Había un sapo, sapo, sapo

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CIENCIA UANL / AÑO 20, No. 83, ENERO-MARZO 2017

Había una vez un sapo que era muy inteligente, porque en realidad se trataba de un príncipe encantado que se enamoró de una doncella. Así rezan algunos de los cuentos infantiles más conocidos. En realidad, sabemos que las ranas no son tan inteligentes, ¿o sí?

Benjamin Blencowe, profesor del Centro Donnelly de la Universidad de Toronto, y su equipo han descubierto cómo un pequeño cambio en una proteína llamada PTBP1 puede estimular la creación de neuronas y determinar la evolución del cerebro de los mamíferos, hasta haberse convertido en los más grandes y más complejos entre los vertebrados. En el artículo que se publica en la revista Science, los autores explican que los seres humanos y las ranas, por ejemplo, han evolucionado por separado durante 350 millones de años y tienen habilidades cerebrales muy diferentes. Sin embargo, los científicos han demostrado que utilizan un repertorio de genes notablemente similares para construir órganos en el cuerpo.

Entonces, ¿cómo un número similar de genes, que se conecta o desconecta de manera similar en diversas especies de vertebrados, genera órganos con tamaños y complejidad tan diversa? La clave radica, según los expertos, en el proceso conocido como empalme alternativo (AS, por sus siglas en inglés), por el que los productos génicos se ensamblan en proteínas, que son los componentes básicos de la vida.