{"id":7264,"date":"2017-10-24T16:41:09","date_gmt":"2017-10-24T21:41:09","guid":{"rendered":"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=7264"},"modified":"2017-11-24T16:46:58","modified_gmt":"2017-11-24T22:46:58","slug":"la-ecologia-como-ciencia-social","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=7264","title":{"rendered":"La ecolog\u00eda como ciencia social"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-7266\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/ecologia_ciencia_social.png\" alt=\"\" width=\"978\" height=\"373\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/ecologia_ciencia_social.png 978w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/ecologia_ciencia_social-300x114.png 300w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/ecologia_ciencia_social-768x293.png 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 978px) 100vw, 978px\" \/><\/p>\n<p>Daniel Sifuentes Espinoza*<\/p>\n<p>CIENCIA UANL \/ A\u00d1O 20, No. 84, abril-junio 2017 65<\/p>\n<p>Los animales y las plantas, a diferencia de las m\u00e1quinas, pueden alimentarse y repararse a s\u00ed mismos, adaptarse a nuevas influencias y reproducirse. Estas facultades dependen de las relaciones rec\u00edprocas muy complejas entre las diferentes partes que conforman un organismo. Aquello que afecta a una parte del cuerpo, lo afecta todo; sin embargo, aun con todos los mecanismos de la vida integral, la planta o el animal en forma individual no pueden vivir como entidades aisladas, sino que dependen del medio ambiente. El estudio de las acciones rec\u00edprocas entre sistemas vivos y su medio ambiente constituye la ciencia de la ecolog\u00eda (Turk, Turk y Wittes, 1984).<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino ecolog\u00eda proviene de la palabra griega oikos (que significa casa o habitaci\u00f3n); comenz\u00f3 a ser usada en la segunda mitad del siglo XIX en las obras de zo\u00f3logos y bot\u00e1nicos. Fue definido originalmente por Ernest Haeckel como \u201cel cuerpo de conocimientos que trata de las relaciones entre los organismos y su ambiente org\u00e1nico e inorg\u00e1nico\u201d e interpretada como la econom\u00eda de la naturaleza. Con el paso del tiempo, la estructura de esa definici\u00f3n ha sufrido m\u00faltiples cambios que reflejan una intenci\u00f3n de adecuarla a las necesidades del momento, pero tambi\u00e9n como un resultado del enriquecimiento cognoscitivo procedente de innumerables investigaciones efectuadas en diversas partes del mundo. Estas definiciones concurren impl\u00edcitamente en un t\u00e9rmino y un objetivo comunes que subyace en todas ellas: el concepto de interrelaci\u00f3n y la finalidad de describir los principios que gobiernan ese concepto entre los organismos y su ambiente (Gallopin, 1986).<\/p>\n<p>Las proposiciones consideradas en distintos tiempos y lugares para unificar los estudios ecol\u00f3gicos, esto es, organismos, poblaciones, comunidades, ecosistemas y naturaleza, se explican en gran medida por el hecho de que la ecolog\u00eda es una ciencia de origen m\u00faltiple, lo que\u00a0muestra su car\u00e1cter de ciencia de s\u00edntesis desde su mismo nacimiento. Dicho en otros t\u00e9rminos, la ecolog\u00eda es, en cierto modo, hist\u00f3rica y operativamente m\u00e1s abierta a la influencia de otras disciplinas (Gallopin, 1986).<\/p>\n<p>El concepto de interrelaci\u00f3n, entonces, constituye un elemento inicial en el estudio de los procesos ecol\u00f3- gicos, pues todo organismo vivo necesita tener acceso a sus fuentes de subsistencia. Sin embargo, para poder entender los principios que regulan esa relaci\u00f3n, es necesario incorporar un nuevo concepto, inextricablemente coludido con el anterior: el de interdependencia.<\/p>\n<p>El ser humano posee una tendencia inherente a preservar y expandir su vida hasta el m\u00e1ximo que le permitan las circunstancias externas, pero esto requiere la existencia de una mutua accesibilidad entre las partes. Esta condici\u00f3n, que se da en todas las formas de vida, adquiere, en el caso del ser humano, un grado de excepcional importancia, debido a su prolongado tiempo para alcanzar la madurez. Esta simbiosis ser humano-naturaleza ha dado lugar, a su vez, a la existencia de unidades de an\u00e1lisis como la de ecosistema. Otros autores han ampliado ese concepto y lo han elevado a la categor\u00eda de ser la unidad de estudio de la Ecolog\u00eda. Por ejemplo, Vicente S\u00e1nchez (1986) define ecosistema como el sistema abierto integrado por todos los organismos vivos, incluido el ser humano, y los elementos no vivientes de un sector ambiental, definido en el tiempo y el espacio cuyas propiedades globales de funcionamiento y autorregulaci\u00f3n derivan las interacciones entre los componentes, tanto pertenecientes a los sistemas naturales como aquellos modificados u organizados por el ser humano.