La diversidad biológica en la sustentabilidad

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Pedro César Cantú Martínez*

CIENCIA UANL / AÑO 20, No. 84, abril-junio 2017

Hoy en día, más que nunca, se reconoce el valor que representa la biodiversidad para nuestras sociedades, especialmente por las riquezas inconmensurables que nos proporciona ésta, con lo cual nos hace cavilar en la imperiosa necesidad de cambiar los patrones insostenibles de uso y consumo que hacemos del entorno natural (Cantú-Martínez, 2015). Recordemos que la búsqueda de una estabilidad duradera de un desarrollo sustentable se finca en abandonar los modelos que socavan a la naturaleza y que condenan las aspiraciones legítimas de bienestar que millones de personas tienen por derecho inalienable (UNESCO y UNEP, 2003).

Lo antes mencionado toma suma relevancia si observamos el vínculo existente entre la naturaleza y el ser humano, donde se ha transitado por un proceso de adaptación y acomodación de toda sociedad humana con el entorno natural, que ha sido el cimiento para definir los rasgos particulares y las formas de vida de aldeas, pueblos y naciones, en las que se contemplan los servicios proporcionados por un entorno natural único y los recursos naturales derivados de la diversidad biológica (Cantú-Martínez, 2013a). Al punto tal que se ha reportado que 40% de la economía en el mundo se respalda en procesos naturales y productos biológicos procedentes de la naturaleza, que son esenciales para el sustento de la humanidad, por lo tanto toman suma importancia las metas universales de los Objetivos del Desarrollo Sustentable declaradas en la Agenda 2030 y que se constituyen en el derrotero a seguir para lograr un desarrollo armónico y sustentable (UNESCO y UNEP, 2003; Cantú-Martínez, 2016a). El cual puede ser “concebido como un proceso complejo en el que interactúan diversos campos y características” (Maraña, 2010, p. 3).

El desarrollo sustentable se erige como una construcción opcional en nuestro tiempo, que intenta suplir o atemperar las consecuencias estimuladas por las pautas actuales de desarrollo que se ostentan en gran parte de los países en el mundo (Cantú-Martínez, 2016b). Que de manera dúctil y delicada ha irrumpido violentamente en todos los ámbitos de la sociedad, tanto económicos como políticos, provocando estragos colectivos en las grandes urbes y en el entorno natural (Cantú-Martínez, 2013b).

En estos próximos años, los razonamientos o series de acciones a tomar están propugnadas en un análisis que demuestra la necesidad de orientar los propósitos y el conjunto de prácticas productivas hacia un cambio social que nos encamine al desarrollo sustentable y procuración del patrimonio biológico que poseemos. Los planteamientos que postula este desarrollo sustentable se han tipificado en agendas que exhiben y despliegan compromisos que se instituyen en un instrumento a seguir, y que emanan de la Agenda 2030 (Cantú-Martínez, 2016a). En el presente manuscrito se aborda qué es la diversidad biológica y sus implicaciones en el desarrollo sustentable.

¿Qué es la diversidad biológica?

Referirnos a la diversidad biológica es detallar el número de especies en un lugar determinado. Sin embargo, en una forma más amplia denota también las variaciones existentes dentro y entre los organismos vivos, así como de las complejas relaciones presentes entre los organismos, que pueden darse de manera natural o producto de las modificaciones o alteraciones realizadas en el entorno por el ser humano (Swingland, 2001).

No obstante, el Convenio sobre la Diversidad Biológica, en su Artículo 2 (Naciones Unidas, 1992) define la diversidad biológica como

la variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos, entre otras cosas, los ecosistemas terrestres y marinos y otros ecosistemas acuáticos y los complejos ecológicos de los que forman parte; comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas.

De acuerdo a Gaston y Spicer (2004), pueden distinguirse tres tipos de diversidad: la genética, la de especies y la propia de los ecosistemas. La primera de ellas revela los cambios en la expresión génica que coexisten en cada especie para su desarrollo pleno, funcionamiento metabólico y garantizar el proceso de reproducción. La segunda indica la diversificación en el número de especies presentes en un sitio dado, también es conocida como la riqueza de especies y se sustenta en la clasificación taxonómica. Finalmente, la última denota la variedad de sistemas naturales o hábitats en que subsisten las especies. Esta manera de describir la diversidad biológica expone las distintas formas en que se manifiesta la vida, también da cuenta de la compleja trama reinante en la naturaleza.

