{"id":4785,"date":"2015-10-13T10:39:27","date_gmt":"2015-10-13T15:39:27","guid":{"rendered":"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=4785"},"modified":"2015-10-13T12:08:29","modified_gmt":"2015-10-13T17:08:29","slug":"alfonso-reyes-y-la-ciencia-y-la-tecnologia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=4785","title":{"rendered":"Alfonso Reyes y la ciencia y la tecnolog\u00eda"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/alfonso_reyes_busto.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-4786\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/alfonso_reyes_busto.jpg\" alt=\"alfonso_reyes_busto\" width=\"426\" height=\"935\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/alfonso_reyes_busto.jpg 426w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/alfonso_reyes_busto-137x300.jpg 137w\" sizes=\"auto, (max-width: 426px) 100vw, 426px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">DANIEL SIFUENTES ESPINOZA*<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">CIENCIA UANL \/ A\u00d1O 18, No. 75, SEPTIEMBRE-OCTUBRE 2015<\/p>\n<p>Un caso:\u201cLa p\u00f3lvora\u00a0en infiernitos\u201d<\/p>\n<p>El tema de la ciencia y la tecnolog\u00eda no es algo que se manifieste de manera fortuita en la obra de Alfonso Reyes. Varios centenares de p\u00e1ginas escritas al respecto as\u00ed lo atestiguan. De hecho, podr\u00eda decirse que un buen porcentaje de su producci\u00f3n literaria posee una estructura met\u00f3dica que se acerca m\u00e1s a la rigurosidad y disciplina propias de la actividad cient\u00edfica que a la literaria. \u201cQuiero que la literatura sea una cabal explicaci\u00f3n\u201d, escribi\u00f3 alg\u00fan d\u00eda don Alfonso.<\/p>\n<p>Fue un divulgador nato de tal tem\u00e1tica, pero no un simple repetidor de cr\u00f3nicas o de haza\u00f1as registradas por otros autores, sino que de manera invariable trat\u00f3 de imprimirle un sello personal a sus escritos, como en el\u00a0caso de \u201cLa p\u00f3lvora en infiernitos\u201d, texto que data de 1956, en el que critica la atenci\u00f3n y aparente p\u00e9rdida de tiempo que el ingenio humano malgasta en la fabricaci\u00f3n de artilugios sin ninguna utilidad inmediata. Con esa gran capacidad de s\u00edntesis que Reyes pose\u00eda, en pocas palabras pasa revista de la historia a los aut\u00f3matas, precursores del robot y la cibern\u00e9tica; de las \u201csombras chinescas\u201d, antecedente de la \u201clinterna m\u00e1gica\u201d y del cine; de los inventos chinos como la p\u00f3lvora, la imprenta y la br\u00fajula, que inicialmente sirvieron de poco a sus creadores, pero que, como sucedi\u00f3 en la realidad, pronto encontraron su lugar en la civilizaci\u00f3n occidental. Al respecto menciona el caso de Faraday, descubridor del magnetismo que, cuando alguien le pregunt\u00f3 para qu\u00e9 serv\u00eda eso, contest\u00f3: \u201cQuiere usted decirme \u00bfqu\u00e9 utilidad tiene un reci\u00e9n nacido?\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/AI_Wo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-4787\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/AI_Wo.jpg\" alt=\"AI_Wo\" width=\"425\" height=\"637\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/AI_Wo.jpg 425w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/AI_Wo-200x300.jpg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 425px) 100vw, 425px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Reyes resumi\u00f3 todo esto en tres p\u00e1ginas. Lo podr\u00eda hacer debido a su excepcional dominio del lenguaje. Pero para los que no poseemos tal virtud, se hace necesario ir m\u00e1s despacio en el discurso para una mejor comprensi\u00f3n de ese escrito, con lo cual quiz\u00e1 descubriremos una vocaci\u00f3n no asumida por Reyes, pues en principio\u00a0nos sorprender\u00e1 su amplio y profundo conocimiento de la ciencia y la tecnolog\u00eda, y que los textos, como el que aqu\u00ed pretendemos abordar, no permite vislumbrar a simple vista.