{"id":7156,"date":"2017-11-20T17:11:05","date_gmt":"2017-11-20T23:11:05","guid":{"rendered":"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=7156"},"modified":"2017-11-20T17:11:05","modified_gmt":"2017-11-20T23:11:05","slug":"algunos-de-los-volcanes-del-noreste-de-mexico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=7156","title":{"rendered":"Algunos de los volcanes del noreste de M\u00e9xico"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-7158\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/algunos_volcanes.png\" alt=\"\" width=\"986\" height=\"331\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/algunos_volcanes.png 986w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/algunos_volcanes-300x101.png 300w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/algunos_volcanes-768x258.png 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 986px) 100vw, 986px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Jos\u00e9 Jorge Aranda G\u00f3mez*<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">CIENCIA UANL \/ A\u00d1O 20, No. 85, julio-septiembre 2017<\/p>\n<p>Cuando pensamos en volcanes, a todos nos vienen a la mente monta\u00f1as c\u00f3nicas que arrojan vapor y material incandescente por su cima. Para los mexicanos, las im\u00e1genes usuales de volcanes son las del Popo, el volc\u00e1n de Colima o el Paricut\u00edn. Esto no debe sorprendernos, porque los dos primeros son en M\u00e9xico los que de manera recurrente tienen actividad y aparecen frecuentemente en los noticieros y peri\u00f3dicos. Con relaci\u00f3n al Paricut\u00edn, todos los mexicanos crecimos leyendo en los libros de texto gratuito acerca de su nacimiento en la milpa de un campesino michoacano y con la imagen de la iglesia de San Juan Parangaricutiro parcialmente sepultada por un derrame de lava. Por otro lado, muchos estamos conscientes de la existencia de otros volcanes en el centro del pa\u00eds, pero que dentro de nuestro lapso de vida han permanecido sin actividad (como el Nevado de Toluca y el Iztacc\u00edhuatl) y que tienen un aspecto que en mayor o menor grado se aparta de forma de cono truncado ideal que ligamos con los volcanes activos.<\/p>\n<p>El origen de los volcanes est\u00e1 \u00edntimamente ligado a la interacci\u00f3n entre las placas tect\u00f3nicas en que se divide la lit\u00f3sfera terrestre, que es la capa s\u00f3lida y r\u00edgida m\u00e1s externa del planeta. Una buena parte de la actividad volc\u00e1nica terrestre permanece oculta a nuestros ojos ya que se concentra a lo largo de cadenas de monta\u00f1as submarinas ubicadas en la parte media de los oc\u00e9anos, entre los continentes. Esas cadenas o dorsales oce\u00e1nicas (figura 1) representan aquellos sitios en donde dos placas tect\u00f3nicas se alejan una de otra permitiendo la generaci\u00f3n, ascenso de lavas hasta la superficie y formaci\u00f3n de piso oce\u00e1nico nuevo, que es siempre de origen volc\u00e1nico.<\/p>\n<p>Otros sitios en donde los volcanes tienden a formar cadenas que se prolongan a veces por miles de kil\u00f3metros es cerca de aquellos lugares en los que dos placas \u201cchocan\u201d, causando que una de ellas, la menos densa, se \u201csuba\u201d en la otra, que se hunde hacia el interior de la Tierra, fen\u00f3meno al que llamamos subducci\u00f3n y que es evidenciado en el fondo marino por hendiduras profundas (hasta 11,000 m debajo del nivel del mar) conocidas como fosas oce\u00e1nicas (figura 1) y por cadenas de volcanes que emergen del mar como islas o se construyen en los continentes sobre rocas m\u00e1s antiguas. Un tercer sitio en donde se presentan los volcanes es lejos de los bordes de las placas. El mejor ejemplo de volcanes de intraplaca son las islas de Hawaii.