta investigaci\u00f3n y que a su vez informasen a sus directores respecto del inter\u00e9s y la pertinencia del proyecto de manera que se concediera el acceso a los investigadores de la UANL para la administraci\u00f3n de los instrumentos de medida. Una vez informados y concedidos los permisos, se administraron los instrumentos a los centros seleccionados, en los que ya se hab\u00eda obtenido el permiso de padres y alumnado para llevar a cabo la presente investigaci\u00f3n. En aquellas aulas en las que hab\u00eda ni\u00f1os o ni\u00f1as con problemas de lectura y comprensi\u00f3n, la administraci\u00f3n fue individualizada y llevada a cabo por personal capacitado de la UANL. Tambi\u00e9n se comunic\u00f3 a todo el alumnado que su participaci\u00f3n era voluntaria y an\u00f3nima y que pod\u00edan rehusar a participar en el momento que lo consideraran. El total de alumnos que rechaz\u00f3 participar en el proyecto fue de 19 (.21%).<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Instrumentos<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">Escala de violencia a trav\u00e9s de Internet (CYB-AG; Buelga y Pons, 2012). Escala de diez \u00edtems que eval\u00faa un \u00edndice general de ciberacoso (\u00edtems 1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + 7 + 8 + 9 + 10), con un rango de respuesta de 1 a 5 (nunca \u20130 veces\u2013, pocas veces \u2013entre 1 y 2\u2013, algunas \u2013entre 3 y 5\u2013, bastantes \u2013entre 6 y 10\u2013 y muchas \u2013m\u00e1s de 10\u2013). Del total de la escala se obtiene el \u00edndice de ciberacoso. La escala de violencia a trav\u00e9s de Internet presenta una adecuada consistencia interna; <i>alpha <\/i>de Cronbach= .88 (Universidad de Guadalajara, 2015), .89 (Lucio y Gonz\u00e1lez, 2012). Esta escala correlaciona positivamente con la implicaci\u00f3n en conductas delictivas y violentas dentro y fuera de la escuela y con\u00a0conflicto familiar, y negativamente con satisfacci\u00f3n con la vida, con cohesi\u00f3n familiar y con apoyo social comunitario (Lucio y Gonz\u00e1lez, 2012).<\/p>\n<p class=\"p1\">Intensidad del ciberacoso. Se evalu\u00f3 con dos preguntas con seis opciones de respuesta cada una, que oscilaban entre nunca, una sola vez, 2 o 3 veces, 1 o 2 veces al mes, 1 o 2 veces a la semana, y todos o casi todos los d\u00edas. Las cuatro \u00faltimas modalidades de respuesta permiten evaluar el ciberacoso moderado (menos de una agresi\u00f3n por semana), y el ciberacoso severo (m\u00e1s de una agresi\u00f3n por semana).<\/p>\n<p class=\"p1\">Duraci\u00f3n del ciberacoso. Se evalu\u00f3 con dos preguntas con cuatro opciones de respuesta cada una de ellas: nunca, un mes (o menos), entre 3 y 6 meses y un a\u00f1o (o m\u00e1s).<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>RESULTADOS<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">En este apartado presentan los resultados relacionados con la violencia en las redes sociales en la muestra total, escuelas urbanas y suburbanas y por g\u00e9nero.<\/p>\n<p class=\"p1\">En la figura 1 se muestran los resultados obtenidos en la muestra total respecto de la violencia en las redes sociales. Se observa que en las categor\u00edas de no violencia en las redes sociales y violencia ocasional se encuentra 90.5% (7,932). En cuanto a la violencia de riesgo, el porcentaje fue de 5.3% (463). Finalmente, la violencia grave y muy grave se sit\u00faa con 4.3% (374), de los cuales 2.3% (203) corresponde a la violencia grave, y 2.0% (171) a la muy grave. En este rubro se reportaron nueve casos perdidos.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/figura1-e1542052279579.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-8363 aligncenter\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/figura1-e1542052279579.png\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"389\" \/><\/a><\/p>\n<p class=\"p1\">En la figura 2 se observan los datos sobre las escuelas urbanas en las que se reporta que la no violencia y la violencia ocasional en las redes sociales es de 89.7% (4,980). La violencia de riesgo supone 5.7% (315) y la grave y muy grave es de 4.7% (259), present\u00e1ndose tres casos perdidos en estos datos.<a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/figura2-e1542052359266.