La vejez desde una enfoque sociocultural

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Leticia Huerta Benze*

CIENCIA UANL / AÑO 21, No. 87 enero-febrero 2018

Este trabajo presenta algunos apuntes respecto a las potencialidades analíticas de la dimensión cultural y del método etnográfico en la comprensión de los fenómenos de vejez y envejecimiento. Se señala la pertinencia de pensar las problemáticas de las personas adultas mayores a partir de la documentación de la experiencia del sujeto en contextos y situaciones de vida particulares. Se conceptualiza la vejez a partir de la comprensión del conjunto de factores, procesos, actores y relaciones que configuran las distintas construcciones colectivas que los posicionan en escenarios de mayor decisión o constreñimiento.

Parto de que la selección y la cualidad de las teorías determinan las posibilidades de su descripción y comprensión, por lo que será necesario reflexionar en torno a los impactos sociales, políticos, culturales y económicos de las distintas estrategias de análisis y visiones de las disciplinas interesadas en los estudios a analizar.

De este modo, el objeto del documento es puntualizar acerca de las investigaciones culturales sobre la vejez y el envejecimiento como un campo de observación en expansión que busca destacar la diversidad del fenómeno a partir del rescate de la experiencia de sujetos histórico-sociales que explican y detallan sus necesidades más apremiantes, dan cuenta de desigualdades, señalan y desarrollan panoramas por venir.

Este artículo se fundamenta a partir de evidencia empírica del trabajo de campo realizado en un asilo de Nuevo León y reúne el análisis de las interpretaciones generales de los adultos mayores residentes en los que se profundizó la indagación.

LA VEJEZ: ENVEJECER COMO PROCESO BIOPSICOSOCIOCULTURAL

La vejez, como todo proceso relativo a los sucesos biológicos y físicos que los seres humanos atraviesan a lo largo de la vida, no está sólo permeado por diversas y complejas experiencias sociales y subjetivas de acuerdo a la cultura, momento histórico y trayectoria que han vivido los sujetos, también es constitutivo de la forma individual y colectiva del transcurrir irreversible de los años en un cuerpo.

Los abordajes del estudio de la vejez, pero sobretodo del envejecimiento, sugieren varios enfoques para tratar áreas específicas de la investigación de las personas envejecidas. Sin duda, el abordaje sobre el envejecimiento biológico es una de las aproximaciones más importantes a contemplar cuando se tiene por objeto determinar a la población anciana a partir de los cambios que el cuerpo tiene al paso de los años. Este enfoque problematiza los elementos asociados al deterioro biológico y hace énfasis en el debilitamiento de la funcionalidad, así como de la fuerza y la masa muscular, las complicaciones en la agudeza visual y auditiva, la disminución de la reserva funcional, cardiaca, respiratoria, neurológica, etcétera.

Otra aproximación al estudio del envejecimiento de la población ha sido establecida a través de la edad de los sujetos, y aunque es un marcador nominal del paso del tiempo, no permite reflexionar acerca de las implicaciones sociales asociadas. Para la mayoría de las instituciones dedicadas al estudio de la población adulta mayor, e incluso las que se dedican a la realización de los censos poblaciones en el país, clasifican a la población adulta mayor como aquélla que supera los 60 años (INEGI, 2013).

De acuerdo a la bibliografía revisada, (1) los estudios que abordan la temática del envejecimiento, según la postura de la cual se parta,  tienden  a  privilegiar  las  explicaciones  biologicistas,  detallando  el  proceso como una cuestión evolutiva,  de deterioro molecular o de transformaciones de un organismo. No obstante, los enfoques demográficos, socioeconómicos y socioculturales cada vez son más notables en los análisis. Podemos encontrar cada vez más abordajes que incorporan diversas metodologías y puntos de partida que integran el saber empírico en los análisis, proporcionando un tratamiento más fino y detallado de los datos al cotejarse y discutirse con las teorías.