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Gilberto Gallopin (1986), el ecosistema pas\u00f3 a ser el enfoque preponderante en los estudios ecol\u00f3gicos a partir de los a\u00f1os cincuenta del siglo XX debido sobre todo a la influencia recibida de la Teor\u00eda General de Sistemas creada por Ludwig von Bertalanffy, quien consider\u00f3 todos los sistemas biol\u00f3gicos como sistemas abiertos, caracterizados por un continuo intercambio con su ambiente, lo que les permite orientarse hacia niveles superiores de organizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Durante mucho tiempo el ser humano y la naturaleza han operado en una armon\u00eda relativa, es decir, han manifestado una condici\u00f3n de equilibrio en la que la funci\u00f3n de cada una de las partes es mutuamente complementaria, creando as\u00ed las condiciones necesarias para la continuidad de cada una de ellas. El n\u00famero de individuos dedicados a cada funci\u00f3n es el suficiente para mantener las relaciones entre s\u00ed, y las distintas unidades est\u00e1n ordenadas en el tiempo y en el espacio de tal modo que la accesibilidad de una a otra guarda relaci\u00f3n directa con la frecuencia de los intercambios (Gallopin, 1986).<\/p>\n<p>Amos Turk, Jonathan Turk y Janet Wittes (1984) consideran que los ecosistemas no siempre est\u00e1n o deben estar necesariamente en equilibrio. De hecho, todos los ecosistemas fluct\u00faan en forma natural. Factores como el clima, las erupciones volc\u00e1nicas, terremotos, la salinidad del agua de mar, los incendios forestales, etc., se han manifestado desde hace miles de a\u00f1os arrastrando tras de s\u00ed poblaciones enteras de organismos vivientes y han trastocado severamente muchos ecosistemas que permanec\u00edan en equilibrio. En este sentido, su posibilidad de sobrevivencia depende de su capacidad de adaptaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A pesar de esas fluctuaciones, la naturaleza perfeccion\u00f3 sus mecanismos autorreguladores tendientes hacia la recuperaci\u00f3n del equilibrio roto, en el pasado inmediato. Esta visi\u00f3n optimista de la capacidad de regeneraci\u00f3n de la naturaleza ha quedado plasmada en forma art\u00edstica en la novela Resurrecci\u00f3n de Le\u00f3n Tolstoi: \u201cIn\u00fatilmente, millones de hombres agrupados en su peque\u00f1o espacio, se esforzaban en mutilar la tierra en que viv\u00edan; in\u00fatilmente aplastaban todo signo de germinaci\u00f3n; in\u00fatilmente arrasaban hasta la \u00faltima brizna de hierba; in\u00fatilmente saturaban el aire de humos y petr\u00f3- leo; in\u00fatilmente talaban los \u00e1rboles: la primavera segu\u00eda siendo la primavera. Brillaba el sol y la hierba surg\u00eda por todas partes\u201d. Si la naturaleza pose\u00eda la capacidad de renovarse constantemente, s\u00f3lo cab\u00eda pensar en la presencia de un elemento perturbador \u201cexterno\u201d que con su acci\u00f3n efectuase la inestabilidad y aun pusiese la existencia misma en peligro de extinci\u00f3n, provocando cambios sustanciales, en ciertos casos irreversibles en el medio ambiente. Si en el pasado la adecuaci\u00f3n ser humano-naturaleza se desarrollaba conforme a pautas espont\u00e1neas y progresivas, en la actualidad resulta m\u00e1s dif\u00edcil de realizarse debido a que la aceleraci\u00f3n del cambio tecnol\u00f3gico y social no es acompa\u00f1ada de su correspondiente adecuaci\u00f3n ecol\u00f3gica. En las comunidades antiguas, inclusive todav\u00eda hasta el siglo XVIII, la adecuaci\u00f3n de las formas culturales al entorno natural se alcanzaba tras muchos a\u00f1os de lento proceso y en condiciones que actualmente tienen muy pocas oportunidades de entrar en acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es as\u00ed como la ecolog\u00eda se transform\u00f3 en ciencia de notables implicaciones econ\u00f3micas, sociales y pol\u00edticas.