El frontón de Piedras Pintas. De la geometría de la naturaleza a la simetría de la cultura

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Lorenzo Encinas Garza*

CIENCIA UANL / AÑO 21, No. 89 mayo-junio 2018

Aislado, en medio de la inmensidad de la llanura norteamericana del norte de Nuevo León, el Frontón de Piedras Pintas, municipio de Parás, sigue maravillando a quienes llegan a este punto localizado muy cerca de la frontera con Tamaulipas y Texas.

Documentado hace más de 100 años, los petroglifos no tienen similitud con otras manifestaciones gráfico-rupestres de la región. William Breen Murray afirma que el Frontón de Piedras Pintas fue el primer sitio con arte rupestre reportado en Nuevo León (Murray, 2007).

A lo largo de este trabajo tendremos un acercamiento a la iconografía de los motivos que ahí se encuentran plasmados. Se trata de petroglifos incisos: líneas profundas en la roca elaboradas por los antiguos grupos de cazadores recolectores. Es evidente el cuidado que tuvieron los antiguos artistas para elaborar los grabados, ya que al ser hechos por abrasión y pulimiento produjeron cortes nítidos en la superficie de la roca, dado su tamaño y profundidad, producen sombras que dan la impresión de que las piedras están manchadas o pintadas, de ahí el nombre de Piedras Pintas.

Los motivos se encuentran en un lomerío que domina el panorama; desde donde se puede ver la salida y puesta del Sol, el paso de la Luna y el vasto horizonte.

EL ESPACIO Y EL TIEMPO

Entre la fauna abundan coyotes, liebres, zorras, osos, armadillos, jabalíes, cacomixtles, comadrejas, tejones, venados cola blanca, garzas, patos y otras aves migratorias. Además, hay reptiles como los lagartijos, víboras e insectos como alacranes y arácnidos.

Son contados los trabajados arqueológicos que se han llevado a cabo en Piedras Pintas. Más bien se trata de artículos e informes que nos dan detalles de los motivos. Salvo las descripciones de la Junta de Arqueofilia en 1908 (Periódico Oficial de Nuevo León, 1908) y la narrativa de Protasio Cadena (1944), lo que se ha escrito es muy escaso.

Aunque no hay un dato específico, historiadores como Santiago Roel (Ecured, 2016) y Protasio Cadena (1944) sostienen que el primer europeo que estuvo en el Frontón de Piedras Pintas fue un misionero franciscano. El avistamiento del sitio se remonta a mediados del siglo XVIII, fecha muy factible y que coincide con la llegada de Martín de Zavala, gobernador del Nuevo Reyno de León, quien fundó la misión de Nuestra Señora de Alamillo (Santa Teresa).

Es difícil saber con precisión los autores de los grabados, sin embargo, a la llegada de los europeos, la zona estuvo habitada por tribus emparentadas por un mismo idioma: los coahuiltecos. El territorio coahuilteca comprendía el norte del antiguo Nuevo Reyno de León, en los actuales estados de Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y Texas, en Estados Unidos.

EL SITIO

La base del promontorio del Frontón de Piedras Pintas tiene una altura de 4.65 metros y lo componen dos grandes piedras. La primera se encuentra grabada de su cara occidental. Mide 9.30 metros de largo, por seis metros de ancho y alcanza los 2.65 metros de altura. La segunda está dividida por una abertura de 40 centímetros, aproximadamente.

En apariencia, en el lugar hay indicios de pintura rupestre en una de las paredes de una gran piedra. Se pueden ver algunas rayas con tonalidades rojizas, indicativo de pintura rupestre. Es muy posible que miles de años atrás el sitio haya sido un abrigo rocoso que tal vez se derrumbó debido a una inundación del Río Sabinas cuya crecida llego hasta el lugar.

En las inmediaciones se han colectado puntas de proyectil conocidos entre la gente de la región como “chuzos”. En su conjunto, se trata de un estilo que no tiene similitud a otros puntos que existen en la región; de hecho, esta forma de elaboración de grabados es única en la región del norte de Nuevo León.

GEOMETRÍA RUPESTRE

En su conjunto, podríamos relacionar los motivos con el geometrismo rupestre. Por geometría entendemos que es una disciplina de las matemáticas que estudia las propiedades, medidas, líneas y superficies de los cuerpos (Larousse, 2007).

En cuanto a las manifestaciones, las catalogamos dentro de geometrismo, identificado con motivos como líneas paralelas, grupos de puntos, círculos, círculos concéntricos, rombos, cuadrados, líneas rectas y triángulos. En general, en el Frontón de Piedras Pintas los trazos pueden tener relación con el medio ambiente circundante, ya que seguramente era primordial en sus creencias religiosas, un sistemático conocimiento que se ve reflejado en lo fino de los petroglifos.