Si bien el nuevo paradigma (2) es inclusivo con perspectivas más orientadas al papel social y las posturas psicológicas más abiertas, la conceptualización sigue siendo un asunto ambiguo y dependiente en gran medida de la orientación teórica saliente. No obstante, en este trabajo parto de la premisa de que el envejecimiento y la vejez pueden ser asuntos conceptualmente distintos y estar construidos desde dos miradas que sugieren metodologías que caminan en dirección paralela, pero que no deberían tener el mismo significado conceptual, ni equipararse o esperarse el mismo tipo de hallazgos. Sin embargo, una explicación pertinente y que llega a aclarar acerca de lo que puede tratar uno u otro concepto, es que el envejecimiento es un proceso que vive todo organismo desde que nace, es decir, es inherente a él como lo es el desarrollo, no obstante, uno está más presente que el otro o es más representativo en ciertas etapas de la vida de las personas (Ariztizabal et al., 2013). En este sentido, la vejez, como una etapa de la vida de los individuos que incluye el proceso de envejecimiento y de desarrollo, permite indagar sobre la experiencia de vida de dicho periodo en cada sujeto, pero también posibilita adentrarnos al marco sociocultural y de vida cotidiana en el cual se encuentre.

Otra postura aclaratoria y relacionada a la anterior es la que señala Zetina (1999), quien indica que hablar de vejez es hablar de supuestos hipotéticos de un proceso dinámico que debe estudiarse desde diversas edades. Esta aproximación incluye las formas en que los individuos vivieron esas etapas, de tal modo que se incorporen variables desde otras miradas y disciplinas. Por ello, hablar de vejez es hablar de “un periodo de la vida humana muy amplio y variante, que puede abarcar más de 40 años de la vida del ser humano”, por lo que la apuesta debe ser un abordaje que promueva la pluralidad y las diversas manifestaciones.

Si bien toda revisión conceptual es necesaria y pertinente para el complejo proceso de la construcción del objeto de estudio, de acuerdo a la propuesta de ruptura epistemológica que proponen Bourdieu, Chamboredon y Passeron (2008), una definición previa de un objeto como construcción teórica provisional favorece la fragmentación de nociones ajenas a una primera noción científica.

De este modo, la vejez puede ser un concepto construido a partir de un abordaje cualitativo, un dato etnográfico, un ejercicio que abstrae del material empírico aspectos simbólicos que se materializan en categorías que son más heterogéneas y tendentes a la particularización de los casos y a sus componentes; y el envejecimiento, a su vez, una aproximación con más tradición en los estudios de la población adulta  mayor  de acuerdo a sus características demográficas y psicológicas que se anclan al deterioro orgánico y  que tienden  a dialogar con las  posturas biomédicas preponderantes.  En  México, la invitación hacia la primera perspectiva la encontramos en los importantes aportes pioneros de Robles (2006) y Montes de Oca (2010), cuyas preocupaciones de análisis se interesan por trabajar la vejez desde una perspectiva compleja y contemporánea que incluya el conocimiento de otros conceptos, temas y actores, así como la discusión de las cualidades heterogéneas.

Como hemos visto, el término de vejez es amplio y no existe una apuesta en concreto, y aunque hay variadas dimensiones para definirle, como las perspectivas cronológica, fisiológica y social (Huenchuan, 2015), en esta investigación me aproximo más a una concepción que implica:

(…) una fase más de nuestro ciclo vital (como la infancia, la adolescencia o la madurez), con sus características propias, unas más agradables y otras menos, que se irán presentando de forma progresiva, en función de factores intrínsecos individuales (genéticos, hereditarios), actitudes personales y circunstancias que han rodeado nuestra vida (Marín, 2003; p. 28).

Este texto, sin embargo, invita a pensar una definición como una construcción sociocultural de la vejez, desde ahora CSVE, la cual incorpore las voces de los sujetos entrevistados con base a un ejercicio de traducción de su autobiografía, tanto antes de la experiencia asilar, como las que se dan dentro de éste, es decir, a partir del manejo de la interpretación personal de dichas experiencias, las cuales son resultado de la forma en que se ha impuesto la cuestión asilar en la conciencia de los sujetos.