<\/p>\n<p>El proceso hist\u00f3rico que dio lugar a la diferenciaci\u00f3n de las ciencias permiti\u00f3 a su vez el fraccionamiento del conocimiento y la compartamentalizaci\u00f3n del estudio de la naturaleza en campos disciplinarios aislados entre s\u00ed. Adem\u00e1s, las limitaciones impuestas por diversos factores, como la improvisaci\u00f3n generada por el hecho de que lo ambiental se ha convertido en una moda, reduciendo una posible articulaci\u00f3n interdisciplinaria a una suma inconexa de enfoques parciales, sin presentar una verdadera integraci\u00f3n ni mucho menos una comprensi\u00f3n global de la problem\u00e1tica ambiental. Incluso la mayor\u00eda de los curr\u00edcula universitarios en las llamadas \u201cciencias ambientales\u201d que est\u00e1n proliferando en el mundo entero se asemejan m\u00e1s a intentos multidisciplinarios que verdaderamente interdisciplinarios (Turk, Turk y Wittes, 1984).<\/p>\n<p>Al inicio de este escrito hemos establecido la ecolog\u00eda como una ciencia de s\u00edntesis que debe entenderse como la articulaci\u00f3n de las distintas disciplinas que tocan diferentes aspectos relacionados con el medio ambiente, alrededor de una problem\u00e1tica com\u00fan interdisciplinaria, contribuyendo a la comprensi\u00f3n de tales fen\u00f3menos desde varios \u00e1ngulos, pero conservando su especificidad. Ello implicar\u00eda, como punto central, establecer las caracter\u00edsticas de la relaci\u00f3n sociedad-ambiente-naturaleza desde dos puntos de vista: en primer lugar se tendr\u00eda que analizar detenidamente el tipo de relaciones establecidas, es decir, la forma en que el ambiente es percibido y tratado por la sociedad en general, ya sea que se hable de relaciones de dominio, oposici\u00f3n u armon\u00eda. En segundo lugar, se deben establecer las modalidades de interacci\u00f3n e influencia mutuas, por ejemplo, ser\u00eda necesario hacer referencia a elementos como la calidad de vida a trav\u00e9s de mediciones o estimaciones del ambiente en general y se tendr\u00eda que valorar el conjunto de acciones humanas sobre el sistema\u00a0ecol\u00f3gico natural, como la deforestaci\u00f3n, emisi\u00f3n de desechos industriales y dom\u00e9sticos, proyectos de urbanizaci\u00f3n, etc.<\/p>\n<p>Es evidente que lo anterior depender\u00eda del funcionamiento de un sistema social determinado, y sobre todo c\u00f3mo esa sociedad afronta y plantea las soluciones. En ello intervienen, como sujetos activos, los distintos agentes sociopol\u00edticos como los funcionarios p\u00fablicos, empresarios, entidades acad\u00e9micas, investigadores, etc. Por lo tanto, se vuelve necesario tener en cuenta qui\u00e9n act\u00faa y c\u00f3mo transforma el ambiente.<\/p>\n<p>La incorporaci\u00f3n de la variable hist\u00f3rica adquiere su justificaci\u00f3n en la medida que nos permite entender que los recursos naturales no s\u00f3lo est\u00e1n regulados por condiciones ecol\u00f3gicas, sino tambi\u00e9n por un sistema de valores culturales, pol\u00edticos y econ\u00f3micos que ha evolucionado a trav\u00e9s del tiempo.<\/p>\n<p>Los historiadores, y los cient\u00edficos sociales en general, han ignorado en gran medida el reto ecol\u00f3gico. Sin embargo, la historia de la sociedad mundial, y la de nuestro pa\u00eds en particular, constituyen un relato ver\u00eddico sobre c\u00f3mo ocurri\u00f3 el dominio, control y explotaci\u00f3n irracional de nuestros recursos naturales. Si esperamos comprender los peligros que supone el tratar nuestro territorio m\u00e1s como una mercanc\u00eda que como un recurso, se hace necesario reexaminar detalladamente nuestro pasado para ver qu\u00e9 es lo que nos ha conducido hasta la situaci\u00f3n actual.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">*Universidad Aut\u00f3noma de Nuevo Le\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Contacto: danielsifuentes@gmail.com<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Gallopin, G. (1986). Ecolog\u00eda y ambiente. En Leff, E. Problemas del conocimiento y la perspectiva ambiental del desarrollo. M\u00e9xico: Siglo XXI.<\/p>\n<p>Turk A., Turk J. y Wittes, J. (1984). Ecolog\u00eda, contaminaci\u00f3n, medio ambiente. M\u00e9xico: McGraw- Hill, Interamericana Editores.<\/p>\n<p>S\u00e1nchez, V. (1986). Problemas ambientales de Am\u00e9rica Latina. En Leff, E. Problemas del conocimiento y la perspectiva ambiental del desarrollo. M\u00e9- xico: Siglo XXI.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Daniel Sifuentes Espinoza* CIENCIA UANL \/ A\u00d1O 20, No. 84, abril-junio 2017 65 Los animales y las plantas, a diferencia de las m\u00e1quinas, pueden alimentarse y repararse a s\u00ed mismos, adaptarse a nuevas influencias y reproducirse. Estas facultades dependen de las relaciones rec\u00edprocas muy complejas entre las diferentes partes que conforman un organismo. 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