Por ejemplo, si partimos de la idea del extinto maestro William Breen Murray (1987) de considerar los conjuntos de puntos y las rayas como cuentan numéricas, encontramos que, en una gran roca, que se exhibe en el Museo de Sabinas Hidalgo, le fueron talladas 38 rayas. Justo abajo de esta posible cuenta se encuentran motivos que identificamos como vulvas, clara alusión a un rito de fertilidad, demostrando el alto grado de cono- cimiento acumulado. Una especie de llave para entender algunos petroglifos.

Francisco Mendiola Galván, siguiendo a Maugard, considera que son siete los elementos primarios identificados en el arte de todos los pueblos incluido el mexicano, éstos se constituyen de las siguientes formas específicas: 1. espiral, 2. círculo, 3. el medio círculo cortado, 4. S o “curva de la belleza”, 5. línea ondulada, 6. línea en zig-zag, y 7. línea recta (Mendiola, 2002).

Siguiendo los postulados del prolífico investigador, “todos estos motivos o elementos en asociación, por su misma forma específica (curvas, círculo y rectas) y combinados o mezclados, dan como resultado elementos abstractos como las grecas, círculos y cuadrados concéntricos, también dan origen a los motivos naturalistas: antropomorfos, zoomorfos, fitomorfos, astromorfos (nubes, soles, luna, estrellas y rayos)” (Mendiola, 2002).

Aplicando la propuesta anterior a los petroglifos del Frontón de Piedras Pintas, nos percatamos que algunos parten de forman específicas.

Para profundizar más en la materia, Mendiola sostiene que “la simetría de la cultura es una parte de la organización del mapa cultural cognitivo y la clasificación de la simetría significa la posibilidad de que los miembros de una cultura en particular perciban nuestro mundo”.

Las conclusiones de Mendiola Galván son muy sugerentes: “El arte rupestre es la primera fotografía de la infancia de la humanidad. Si la fotografía hubiese sido inventada en la época cuaternaria, la pintura no se habría inventado nunca”. El punto es la abstracción, esa capacidad nuestra de aislar y representar partes de la realidad objetiva a través de la graficación (sic) y del lenguaje (signos, símbolos y fonética), medios por los cuales se recrean de manera muy importante las sociedades y las culturas ̈ (Mendiola, 2011).

Piedras Pintas es un espacio de rocas vivas, deducimos que pudo ser muy especial para las antiguas tribus pues detallan elementos de su mundo circundante. Simplificaron tanto la figura humana que aun así la podemos reconocer: bastaron líneas cortas para darnos una idea de qué se trata. Uno de los petroglifos más reiterados en Piedras Pintas es la representación del cauce de agua del Río Sabinas. Seguramente el agua fue una deidad importante pues fue una fuente de vida, vital para los grupos de cazadores recolectores.

PETROGLIFO RÍO SABINAS

Justo en medio de la roca más grande hay una serie de petroglifos que detallan la huella de un felino y un venado; ambos seguramente tenían un significado especial ya que fueron finamente pulidos para resaltar su aspecto natural.

Vale recordar que entre algunas etnias de origen maya el doble carácter presa-cazador tiene una estrecha relación con la dualidad del planeta Venus (Torres, 2002). Por otro lado, es indudable que las huellas de venado representan el rastro seguido por el antiguo cazador y en contraparte la pisada del felino podría ser el deseo del cazador de ser efectivo al momento de ultimar a su presa.

Entre los huicholes y otros pueblos del norte de México, las huellas de venado son parte de una arraigada creencia que, además del rastreo en la cacería, se puede tratar de un tótem, un héroe mítico que acompaña a los integrantes de la etnia en sus largas caminatas. El venado (jícuri o peyote) dotaba a los caminantes de fuerza en las largas jornadas, además facilitaba la capacidad de hablar con la naturaleza de manera ritual.

En Piedras Pintas es muy probable que las figuras humanas se representaron como un pequeño círculo que simbolizó la cabeza, además de diminutas rayas cortas en la parte inferior y las extremidades. El siguiente grabado nos da la impresión de que se puede tratar de un mitote.