En este sentido, Vásquez y Ronzón (2014) plantean la importancia de antropologizar las vejeces y dar cuenta de la etnografía de las experiencias y expectativas de los ancianos desde una nueva cultura.

Por ello, el aporte antropológico a los estudios sobre vejez y envejecimiento me parece fundamental, ya que busca realizar una reflexión  en  torno  a  un flujo  de  acontecimientos  socioculturalmente  situados  que  se  arraigan  con  elocuencia  en  las representaciones y acciones de los sujetos en la vida cotidiana, que es, en todo caso, lo que da sentido a su existencia y  lo que construye su devenir. La vejez, desde esta perspectiva, es una aproximación de sentido, un estado que subyace de la memoria del sujeto frente  a  una  situación  sociocultural  concreta,  que  incorpora  su  biografía en  la  experiencia de  un cuerpo en un estado específico de deterioro biológico y de disminución de las capacidades sociales frente a la interacción social que le toca afrontar.

Esta definición incluye similitudes, diferencias y contradicciones, pues retoma la voz de un sujeto que trata de explicar el orden de eventos significativos a lo largo de su vida y su sentir actual bajo la condición de encierro. Estas nociones de vejez y enfermedad se sitúan frente a una posición que revela a unos sujetos en interacción que se reconocían y construían de acuerdo a una trayectoria de vida, a las relaciones interpersonales más significativas que tenían en el pasado y las que inevitablemente establecieron en el asilo  a  través  de  las  rutinas  cotidianas  de  cuidado  y  algunas  actividades  terapéuticas  relacionadas  con  cada  una  de  sus enfermedades. De este modo, las definiciones de estos conceptos fueron resultado de una comprensión intersubjetiva, como proceso situado en la vida asilar dentro de una estructura física y de espacio sociocultural.  Esta orientación participa de la propuesta de Menéndez (2010), cuyo cuerpo teórico-metodológico y dimensión analítica consideran el punto de vista del actor (PVA), el aspecto relacional, así como las representaciones y prácticas de los sujetos dentro de los procesos de salud/ enfermedad/atención, rectores de los temas de salud y enfermedad desde la antropología médica.

EL ASILO Y LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA VEJEZ: UNA FORMA PARTICULAR DE ENTENDER LA EXPERIENCIA DEL ENVEJECIMIENTO

Investigar a la población envejecida a partir de la experiencia del tránsito que tienen de la vida en el hogar y otros espacios domésticos a un asilo permite ver cómo es, a partir de revisiones retrospectivas y experiencias cotidianas de un escenario doméstico a uno institucional, la constitución no sólo de configuraciones sobre su vejez, también de la enfermedad o enfermedades que padecen, de la vida que dejan atrás y de expectativas sobre el futuro ahora como personas institucionalizadas.

Abordarla como una construcción social es importante para entender cómo procesos que la mayoría de la población en general vivirá, pueden evocar tragedias personales, violencias y desigualdades sistemáticas en la vida de un sujeto en la que será la última etapa de su vida. La posición social respecto a su familia y comunidad, los roles que se le atribuyen, así como el tipo de relaciones sociales que tuvieron a lo largo de su vida, trascienden hasta el punto de proporcionar una etiqueta a los sujetos como ancianas, viejos, personas adultas mayores, enfermos, discapacitados, etcétera, que, en general, devalúan, descalifican al adulto mayor y le representan como una persona dependiente, frágil y sujeto de tutela, o por el contrario, objeto de arbitrariedades y abandono que facilitan que otros convengan el establecimiento de ciertos espacios institucionales como los idóneos para atenderles, en la mayoría de los casos sin el menor consentimiento.

Las nociones de vejez y enfermedades en los sujetos se exploraron de acuerdo a diversos factores socioculturales que influyeron en su vida ahora como personas adultas mayores. La edad, el comienzo de enfermedades, el distanciamiento de las relaciones sociales, la disminución o el término de la vida productiva, son algunos de los elementos que resultan fundamentales en las representaciones que construyen los ancianos y ancianas para comprender su presente. De igual manera, al ser la experiencia vivida la determinante en las representaciones rescatadas, se introducen elementos en la subjetividad de los actores a partir de los cambios en la vida cotidiana que experimentan en el asilo: la reconfiguración de identidad, la construcción del yo, las emociones y el dolor son elementos que se destacan para elaborar una representación de la realidad.

