Legado arquitectónico del gobierno de Bernardo Reyes

Share This
Etiquetas

legadoarquitectobernardoreyes

ARMANDO V. FLORES SALAZAR*

Parte de la familia Reyes Ochoa al frente, y parte de su servidumbre detrás, contempla en silencio desde la terraza, al fondo de la casa, la desaparición insólita de los patios, el huerto, los árboles, los animales, el molino de viento o “papalote” del agua, las caballerizas y las cocheras, cobrado todo por el torrente del río Santa Catarina, recién embravecido por el huracán sin nombre, ése de agosto de 1909. En la escena taciturna, el cielo sigue nublado, amenazante de nuevas lluvias; un nuevo olor húmedo y corrupto se fija en la memoria olfativa de los presentes, nadie rompe el silencio ni la formación petrificada. El general Bernardo Reyes, aún gobernador, con 60 años de edad, con la mano y el ojo diestros inutilizados en anteriores batallas y el ceño endurecido, contempla la escena como premonición del ocaso de su carrera militar y política. En su viacrucis todavía están por sucederse las estaciones: la renuncia, el exilio, el abandono, el encarcelamiento, el cuartelazo y la muerte por metralla.

El látigo de un relámpago ilumina por segundos el cielo encrespado. Si no fuera un anochecer, bien lo parecería. Él, Bernardo Doroteo Reyes Ogazón, nació en Guadalajara, Jalisco, en agosto de 1849. Se incorporó formalmente como miembro del ejército republicano en 1866, a la edad de 17 años, en tiempos de la Intervención francesa. Tomó parte en la batalla de Querétaro y fue testigo ocular cuando Maximiliano, en acto de rendición, entregó su espada al general Mariano Escobedo en 1867. Tras una ascendente carrera militar llegó a Monterrey en octubre de 1885 como general de brigada, comisionado por el presidente Porfirio Díaz como jefe de Armas, y de inmediato como encargado de la Tercera Zona Militar –Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila–, y con la consigna secreta de controlar el poder político de los caudillos regionales: Gerónimo Treviño, Francisco Naranjo, Genaro Garza García, Evaristo Madero y cualquier otro de semejante perfil. El proceso eleccionario en la entidad de gobernador, en junio de 1885, y de alcalde en noviembre del mismo año, generaron caos y desorden sin control, situación que aprovechó el general Reyes para declarar la Plaza en estado de sitio; y el presidente Díaz, a través del Senado, lo nombró gobernador provisional, puesto que él prolongó por todo el periodo constitucional de 1885 a 1887. En dicho periodo, el gobernador Reyes contó con la incondicional tutoría del licenciado y general Lázaro Garza Ayala, exgobernador y héroe nacional en la batalla del 5 de Mayo en Puebla, y del licenciado Pedro J. Morales, como secretario de Gobierno, en quienes se apoyó para los procedimientos legales y administrativos en su nuevo reto.

La ciudad de Monterrey, a la llegada del general Reyes, ya contaba con tres industrias textiles en operación y un contingente organizado de operarios en talleres de producción artesanal e industrial, que ya habían montado una exposición de sus productos y enviado parte de los mismos a concursar a las exposiciones de San Antonio, Texas, y de Nueva Orleans. También estaba equipada con ferrocarril, tranvías de tracción animal, telégrafos, teléfonos, iluminación eléctrica, actividad teatral, biblioteca pública, leyes de protección a la producción, un puente comenzado sobre el canal de Santa Lucía, una penitenciaría estatal en proyecto de ejecución y, sobre todo, la actitud entusiasta y progresista de sus habitantes, entre otras más.

