Divertirse aprendiendo: museos de divulgación científica en México

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JESSICA JARAMILLO*

CIENCIA UANL / AÑO 17, No. 66, MARZO-ABRIL 2014

3 palacio descubrim

Hace veinte años, Papalote Museo del Niño abría sus puertas con bombo y platillo, como un espacio en el que los más pequeños podían aprender de una manera divertida e innovadora. Quienes pudieron asistir en aquellos años, se toparon con un lugar que desde el inicio te pedía interactuar con los elementos que proporcionaba el propio museo, sin demasiadas restricciones.

Tal vez no todos estaban conscientes de lo que aprendían en ese lugar interactivo, pero sin duda dejó una semilla en los primeros visitantes de aquella generación que podían disfrutar de diferentes áreas temáticas, entre éstas una dedicada a la divulgación de la ciencia.

Los primeros pasos 

El primer museo dedicado a la divulgación de la ciencia fue creado en 1937, en Francia, bajo el nombre de Palais de la Découverte (Palacio del Descubrimiento), el cual estaba compuesto por módulos interactivos diseñados para explicar principios de ciencia con sus aplicaciones tecnológicas. El Palacio del Descubrimiento actualmente sigue en funcionamiento.

Casi treinta años antes, en 1903, se había creado en Alemania el Museo de Munich, con el objetivo de que el público comprendiera mejor los principios científicos y tecnológicos. En este lugar, por primera vez en la historia, los visitantes operaron los modelos de distintas maquinarias.

En 1960 surgió en Holanda el Evolun. En 1967, en Ontario, Canadá, se creó el Centro de Ciencias. Un año después, Estados Unidos abrió el Exploratorium, en San Francisco, California. Para 1986 en este país ya existían 113 centros de ciencia.

8 papalote

En los setenta, hubo una explosión mundial de museos interactivos. Así, en 1970 nace el primer museo de ciencia en México, llamado Museo de la Comisión Federal de Electricidad. Después de 1976 y en un periodo de 22 años, se abrieron al público catorce museos de este tipo.

En 1978 se creó el Centro Cultural Alfa (en Monterrey, N. L.); en 1988, el Museo de Ensenada, (Ensenada, B.C. Sur); en 1992, el Centro de Ciencias de Sinaloa (Culiacán, Sinaloa). En 1993 se crearon el Museo de Ciencia y Tecnología (Jalapa, Veracruz), el Universum (UNAM, México, D.F.) y el Papalote Museo del Niño (México, D.F.); en 1994, el Explora, Centro de Ciencias (León, Guanajuato), La Burbuja, Museo del Niño (Hermosillo, Sonora) y en 1996 el Museo de la Luz y del Chopo (UNAM, México, D.F.), por mencionar algunos.

Desde entonces hasta ahora, estos espacios se han multiplicado y transformado, nuevas concepciones de divulgación y nuevos guiones se emplean para transmitir mejor el mensaje al público que lo visita y lograr que éste regrese.

De acuerdo a Rosario Ruiz, presidenta de la Asociación Mexicana de Museos y Centros de Ciencia y Tecnología (Ammccyt), actualmente existen alrededor de 40 museos de este tipo en el país, los cuales son necesarios en el desarrollo de ciencia y tecnología ya que, al trabajar principalmente con niños, la formación que realizan es primordial para despertar la curiosidad del infante y crear vocaciones.

“Un niño interesado en la ciencia seguramente va a estar buscando siempre cómo regresar a museos, cómo seguir leyendo y cómo seguir preparándose. Normalmente los niños que vienen de parte de las escuelas llegan en alguna otra ocasión al museo con sus padres o sus familiares, y eso habla bien de que estamos inculcando o aportando todos los museos una formación informal, de una manera divertida, de una manera libre y de una manera lúdica”, indica la también directora del museo “El Trompo”, otro espacio para niños dedicado a la difusión de la ciencia y la tecnología, ubicado en la ciudad de Tijuana, Baja California.

Ruiz agrega que la labor de estos museos en México es coadyuvar al sistema educativo básico (preescolar, primaria y secundaria), a través de la promoción, difusión y divulgación de la ciencia.

Miguel Fernando Pacheco Muñoz, en su trabajo “Los museos de ciencia y divulgación”, expresa que estos espacios juegan un papel importante en la construcción de una cultura científica, pues dentro de sus fines está educar para que las personas puedan participar en los asuntos de su comunidad de manera informada, comprendiendo las posibilidades y límites del conocimiento científico y tecnológico, así como permitir que el visitante evalúe y juzgue las diferentes aplicaciones de la ciencia.