<\/p>\n<p>Los tres volcanes mexicanos mencionados antes tienen algo en com\u00fan: todos ellos est\u00e1n ubicados dentro de una cadena de monta\u00f1as, algunas de forma c\u00f3nica y otras no tanto, que se extiende en direcci\u00f3n Este a Oeste, desde la costa del Pac\u00edfico hasta el Golfo de M\u00e9xico y que llamamos el Eje Neovolc\u00e1nico (EN, figura 1). Sin duda, por la presencia de varios volcanes hist\u00f3ricamente activos, el Eje es el principal referente de una cadena o arco volc\u00e1nico para los mexicanos, aunque hay otras tan extensas e importantes como la Sierra Madre Occidental, s\u00f3lo que en \u00e9sta los volcanes son considerablemente m\u00e1s antiguos (m\u00e1s de 20 y hasta 45 millones de a\u00f1os), est\u00e1n extintos y su forma caracter\u00edstica ya no es evidente. El Eje y la Sierra Madre Occidental deben su origen al fen\u00f3meno de subducci\u00f3n a lo largo de fosas oce\u00e1nicas que est\u00e1n (Eje Neovolc\u00e1nico) o estuvieron (Sierra Madre Occidental) frente a las costas del Pac\u00edfico mexicano. Visto a nivel global, el Eje forma parte del Cintur\u00f3n de Fuego del Pac\u00edfico, una cadena de volcanes activos y durmientes que bordea al Oc\u00e9ano Pac\u00edfico, desde Tierra de Fuego hasta Nueva Zelanda, pasando por Alaska y Jap\u00f3n.<\/p>\n<p>El t\u00edtulo de este art\u00edculo resulta atractivo porque la regi\u00f3n noreste de M\u00e9xico est\u00e1 a cientos de kil\u00f3metros del Eje Neovolc\u00e1nico y de la fosa de Centroam\u00e9rica y no es com\u00fan o\u00edr hablar de volcanes ubicados en Coahuila, Nuevo Le\u00f3n, Tamaulipas y la porci\u00f3n oriental de San Luis Potos\u00ed (figura 1), pero los hay, y algunos de ellos son, en t\u00e9rminos geol\u00f3gicos, relativamente j\u00f3venes (\u00a1de menos de 28 millones de a\u00f1os!) lo que es muy poco en comparaci\u00f3n con la edad de nuestro planeta de 4,600 Ma. De hecho, algunos de los volcanes del noreste pueden ser del Cuaternario (m\u00e1s j\u00f3venes de 2 Ma) y contempor\u00e1neos con algunos de los volcanes inactivos ubicados en el Eje Neovolc\u00e1nico.<\/p>\n<p>En el mapa de la figura 1 se muestra en rojo la ubicaci\u00f3n de los volcanes del noreste de M\u00e9xico que se describen brevemente en este art\u00edculo y se anota la edad conocida o supuesta para algunos de ellos en Ma. De estos volcanes en rojo, los m\u00e1s j\u00f3venes (&lt; 5 Ma) se cree que son de intraplaca y los m\u00e1s antiguos (&gt; 28 Ma) se formaron debido al fen\u00f3meno de subducci\u00f3n.<\/p>\n<div id=\"attachment_7157\" style=\"width: 777px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-7157\" class=\"size-full wp-image-7157\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/fig_1_eje_neovolcanico.png\" alt=\"\" width=\"767\" height=\"527\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/fig_1_eje_neovolcanico.png 767w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/fig_1_eje_neovolcanico-300x206.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 767px) 100vw, 767px\" \/><p id=\"caption-attachment-7157\" class=\"wp-caption-text\">Figura 1. En la regi\u00f3n ubicada al norte del Eje Neovolc\u00e1nico (EN) existe un gran n\u00famero de volcanes. Sus productos (lavas y material pirocl\u00e1stico) comparten una composici\u00f3n qu\u00edmica semejante, pero los m\u00e1s antiguos han sido interpretados como asociados al fen\u00f3meno de subducci\u00f3n, mientras que los m\u00e1s j\u00f3venes se consideran de intraplaca. En el mapa se muestran en rojo los volcanes descritos brevemente en el texto. Cabe recalcar que en algunos sitios existen campos volc\u00e1nicos antiguos y j\u00f3venes pr\u00e1cticamente sobrepuestos. Este es el caso de la sierra de San Carlos. La figura fue simplificada de (Aranda-G\u00f3mez et al., 2005)<\/p><\/div>\n<p>Los volcanes, como cualquier otro elemento del paisaje (monta\u00f1as, r\u00edos, valles, entre otros) est\u00e1n, con el transcurso del tiempo, sujetos a modificaciones profundas debido a procesos geol\u00f3gicos como la erosi\u00f3n, que ha estado activa durante la mayor parte de la historia de nuestro planeta. Aunque los cambios en\u00a0el