<\/p>\n<p>T.A. Eppenheimer, en su art\u00edculo \u201cEl hombre fabrica un hombre\u201d, se\u00f1ala que la antigua fascinaci\u00f3n por el tema de la fabricaci\u00f3n de un objeto semejante al hombre se explica en gran parte por la leyenda y el folklore. Seg\u00fan \u00e9l, existe una rica tradici\u00f3n de cuentos sobre \u201cla cabeza parlante\u201d, la cual, se supone, construyeron o poseyeron Alberto Magno, Tom\u00e1s de Aquino, Roger Bacon y el Papa Silvestre II. M\u00e1s adelante, con el progreso de la t\u00e9cnica alquimista, hubo la posibilidad de crear no s\u00f3lo una cabeza de bronce, sino un ser llamado hom\u00fanculo.<\/p>\n<p>En la segunda mitad del siglo XVI nace la tradici\u00f3n del Golem, palabra que proviene del Talmud y que se refiere a todo lo incompleto o sin forma, como un embri\u00f3n o masa informe del polvo con la cual Yahveh cre\u00f3 a Ad\u00e1n. Con el tiempo el Golem se convirti\u00f3 en un monstruo que amenazaba al mundo.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Eppenheimer, estos artefactos, la cabeza de bronce, el hom\u00fanculo y el Golem constituyen la antropolog\u00eda de la rob\u00f3tica y de los cuales no hay indicios t\u00e9cnicos de su fabricaci\u00f3n, todo ten\u00eda que conseguirse mediante la magia. Paralelamente a esta antropolog\u00eda, corre una prehistoria del robot como m\u00e1quina, una secuencia de inventos, tanto reales como m\u00edticos.<\/p>\n<p>Uno de ellos, el aut\u00f3mata u hombre mec\u00e1nico. Primero aparecieron las figuras m\u00f3viles de los campanarios de fines de la Edad Media. Tambi\u00e9n se menciona que el fil\u00f3sofo Descartes construy\u00f3 un aut\u00f3mata hacia 1640. Gianello della Torre, de Cremona, cre\u00f3 la figura de una ni\u00f1a tocando el la\u00fad para aliviar el aburrimiento del emperador Carlos V. Se dice que pod\u00eda caminar en l\u00ednea recta o en c\u00edrculo mientras tocaba las cuerdas y mov\u00eda la cabeza de un lado a otro.<\/p>\n<p>Jacques de Vaucanson, inventor mencionado por Reyes en su art\u00edculo, con la tecnolog\u00eda del cron\u00f3metro creado por John Harrison fabrica figuras humanas y animales artificiales de enorme realismo. Uno de los m\u00e1s famosos fue el Pato, exhibido por primera vez en 1738. Pod\u00eda hablar, chapotear en el agua, comer, beber, digerir y luego excretar. Las alas conten\u00edan cada una m\u00e1s de 400 piezas articuladas.<\/p>\n<p>Vaucanson \u2013nos dice Eppenheimer\u2013, construy\u00f3 tambi\u00e9n dos androides, con forma humana; ambos eran m\u00fasicos: uno tocaba la flauta y el otro los tambores. \u201cLa\u00a0gente no quer\u00eda creer que el flautista tocara de verdad en lugar de producir los sonidos musicales con un conjunto oculto de instrumentos. Pero el soplo del flautista le sal\u00eda directamente de la boca mediante un fuelle y un mecanismo regulaba el movimiento de sus labios. El androide pod\u00eda tocar un repertorio de doce melod\u00edas moviendo los dedos sobre los agujeros del instrumento. El flautista de Vaucanson puede considerarse como el primer aparato mec\u00e1nico que super\u00f3 a la mayor\u00eda de las personas en la ejecuci\u00f3n de una habilidad aprendida\u201d. (1)<\/p>\n<p>Wolfgang von Kempelen, en el siglo XVIII, invent\u00f3 una m\u00e1quina de jugar ajedrez que simulaba un maniqu\u00ed en forma de turco, con turbante y bigote afinado, sentado detr\u00e1s de un armario de madera que al parecer conten\u00eda los controles. El maniqu\u00ed tomaba las piezas de ajedrez y hac\u00eda sus jugadas; si pon\u00eda en jaque-mate al contrincante, le estrechaba la mano tres veces. Era tan asombrosa la habilidad de este robot que mucha gente pensaba que hab\u00eda una persona escondida en su interior. Edgar Allan Poe \u2013otro autor mencionado por Reyes\u2013 escribi\u00f3 fascinado sobre este artificio.