Así, lo que los sujetos envejecidos interpretan, suele establecerse de acuerdo a momentos continuados de su experiencia, a su biografía y lo que logran explicitar de su vida tiende a encajar y a ser mayormente coherente (Berger y Luckmann, 2003). Esta línea de tiempo explicativa puede que no sea ordenada para quien analiza su contenido, pero para el actor sigue siendo una explicación real de acontecimientos.

En los sujetos, estar experimentando un mismo proceso como el envejecimiento no homogeniza ni la forma en que lo viven cotidianamente ni cómo se siente y encarna esta situación; de ahí la importancia de recuperar los elementos con los que los ancianos y ancianas construyen el sentido de su realidad como sujetos envejecidos.

Por haber atravesado procesos particulares de vida, los términos con que definen la realidad de su situación de vejez, aunque parecen distantes a un ordenamiento estructural, también refieren a una dimensión social de acuerdo a la posición que ocupan los ancianos y ancianas en la cultura, la comunidad y sus familias.

Para entender cómo se construye la vejez a través de un contexto institucional, es necesario establecer que también éste se experimenta como una realidad objetiva. “Las instituciones, en cuanto facticidades históricas y objetivas, se enfrentan al individuo como hechos innegables. Las instituciones están ahí, fuera de él, persistentes en su realidad” (Berger y Luckmann, 2003, p. 80).

De esta manera, el estudio de las instituciones revela una capa de significados que moldean a los individuos que ahí se desenvuelven, pero no a condición estricta de las normativas que una estructura asilar les imputa, sino de la serie de acciones que desarrollan intersubjetivamente en la misma. En este encuentro entre rutinas que organizan la vida asilar en términos prácticos, también están implicados el devenir colectivo e individual de los ancianos asilados.

La perspectiva de cada sujeto, así como la propia dinámica asilar, permitieron observar que, más allá de la narrativa de los sujetos sobre las prácticas rutinizadas de cuidado y atención, existen temas circundantes de la vida de los ancianos que en un asilo elucidan una significación muy íntima de la experiencia de este proceso.

Así, cada sujeto expone lo que realmente le es relevante transmitir, recordar y omitir, y con ello explica en cierta manera las causantes del internamiento. Estar en una institución no es una casualidad y, como se expuso, responde a diversas causas que derivan de una determinada trayectoria individual, no obstante, los arreglos respecto al cuidado a los ancianos, la permanencia y la imposibilidad de salir, sí son un asunto condicionado por la estructura asilar y el diagnóstico médico, así como a la forma en que son utilizadas dichas normativas por parte de los familiares.

En resumen, la potencialidad de este tipo de aproximación revela que realmente conocemos muy poco de las percepciones de los servicios de estancias geriátricas por parte de los sujetos quienes se encuentran en las mismas y quienes reciben directamente todo el aparato organizado de cuidados. También es poco frecuente reconocer los elementos subjetivos y la experiencia emocional de las personas ancianas, los cuales en estos espacios no tienen muchas oportunidades de autonomía ni poder de decisión.

REFLEXIONES FINALES

Sin duda, los enfoques y las variables con las que los estudios se acercan a tratar el fenómeno del envejecimiento y el de la vejez son diversos, abordan partes necesarias de la realidad del universo en que se estudian y se complementan unas a otras. La importancia  de  seguir realizando  este  tipo de  investigaciones  radica  en  la  necesidad  de retratar  la  forma  de  vida  y representaciones de un sector vulnerable que personifica toda serie de imposibilidades físicas, mentales y sociales para darse voz a sí mismos y a sus problemáticas.

Me parece que los trabajos que exploran esta condición en espacios asilares posibilitan la descripción y el análisis de problemáticas que no sólo atraviesan el fenómeno desde una perspectiva de deterioro biológico a nivel individual, también posibilita una aproximación colectiva y estructural al llevarse a cabo en un espacio físico y normativo delimitados.