paisaje usualmente son tan lentos que no podemos percibirlos en el transcurso de nuestras vidas, a trav\u00e9s de lo que llamamos \u201cel tiempo geol\u00f3gico\u201d (cientos de miles o millones de a\u00f1os o m\u00e1s) las monta\u00f1as c\u00f3nicas que muchas veces, pero no siempre, son la expresi\u00f3n superficial de los volcanes pueden desaparecer por completo, quedando expuesto s\u00f3lo el conducto por el que lleg\u00f3 la lava (roca fundida mezclada con gases y algo de agua provenientes del interior de la tierra) a la superficie cuando el sistema volc\u00e1nico estaba activo (por ejemplo, la pen\u00ednsula de Baja California se separa del resto de M\u00e9xico a una velocidad de unos cuantos cm\/a\u00f1o, que multiplicado por el lapso de 6 a 10 Ma que es el tiempo en que ha estado llevando a cabo la separaci\u00f3n, es suficiente para explicar la distancia entre Puerto Vallarta y Los Cabos de aproximadamente 450 km; Umhoefer, 2011).<\/p>\n<p>Invariablemente, los conductos de los volcanes inactivos est\u00e1n rellenos de lava s\u00f3lida que se form\u00f3 al finalizar la \u00faltima erupci\u00f3n del volc\u00e1n en cuesti\u00f3n. Entonces, en sitios profundamente erosionados, es posible ver rocas y estructuras que se enfriaron lentamente debajo de la superficie, que representan la parte interna del volc\u00e1n antiguo y son conocidos como cuellos volc\u00e1nicos. Todos los ejemplos m\u00e1s notables de este tipo de estructuras en el noreste de M\u00e9xico est\u00e1n situados en Tamaulipas y son el Bernal de Horcasitas (figura 2), ubicado a s\u00f3lo 38 km al este de Ciudad Mante; el cerro Clementina (figura 3), a 20 km al sureste de Llera de Canales, y el cerro El Ap\u00f3stol, ubicado a corta distancia al norte de la sierra de San Carlos. Sin lugar a dudas, el Bernal de Horcasitas es el cuello volc\u00e1nico m\u00e1s espectacular de los tres mencionados, ya que se eleva m\u00e1s de 600 m sobre el terreno plano que lo rodea, teniendo\u00a0una parte central rodeada por paredes casi verticales de 300 m de alto. Las alturas de los cerros La Clementina y El Ap\u00f3stol, de 140 y 70 m, y el di\u00e1metro de sus bases son considerablemente menores, pero su presencia en el paisaje no deja de ser impresionante.<\/p>\n<div id=\"attachment_7159\" style=\"width: 386px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-7159\" class=\"size-full wp-image-7159\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/fig_2_el_bernal.png\" alt=\"\" width=\"376\" height=\"208\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/fig_2_el_bernal.png 376w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/fig_2_el_bernal-300x166.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 376px) 100vw, 376px\" \/><p id=\"caption-attachment-7159\" class=\"wp-caption-text\">Figura 2. El Bernal de Horcasitas visto desde el noroeste. Los vestigios del volc\u00e1n consisten en una plataforma ancha, burdamente circular, de unos 7 km de ancho. En el centro de la estructura se yergue un cuerpo limitado en algunos lados por paredes casi verticales, el cuello volc\u00e1nico. La cima del Bernal alcanza una altura de m\u00e1s de 800 m sobre el nivel del mar y en d\u00edas claros puede verse desde la costa del Golfo de M\u00e9xico (fotograf\u00eda por jcamador, 2015, publicada en http:\/\/static.panoramio.com\/photos\/large\/116459459.jpg)<\/p><\/div>\n<div id=\"attachment_7160\" style=\"width: 386px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-7160\" class=\"size-full wp-image-7160\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/fig_3_vista_volcan_intraplaca.png\" alt=\"\" width=\"376\" height=\"209\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/fig_3_vista_volcan_intraplaca.png 376w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/fig_3_vista_volcan_intraplaca-300x167.