Desafección política en estudiantes universitarios

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José Luis Cavazos Zarazúa*

CIENCIA UANL / AÑO 20, No. 83, ENERO-MARZO 2017

Según información del Censo de Población y Vivienda 2010, en 2012, México tendría la mayor cantidad de jóvenes de entre 12 y 29 años de su historia. Sin embargo, dicho sector mayoritario lo determina una serie de incertidumbres que se observan en problemáticas referentes al ingreso escolar, falta de oportunidades laborales, desigualdad, pobreza y exclusión social (Mendoza, 2011). En un buen número de países del mundo, estas circunstancias impactan en la conformación de una cultura de desafección política definida por la desconfianza hacia las instituciones, bajos niveles de información política, desencanto hacia la política y rechazo de los partidos políticos (Uriarte, 2001; Beck, 2002; Woldenberg, 2006; Valverde, 2008; Latinobarómetro, 2011; Vázquez, 2011; ENCUP, 2012).

En México, lo anterior se corroboró cuando el Instituto Mexicano de la Juventud presentó, poco tiempo antes de que llegaran a su fin las campañas para las elecciones presidenciales de 2006, los resultados prelide la Encuesta Nacional de Juventud (2006), en la que se expuso que sólo a 14.3% le interesaba la política, seguido de 39.4% con poco interés y 44% con nada de interés. Contrariamente, la misma encuesta mostró, tanto en la edición señalada como en la de 2011, que más de 75% tenía intenciones de votar en los procesos electorales de julio de 2006, así como en los de julio de 2012 (ENJ, 2011). Por lo que a partir de esta distribución estadística se puede inferir que la juventud decide su voto desde otros factores, menos por el conocimiento e interés hacia la política, lo cual repercute en el desarrollo democrático del país. De ahí la necesidad de realizar estudios que tengan como objetivo develar cuáles son los factores que influyen en la decisión electoral.

No obstante que los procesos y la participación electoral son rasgos distintivos de un sistema político democrático (Dahl, 1991; Held, 1997; Bobbio, 1999; Sartori, 2008); en realidad, en términos más amplios, la democracia consiste en la participación directa de la ciudadanía en la toma de decisiones políticas, mediante la deliberación de asuntos públicos que, con base en argumentos racionales e imparciales, se busque alcanzar el bien común (Habermas, 1999). En este sentido, la tendencia de desafección política actual plantea un problema fundamental para el establecimiento de la democracia, por lo que resulta necesario investigar los niveles en que se encuentra la desafección, particularmente de los estudiantes universitarios, puesto que son un grupo en formación profesional y por lo tanto en compromiso con el mejoramiento de la sociedad. El estudio se realizó en el contexto de la elección presidencial de 2012, ya que en procesos como los electorales, los partidos políticos con sus promesas de campaña generan en la ciudadanía expectativas que se materializan a través de diversas formas de participación política, en específico la electoral (Anduizay, 2012).

Antecedentes

En los antecedentes del problema, el primer trabajo encontrado es el de Garza Ramírez (1985), que a un año antes de que se realizara la elección para gobernador, en 1985, en Nuevo León, estudió a partir de una encuesta las actitudes, el grado de politización, la participación política y la intención de voto del neoleonés, para hacer un “análisis predictivo” sobre el comportamiento electoral de ese año. En relación a la intención de voto, el autor destacó que “79.9% de las personas entrevistadas manifestaron estar dispuestas a votar” (p. 143). En la siguiente década, 1997, Echebarría y Álvarez (1996), en el escenario de las elecciones para alcaldes y gobernador, explicaron que la juventud regiomontana apoyaba una cultura política conservadora, pues preferían participar convencionalmente a través el voto, así como en la formación y participación en partidos políticos.

Del mismo modo, el estudio de Rodríguez (2010), referente a la percepción ciudadana sobre la democracia, expone que la tendencia mayoritaria en el regiomontano es percibir este concepto con el derecho a votar, elegir a los representantes, celebrar elecciones periódicas y la libertad de expresión. Indistintamente, en la investigación relativa a la cultura política en Monterrey, Sánchez García (2011) demostró que se concibe la política como una actividad temporal, ya que se le relaciona principalmente con las elecciones y a la participación ciudadana con el acto de votar.

Por su parte, las aportaciones sobre el tema de la cultura política en México han transcurrido desde las obras filosóficas y literarias de Samuel Ramos y Octavio paz, las investigaciones psicológicas de Santiago Ramírez y Rogelio Díaz Guerrero, hasta los trabajos antropológicos y sociológicos de Oscar Lewis y Pablo González Casanova (Ramos, 2006). Más adelante, una ola de trasformaciones disciplinares en las investigaciones sociales y políticas, aunada a los acontecimientos de las elecciones presidenciales de 1988 y de los comicios federales de 1991 en México, generó el desarrollo de estudios científicos sobre cultura política, los cuales están representados por las contribuciones de José Antonio Crespo, Miguel Basáñez, Víctor Manuel Durand, Alejandro Moreno, entre otros (Murga, 2008). Todos ellos han puesto su atención en el estudio de la socialización política, el conocimiento político, las culturas políticas combativas y contemplativas, la identidad partidista, la participación y las actitudes políticas como factores que influyen en la participación política.