Se estima, de acuerdo a Llorente y Ocegueda (2008), que se han descrito en el mundo alrededor de 1.8 millones de especies, sin embargo, se especula que pueden subsistir en el mundo más de 10 millones, lo que representa un gran número de especies que continúan sin identificar. Cifra que evidencia que tan sólo conocemos una escasa parte de los organismos en el mundo y que completar el inventario de la riqueza de especies es todavía una tarea ardua y difícil. Amén del gravamen existente por la pérdida de especies, que en el año de

1979 Norman Myers anunció que unas 40.000 especies desaparecían anualmente; dos años más tarde Paul Ehrlich hablaba de la pérdida de 250.000 especies por año, y anunciaba la pérdida de la mitad de las especies hacia el año 2000; mientras que en 1992 el biólogo Edward O. Wilson, considerado el padre de la biodiversidad, estimaba una horquilla de 27.000 a 100.000 especies desaparecidas al año (Oberhuber, 2010, p. 5).

Por lo tanto, percatarse de la diversidad biológica es sumamente apreciable, esencialmente de aquellos taxones de relevancia agrícola, pesquera, medicinal y ecológica que se constituyen en un patrimonio mundial para el bienestar de las colectividades sociales; instaurando así a la biodiversidad en un recurso estratégico con enorme potencial económico que requiere ser reconocido, valorado y utilizado de manera sustentable.

La diversidad biológica impulsora de la sustentabilidad

Más allá de todas las consideraciones antes mencionadas, la biodiversidad se establece como el artífice de todos los bienes y servicios ecosistémicos que la naturaleza nos suministra. De acuerdo a Cantú (2013a, p. 41), “la enumeración de los servicios ambientales de los que nos abastecen los ecosistemas es extraordinaria e incalculable”. No obstante podemos mencionar primordialmente lo siguiente:

i) seguridad (personal, de acceso a los recursos y frente a desastres naturales), ii) materiales básicos para llevar una buena vida (un sustento adecuado, suficiente alimento nutritivo, protección, refugio, acceso a bienes), iii) salud (fortaleza y acceso a aire y a agua limpia), y iv) buenas relaciones sociales (cohesión social, respeto mutuo y habilidad para ayudar al prójimo) (Penna y Crsiteche, 2008, p. 38).

Es así que desde la promulgación del Convenio sobre Diversidad Biológica en 1992, y que entró en vigor en diciembre de 1993 tras la Reunión de Río 92 en Brasil, este documento se ha constituido en un acuerdo internacional que vincula a todos las naciones participantes en tres propósitos principales: la conservación de la diversidad biológica, el uso sustentable de los elementos de la biodiversidad y finalmente procurar una participación justa y equitativa de los beneficios y frutos que emanen de los recursos genéticos (Naciones Unidas, 1992).

Al momento el Convenio sobre Diversidad Biológica cuenta con dos protocolos que favorecen su ejecución, el primero denominado como Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología cuyo objetivo es

contribuir a garantizar un nivel adecuado de protección en la esfera de la transferencia, manipulación y utilización seguras de los organismos vivos modificados resultantes de la biotecnología moderna que puedan tener efectos adversos para la conservación y la utilización sostenible de la diversidad biológica, teniendo también en cuenta los riesgos para la salud humana, y centrándose concretamente en los movimientos transfronterizos (Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica, 2000, p. 3)

Mientras el segundo instrumento señalado como Protocolo de Nagoya-Kuala Lumpur sobre la Responsabilidad y Compensación Suplementario al Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología tiene como finalidad

contribuir a la conservación y utilización sostenible de la diversidad biológica, teniendo en cuenta los riesgos para la salud humana, proporcionando normas y procedimientos internacionales en la esfera de la responsabilidad y compensación en relación con los organismos vivos modificados (Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica, 2011, p. 2)

En 2010 en Nagoya (Japón), las naciones involucradas determinaron apegarse al Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020, que tiene como visión que “para 2050, la diversidad biológica se valora, conserva, restaura y utiliza en forma racional, manteniendo los servicios de los ecosistemas, sosteniendo un planeta sano y brindando beneficios esenciales para todos” (Naciones Unidas, 2010, p. 9). Este plan cuenta con cuatro objetivos estratégicos y 20 metas, las cuales dejan entrever en su redacción que la biodiversidad es esencial para el buen funcionamiento de los ecosistemas y de los servicios que éstos proporcionan para el bienestar humano; como lo que atañe a la alimentación, abrigo, salud humana, salud ambiental, provisión de agua y aire, entre otros servicios ecosistémicos.

Los objetivos descritos en este plan se avocan a las siguientes tareas (Naciones Unidas, 2010, p. 10-11):

Objetivo estratégico A: abordar las causas subyacentes de la pérdida de diversidad biológica mediante la incorporación de la diversidad biológica en todos los ámbitos gubernamentales y de la sociedad.

Objetivo estratégico B: reducir las presiones directas sobre la diversidad biológica y promover la utilización sostenible.

Objetivo estratégico C: mejorar la situación de la diversidad biológica salvaguardando los ecosistemas, las especies y la diversidad genética.