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 376px) 100vw, 376px\" \/><p id=\"caption-attachment-7160\" class=\"wp-caption-text\">Figura 3. Una vista de los volcanes de intraplaca cercanos a Llera de Canales. En la parte central se pueden observar dos cuellos volc\u00e1nicos y detr\u00e1s de ellos monta\u00f1as con forma de mesas, que deben su forma particular a la presencia de derrames de lava en su cima (fotograf\u00eda de Jorge D\u00edaz Henry, 2008, publicada en: http:\/\/static.panoramio.com\/photos\/large\/9439351.jpg).<\/p><\/div>\n<p>A unos 6 km al sureste de Sabinas (Coahuila) se encuentra la Sierra de Santa Rosa, que es un rasgo orogr\u00e1fico alargado con rumbo noroeste, que cerca de su extremo sur cambia abruptamente de direcci\u00f3n, lo que causa que vista desde el aire tenga una forma que semeja un anzuelo. Del borde NE del extremo meridional de esa sierra surgieron, de una fisura de m\u00e1s de 10 km de largo, hace unos 2 Ma, corrientes de lava que fluyeron pendiente abajo a lo largo del cauce de un afluente del r\u00edo Sabinas y llegan hasta la vecindad de la poblaci\u00f3n del mismo nombre (figura 4). Otro derrame de lava m\u00e1s corto surgi\u00f3 de una fisura m\u00e1s peque\u00f1a (4 km) ubicada en el lado oriental de la punta de la sierra de Santa Rosa. Esas lavas no llegaron hasta la ubicaci\u00f3n ahora ocupada por el poblado de Minas de Barroter\u00e1n. A diferencia de los \u201cbernales\u201d de Tamaulipas, en el borde de la Sierra Santa Rosa la lava no lleg\u00f3 a la superficie de la tierra a trav\u00e9s de un conducto central, semejante a un tubo, sino que lo hizo a lo largo de fisuras alargadas. Este tipo de actividad com\u00fan en otros lugares del mundo, como en Islandia, no es usual en M\u00e9xico. Estos dos volcanes se apartan grandemente de nuestra idea de un volc\u00e1n como una monta\u00f1a c\u00f3nica con pendientes pronunciadas. En este caso es posible que cerca de las fisuras se hayan formado conos de escoria peque\u00f1os que despu\u00e9s fueron removidos por la erosi\u00f3n. En la misma regi\u00f3n carbon\u00edfera de Coahuila hay varios volcanes centrales (figura 4), conocidos como los cerros Kakanapo Grande, Kakanapo Chico, Agua Dulce, La Pe\u00f1a y El Barril, que son colinas formadas por derrames de lava, con pendientes externas suaves de s\u00f3lo unos cuantos grados, con bases casi circulares, relativamente amplias (500 m) con relaci\u00f3n a sus alturas (entre 170 y 70 m), que semejan escudos invertidos, por lo que en la bibliograf\u00eda geol\u00f3gica se les conoce como volcanes tipo escudo.<\/p>\n<p><div id=\"attachment_7161\" style=\"width: 364px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-7161\" class=\"size-full wp-image-7161\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/fig_4_volcanes_del_campo.png\" alt=\"\" width=\"354\" height=\"202\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/fig_4_volcanes_del_campo.png 354w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/fig_4_volcanes_del_campo-300x171.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 354px) 100vw, 354px\" \/><p id=\"caption-attachment-7161\" class=\"wp-caption-text\">Figura 4. Los volcanes del campo volc\u00e1nico Las Esperanzas [3], en la regi\u00f3n de Sabinas, vistos desde el espacio. A la izquierda se muestra el extremo meridional de la Sierra Santa Rosa (SR) con los volcanes de fisura descritos en el texto. Las ubicaciones aproximadas<br \/>de las grietas por las que sali\u00f3 la lava se se\u00f1alan con l\u00edneas amarillas y las flechas se\u00f1alan el derrame de lava que sigui\u00f3 el cauce de un tributario antiguo del r\u00edo Sabinas. Al sur de Sabinas (S) se ve un conjunto de escudos de lava continentales formados por los volcanes<br \/>Kakanapo Grande (KG), Kakanapo Chico (KC), Agua Dulce (AD) y La Pe\u00f1a (LP). Imagen de sat\u00e9lite modificada de Earthstar Geographic SIO y consultada en http:\/\/mvexel.dev.openstreetmap.org\/bing\/ el 08\/11\/16.