EL SUELO SE DESCONGELA

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¿Alguna vez has escuchado del deshielo polar a causa del calentamiento global? Desde hace algunos años es un tema bastante común en muchos programas y hasta películas. Pues bien, déjame decirte que tienen razón, al respecto, un equipo internacional de científicos, entre ellos, el catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Alcalá, Miguel Ramos, confirma que la temperatura del suelo congelado, a una profundidad de más de 10 metros, aumentó en un promedio de 0.3°C entre 2007 y 2016 en el Ártico y Antártico, así como en las altas cordilleras de Europa y Asia central. Sin embargo, la subida más pronunciada se ha registrado en Siberia, donde la temperatura del suelo congelado ha llegado a subir casi un grado.

Los investigadores han monitorizado y analizado la temperatura del suelo en perforaciones realizadas en el Ártico, Antártico y varias cordilleras de alta montaña alrededor del mundo durante diez años. Los datos se recopilaron a profundidades superiores a 10 metros, con el fin de descartar la influencia de las variaciones de temperatura propias de los cambios de estación.

Aproximadamente, un sexto de las áreas terrestres de nuestro planeta se consideran regiones de permafrost (una capa de suelo permanentemente congelado –pero no permanentemente cubierto de hielo o nieve–de las regiones muy frías o periglaciares, como la tundra), lo que significa que los suelos se han mantenido permanentemente congelados durante al menos dos años consecutivos. En la mayoría de estas regiones, sin embargo, el frío penetró el suelo hace milenios; como resultado, en los casos más extremos, el permafrost continúa hasta una profundidad de 1.6 kilómetros.

La temperatura del permafrost es una de las variables climáticas más universalmente aceptadas. Ofrece una visión directa de cómo el suelo congelado reacciona ante el cambio climático. Esta información es especialmente esencial en las regiones de permafrost donde el suelo ya se ha vuelto más cálido o comenzado a descongelarse, produciendo daños en infraestructuras como carreteras, pilares, cimentaciones y otras que se sustentan en la rigidez del suelo provocada por su estado térmico de congelación.

Además, a raíz del calentamiento global, la integridad de estas estructuras se está viendo cada vez más comprometida, generando grandes costes. Asimismo, los suelos de permafrost contienen cantidades masivas de materia vegetal y animal preservada. Si este material orgánico se libera debido a la descongelación del permafrost, los microorganismos se activarán y dará comienzo un proceso que potencialmente podría producir suficiente dióxido de carbono y emisiones de metano como para elevar, aún más, la temperatura media global del aire, debido al reforzamiento del efecto invernadero, entre 0.13 y 0.27° hasta 2100.

El conjunto de datos completo abarca 154 perforaciones, 123 de las cuales han permitido extraer conclusiones durante toda una década. Los resultados demuestran que, en esos diez años, desde 2007 a 2016, la temperatura del suelo del permafrost se elevó en 71 de los 123 puntos de medición y, concretamente, en cinco de ellos, el permafrost ya estaba descongelándose. Por otro lado, la temperatura del suelo bajó en 12 perforaciones, por ejemplo, en ubicaciones específicas al este de Canadá, el sur de Eurasia y en la Península Antártica; y en otras 40 perforaciones, la temperatura permaneció prácticamente inalterada (fuente: Biskaborn, B.K., et al. (2019). Permafrost is warming at a global scale. Nature Communications. doi.org/10.1038/ s41467-018-08240-4).