Para el presente estudio, sólo se consideraron las variables identificación partidista y conocimiento político, ya que con ellas se puede hacer un balance adecuado de los niveles de desafección política. A la identificación partidista se le define como la vinculación o autodefinición positiva que establecen las personas con los partidos políticos (Aguilar, 2008). El conocimiento, por su parte, es la organización de las “informaciones sobre una cosa, fenómeno o entidad” (Gutiérrez, 1998: 214) que posee un grupo social determinado. Más en concreto, el conocimiento político trata de la información específica que tiene un grupo de personas sobre la política. En función de esta conceptualización, se establecen las siguientes hipótesis de investigación:

Hi1: El nivel de identificación partidista de los estudiantes es bajo.

Hi2: El nivel de conocimiento político de los estudiantes es bajo.

Los participantes

Se realizó un diseño de estudio no experimental de tipo transversal, lo cual implicó recolectar la información en un solo momento (Cea, 2012). Sobre la base de este diseño se efectuó un estudio descriptivo para exponer el posicionamiento de los sujetos ante las variables identificación partidista y conocimiento político.

El universo o población que integró el conjunto de participantes fue de un total de 141 mil estudiantes de la UANL. De ellos se favoreció como unidad de análisis el nivel superior, que en el semestre enero-junio 2012 (tiempo en que fue aplicado el instrumento) contaba con un total de 75 mil 438 estudiantes, distribuidos en 27 facultades, las cuales ofrecían 71 carreras profesionales (Áncer, 2012). Los participantes fueron seleccionados a partir de un muestreo por cuotas o proporcional. El muestreo por cuotas sugiere seleccionar la muestra procurando que se encuentren representados los distintos segmentos de la población objeto de estudio (Cea, 2012). Por lo que en atención a lo referido, se buscó que las tres áreas de estudios (ciencias sociales y humanas, ciencias naturales y de la salud y ciencias exactas) en que se clasificaron las distintas facultades de la UANL, estuvieran representadas en la investigación. De las áreas referidas se escogieron 12 carreras de 12 facultades, de las que se calculó 5% de estudiantes, lo que llevó a una muestra final de 491 sujetos.

Instrumento y procedimiento

Las escalas de identificación partidista y de conocimiento político del cuestionario empleado se componen de 7 y 8 reactivos, respectivamente. La primera se basa en una escala tipo Likert de 1 = Nada hasta 5= Totalmente, y la segunda tiene como respuestas 1= Sí y 2 = No (véanse las escalas completas en las tablas I y II). La confiabilidad de las escalas fue buena: la de identificación fue de α= .735 y la de conocimiento fue de α=.833.

La mayoría de los cuestionarios se aplicaron de manera grupal. En este caso se contactó a maestros de las 12 facultades. Ellos permitieron utilizar una hora de su clase para realizar la aplicación. Algunos de los cuestionarios se administraron en los pasillos, jardineras y explanadas de las facultades. Previo a su entrega, se explicaba a cada uno de los grupos y sujetos las razones científicas que se buscaban con la realización del estudio, así como los cambios positivos que traería la investigación en la sociedad, lo que generó el interés del estudiantado por contestar el instrumento sin problemas. La aplicación generó una merma de 37 cuestionarios, por lo que finalmente se trabajó con una muestra de 454 casos, de los cuales 47.6% (216) fue de género masculino y 52.4% (238) fue de género femenino. Los datos recabados se procesaron con el programa SPSS versión 20.0.

Resultados

El análisis de medidas de tendencia central de la variable identificación partidista, como se puede ver en la tabla I, mostró que los reactivos variaron de entre una media de 1,5352 a una media de 2,3590, donde cinco expresaron una media por debajo de 2 y sólo dos una media superior a este valor, es decir, el posicionamiento de los respondientes fue de entre nada y poco, por lo que la tendencia general del estudiantado es tener baja identidad partidista. De forma específica, el análisis presentó una menor cantidad de estudiantes identificados con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), al que le siguen, progresivamente, el Partido Movimiento Ciudadano (PMC), el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), el Partido Nueva Alianza (PANAL), el Partido del Trabajo (PT), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido Acción Nacional (PAN).