legadoarquitectobernardoreyesA

El programa de obra pública de la nueva administración comienza con la formación de una Junta de Mejoras Materiales, encabezada por el benemérito José Eleuterio González, encargada de administrar los recursos destinados a la obra pública para el beneficio común. Como director de obras se nombró al capitán segundo Miguel Mayora, integrante del cuerpo militar, y como operarios a los soldados del quinto y decimosexto Batallón. La primera acción fue concluir la construcción del puente para salvar el arroyo Santa Lucía en la calle de Zaragoza, que al concluirse fue inaugurado como Puente “Benito Juárez” (fue demolido en 1986 por las obras de la Gran Plaza). Pronto iniciaron otras obras como la remodelación de la Plaza de Zaragoza, a la que se dotó de bancas, luminarias, andadores y jardinería; del Palacio Municipal se completó el segundo piso en tres de sus caras; reconstruido el Parián, se inauguró luego como Mercado Colón (demolido en 1954 para la construcción del Condominio Monterrey); se concluyeron las obras del Colegio Civil, al techar y pavimentar su Salón

de Actos; se instalaron el Observatorio Meteorológico, el Museo de Historia Natural y se ajardinó la plaza al frente (hoy Centro Cultural “Colegio Civil”). En mayo de 1887 inició el proyecto más ambicioso en el periodo: la Penitenciaría para Nuevo León, en un predio de cuatro manzanas, edificio cuadrangular de 109 m por lado y baluartes en cada esquina, circundado en su exterior por un jardín bajo de 25 m y banquetas perimetrales de 3 m, ubicado en la Avenida del Progreso (hoy Pino Suárez), ocupó la parte nororiente de la Alameda Nueva. Con esta obra, entra en escena como ayudante delineador el teniente Francisco Beltrán, también miembro del cuerpo militar reyista, y el señor Marín Peña en la superintendencia de operarios. El magno edificio entró en funciones en 1895, fue ampliado al completar el segundo piso de oficinas en 1907 y operó como tal hasta 1945, al haberse construido un nuevo edificio para la misma función y alejado del centro urbano. Al no designarse una nueva función tras su desocupación, fue demolido en 1946.

legadoarquitectobernardoreyesB

El periodo gubernamental de 1887 a 1889 fue cubierto fielmente por don Lázaro Garza Ayala, quien dio continuidad a la política y a las obras iniciadas por su superior, el general Reyes. Lo más destacado del gobierno de Garza Ayala fue, aparte de la Segunda Exposición Industrial, la promoción de los decretos 76 y 77: el primero al exentar del pago de impuestos por siete años a las nuevas industrias instaladas en el periodo, y el segundo al exentar de impuestos por cinco años a los nuevos edificios urbanos en construcción, y logró con ello estimular el flujo de capitales y animó el proceso de industrialización en la ciudad.

Las elecciones de 1889 llevaron nuevamente al poder al general Reyes, ahora como gobernador constitucional, y por sucesivas reelecciones permaneció en el mando del Estado los siguientes veinte años, sobreponiendo el Ministerio de Guerra que atendió de 1900 a 1902, hasta su separación definitiva del cargo ocurrida en octubre de 1909.

La Junta de Mejoras Materiales siguió siendo el eje de la planificación y el desarrollo de la obra pública en la ciudad. Una nueva etapa comienza en la región con el establecimiento de grandes empresas industriales como la Fundición No. 1, en 1889; la Fábrica de Cerveza y Hielo Cuauhtémoc, en 1890; y la Ladrillera Monterrey, en 1891. En 1890 se instala el Banco Nacional de México, se formaliza la Compañía de Luz Eléctrica de Monterrey, se concluye el primer edificio del Casino Monterrey bajo la presidencia del general Reyes (supervisado por el ingeniero Francisco Beltrán); asimismo, el edificio que alojó tanto la casa familiar del gobernador como el Cuartel General de la Tercera Zona, en la calle Degollado (hoy Hidalgo poniente, entre Garibaldi y Cuauhtémoc). Se dio comienzo al trazo de la Calzada Unión (hoy Calzada Madero) y la Avenida Progreso (hoy Avenida Pino Suárez); y en el extremo poniente de la Calzada Unión, se construyen como remate: la Plaza de Armas, los Cuarteles y el Hospital Militar. En 1891 se da inicio al edificio para la Escuela de Jurisprudencia en Diego de Montemayor y Abasolo. En 1892 inicia el trazo de Congregación Colombia, que convierte al estado en fronterizo, y se construyen, como equipamiento del poblado, el Cuartel Militar del 18o Batallón, la casa del Ayuntamiento, la Escuela Municipal y la Cárcel.