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-8364 aligncenter\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/figura2-e1542052359266.png\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"318\" \/><\/a><\/p>\n<p class=\"p1\">Respecto a las escuelas suburbanas, en la figura 3 se observa que en las categor\u00edas de no violencia en las redes sociales y violencia ocasional se encuentra 91.8% (2,952). En la de riesgo se encuentra 4.6% (148), y en la grave y muy grave se sit\u00faan en 3.6% (115), de los cuales 1.7% (54) corresponde a la violencia grave y 1.9% (61) a la muy grave, contando con seis valores perdidos.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/figura3-e1542052416699.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-8365 aligncenter\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/figura3-e1542052416699.png\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"325\" \/><\/a><\/p>\n<p class=\"p1\">En las figuras 4 y 5 se describen los porcentajes presentados en las escuelas urbanas en cuanto a sexo en las categor\u00edas de Violencia de riesgo, as\u00ed como de la Violencia de riesgo grave y muy grave. En ambos casos se observa una mayor violencia en hombres que en mujeres. En estos datos se present\u00f3 un caso perdido en Violencia de riesgo y dos en el caso de Violencia grave y muy grave.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/figura4-e1542053043824.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-8367 aligncenter\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/figura4-e1542053043824.png\" alt=\"\" width=\"550\" height=\"322\" \/><\/a><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/figura5-e1542053125834.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-8369 aligncenter\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/figura5-e1542053125834.png\" alt=\"\" width=\"550\" height=\"349\" \/><\/a><\/p>\n<p class=\"p1\">Para las figuras 6 y 7 los resultados arrojados para las escuelas suburbanas en cuanto a sexo en las categor\u00edas de Violencia de riesgo, as\u00ed como de la Violencia de riesgo grave y muy grave, muestran una tendencia similar a los datos encontrados en las escuelas urbanas en donde sigue prevaleciendo una mayor violencia en hombres que en mujeres, arrojando seis valores perdidos en el rubro de violencia de riesgo.<a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/figura6-e1542053168348.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-8370 aligncenter\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/figura6-e1542053168348.png\" alt=\"\" width=\"550\" height=\"298\" \/><\/a><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/figura7-e1542053205790.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-8371 aligncenter\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/figura7-e1542053205790.png\" alt=\"\" width=\"550\" height=\"405\" \/><\/a><\/p>\n<p class=\"p1\"><b>DISCUSI\u00d3N<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">Al igual que sucediera con otras tecnolog\u00edas de la comunicaci\u00f3n como el tel\u00e9fono por cable a principios del siglo XX, la aparici\u00f3n de nuevas tecnolog\u00edas de la comunicaci\u00f3n (Internet y tel\u00e9fono m\u00f3vil) suscita el inter\u00e9s por determinar su alcance en las relaciones sociales. En el caso de los adolescentes escolarizados y el estudio del ciberacoso, este inter\u00e9s se traslada hacia las nuevas formas de violencia que pueden estar produci\u00e9ndose en este grupo de edad, m\u00e1xime cuando este grupo pertenece plenamente a una sociedad digital y en cuyo seno se han socializado desde el principio.<\/p>\n<p class=\"p1\">El objetivo de este estudio era analizar el acoso entre iguales en la adolescencia a trav\u00e9s de medios no presenciales o virtuales (Internet). No obstante, es preciso tener en cuenta que para el an\u00e1lisis de los datos se requiere contemplar la definici\u00f3n cient\u00edfica del ciberacoso en la que se considera que para que exista este hecho se requiere que converjan los criterios de intencionalidad, persistencia y desequilibrio de poder (Navarro, 2009; Del R\u00edo <i>et al.