Objetivo estratégico D: aumentar los beneficios de la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas para todos.

Objetivo estratégico E: mejorar la aplicación a través de la planificación participativa, la gestión de los conocimientos y la creación de capacidad.

Recientemente, los países participes de este Convenio sobre la Diversidad Biológica se reunieron en Cancún (México) para desarrollar sus actividades del 2 al 17 de diciembre de 2016. Erigiendo durante esta reunión la Declaración de Cancún llamada Integración de la Conservación y la Utilización Sostenible de la Biodiversidad para el Bienestar. Esta declaración tiene por pronunciamiento principal que

vivir en armonía con la naturaleza y la Madre Tierra es esencial como una condición fundamental para el bienestar de todas las formas de vida, ya que ésta depende de la conservación y la utilización sostenible de la biodiversidad, así como de los servicios de los ecosistemas que sustenta (Naciones Unidas, 2016, p. 1).

Aseverando, además, en su contenido, que la naciente Agenda para el Desarrollo Sustentable 2030 que conjunta los Objetivos de Desarrollo Sustentable, comprende de manera significativa en su discurso a la biodiversidad, con lo cual se abren nuevas coyunturas para aportar soluciones y atender las eventualidades producto de las actividades del desarrollo económico.

Sin duda esto compromete a los países que son parte de este Convenio sobre Diversidad Biológica a instrumentar estructuras institucionales como también marcos regulatorios, para incorporar el pleno respeto a la diversidad biológica en sus contextos nacionales de acuerdo a sus circunstancias. Sin olvidar añadir a estas iniciativas un enfoque sociocultural y económico en el que se respeten la naturaleza y los derechos humanos por igual.

Situación en México

Nuestra nación, de acuerdo a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (2016, párr. 2-3), indica que

es un país megadiverso que alberga cerca de 10% de las especies registradas en el mundo, gran parte de ellas endémicas. Somos el quinto lugar con mayor número de especies de plantas, cuarto en anfibios, segundo en mamíferos y primero en reptiles. En total existen más de 108,000 especies descritas en el país, aunque podrían ser millones las que habitan en nuestros suelos, aguas u otros sitios recónditos.

Por ello, México está adherido al Convenio sobre la Diversidad Biológica, es así que en este marco referencial la sociedad mexicana ha llevado a cabo estrategias y acciones para coadyuvar al esfuerzo de conservación de las distintas agrupaciones de especies, así como los numerosos ambientes naturales que subsisten en nuestro territorio nacional. No obstante estos progresos, Sarukhán (2007, p. 6) advierte que

México enfrenta grandes retos para mejorar las estrategias de conservación de su patrimonio natural. Ha habido un incremento dramático de múltiples factores que amenazan la persistencia de los ecosistemas, entre ellos la destrucción, degradación y fragmentación de los hábitats, la contaminación, el establecimiento de especies exóticas invasoras y el tráfico ilegal de especies, aunado a una creciente demanda de servicios para la población humana.

Son estas instancias las que nos hacen pensar que para México, con las peculiaridades que posee fisiográficamente y de presión social, las mayores dificultades provienen de la necesidad de encontrar nuevos componentes de protección, preservación, conservación y rehabilitación para mantener las poblaciones de flora y fauna, así como los sistemas naturales de manera aceptable. Que fortalezcan el precepto de desarrollo sustentable en el ámbito de la diversidad biológica como cultural. Por lo cual México requiere seguir robusteciendo la política pública ambiental aunado asimismo al marco regulatorio.

Consideraciones finales

El posicionamiento actual del Convenio sobre la Diversidad Biológica en todas las naciones participes de este acuerdo es que se reconoce de forma sustancial que la biodiversidad es trascendental para la supervivencia, y debe ser contemplada como un elemento fundamental para trazar las estrategias de desarrollo nacional, así como aquéllas de orden regional e internacional. Por ello, esta iniciativa, conjuntamente con el Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020, tutelan mayormente los esfuerzos a las naciones con mayor biodiversidad y endemismos, como en aquellos países donde esta diversidad biológica se encuentra inexorablemente amenazada. Conocedores de que al proteger la flora, la fauna y sus sistemas naturales que los albergan, se asegura una multiplicidad de servicios ecosistémicos como el patrimonio de sociocultural presente.

*Universidad Autónoma de Nuevo León FCB

Contacto: cantup@hotmail.com, pedro.cantum@uanl.mx

 

Referencias

Cantú-Martínez, P.C. (2013a). La importancia social de los sistemas naturales para la sustentabilidad. Ciencia UANL, 16 (61), 38-43.

Cantú-Martínez, P.C. (2013b). Hacia la edificación de una sociedad más sustentable. Ciencia UANL, 16 (63), 45-53.

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