{"id":4972,"date":"2015-10-28T15:29:09","date_gmt":"2015-10-28T21:29:09","guid":{"rendered":"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=4972"},"modified":"2015-11-09T11:25:51","modified_gmt":"2015-11-09T17:25:51","slug":"marie-curie-a-contra-luz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=4972","title":{"rendered":"Marie Curie a contra luz"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/la_ridicula_idea_de_no_volver_a_verte.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-4978 size-full\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/la_ridicula_idea_de_no_volver_a_verte-e1446067729464.jpg\" alt=\"la_ridicula_idea_de_no_volver_a_verte\" width=\"500\" height=\"844\" \/><\/a><\/p>\n<p>La rid\u00edcula idea de no volver a verte Rosa Montero<\/p>\n<p>Seix Barral<\/p>\n<p>M\u00e9xico, 2013<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">ELIZABETH CHAC\u00d3N BACA<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">CIENCIA UANL \/ A\u00d1O 18, No. 75, SEPTIEMBRE-OCTUBRE 2015<\/p>\n<p>\u201cLos humanos nos defendemos del dolor sin sentido adorn\u00e1ndolo con la sensatez de la belleza\u201d, escribe Rosa Montero en La rid\u00edcula idea de no volver a verte, texto en el que, entre las fotos octogenarias de Marie Curie en blanco y negro, nos cuenta acerca del dolor interior cuando, repentina o progresivamente, la muerte nos arrebata a un ser querido, conciliando el perdurable duelo con la belleza de los momentos m\u00e1s felices.<\/p>\n<p>La novela de Rosa Montero inicia con Rosalind Franklin, cuya imagen n\u00famero 51 retrat\u00f3 el patr\u00f3n de difracci\u00f3n del DNA, la estructura m\u00e1s bella y buscada en su tiempo. Dicha radiograf\u00eda fue crucial para dilucidar la estructura tridimensional de la doble h\u00e9lice, interpretaci\u00f3n que mereci\u00f3 el Premio Nobel en fisiolog\u00eda y medicina en 1962. Despu\u00e9s de recordar a una atractiva Rosalind Franklin que la historia est\u00e1 reivindicando, nos traslada a una Marie Curie tan humana y adusta que casi nos repele. A lo largo de 17 cap\u00edtulos, y con una prosa que parece pl\u00e1tica, Montero nos relata de cu\u00e1nta fortaleza f\u00edsica, pero sobre todo emocional, debi\u00f3 echar mano esta mujer en su paso por la vida.<\/p>\n<p>A Mar\u00eda Sklodowska Curie (1867-1934) se le conoce porque descubri\u00f3, al lado de su marido, dos elementos radioactivos: el radio y el polonio, por los que recibi\u00f3 el Premio Nobel de Qu\u00edmica en 1911. Sobrevivi\u00f3 como institutriz y luego como estudiante de f\u00edsica en Par\u00eds para obtener su doctorado, con la separaci\u00f3n y determinaci\u00f3n de sustancias radioactivas con base en experimentos prolongados, a fuerza de continuar \u201caplastando carbones con las manos desnudas\u201d (p. 109). Sus ideas y aportaciones cient\u00edficas pronto ganaron el respeto de la comunidad cient\u00edfica, como suele suceder: primero en el extranjero antes que en casa. Marie siempre profes\u00f3 un amor incondicional a su padre, a su patria y una fidelidad casi heroica a Pierre y a su memoria. Junto a Henri Becquerel y Pierre Curie, fue galardonada en 1903 con el Premio Nobel de F\u00edsica por sus estudios pioneros sobre la radioactividad natural. Como si el obtener dos preseas cient\u00edficas de tal calibre no fuera suficiente, educ\u00f3 a una hija que en 1935, junto a su esposo, tambi\u00e9n ser\u00eda galardonada con el Premio Nobel por el descubrimiento de la radioactividad artificial. \u00a1Cu\u00e1nta pasi\u00f3n, vehemencia y sacrificio debe significar concentrar tres Nobel en tan peque\u00f1a familia!