De acuerdo a Pacheco Muñoz, el discurso museográfico cambia en relación al papel que la ciencia y la tecnología tienen en cada momento histórico. Aquello que se divulga depende de lo que se considere o no ciencia. Patricia Castellanos Pineda, en su libro Los museos de ciencias y el consumo cultural explica que estos espacios son un medio de comunicación que se comporta como un mediador social en la comunidad en que se insertan. Además, los museos de ciencias se convierten en instituciones que amplían su oferta para participar en el mercado de consumo cultural.

En este sentido, la promoción entre el público para que asista a este tipo de museos sigue siendo un reto con el que se trabaja día a día. Aunque Ruiz asegura que en el caso de “El Trompo” la gente se acerca, casi la mitad de su público (48%) se conforma gracias a las visitas escolares.

“Siempre, un museo tiene que estar a la vanguardia, muy en contacto con la comunidad, y eso nos permite a nosotros ser muy creativos para atraer a público; aparte de los interactivos, de las nuevas películas, siempre hay que estar innovando, trayendo algo atractivo”, expresa la directora.

Uniendo fuerzas

La Ammccyt se creó el 15 de julio de 1996, como la red de museos y centros de ciencia y tecnología de México, cuyo objetivo es la divulgación, así como el intercambio de experiencias entre sus afiliados, con la finalidad de encontrar soluciones a los problemas comunes y apoyar la creación de nuevos museos y centros en el país.

Ruiz indica que el problema en común, como era de imaginarse, es el factor económico, por lo que las diferentes instituciones que trabajan con ciencia y tecnología buscan la manera de optimizar recursos. “Todos tenemos el mismo problema: presupuestos. La innovación siempre debe de estar muy a la vanguardia en todos los museos, pero para eso se requieren recursos”.

“Compartir sobre todo experiencias, conocimientos; eso, básicamente, es la finalidad de esta agrupación, cómo se trabaja en algunos museos, cómo estar actualizados, innovando, compartiendo exposiciones, conocimiento a través de todos nuestros homólogos. La asociación tiene poco más de 17 años y eso habla muy bien de que se ha venido manteniendo por la necesidad que todos tenemos que continuar aprendiendo”.

La organización se financia a través de las membrecías de los integrantes (la cual tiene un costo de 8,500 pesos anuales). Además, cada año realizan un coloquio subsidiado por las inscripciones y donativos de todos los que participan.

Actualmente buscan un apoyo mayor de parte del Conacyt, para los coloquios que organizan. La forma en que obtienen recursos de la institución es a través de la gestión individual de cada museo, pues no existe una línea de apoyo directo para los museos de ciencia.

* Universidad Autónoma de San Martín, Argentina.
Contacto: jaramillo.jess@gmail.com

Referencias

1. Castellanos Pineda, Patricia. Los museos de ciencias y el consumo cultural: una mirada desde la comunicación [en línea], Editorial UOC, dic 2010 : [fecha de consulta: 13 de febrero de 2014] Disponible en: <http://books.google.com.ar/books?id=OS2xexpF2EoC& printsec=frontcover#v=onepage&q&f=false>

2. Hernández Jiménez, Erika. La divulgación de la astronomía en el museo de las ciencias, Universum, capítulo 2 [en línea], ene 2005 : [fecha de consulta: 13 de febrero de 2014] Disponible en: <http:// www.somedicyt.org.mx/assets/hemerobiblioteca/tesis/tesis10_hernandez_jimenez_erika_aydee/capitulo2tesis10.pdf>

3. Pacheco Muñoz, Miguel Fernando. Los museos de ciencia y la divulgación. Redes [en línea] 2007, 12 (julio): [Fecha de consulta: 13 de febrero de 2014] Disponible en:<http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=90702507> ISSN 0328-3186

4. Weber Frías, Guillermo. La divulgación de la ciencia como apoyo a la educación escolar. [en línea], nov 1998 : [fecha de consulta: 13 de febrero de 2014] Disponible en: <http://www.uaeh.edu.mx/docencia/Tesis/i c s h u / m a e s t r i a / d o c u m e n t o s /La%20divulgacion%20de%20la%20ciencia.pdf>

5. h t t p : / / w w w . p a l a i s – d e c o u v e r t e . f r / index.php?id=accueil2

6. http://museosinteractivos.org

7 museo trompo