<\/p>\n<p>Otros inventores de aut\u00f3matas fueron Pierre y Henri-Louis Jaquet-Droz, quienes entre 1770 y 1773 presentaron tres figuras humanoides llamadas El Escriba, El Dibujante y El M\u00fasico. El primero pod\u00eda humedecer la pluma en el tintero y escribir un texto de hasta cuarenta letras. Ten\u00eda la forma de un ni\u00f1o vestido con elegancia. El Dibujante tambi\u00e9n ten\u00eda la apariencia de un infante y pod\u00eda trazar dibujos de Luis XV y de nav\u00edos de guerra a toda vela. Los dos adoptaban una actitud atenta mientras trabajaban y giraban los ojos, siguiendo el movimiento de sus manos.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/Alfonso_Reyes_biblioteca.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-4789\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/Alfonso_Reyes_biblioteca.jpg\" alt=\"Alfonso_Reyes_biblioteca\" width=\"426\" height=\"650\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/Alfonso_Reyes_biblioteca.jpg 426w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/Alfonso_Reyes_biblioteca-197x300.jpg 197w\" sizes=\"auto, (max-width: 426px) 100vw, 426px\" \/><\/a><\/p>\n<p>El M\u00fasico aparentaba a una jovencita ataviada con peluca y vestida al estilo de la Corte. Tocaba el \u00f3rgano\u00a0aut\u00e9nticamente, \u201cmov\u00eda brazos y dedos para apretar las llaves en el orden correcto. Le sub\u00eda y bajaba el pecho simulando la respiraci\u00f3n; mov\u00eda el cuerpo y la cabeza siguiendo el ritmo de la m\u00fasica y sus ojos miraban con naturalidad. Incluso cuando hac\u00eda una pausa en su interpretaci\u00f3n, los movimientos le daban un aire vivo. Al final de su actuaci\u00f3n hac\u00eda una graciosa y ligera reverencia\u201d. (1)<\/p>\n<blockquote><p>T.A. Eppenheimer, en \u201cEl hombre\u00a0fabrica un hombre\u201d, se\u00f1ala que la\u00a0antigua fascinaci\u00f3n por el tema\u00a0de la fabricaci\u00f3n de un objeto\u00a0semejante al hombre se explica\u00a0en gran parte por la leyenda\u00a0y el folklore.<\/p><\/blockquote>\n<p>Leonardo Torres Quevedo \u2013autor mencionado por Reyes\u2013 invent\u00f3 una m\u00e1quina autom\u00e1tica de jugar ajedrez, quiz\u00e1 la primera capaz no s\u00f3lo de tratar informaci\u00f3n, sino de utilizarla para tomar decisiones. As\u00ed defini\u00f3 el propio cient\u00edfico su creaci\u00f3n: \u201cUn aparato que juega al ajedrez como si fuera una persona, respondiendo con absoluta precisi\u00f3n a todas las jugadas y siempre da mate. Adem\u00e1s, galantemente avisa las equivocaciones del adversario con una luz y a la tercera ocasi\u00f3n deja de jugar con su opositor, consider\u00e1ndolo poca cosa para alternar con \u00e9l\u201d. Y Torres Quevedo refrenda lo dicho por Reyes, en el sentido de que el aparato no tiene ninguna finalidad pr\u00e1tica. (2)<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/Musica_organo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-4792 size-full\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/Musica_organo-e1444751052644.jpg\" alt=\"Musica_organo\" width=\"500\" height=\"174\" \/><\/a><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n, Alfonso Reyes cita en su art\u00edculo a Karel Capek, director teatral de origen checo que en 1921 estrena su obra R.U.R. (Robots Universales de Rossum), en la cual, seg\u00fan palabras de Reyes, \u201cha dado materia a mil invenciones fant\u00e1sticas sobre el mu\u00f1eco que reclama vida y escapa de las manos de su fabricante\u201d. Hay que recordar que el t\u00e9rmino robot procede de \u201crobota\u201d, que significa \u201c trabajo forzado\u201d en checo.