legadoarquitectobernardoreyesC

En 1894 se remodelan la Plaza Hidalgo y se coloca en ella la escultura del Padre de la patria; en la Plaza De la Llave (hoy de la Purísima), se reinstaló la fuente de Los Delfines; y en la Plaza Zaragoza un kiosco para las serenatas. En 1895 se concluyen las obras de la Penitenciaría del Estado, se reconfigura y equipa la Alameda Nueva con el nombre de Alameda “Porfirio Díaz”; se amplían el Hospital González y la Escuela de Medicina; se construye el Nuevo Salón de Actos (sobre el Museo de Historia Natural) en el segundo piso del Colegio Civil; y se da comienzo al Palacio Estatal de Gobierno, en la mitad norte de la Plaza de la Concordia (hoy Explanada de los Héroes). En septiembre de 1896, se llevó a cabo como fiesta cívica la celebración del 300 aniversario de la fundación de la ciudad de Monterrey, (1) con un amplio programa de actividades que se extendieron del día 20 al 23 de ese mes. En 1897 se concluyeron las casas de verano en el Cerro del Mirador (con mano de obra de los presos), y en el 98 inicia el templo expiatorio de San Luis Gonzaga para las religiosas del Convento de las Madres de la Cruz, vecinas de la casa familiar del gobernador, y en ese fin de año la trascendental visita a la ciudad del presidente Porfirio Díaz, del 19 al 23 de diciembre, se atiende el decoro de la ciudad para tal evento, sobresalen los escenográficos “Arcos de Triunfo”, dedicados al ilustre visitante, primicia de los posteriores arcos conmemorativos a los héroes de la patria.

Luego de ocupar la Secretaría de Guerra, de enero de 1900 a diciembre de 1902, el general Reyes regresa para atender su reelección como gobernador en el verano de 1903, no sin tener que enfrentar descontentos y obstáculos políticos. De nuevo en su posición de gobernador constitucional, reinicia con el entusiasmo de siempre nuevas obras materiales.

Aunque el nuevo edificio para la Escuela Normal se había aprobado desde 1898, la construcción inició en noviembre de 1902. En 1904, se pactó con inversionistas extranjeros la formación de la Compañía de Agua y Drenaje de Monterrey para proveer a la ciudad de ambos servicios, y cuya infraestructura (bombeo de agua en San Jerónimo y la Estanzuela, acueductos para conducirla y depositarla en los tanques de almacenamiento en Guadalupe y El Obispado, y la red de distribución en la ciudad) entró en funciones en 1908. Como miembro y gran maestro masón coadyuvó a la conjunción de las diferentes logias y a la construcción, en 1905, de la Gran Logia de Nuevo León, como su sede general. (2) Para mejorar el equipamiento de la ciudad, y como sede oficial para eventos de gobierno, coadyuva en la construcción del Teatro Independencia (luego cine Rex, demolido por la ejecución de la Gran Plaza). Para conmemorar el primer centenario del natalicio de Benito Juárez en 1906, se remodela la Plaza de la Concordia (luego Plaza 5 de Mayo) frente al Palacio de Gobierno, y se centraliza el monumento en su memoria.

En 1907 se establece y preside la Junta Arqueófila para el registro y resguardo del patrimonio arquitectónico y escultórico del estado, dictaminando protección a edificios históricos como “El Obispado” y el convento franciscano de San Andrés (demolido en 1914 por instrucciones del gobernador Antonio I. Villarreal). En la cúspide de su poder y fama, inaugura el Palacio de Gobierno Estatal en septiembre de 1908. Durante 1909 impulsa todos los preparativos para la celebración del primer centenario de la Independencia nacional: el Arco de la Independencia, los arcos adintelados en las cuatro esquinas de la “Alameda Porfirio Díaz”, el Banco de Nivel de Monterrey (“dios bola”), en la Plaza del Colegio Civil, y el cambio de nombre del Barrio de San Luisito por el de Colonia Independencia, entre otros.

En todos estos proyectos fueron coasociados de manera relevante nombres como los de José Eleuterio González, Lázaro Garza Ayala, Pedro J. Morales, Miguel Mayora, Francisco Beltrán, Alfred Giles, Miguel F. Martínez, Marín Peña, Amado Fernández, Joseph A. Robertson, Florentino Arroyo, Pedro Benítez Leal, José María Siller, Tiburcio Reyna, Anastasio Puga, Genaro Dávila, Porfirio Díaz, Victoriano Huerta, José López Portillo y Rojas, Antonio L. Rodríguez, Pedro Cabral, entre otros más.