<\/p>\n<p>A pesar la gran bibliograf\u00eda en torno a esta dama, la Curie que nos presenta Montero, adem\u00e1s de ser esa ilustre cient\u00edfica que todos conocemos, tambi\u00e9n es una mujer intensa y so\u00f1adora que supo compartir con su amado Pierre sus m\u00e1s caros proyectos. Y es que Marie tuvo un matrimonio gozoso, rebosante de academia, experimentos y radioactividad. Su rigor cient\u00edfico s\u00f3lo contrast\u00f3 con su docilidad ante Pierre y la radioactividad. A lo largo de esta narraci\u00f3n placentera y l\u00facida, Montero plantea, sin juicios ni complacencias, dos aspectos que permiten varias lecturas con respecto a la postura de Marie: la falta de complicidad con su g\u00e9nero para impulsar a otras, y la soltura con la que Marie manej\u00f3 las sustancias radioactivas. Quiz\u00e1 despu\u00e9s de tantas dificultades es posible que Marie concibiera la equidad como fruto de una conquista individual; en cuanto al segundo aspecto, acaso su mentalidad innovadora o su curiosidad cient\u00edfica estimase, aun consciente del peligro radioactivo y sus efectos, que por tal empresa merec\u00eda la pena arriesgar hasta la vida.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de una amplia documentaci\u00f3n y de una nueva mirada a tan a\u00f1ejas fotos, Montero nos transporta a varios episodios \u00edntimos en la vida de la gran acad\u00e9mica. Una mujer que, adem\u00e1s de la radioqu\u00edmica, nos leg\u00f3 dignidad, pasi\u00f3n y fortaleza que, bien miradas, pudieran tambi\u00e9n considerarse como otro tipo de femineidad. Quiz\u00e1 para muchos resulte m\u00e1s atractivo que adem\u00e1s de su voluntad, su capacidad intelectual y disciplina, Mar\u00eda Curie albergaba una pasi\u00f3n magm\u00e1tica que esas fotos saben esconder<\/p>\n<p>En este sentido, la lupa de Montero es refrescante, porque rescata a una mujer que, pese a todas las contrariedades, y fiel a s\u00ed misma, desarroll\u00f3 lo que hoy llamar\u00edamos resiliencia, esta capacidad para resurgir y sobreponerse a la adversidad. As\u00ed, la autora humaniza a una mujer tan aparentemente fr\u00eda y logra crear una solidaridad gremial y de g\u00e9nero. Las p\u00e1ginas de este libro tambi\u00e9n confirman la determinaci\u00f3n interna que a veces pensamos inherente a las mujeres, y una que otra revelaci\u00f3n sobre la invisible fragilidad masculina, frecuentemente encubierta por la necesidad de idealizaci\u00f3n y protecci\u00f3n femeninas. Al mismo tiempo, muestra el peso de un sistema opresivo sobre esta pionera que desaf\u00eda el oprobio social, a menudo ejercido mucho m\u00e1s por otras mujeres que por la estructura misma de la sociedad. V\u00edctima del escarnio, el repudio y la injusticia, madame Curie alza la voz cuando decide ejercer su derecho de ir en persona por su Premio Nobel, dando una muestra m\u00e1s de su\u00a0valent\u00eda y profesionalismo en ese mundo tan masculino.<\/p>\n<p>Entre las im\u00e1genes hist\u00f3ricas que Montero redescubre, se encuentra la fotograf\u00eda de la primera Reuni\u00f3n de Solvay sobre \u201cLa radiaci\u00f3n y los cuantos\u201d, celebrada en 1911 en Bruselas, donde las expresiones faciales y moment\u00e1neas captadas por el lente de una vieja c\u00e1mara parecen ahora evidentes a la luz de su relato: Marie Curie, Henri Poincar\u00e9, Ernest Rutherford, Max Planck, Albert Einstein y Paul Levine, entre otros renombrados cient\u00ed- ficos; cu\u00e1nta sapiencia en la mesa y cu\u00e1nta humildad en Mar\u00eda Curie.<\/p>\n<p>Pero lejos de ser una biograf\u00eda m\u00e1s, el hilo conductor de la novela es en realidad el dolor que causa la muerte. La autora nos cuenta del hueco que debi\u00f3 sentir Marie Curie cuando perdi\u00f3 a su esposo, pues paralelamente al retrato novelado, se filtra su propia introspecci\u00f3n durante la agon\u00eda de Pablo. La muerte que sorprende, que aparta, que irrumpe y nos aleja de nuestro eje, deteniendo en un s\u00f3lo instante el tiempo de nuestro reloj mental y emocional. La muerte de Pierre a trav\u00e9s de las cartas de Marie, la muerte de Pablo en la novela de Montero, la muerte de los nuestros en el hoy y a la distancia.