<\/p><\/div>En el mundo, los volcanes escudo se encuentran en los oc\u00e9anos, siendo las islas de Hawaii el mejor ejemplo. En M\u00e9xico tenemos un buen n\u00famero de escudos de lava continentales en una parte del Eje Neovolc\u00e1nico, conocida como el Campo Volc\u00e1nico Michoac\u00e1n-Guanajuato, pero los ejemplos de Coahuila son notables por sus pendientes externas con \u00e1ngulos muy bajos y porque cerca del punto de emisi\u00f3n la pila de lava mide s\u00f3lo 50 m de espesor y en sus orillas el espesor de la lava es de aproximadamente un metro (Valdez-Moreno, 2001).En conjunto, los volcanes de la Sierra Santa Rosa y de Sabinas han sido llamados campo volc\u00e1nico Las Esperanzas (figura 1) por Valdez-Moreno (2001).<\/p>\n<p>Con seguridad, los volcanes que m\u00e1s se acercan a la forma de cono truncado, con una depresi\u00f3n en su cima (cr\u00e1ter) son aqu\u00e9llos ubicados alrededor de Villa Aldama (Tamaulipas), que son estructuras semejantes al cono de\u00a0escoria del Paricut\u00edn y que tienen derrames de lava color negro asociados a ellos. En ese mismo campo volc\u00e1nico del Cuaternario (menos de 2 Ma; Vasconcelos-Fern\u00e1ndez y Ram\u00edrez-Fern\u00e1ndez, 2004), existe al menos un lago-cr\u00e1ter, producto de interacci\u00f3n explosiva del magma con agua posiblemente almacenada en un acu\u00edfero somero.<\/p>\n<p>Otro escudo de lava continental que se cree es del Cuaternario (&lt;2 Ma) se encuentra en la parte sudoccidental de Tamaulipas, a 13 km al SW de Ocampo. Ah\u00ed, en un valle bordeado por sierras formadas por roca caliza hay un campo de lava extenso, con una superficie \u00e1spera \u2013indicativa de una edad joven\u2013 parcialmente enmascarada por la densa vegetaci\u00f3n subtropical del \u00e1rea. A partir de ese volc\u00e1n central, similar a los de Sabinas, se form\u00f3 un derrame de lava muy largo que fluy\u00f3 hacia el sur a lo largo del cauce de un r\u00edo antiguo por m\u00e1s de 80 km. El derrame de lava puede observarse en el r\u00edo El Naranjo, sobre la carretera Ciudad del Ma\u00edz-El Mante y cerca de la carretera Valles-Rioverde, aunque en ese \u00faltimo sitio es dif\u00edcil de distinguir, por ser el afloramiento muy estrecho y delgado, y tambi\u00e9n por estar cubierto por vegetaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Con la excepci\u00f3n del Bernal de Horcasitas, los volcanes del noreste de M\u00e9xico son, en comparaci\u00f3n con los grandes conos compuestos del Eje Neovolc\u00e1nico, rasgos topogr\u00e1ficos muy peque\u00f1os. Asimismo, los campos de lava asociados a ellos s\u00f3lo cubren algunas decenas de kil\u00f3metros cuadrados y los vol\u00famenes totales de lava expulsada son modestos, pero en varias de las regiones mencionadas son claramente rasgos distintivos en el paisaje y puntos de referencia para los pobladores de esas regiones. Los volcanes m\u00e1s antiguos, ubicados en la regi\u00f3n entre Ciudad Mante y \u00c9bano, as\u00ed como los volcanes antiguos en la sierra de San Carlos, han sido asociados indirectamente (Aranda-G\u00f3mez et al., 2005) al proceso de subducci\u00f3n que sucedi\u00f3 a lo largo de la costa del Pac\u00edfico mexicano y que dio origen a la Sierra Madre Occidental, s\u00f3lo que esos volcanes estaban a una distancia considerablemente mayor, lo que explica la composici\u00f3n qu\u00edmica de sus lavas diferente a la Sierra Madre Occidental.<\/p>\n<p>Los volcanes m\u00e1s j\u00f3venes en el noreste de M\u00e9xico son ejemplos de volcanes en el interior de una placa continental y la composici\u00f3n de sus lavas es semejante a la de volcanes de la misma edad ubicados en Baja California, Chihuahua, Durango y San Luis Potos\u00ed (figura 1). Muchos de ellos tienen formas similares a las de los conos de escoria del Eje Neovolc\u00e1nico, pero otros son radicalmente distintos, como los volcanes de fisura de la Sierra de Santa Rosa y los escudos de lava continentales de Sabinas y Ocampo.