{"id":15435,"date":"2026-07-01T08:00:11","date_gmt":"2026-07-01T14:00:11","guid":{"rendered":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=15435"},"modified":"2026-07-01T08:05:54","modified_gmt":"2026-07-01T14:05:54","slug":"inteligencia-artificial-en-medicina-tecnologia-para-ser-mas-humanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/?p=15435","title":{"rendered":"Inteligencia artificial en medicina: tecnolog\u00eda para ser m\u00e1s humanos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\"><strong>Guillermo Elizondo Riojas*<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><strong>ORCID:<\/strong> 0000-0002-9555-430X<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>* Universidad Aut\u00f3noma de Nuevo Le\u00f3n, <\/strong><strong>San Nicol\u00e1s de los Garza, M\u00e9xico.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Correo:<\/strong> guillermo.elizondor@uanl.mx<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/cienciauanl.uanl.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/GALERA_138_WEB_EDITORIAL.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Descargar PDF<\/a><\/p>\n<p>Durante mucho tiempo hemos imaginado la tecnolog\u00eda como algo fr\u00edo, distante, casi opuesto a lo humano. Cuando pensamos en inteligencia artificial (IA), vienen a la mente m\u00e1quinas que sustituyen personas, algoritmos que toman decisiones y pantallas que se interponen entre el m\u00e9dico y el paciente. Esta preocupaci\u00f3n es comprensible: pocas relaciones son tan delicadas como la que se establece entre quien sufre una enfermedad y aquel que intenta ayudarle a entenderla, tratarla y, cuando es posible, curarla.<\/p>\n<p>Sin embargo, ha llegado el momento de plantear una pregunta distinta. No solo debemos cuestionarnos si la IA puede hacer m\u00e1s eficientes las ciencias de la salud. Tenemos que meditar si realmente nos lleva a recuperar algo que, parad\u00f3jicamente, la propia medicina moderna ha ido perdiendo: tiempo para escuchar, claridad en la explicaci\u00f3n y capacidad en el acompa\u00f1amiento.<\/p>\n<p>La medicina contempor\u00e1nea vive una tensi\u00f3n profunda. Jam\u00e1s hab\u00edamos tenido tantos conocimientos, estudios de laboratorio, im\u00e1genes diagn\u00f3sticas, medicamentos y posibilidades terap\u00e9uticas. Con todo esto, muchos pacientes se sienten m\u00e1s confundidos que nunca. Reciben dict\u00e1menes con palabras dif\u00edciles, resultados llenos de t\u00e9rminos t\u00e9cnicos, tratamientos complejos y citas cada vez m\u00e1s breves. Salen del consultorio con m\u00e1s dudas que respuestas. Y no se trata de que el profesional no quiera explicar, es m\u00e1s bien que el sistema de salud suele imponer ritmos apresurados, cargas administrativas excesivas y una enorme presi\u00f3n asistencial.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed es donde la inteligencia artificial adquiere un papel profundamente humano si la usamos con responsabilidad. La IA no deber\u00eda entenderse solo como una herramienta que hace diagn\u00f3sticos m\u00e1s r\u00e1pidos o procesa grandes cantidades de datos. Su mayor contribuci\u00f3n estar\u00eda en ayudarnos a traducir la complejidad m\u00e9dica en lenguaje comprensible, en facilitar la comunicaci\u00f3n entre doctores y pacientes, y en liberar tiempo que le permita al profesional de la salud mirar m\u00e1s a los ojos y menos a la pantalla.<\/p>\n<p>Pensemos, por ejemplo, en alguien que recibe un informe dif\u00edcil de entender: una biopsia, una tomograf\u00eda, una resonancia magn\u00e9tica o un estudio de sangre. Para el especialista, esos conceptos tienen sentido dentro de un contexto cl\u00ednico. En cambio, en el paciente pudiera convertirse en una fuente de angustia. Un t\u00e9rmino como \u201clesi\u00f3n\u201d, \u201cn\u00f3dulo\u201d, \u201csospechoso\u201d o \u201challazgo incidental\u201d puede provocar miedo inmediato, incluso cuando no significa algo grave. Una IA bien dise\u00f1ada podr\u00eda desglosar esos resultados en palabras sencillas, sin sustituir al m\u00e9dico, preparando al doliente para hacer mejores preguntas y comprender su situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La IA tambi\u00e9n puede personalizar la explicaci\u00f3n. No todos precisamos el informe completo de la misma manera. Algunos necesitan conocer cada detalle t\u00e9cnico; otros, solo una aclaraci\u00f3n m\u00e1s general y tranquilizadora. Hay quienes prefieren im\u00e1genes, analog\u00edas o ejemplos, y aquellos que requieren el registro escrito para leerlo despu\u00e9s, con calma. La IA puede adaptar el lenguaje, generar res\u00famenes entendibles, preparar preguntas frecuentes y proporcionar materiales educativos adecuados a la edad, el nivel de comprensi\u00f3n y las circunstancias.