<\/p>\n<p>El segundo tema que Reyes propone como ejemplo de su tesis es el que se refiere a las \u201csombras chinescas\u201d, antecedente de la \u201clinterna m\u00e1gica\u201d, fr\u00edvola diversi\u00f3n social \u2013seg\u00fan palabras de Reyes\u2013 a la que no faltaba nunca la hero\u00edna representativa del siglo XVIII: Madame du Deffand.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/AR_CyT.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-4794\" src=\"http:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/AR_CyT.jpg\" alt=\"AR_CyT\" width=\"426\" height=\"426\" srcset=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/AR_CyT.jpg 426w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/AR_CyT-150x150.jpg 150w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/AR_CyT-300x300.jpg 300w, https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/AR_CyT-50x50.jpg 50w\" sizes=\"auto, (max-width: 426px) 100vw, 426px\" \/><\/a><\/p>\n<p>El punto de arranque que sirve como fundamento para crear la ilusi\u00f3n de movimiento depend\u00eda del fen\u00f3meno fisiol\u00f3gico conocido como persistencia retiniana, que hace que la retina del ojo humano registre una impresi\u00f3n durante un breve periodo de tiempo despu\u00e9s de que la imagen haya desaparecido. Esto ya era algo com\u00fan desde la \u00e9poca de Tolomeo, quien en su libro de \u00d3ptica (130 d.C.) observ\u00f3 que un sector coloreado de un disco, al girar \u00e9ste r\u00e1pidamente, extend\u00eda su color a la totalidad del disco.<\/p>\n<p>En 1826 un f\u00edsico ingl\u00e9s, J.A. Paris, inventa el \u201ctaum\u00e1tropo\u201d, aparato que consist\u00eda en un disco de cart\u00f3n que ten\u00eda dibujado sobre sus dos superficies dos objetos distintos que, cuando se hac\u00eda girar manualmente el disco, ambas im\u00e1genes se combinaban mostrando una escena m\u00e1s elaborada.<\/p>\n<p>Esta idea alcanz\u00f3 su mayor desarrollo al asociarse con la \u201clinterna m\u00e1gica\u201d \u2013se\u00f1alada por Reyes\u2013, la cual se basaba en el uso de la luz de un reflector y una lente para proyectar en una pantalla un dibujo hecho previamente sobre una diapositiva de cristal. En 1736, el f\u00edsico holand\u00e9s Pieter von Musschenbroek introdujo el movimiento en la linterna, al pasar una segunda diapositiva por delante de la primera, que hac\u00eda de fondo inm\u00f3vil. Despu\u00e9s de m\u00faltiples innovaciones, la linterna m\u00e1gica se convierte, en 1888, en la c\u00e1mara cronofotogr\u00e1fica, que conten\u00eda los principios esenciales de la moderna c\u00e1mara de cine. (3)<\/p>\n<p>De los otros ejemplos se\u00f1alados por Reyes, s\u00f3lo mencionaremos que tanto la br\u00fajula, la p\u00f3lvora, el papel y el arte de imprimir, utilizados inicialmente de manera artificiosa, pronto se cimentar\u00edan como indispensables para la exploraci\u00f3n y colonizaci\u00f3n europea del mundo.<\/p>\n<p><strong>Referencias <\/strong><\/p>\n<p>1. T.A. Eppenheimer. \u201cEl hombre fabrica un hombre \u201c. En: Marvin Mansky, Rob\u00f3tica, Ed. Planeta, Barcelona, 1986.<\/p>\n<p>2. L. Rodr\u00edguez Alcalde. Leonardo Torres Quevedo y la cibern\u00e9tica. Ed. CID, Madrid, 1966.<\/p>\n<p>3. T.K. Derry, Trevor I. Williams. Historia de la tecnolog\u00eda. T. III Ed. Siglo XXI, M\u00e9xico, 1987.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* danielsifuentese@gmail.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DANIEL SIFUENTES ESPINOZA* CIENCIA UANL \/ A\u00d1O 18, No. 75, SEPTIEMBRE-OCTUBRE 2015 Un caso:\u201cLa p\u00f3lvora\u00a0en infiernitos\u201d El tema de la ciencia y la tecnolog\u00eda no es algo que se manifieste de manera fortuita en la obra de Alfonso Reyes. Varios centenares de p\u00e1ginas escritas al respecto as\u00ed lo atestiguan. 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