<\/p>\n<p>Finalmente, algunos de los volcanes del noreste de M\u00e9xico nos pueden dar una idea de otro proceso geol\u00f3gico importante, que pasa d\u00eda a d\u00eda en todas las zonas ubicadas\u00a0arriba del nivel del mar y que se conoce como erosi\u00f3n. El Bernal de Horcasitas y los volcanes de Llera de Canales, como el Cerro La Clementina, nos permiten estimar el espesor de la capa de rocas que ha sido removido por la erosi\u00f3n. En Llera de Canales el cauce actual del r\u00edo Guayalejo yace 90 m debajo de la cima de las mesas cubiertas por derrames de lava (figura 3), lo que indica la cantidad de metros en sentido vertical que ha erosionado el r\u00edo en los \u00faltimos cinco millones de a\u00f1os. El Bernal de Horcasitas debi\u00f3 ser un cono de m\u00e1s de 800 m de altura, medidos desde su base, hace 28 Ma. Actualmente tiene expuesto en su parte central un cuello volc\u00e1nico de 300 m de altura. De nuevo, los fen\u00f3menos geol\u00f3gicos, casi imperceptibles en el transcurso de la vida de un hombre, pueden a lo largo de millones de a\u00f1os tener efectos sorprendentes.<\/p>\n<p><strong>Agradecimientos<\/strong><\/p>\n<p>A lo largo de los a\u00f1os nuestros estudios acerca de los volcanes al norte del Eje Neovolc\u00e1nico han sido financiados por Conacyt y Papiit. El presente trabajo se desarroll\u00f3 en colaboraci\u00f3n con Jim Luhr y Todd Housh, ambos difuntos. En varios sitios tambi\u00e9n colaboraron estudiantes de posgrado, uno de ellos citado en el texto.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">*Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Camput Juriquilla, Quer\u00e9taro, Qro.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Contacto: jjag@geociencias.unam.mx<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Aranda-G\u00f3mez, J.J., et al. (2005). El volcanismo tipo intraplaca del Cenozoico tard\u00edo en el centro y norte de M\u00e9xico: una revisi\u00f3n. Bolet\u00edn de la Sociedad Geol\u00f3gica Mexicana, LVII(3): 187-22.<\/p>\n<p>Umhoefer, P.J. (2011). Why did the Southern Gulf of California ruptura so rapidly? \u2013 oblique divergence across hot, weak lithosphere along a tectonically active margin. GSA Today 21(11) doi: 10.1130\/G133A.1<\/p>\n<p>Valdez-Moreno, G. (2001). Geoqu\u00edmica y petrolog\u00eda de los campos volc\u00e1nicos Las Esperanzas y Ocampo, Coahuila, M\u00e9xico. Posgrado en Ciencias de la Tierra, Instituto de Geolog\u00eda. M\u00e9xico, D.F., Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico: 104 p.<\/p>\n<p>Vasconcelos-Fern\u00e1ndez, J.M., y Ram\u00edrez-Fern\u00e1ndez, J.A. (2004). Geolog\u00eda y petrolog\u00eda del complejo volc\u00e1- nico de Villa Aldama, Tamaulipas. Parte I: Estructuras y litolog\u00eda. CienciaUANL, VII(1): 40-44.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Jorge Aranda G\u00f3mez* CIENCIA UANL \/ A\u00d1O 20, No. 85, julio-septiembre 2017 Cuando pensamos en volcanes, a todos nos vienen a la mente monta\u00f1as c\u00f3nicas que arrojan vapor y material incandescente por su cima. Para los mexicanos, las im\u00e1genes usuales de volcanes son las del Popo, el volc\u00e1n de Colima o el Paricut\u00edn. Esto no debe sorprendernos, porque los [&#8230;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":7158,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"class_list":["post-7156","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-bitacora"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7156","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=7156"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7156\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7196,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7156\/revisions\/7196"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/7158"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=7156"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=7156"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=7156"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}