<\/i>, 2010). As\u00ed, por ejemplo, estudios recientes que refieren cifras entre 30 y 40% (citas) no incorporan estos criterios, por lo que los porcentajes no reflejan la realidad con exactitud. En el presente estudio el ciberacoso grave es de 2.3% y el muy grave de 2.0%. Obviamente, esta discrepancia con los trabajos antes citados pensamos que es atribuible, adem\u00e1s de a la no incorporaci\u00f3n de los criterios cient\u00edficos antes mencionados, al punto de corte que los cient\u00edficos sociales utilizan para hacer el diagn\u00f3stico de esta problem\u00e1tica social. De hecho, si en el presente estudio incorpor\u00e1semos al ciberacoso grave y muy grave, el de riesgo y el ocasional no s\u00f3lo se obtendr\u00edan esas cifras, sino que las superar\u00edan.<\/p>\n<p class=\"p1\">No obstante, consideramos que muchas de las conductas que los adultos contemplan como violentas, en el mundo de los adolescentes realmente no lo son. De hecho, en la comunidad cient\u00edfica en la que se estudia este tr\u00e1nsito de vida se admite que muchas de las conductas violentas y disruptivas de los adolescentes forman parte de este proceso evolutivo y, en muchos casos, son adaptativas, en la medida en que los adolescentes exploran en sus relaciones con sus iguales los efectos y los l\u00edmites de sus conductas. Es decir, son conductas exploratorias que ayudan al adolescente a definir adecuadamente los l\u00edmites en sus relaciones interpersonales y, lo que probablemente es m\u00e1s importante, a construir su propia identidad (Buelga y Pons, 2012; Del R\u00edo <i>et al<\/i>., 2010).<\/p>\n<p class=\"p1\">Sin embargo, consideramos que la cifra de 2% del ciberacoso muy grave obtenida en el presente estudio es altamente preocupante por sus efectos e implicaciones y en la que, sin demoras, se deben invertir grandes recursos materiales y humanos a trav\u00e9s de las instituciones y las pol\u00edticas p\u00fablicas. Para mostrar realmente el alcance de esta cifra, en el estado de Nuevo Le\u00f3n, donde se ha desarrollado el presente estudio, bastar\u00eda con calcular 2% de su universo de adolescentes\u00a0(265,987), se obtendr\u00eda la cifra de 5,319 ciberacosadores, lo cual es altamente preocupante porque a este guarismo habr\u00eda que a\u00f1adir a los victimizados, a los iguales que participan activamente y a los testigos, as\u00ed como al profesorado y a las familias de unos y otros.<\/p>\n<p class=\"p1\">Es necesario considerar tambi\u00e9n que el ciberacoso afecta seriamente los estados emocionales como el malestar psicol\u00f3gico e incluso el suicido, puesto que las caracter\u00edsticas del ciberacoso como el anonimato, posibilita una mayor violencia y crueldad en el agresor y acrecenta, l\u00f3gicamente, la sensaci\u00f3n de indefensi\u00f3n en la v\u00edctima, adem\u00e1s de facilitar la insensibilizaci\u00f3n hacia el da\u00f1o generado; por otra parte, el alcance y la amplitud de espectadores que pueden tener acceso a las ciberagresiones potencia el sentimiento de vulnerabilidad y humillaci\u00f3n en la v\u00edctima, adem\u00e1s de generar malestar psicol\u00f3gico y una sensaci\u00f3n de indefensi\u00f3n al no poder escapar de las ciberagresiones.<\/p>\n<p class=\"p1\">En relaci\u00f3n a esto, Mitchell <i>et al. <\/i>(2016) observaron, en una muestra representativa de ni\u00f1os que utilizaban internet en Europa, que hab\u00eda una asociaci\u00f3n entre la visualizaci\u00f3n del contenido de la Web relacionada con el suicidio y el malestar psicol\u00f3gico en las ciberv\u00edctimas, y tambi\u00e9n en aquellos que desempe\u00f1an una doble funci\u00f3n (v\u00edctima-acosador), pero no en los ciberacosadores. Estos resultados son, a nuestro juicio, muy interesantes en la medida en que invitan a padres y madres a ejercer una mayor supervisi\u00f3n y control en el uso de las redes sociales en preadolescentes y adolescentes y, obviamente, a incorporar en los programas educativos de los centros de ense\u00f1anza las implicaciones y efectos del uso y abuso de las tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n. Al menos se tiene una cierta claridad en el hecho de que la larga exposici\u00f3n al ciberacoso, as\u00ed como el n\u00famero ilimitado de espectadores, incrementan el malestar psicol\u00f3gico y las ideas suicidas en las ciberv\u00edctimas.<\/p>\n<p class=\"p1\">Respecto al ciberacoso en los contextos urbanos y suburbanos, es de inter\u00e9s subrayar que el ciberacoso es levemente superior en las escuelas urbanas que en la muestra total y que en las escuelas suburbanas. Este resultado es muy sugerente desde un punto de vista cient\u00edfico, y que, a nuestro juicio, requerir\u00eda de una mayor profundizaci\u00f3n. Se podr\u00eda pensar que en el contexto urbano se incorporaron con mayor aceleraci\u00f3n estas nuevas tecnolog\u00edas, o bien, que en el contexto suburbano existe una mayor supervisi\u00f3n parental y por ende un mayor control en el uso de estas nuevas tecnolog\u00edas, lo que favorece los supuestos conceptuales que sustentan la tesis de que una comunicaci\u00f3n parental positiva favorece la autoestima del adolescente en el seno familiar representando un factor de protecci\u00f3n (Espinosa <i>et al.