Respecto a la variable conocimiento político, se preguntó a los estudiantes si conocían o no a los candidatos presidenciales, así como si sabían sobre alguna de sus propuestas de campaña. El análisis de medidas de tendencia central sobre estas variables, como se observa en la tabla II, demostró que el alumnado tenía un buen conocimiento sobre los candidatos, pero un bajo conocimiento sobre las propuestas. De manera particular, los promedios revelaron que conocían menos a Gabriel R. Quadri de la Torre (PANAL), al que le seguían Andrés Manuel López Obrador (Coalición Movimiento Progresista), Enrique Peña Nieto (Coalición Compromiso por México) y en mayor medida a Josefina Vázquez Mota (PAN). Asimismo, el orden progresivo en que conocían las propuestas de los candidatos se expone a continuación por coalición o partido: Coalición Compromiso por México, Partido Nueva Alianza, Partido Acción Nacional y en mayor medida la Coalición Movimiento Progresista.

Discusión y conclusiones

Los resultados del estudio confirman la primera hipótesis de investigación que planteaba el nivel de identificación partidista de los estudiantes como bajo, y sólo se comprueba parcialmente la segunda hipótesis, que apuntaba que el nivel de conocimiento político de los estudiantes es bajo, esto último debido a que sí conocían el nombre de los candidatos.

A pesar de los niveles tan bajos de identificación partidista encontrados en los jóvenes estudiantes, a nivel
nacional las encuestas arrojan que dos de cada tres mexicanos se identifican con un determinado partido político (Buendía, 2010). Sin embargo, esta identificación no se ha comportado de manera constante en el tiempo, ya que si bien hasta las elecciones presidenciales de 2000, la identificación partidista fue la mejor variable explicativa de la decisión electoral (Moreno, 2003), esto no ocurrió en las elecciones de 2006. Moreno y Méndez (2007) demostraron cómo de una elección a otra, la identidad fue perdiendo cada vez más fuerza, aconteciendo una disminución del voto partidario entre el electorado mexicano, al presentarse el fenómeno del voto dividido. En las elecciones presidenciales de 2012, lo anterior probablemente se haya acrecentado por la competencia y el aumento de las coaliciones entre los partidos políticos.

A nivel internacional, los resultados son consistentes con los que reporta una investigación realizada con estudiantes universitarios en Santiago de Chile, donde se destaca un creciente número de sujetos con baja identificación partidista, lo que se correlaciona con un alejamiento de cualquier otra forma de integración y participación política (González et al., 2005). De la misma manera, los bajos niveles de identificación partidista de los participantes del estudio, probablemente sugieren un proceso de desafección política manifiesto en un alejamiento de todo aquello que signifique política. A pesar de estos resultados, el análisis de medidas de tendencia central mostró que la media (2.35, por encima de la puntación 2= poco) más alta de identificación fue con el PAN, lo que significa una ligera identidad del estudiantado hacia este partido. Identificación que también coincidió con la preferencia de los electores de Nuevo León, quienes en las elecciones de 2012 se inclinaron por la candidata de dicho partido (IFE, 2012).

La comprobación parcial de la segunda hipótesis, relativa al bajo nivel de conocimiento político sobre los candidatos y sus propuestas, es parcialmente consistente con los resultados que expuso Durand Ponte (1998) en una investigación referente a la cultura política de estudiantes de la UNAM, el cual demostró que este alumnado se distingue por tener altos niveles de conocimiento en lo relativo al nombre del presidente, pero disminuye cuando se trata de los nombres del gobernador, regidor y diputados. Empero, en términos generales, la mayoría de los ciudadanos de las democracias occidentales se ha caracterizado por un bajo conocimiento de los asuntos públicos, donde además dicho fenómeno de desafección se ha comportado como una constate desde hace medio siglo (Buendía, 2010). De tal forma, Buendía señala que en el caso concreto de México, “la población se caracteriza por un bajo nivel de conocimiento de los aspectos centrales de nuestro sistema político” (p. 304).

En torno a esto, uno de los aspectos fundamentales de los resultados del estudio fue la carencia de conocimiento de las propuestas por parte de los universitarios. Lo cual se explica en función del manejo que hicieron los medios de comunicación, en vinculación con los partidos políticos y el gobierno, quienes procuraron implementar la construcción de la imagen de los contendientes durante toda la campaña electoral, en lugar de informar de manera clara y precisa sobre las propuestas y programas de gobierno. En otras palabras, de lo que prácticamente se ocuparon los medios durante todo el proceso electoral de 2012, fue de la producción de una procesión de simulacros televisivos, que llevaron a los espectadores a observar a los candidatos más allá de lo real, es decir, a la dimensión de la hiperrealidad (Baudrillard, 2001). En dicho fenómeno comunicativo influyó el escaso interés de la juventud hacia la política, que contribuyó a que no demandara información política relevante para tomar una decisión electoral informada y consciente.

* Universidad Autónoma de Nuevo León.
Contacto: joseluiscavazos@gmail.com

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