Como proyectos destacados que sobreviven a nuestros días para honra de su memoria y de su equipo de colaboradores, se han de citar el Palacio de Gobierno, el Arco de Independencia, la Calzada “Francisco I. Madero” y la Alameda “Mariano Escobedo”. Dos de estas obras parecen destinadas a su buena conservación por su importancia histórica y como documentos de la época.

El Arco de la Independencia, ubicado en el cruce de las avenidas Unión (Calzada Madero) y Progreso (Avenida Pino Suárez), fue el resultado de un concurso público para crear un monumento conmemorativo del primer centenario de la Independencia nacional. El proyecto, seleccionado por la Junta de Mejoras Materiales, fue realizado en el despacho del arquitecto Alfred Giles, en Monterrey, y construido con cantera rosa de San Luis Potosí, bajo la responsabilidad del maestro de obras Pedro Cabral. Su inauguración se llevó a cabo puntualmente el 16 de septiembre de 1910.

El arco monumental se alinea en el eje central, en paralelo con la Calzada Unión, y su fachada principal al sur le da relevancia a la avenida Progreso. Sobre dos sólidos pedestales de casi tres metros de altura y separados entre sí por un vano de nueve metros, se aposentan los respectivos estribos a manera de basamento, configurados en edículo, de orden corintio, que alcanzan los diez metros de altura y se rematan con cornisa y frontis elípticos. Sobre éstos, arranca el arco de sección variable, de mayor a menor tanto en lo alto como en lo ancho, logrado a partir de determinar el extradós con perfil romano o de medio punto, mientras que el intradós es de ojiva rebajada; la clave que cierra el arco, en la cúspide a 19 metros de altura, es un escusón que realza las fechas de 1810 y 1910. En la base del monumento, cuatro placas de mármol blanco alojan las inscripciones de gratitud a quienes hicieron posible la Independencia celebrada. A nivel del arranque del arco, sobre pedestales, cuatro águilas devorando serpientes hacen las veces de acroteras; mientras que en la cúspide, sobre la clave del arco, una figura femenina en alegoría de la libertad remata el gran conjunto.

El Palacio del Gobierno Estatal se erigió al reducir a la mitad la Plaza de la Concordia3 (luego del 5 de Mayo y hoy Explanada de los Héroes). La manzana se delimita por las calles de Zaragoza, Zuazua, 5 de Mayo y 15 de Mayo, al norte de la Gran Plaza. Fue ideado por los miembros de la Junta de Mejoras, presidida por el gobernador Bernardo Reyes, (4) levantado (delineado o trazado) por el ingeniero militar Francisco Beltrán (5) y construido bajo la superintendencia del maestro de obras Marín Peña. Se comenzó su construcción en abril de 1895, y aún en proceso de construcción se comenzó a usar parcialmente desde 1901. Fue concluido e inaugurado festivamente en septiembre de 1908.

El edificio es de planta rectangular de 88 m de frente por 55 de fondo, organiza sus habitaciones en dos niveles y cinco patios interiores a cielo abierto, circundados por arquerías elípticas sobre pilares en planta baja y columnas en planta alta, e interconectados por corredores. El patio central es el mayor, y junto con el vestíbulo de doble altura y doble caja de escalera, operan como distribuidor para todo el edificio. Sus muros son de bloques de sillar, el entrepiso y la techumbre de vigas y cama de madera con terrado, los pisos de mosaico de pasta, barandales de fierro fundido, los recubrimientos de muros interiores son escayolados y los exteriores son de cantera rosa de San Luis Potosí. La fachada principal se divide en tres partes de igual proporción y presenta tres pórticos: uno en cada extremo, dístilos y el central octástilo, de doble altura y rematado con una alegoría a la Victoria. En la apariencia del edificio predominan el estilo neoclásico y el orden corintio, si bien un tanto ecléctico por la integración de elementos provenientes del manierismo y el barroco, principalmente. La división de la fachada principal en tres y las persistencias trinitarias revelan trasfondo masónico. (6) A nuestros días, el edificio progresa en el uso de museo de sitio sobre el anterior de oficinas administrativas de gobierno, lo cual es más favorable para su conservación y preservación como documento histórico.