Finalmente, la contribución del estudio etnográfico de la situación en la que se encuentran los adultos mayores y la forma en que ellos sitúan y definen su vejez es necesaria para comprender holísticamente la problemática y contribuir junto a otros enfoques disciplinarios de teorización y aplicación de estrategias a la difusión de este tema y a la búsqueda de soluciones de acuerdo al contexto sociocultural y las representaciones y prácticas cotidianas que brindan sentido al microgrupo en materia de salud, ya que son ellos mismos los que pueden ir generando sus propios recursos de solución, en tanto es el mismo grupo que lo padece, quien puede establecer criterios anclados al valor de su experiencia.

*Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.

Contacto: leticiahuertab@gmail.com

REFERENCIAS

1 Cabe aclarar que la bibliografía revisada, así como el rastreo de la construcción del concepto de envejecimiento a partir los aportes no empíricos, subrayan la orientación psicologista, pues en estos documentos así se tiende a iniciar la mayoría de las discusiones. No obstante, no quiere decir que sean los únicos puntos de partida ni las únicas referencias en el tema, pero quizá sí los más citados y más ampliamente difundidos fuera del área exclusivamente biomédica. Compilaciones como la de Nélida Asili (2004) y Fernando Quintanar (2011), entre otras fuentes citadas en este trabajo, ejemplifican la orientación de la interpretación y análisis en los temas de vejez y envejecimiento.

2 Como nuevo paradigma me refiero al posicionamiento de los nuevos estudios sobre vejez y envejecimiento, los cuales complejizan el problema con otras variables y perspectivas fuera de la dimensión eminentemente biológica.

Ariztizabal V., N., et al. (2013). Envejecimiento activo. Un proceso de todos y para todos. Colombia: Maestros de la supervivencia.

Asili, N. (2004). Vida plena en la vejez. Un enfoque multidisciplinario. México: Editorial Pax.

Berger, P., y Luckmann, T. (2003). La construcción social de la realidad. Argentina: Amorrortu editores.

Bourdieu, P., Chambordeon, J.C., y Passeron, J.C. (2008). El oficio del sociólogo. Presupuestos epistemológicos. México: Siglo XXI Editores.

Huenchuan N., S. (2015). Conceptos de vejez y enfoques de envejecimiento. Disponible en: http://www.cepal.org/celade/noticias/paginas/7/13237/pp2.pdf

INEGI. (2013). Estadísticas a propósito del día internacional de las personas de edad. Datos nacionales. Disponible en http://www.inegi.org.mx/inegi/default. aspx?c=274

Marín, J.M. (2003). Envejecimiento. Revista Salud Pú- blica y Educación para la Salud, 3 (1): 28-33, disponible en: http://mpsp.webs.uvigo.es/rev03-1/envejecimiento-03-1.pdf

Menéndez, E. (2010). La parte negada de la cultura. Relativismo, diferencias y racismo. Argentina: Prohistoria ediciones.

Montes de Oca, V. (2010). Pensar la vejez y el envejecimiento en el México contemporáneo. Revista Renglones. No. 62, pp. 159-181.

Quintanar, F. (2011). Atención psicológica de las personas mayores. Investigación y experiencias en psicología del envejecimiento. México: Editorial Pax.

Robles, L. (2006). La vejez. Nuevos actores, relaciones sociales y demandas políticas. Relaciones. Estudios de historia y sociedad. Vol. XXVII, No. 105, pp. 140-175. Disponible en http://www.facso.uchile.cl/ observa/LA%20vejez%20nuevos%20actores%20relaciones%20sociales.pdf

Vázquez, F., y Ronzón, Z. (2014). Tendencias de investigación en antropología de la vejez en México. Ichan Tecolotl. Año 25. No. 291, noviembre, pp. 11,12.

Zetina L., M.G. (1999). Conceptualización del proceso de envejecimiento. Papeles de Población. Vol. 5, No. 19, enero-marzo, pp. 23-41. Disponible en: http://