<\/i>,\u00a02015; Ortega, Buelga y Cava, 2016; Cerna, Machackova y Dedkova, 2016). En un estudio realizado por Knopf (2015) se constat\u00f3 que los adolescentes que regularmente cenaban con sus padres reportaron menos ciberacoso. Los resultados de este estudio mostraron que la calidad de la comunicaci\u00f3n en el entorno familiar desempe\u00f1a un papel importante en la incidencia de la cibervictimizaci\u00f3n, no tanto por el hecho puntual de \u201ccenar en familia\u201d, sino porque es un indicador significativo de su buen funcionamiento. De hecho, se ha constatado que un deterioro en el funcionamiento familiar, contribuye no s\u00f3lo a una mayor vulnerabilidad en la v\u00edctima, sino tambi\u00e9n a una mayor duraci\u00f3n del acoso cibern\u00e9tico debido, en parte, a la falta de apoyo familiar para enfrentar el problema (Ortega, Buelga y Cava, 2016).<\/p>\n<p class=\"p1\">Respecto del sexo, en la categor\u00eda de riesgo, se observ\u00f3 que los hombres de las escuelas urbanas y suburbanas presentan resultados similares, aunque algo superior en las primeras. En las mujeres sucede el mismo fen\u00f3meno, con la excepci\u00f3n de que en ambos casos su frecuencia es notablemente inferior a la de los hombres. En relaci\u00f3n con la violencia grave y muy grave, el porcentaje de los hombres en los contextos urbanos y suburbanos es similar, e igualmente acontece entre las mujeres de ambos contextos, con la salvedad, muy significativa a nuestro juicio, de que en los hombres de ambos contextos el porcentaje de ciberacoso es muy superior al de las mujeres. Estos resultados son coincidentes con otros trabajos en otras culturas.<\/p>\n<p class=\"p1\">Finalmente, un aspecto que consideramos de inter\u00e9s referir es el hecho de que el porcentaje de ciberacoso y el de acoso escolar son muy similares, aunque algo superior en el caso del primero (S\u00e1nchez, Villarreal y Musitu, s\/a). En este sentido, se ha constatado que las relaciones entre ciberacoso y acoso son superiores a .47 (Garaigordobil, 2011), lo cual viene a indicar que los acosadores de las relaciones entre iguales en el aula son tambi\u00e9n ciberacosadores.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>AGRADECIMIENTOS<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">Este trabajo se ha llevado a cabo con la financiaci\u00f3n de la Secretar\u00eda de Educaci\u00f3n del Estado de Nuevo Le\u00f3n y la Universidad Aut\u00f3noma de Nuevo Le\u00f3n, en el marco del Convenio de la Red Iberoamericana para el Estudio de la Violencia en la Adolescencia (RIEVA).<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: right;\">* Universidad Aut\u00f3noma de Tamaulipas.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: right;\">*Universidad Pablo de olavide, Sevilla, Espa\u00f1a Contacto: maria.villarrealgl@uanl.edu.mx<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>REFERENCIAS<\/b><\/p>\n<p class=\"p1\">Arnaiz, P., Cerezo, F., Gim\u00e9nez, A., <i>et al<\/i>. (2016). Conductas de ciberadicci\u00f3n y experiencias de cyberbullying entre adolescentes. <i>Anales de Psicolog\u00eda. <\/i>32(3): 761- 769. http:\/\/dx.doi.org\/10.6018\/analesps.32.3.217461<\/p>\n<p class=\"p1\">Buelga, S., Cava, M.J., y Musitu, G. (2010). Cyberbullying: victimizaci\u00f3n entre adolescentes a trav\u00e9s del tel\u00e9fono m\u00f3vil y de Internet. <i>Psicothema. <\/i>22:784-789.<\/p>\n<p class=\"p1\">Buelga S., y Pons, J. (2012). Aggressions among adolescents through mobile phone and Internet. <i>Psychosocial Intervention. <\/i>Disponible en http:\/\/www.copmadrid.org\/ webcopm\/publicaciones\/social\/inFO2012v21n1a2.pdf<\/p>\n<p class=\"p1\">Buelga, S., y Ch\u00f3liz, M. (2013). El adolescente frente a las nuevas tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n y de la comunicaci\u00f3n. En G. Musitu (ed.), <i>Adolescencia y familia: nuevos retos en el siglo XXI. <\/i>M\u00e9xico: Trillas. 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