Los rombos y las grecas pueden representar a un tipo de culto dedicado a la serpiente, seguramente se trató de la víbora de cascabel, especie abundante en esta zona hoy en día. Tal vez por la cercanía del agua o por el copioso alimento, las serpientes de cascabel son muy abundantes, en especial la conocida como “diamantina”, sin embargo, lo que queda claro es que el reptil fue parte de la cosmovisión de los grupos antiguos, al grado de que los rombos tallados, en casi todo el conjunto de petroglifos, con toda posibilidad representan esta especie sumamente venenosa.

En las altas culturas mesoamericanas, Quetzalcóatl fue uno de los dioses principales y su culto se extendió en una extensa región.

La anterior fotografía circuló en redes sociales, muestra el gran tamaño que alcanzan las serpientes de cascabel en el norte de Nuevo León. Por lo que las expediciones a Piedras Pintas son bastante arriesgadas.

CONSIDERACIONES FINALES

  1. Los motivos incisos del Frontón de Piedras Pintas tienen un carácter simbólico que parte de un origen astronómico y detalla el movimiento de las estrellas y constelaciones, mismos que guardan una relación con ciclos naturales como el crecimiento de la vegetación, la recolección de frutos (tunas o mezquites), temporadas de caza, celo de las presas y las estaciones. Por todo lo anterior, podríamos afirmar que Piedras Pintas es una interpretación de la bóveda celeste donde se llevaban a cabo ceremonias especiales. Marcadores del tiempo natural donde basaron su cultura y sobrevivieron pese a lo inhóspito del medio ambiente.
  2. La finalidad de los grabados pudo ser la supervivencia apoyada en el conocimiento de los fenómenos cíclicos. El registro, a través de la gráfica rupestre, nos permite afirmar que la comprensión astronómica cumplía una función religiosa, como un indicador de la cosmología de las antiguas agrupaciones de cazadores recolectores.

  3. Citaremos a Johanna Broda, ya que “la observación sistemática y repetida a través del tiempo de los fenómenos naturales del medio ambiente permite hacer predicciones y orientar el comportamiento social de acuerdo con estos conocimientos” (Broda, 1990).

  4. El discernimiento, gracias a la observación de la naturaleza, abarca una serie de saberes bien detallados y están relacionados con la astronomía, la geografía, la botánica, la zoología y la medicina, entre otras áreas vitales para la sobrevivencia, los chamanes pudieron ser los portadores de esa inmensa sabiduría.

  5. Como en muchos espacios de gráfica rupestre, la noción de espacio y tiempo eran aplicados al paisaje, al marcar ceremonias especiales relacionadas con el cambio del clima, que marca el principio y el fin de las temporadas de caza y recolección.

  6. Aun hoy en día el Frontón de Piedras Pintas sigue atrayendo a las personas, algunas acuden en los solsticios o equinoccios para tomar el Sol y cargarse de energía, ya que consideran el lugar como un espacio mágico donde pueden sanar sus males.

 

*Universidad Autónoma de Nuevo León

Contacto: nichocolombia@gmail.com

REFERENCIAS

Broda, J. (1990) Calendarios y astronomía en Mesoamérica, su función social. Ciencias. Abril-junio. Disponible en: http://www.revistaciencias.unam.mx/pt/166-revistas/revista-ciencias-18/1491-calendarios. Visto 31 de octubre 2016.

Cadena, P. (1944). El Frontón de Piedras Pintas. Publicación número 4 de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística. Marzo.

Ecured (2016). Santiago Roel Melo. Biografía. Disponible en https://www.ecured.cu/Santiago_Roel_Melo

Larousse (2007). Diccionario manual de la lengua española. Larousse Editorial: México.

Mendiola G., F. (2002). Arte rupestre: epistemología, estética y geometría. Sus interrelaciones con la simetría de la cultura. Ensayo de explicación sobre algunas ideas centrales de Adolfo Best Maugard y Beatriz Braniff. Disponible en: http://www.rupestreweb.info/ mendiola2.html

Mendiola G., F. (2011). El arte rupestre en la simetría de la cultura: epistemología, estética y geometría de una forma cultural del norte de México. México: Editorial Academia Española.

Murray, W.B. (1987). Arte Rupestre en Nuevo León, numeración prehistórica. Ed. Cuadernos del Archivo de Nuevo León, México.

Murray, W.B. (2007). Arte rupestre del noreste. Fondo Editorial de Nuevo León.

Periódico Oficial de Nuevo León. (1908). Tomo XLIII, Número 28, 7 de abril.

Torres R., A. (2002). El escorpión celeste, un marcador del inicio y fin de la época de lluvias en Mesoamérica. En Barba de Piña Chán, Beatriz. Iconografía mexicana: las representaciones de los astros. Plaza y Valdés, Conaculta, INAH.