El gobernador Bernardo Reyes destacó en todos los oficios que le tocó atender, los más evidentes fueron los relacionados con lo militar, lo gubernamental, lo político, lo escritural (informes, tratados y ensayos) y el liderazgo en la coordinación de proyectos de desarrollo social. Paralelo a su carrera militar, su pasión, aparejó una sólida formación cultural, su devoción. Una clave para respaldar tales logros nos la da su contemporáneo José López-Portillo y Rojas al decir de él que: “Tenía tiempo para todo. En medio del ajetreo de sus múltiples y graves ocupaciones, disponía de vigor suficiente para dirigir las obras que entre manos traía. Era al mismo tiempo ingeniero, contratista y maestro de obras. Compraba material barato, discutía con los ingenieros los planos de los edificios, vigilaba las construcciones, cuidaba de que nadie perdiese el tiempo, miraba el reparto de salarios, y todo pasaba ante su ojo avizor, y por su mano honrada y munificente”. (7)

El legado arquitectónico del general Reyes es generoso en cantidad y calidad, aunque lo citado arriba es sólo una síntesis, pues faltaría agregar la obra indirecta llevada a cabo por su influencia y visión en los sectores privado (industriales, comerciantes, empresarios, etc.), público (obras públicas realizadas por su gobierno y los ayuntamientos municipales de su tiempo) y religioso, con muy amplia y destacada producción. (8)

Su largo periodo en funciones, el respaldo y apoyo del gobierno federal, la dinámica de la ciudad y las circunstancias históricas relativas al fenómeno de la modernidad hicieron posible y trascendente su ejercicio de gobierno, mismo que se convertirá en modelo a seguir por los subsecuentes gobernantes.

Desde ese legado como directriz, se puede entender que el gobernador Aarón Sáenz sea más recordado por la construcción de la Escuela Industrial “Álvaro Obregón” y el Palacio Federal o de Correos; lo mismo a Francisco Cárdenas Garza, por la construcción de la Universidad de Nuevo León –Centro Cultural Universitario “Colegio Civil”– y el Hospital Civil “José Eleuterio González”; a Ignacio Morones Prieto por la canalización del Río Santa Catarina; a Raúl Rangel Frías, por la Ciudad Universitaria; y a Alfonso Martínez Domínguez, por la Presa José López Portillo en Cerro Prieto. (9)

El camino quedó señalado: construir objetos arquitectónicos es la mejor manera de permanecer en la memoria social e histórica, pues la arquitectura documenta más a quien la promueve y construye que a sí misma.

Referencias

1. El 16 de septiembre de 1846, con la ciudad sitiada por los invasores norteamericanos, se celebró tanto la Independencia del país como el 250 aniversario de la fundación de la ciudad. El evento fue promovido tanto por la Junta Patriótica de Monterrey, como por el gobernador en funciones, general Pedro Ampudia
2. El edificio original de 1905 fue sustituido por el actual de 1955-61, en la misma ubicación de la calle Escobedo 414 Norte.
3. La Junta de Mejoras tuvo ciertas diferencias con los criterios del gobernador, por ejemplo, no fue de su agrado la disminución de las áreas de la Alameda Nueva para la construcción de la Penitenciaría, ni la reducción de la Plaza de la Concordia a la mitad de su tamaño para la construcción del Palacio de Gobierno. Sin embargo, sus argumentos se debilitaban ante los del propio gobernador Reyes. El mismo criterio imperó para la construcción del Palacio Federal, reduciendo a la mitad la Plaza de la República.
4. Víctor Niemeyer, en su libro El general Bernardo Reyes, sostiene que del Palacio de Gobierno “Reyes trazó los planos, hizo los presupuestos para su construcción y escogió el sitio donde se debería construir”. UANL y Museo de Historia Mexicana, 3a. Ed. 2008, p 109.
5. Levantado es el término que se autoasigna Francisco Beltrán en los planos oficiales del Palacio de Gobierno. Término más cercano a la agrimensura y la topografía que al diseño
arquitectónico.
6. Armando V. Flores Salazar. Ornamentaria. Lectura cultural de la arquitectura regiomontana. UANL, 2007, p 185. 7. José López-Portillo y Rojas. Elevación y caída de Porfirio Díaz. Librería Española, México, s/f, p 309.
8. En este periodo se construyeron los templos del Sagrado Corazón de Jesús, el Santuario Guadalupano, Nuestra Señora de la Luz, Santísima Trinidad, San Luis Gonzaga, Nuestra Señora de los Dolores, la Primera Iglesia Bautista, el templo metodista de La Trinidad y el presbiteriano del Buen Pastor, y se remodelaron los templos de Nuestra Señora del Roble y la Catedral elevada a arzobispado.
9. También opera negativamente al atentar contra los objetos patrimoniales y en esa nómina habitan los demoledores del convento franciscano, el urbanicidio de la Gran Plaza, entre otros.