<\/p>\n<p>Uno de mis maestros dec\u00eda que, en diversas ocasiones, lo \u00fanico que podemos ofrecerle al paciente es nuestra compa\u00f1\u00eda. Pero acompa\u00f1ar no es solamente explicar; es estar presente en el proceso de incertidumbre. En medicina, muchas veces el camino no es inmediato. Hay que aguardar los resultados, confirmar diagn\u00f3sticos, comparar estudios, valorar opciones, discutir riesgos y tomar decisiones. Ese tiempo puede ser emocionalmente muy dif\u00edcil. La IA podr\u00eda ayudar a construir mejores protocolos de seguimiento, recordatorios, orientaci\u00f3n y educaci\u00f3n continua para que el paciente no se sienta abandonado entre una cita y otra.<\/p>\n<p>Imaginemos un sistema que, despu\u00e9s de una consulta m\u00e9dica, entregue al paciente un resumen claro de lo que se habl\u00f3: cu\u00e1l es el diagn\u00f3stico probable, qu\u00e9 estudios faltan, qu\u00e9 signos de alarma tiene que vigilar, cu\u00e1ndo debe regresar y qu\u00e9 preguntas conviene hacer en la siguiente visita. Este tipo de herramienta no reemplaza la conversaci\u00f3n humana, la prolonga, la ordena y la fortalece. El paciente ya no depende de su memoria en un momento de estr\u00e9s. Posee una gu\u00eda que puede analizar con tranquilidad y en familia.<\/p>\n<p>Asimismo, debemos reconocer que la inteligencia artificial tambi\u00e9n asiste al m\u00e9dico. Una parte considerable del tiempo de los profesionales de la salud se consume en tareas administrativas: llenar expedientes, buscar informaci\u00f3n, revisar antecedentes, redactar notas, organizar datos y cumplir requisitos burocr\u00e1ticos. Si la IA logra reducir dicha carga, el beneficio no ser\u00e1 \u00fanicamente operativo, sino profundamente humano. Cada minuto que el m\u00e9dico no dedica a una pantalla puede convertirse en un minuto para escuchar mejor, explicar con m\u00e1s calma o acompa\u00f1ar con mayor empat\u00eda.<\/p>\n<p>Por supuesto, tal visi\u00f3n no est\u00e1 exenta de riesgos. La IA en medicina se tiene que desarrollar y utilizar con principios \u00e9ticos claros. No podemos permitir que se convierta en una barrera adicional. No debe despersonalizar la atenci\u00f3n, automatizar decisiones sin supervisi\u00f3n ni generar respuestas aparentemente convincentes pero incorrectas. Tampoco ampliar desigualdades entre aquellos con acceso a mejores herramientas digitales y quienes quedan fuera de ellas.<\/p>\n<p>Por eso, el papel de las universidades, los hospitales, los m\u00e9dicos, los investigadores y la sociedad es fundamental. La pregunta no es qu\u00e9 puede hacer la IA, sino qu\u00e9 queremos que haga por nosotros. En medicina, la respuesta debe ser clara: necesitamos que ayude a cuidar mejor. Que complemente la inteligencia cl\u00ednica, no que la sustituya. Que fortalezca la confianza, no que la debilite. Que acerque al paciente al conocimiento, no que lo abrume con informaci\u00f3n. Que vuelva m\u00e1s eficiente el sistema, s\u00ed, pero, sobre todo, que lo haga m\u00e1s humano.<\/p>\n<p>La empat\u00eda no se puede delegar a una m\u00e1quina. La compasi\u00f3n no se programa de manera aut\u00e9ntica. El consuelo, la mirada, el silencio oportuno y la presencia siguen siendo insustituibles. No obstante, la IA crear\u00eda condiciones para que esas capacidades vuelvan a ocupar el centro de la atenci\u00f3n m\u00e9dica. Ayudar\u00eda a explicar mejor, a ordenar la informaci\u00f3n, a anticipar dudas, a disminuir la incertidumbre y a acompa\u00f1ar con mayor continuidad.<\/p>\n<p>Tal vez el gran desaf\u00edo de la medicina del futuro no ser\u00e1 decidir entre tecnolog\u00eda y humanidad, sino aprender a usar la tecnolog\u00eda con el fin de proteger lo humano. La IA ser\u00eda una amenaza si la entendemos como sustituto del m\u00e9dico, del di\u00e1logo y del juicio cl\u00ednico. Pero tendr\u00edamos una aliada extraordinaria si la convertimos en una herramienta que amplifique nuestras mejores capacidades: comprender, explicar, cuidar y acompa\u00f1ar.<\/p>\n<p>En \u00faltima instancia, el paciente no quiere solamente un diagn\u00f3stico correcto. Busca entender qu\u00e9 le ocurre, qu\u00e9 puede esperar, qu\u00e9 opciones tiene y qui\u00e9n estar\u00e1 con \u00e9l durante el camino.<\/p>\n<p>Si conseguimos que la inteligencia artificial nos ayude a ofrecer todo eso con mayor calidad, entonces quiz\u00e1 su logro m\u00e1s grande no ser\u00e1 hacernos m\u00e1s tecnol\u00f3gicos, sino recordarnos por qu\u00e9 la medicina, antes que cualquier otra cosa, es un acto profundamente humano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guillermo Elizondo Riojas* ORCID: 0000-0002-9555-430X * Universidad Aut\u00f3noma de Nuevo Le\u00f3n, San Nicol\u00e1s de los Garza, M\u00e9xico. 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