<\/p>\n<p>Tal como los rayos X tienen el poder de penetrar nuestro interior para revelar su estructura, cuando la muerte llega a nuestra vida, nos desnuda de nuestras defensas para revelarnos de qu\u00e9 estamos hechos. \u00bfEs acaso un cambio de fase o una microfractura lo que sentimos cuando la muerte nos toca de cerca? Una grieta por la que se filtra un dolor mudo y sedante, una devastaci\u00f3n \u00edntima pero colosal, una melancol\u00eda que oprime hasta sentir c\u00f3mo la desolaci\u00f3n y la tristeza se instalan en las entra\u00f1as. Pero un dolor que al mismo tiempo nos serena y nos reubica en el mapa de la vida. Incluso hasta nos brinda la ilusi\u00f3n de que nunca nada podr\u00e1 doler igual, de que lo peor que podr\u00eda pasar ya ha sucedido y se ha tocado fondo. Un dolor que casi convence para dejar que nos traspase hasta adquirir la inmunidad, pero que al vaciarnos tambi\u00e9n nos libera. Y sin embargo, la vida, como la muerte, sorprende una y otra vez, como le sucedi\u00f3 a Marie.<\/p>\n<p>En efecto, la muerte nos devuelve esa perspectiva de seres finitos, fr\u00e1giles; pero, sobre todo, temporales. A trav\u00e9s de las remembranzas que antecedieron a la repentina muerte de Pierre Curie, o a trav\u00e9s de los meses en cama que preludian un final irremediable, la autora nos recuerda que la muerte trae de vuelta la conciencia de lo ordinario, lo cotidiano\u2026 hasta que un d\u00eda, y cuando\u00a0menos lo esperamos, el cuerpo nos traiciona y apenas recordamos el \u00faltimo paseo en bicicleta o la \u00faltima vez que ascendimos una monta\u00f1a (p. 179).<\/p>\n<p>A pesar de que en las fotos de Marie Curie nunca se vislumbra una sonrisa clara, franca o espont\u00e1nea, la semblanza que Montero nos devuelve es la de una mujer cuya existencia extraordinaria rebasa la de una c\u00e9lebre investigadora con apariencia de monja y con un recorrido que dibuja una casi tediosa l\u00ednea recta. En realidad, se trata de una aut\u00e9ntica guerrera que supo aquilatar la vida con todos sus matices, que encontr\u00f3 la plenitud en el amor, en el trabajo y en la sencillez de la rutina, que supo alcanzar ese anhelado \u201cestado de gracia\u201d, que tan bien describi\u00f3 la propia Curie. Una vida excepcional sustentada m\u00e1s en la satisfacci\u00f3n de la cotidianeidad que en los eventos extraordinarios. En este sentido, el libro resulta un planteamiento abierto y honesto sobre la vida, la muerte y el amor que nos identifica a todos.<\/p>\n<p>Tal vez no sea casual que la novela empiece con la mujer que realiz\u00f3 la primera radiograf\u00eda de la esencia misma de nuestros genes, para continuar entre las luces y sombras de Marie a trav\u00e9s de cartas, fotos y de ese an\u00e1lisis \u201cradiogr\u00e1fico\u201d al que a veces nos expone la muerte. Finalmente, se\u00f1ala Montero, tal vez todo sea cuesti\u00f3n de elaborar una buena recapitulaci\u00f3n en la madurez, \u201cuna narraci\u00f3n convincente y redonda, que nos dote de sentido\u2026\u201d. Lo cierto es que m\u00e1s que una novela, es un di\u00e1logo con la sabidur\u00eda gestada a trav\u00e9s de nuestras p\u00e9rdidas y nuestras batallas, una reflexi\u00f3n agridulce que s\u00f3lo la muerte es capaz de evocar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La rid\u00edcula idea de no volver a verte Rosa Montero Seix Barral M\u00e9xico, 2013 ELIZABETH CHAC\u00d3N BACA CIENCIA UANL \/ A\u00d1O 18, No. 75, SEPTIEMBRE-OCTUBRE 2015 \u201cLos humanos nos defendemos del dolor sin sentido adorn\u00e1ndolo con la sensatez de la belleza\u201d, escribe Rosa Montero en La rid\u00edcula idea de no volver a verte, texto en el que, entre las fotos [&#8230;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":4978,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-4972","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-acuse-de-recibo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4972","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4972"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4972\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5040,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4972\/revisions\/5040"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/4978"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4972"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4972"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4972"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}