 

ADENDA

Bernardo y su incertidumbre

PENÉLOPE MONTES

Arriba, en Galeana, en el aire estoico de las cumbres, un hombre solo… Alfonso Reyes

Una mañana de miércoles transito rumbo hacia Ciudad Universitaria, a mi asesoría de tesis, detengo el auto en la rotonda de la avenida Garza Sada con Pedro Martínez para esperar mi turno de circulación. En el frente del edificio más cercano observo a un bolero que toma café mientras mira embelesado hacia la sierra de La Silla. De pronto, se estaciona un vehículo militar y bajan dos soldados: cruzan la calle, el más apurado toma asiento para que le limpien sus botas, el arma permanece en su regazo. El bolero deja el café a un lado, con un gesto entre miedo y torpeza se coloca el mandil y lo amarra por la espalda.

La imagen que tengo ante mí se mezcla con una frase de la Oración del 9 de febrero, un ensayo vibrante que escribió Alfonso Reyes en el día que su padre, Bernardo Doroteo Reyes Ogazón, habría de cumplir 80 años:

…a media plaza y frente a la puerta del Palacio, en una mañana de domingo, el mayor romántico mexicano había muerto…

AdendaBernardo

El adjetivo que usa para nombrar a su padre revela una característica de espíritu que apenas se vislumbra en la figura oficial del militar. Ser romántico calaba en el gobernante y en el soldado: se había formado un espíri- tu “de héroe, de guerrero, de caballero andante, de poeta de caballería”, para quien toda empresa tenía que ser titánica. ¿Qué tanto le debe su dosis explosiva de poesía y acción a El diablo mundo de José de Espronceda, a Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío, a la poesía romántica que formaba parte de su biblioteca personal?

Aquí tenemos una imagen de Bernardo y otra del Palacio de Gobierno de Monterrey, edificio que fue una de tantas empresas en las que participó durante su vida. A través de la arquitectura accedemos al hombre: ¿qué se transfirió de Bernardo al edificio? Si le preguntamos a su hijo, nos responde en su texto:

…un modo de ser definido, un aspecto físico de belleza, una naturaleza cuya vecindad lo penetra y lo invade y lo sacia todo, una voluntad capaz de conjurar los destinos, una oscura equivocación en la relojería moral de nuestro mundo, una conciliación del ejército con las más altas aspiraciones sociales…

Podría agregar, a lo que enlista Alfonso, que también está transferida la incertidumbre de Bernardo Reyes. Al- canzo a intuir una duda en su vida (que David Cerna disecciona con mayor cuidado), que hace posible eventos trascendentes como la construcción de un Palacio de Gobierno o la muerte a balazos en la plaza de la capital, irónicamente frente a la puerta de un edificio símil al que promovió en nuestra ciudad.

En mi lectura, es una incertidumbre que Bernardo abraza con estoicismo y que supongo también atraviesa el espíritu del militar cotidiano, aquél que nos cruzamos en la calle, aunque en la actualidad se vive la duda con aleja- miento. Volvamos al Palacio y miremos el edificio, testi- monio y testigo: es una apuesta, un monumento, un emblema, una alegoría, una suma, un poema romántico, una revelación, un peligro y una confesión. Pero también es una herida; una ambición, una cumbre, un simulacro de amor, un sueño, una ametralladora, un acto entre la poesía y la vida.

Tal como limpiar botas o tomar café, como mirar una montaña y como escribir.

AdendaBernardoA