Ciencia UANL

INNOVACIÓN FARMACÉUTICA Y SUS RETOS DURANTE LA PANDEMIA POR COVID-19

MANUEL ALFONSO CARRERA GARCÍA*, JUAN DANIEL HERNÁNDEZ ALTAMIRANO*

CIENCIA UANL / AÑO 25, No.111, enero-febrero 2022

El 11 de marzo de 2020 la OMS declaró a la COVID-19 como pandemia, por ello, desde principios de enero, los centros de investigación de todo el orbe han emprendido una carrera para buscar alguna terapia y en el mejor de los escenarios una vacuna contra el SARS-CoV-2 (WHO, 2020). En el contexto de la pandemia surgen diversas interrogantes respecto a la accesibilidad a las nuevas terapias, ¿cuál es el proceso para que un nuevo medicamento esté accesible para la población?, ¿cómo se preparan los gobiernos del mundo para proporcionar terapias eficaces y seguras para sus ciudadanos?

¿FÁRMACOS O MEDICAMENTOS?

Antes de conocer cómo se producen o se desarrollan las terapias farmacológicas, es importante abordar las diferencias entre medicamentos, fármacos y los biofármacos. De acuerdo con la Ley General de Salud de México, los fármacos son las sustancias o compuestos que tienen la capacidad de interactuar con los sistemas biológicos para generar una respuesta en ellos, ya sea con el fin de restaurar, corregir o modificar las funciones fisiológicas, o para establecer un diagnóstico (SSA, 2003). Por otro lado, tenemos a los biofármacos, que son en esencia fármacos por sus características y propiedades, con la excepción de que son obtenidos por biotecnología molecular. Es decir, por medio del uso de organismos y sus rutas metabólicas (SSA, 2012).

En segundo lugar, los medicamentos se definen como aquella mezcla de los componentes en los que se incluye la sustancia activa (el o los fármacos) y los ingredientes no activos farmacológicos, que son los excipientes en medicamentos sólidos o vehículos en medicamentos líquidos. Todo esto bajo una forma farmacéutica que hace referencia al producto final que facilita una adecuada dosificación, conservación y administración en el organismo humano o animal. Tal es el caso de las cápsulas, los comprimidos, los inyectables, los jarabes, entre otros (SSA, 1994).

INVESTIGACIÓN Y DESARROLLO FARMACÉUTICO DURANTE LA COVID-19

Desde la declaración por parte del gobierno chino del brote de SARS-CoV-2 en su territorio, más de 200 millones de personas alrededor del mundo han sido infectadas y cerca de 5 millones de personas han perdido la vida por esta enfermedad emergente (datos al 30 de agosto de 2021). Por ello es imprescindible contar con medicamentos y vacunas para la población (WHO, 2020; JHU CSSE, 2021).

Encontrar una terapia eficaz y segura contra nuevas enfermedades virales es un reto importante para los diferentes actores del desarrollo farmacéutico. Poder disponer de los productos terapéuticos o preventivos puede tardar meses o incluso años, debido a que existen diversas situaciones que deben atenderse, como la correspondencia de las patentes o los derechos de propiedad intelectual de las innovaciones farmacéuticas, así como el cumplimiento de las condiciones del aseguramiento de calidad que exigen las agencias reguladoras, lo que plantea desafíos para atender la producción industrial de las nuevas terapias que resulten de utilidad para lograr tratar a las personas enfermas por el SARS-CoV-2 y alcanzar la inmunización de la población mundial.

Lo que se vive hoy en día contra la COVID-19 es más que incertidumbre en la búsqueda de propuestas innovadoras que hagan frente a esta enfermedad emergente, sino que también la situación conlleva a dilemas éticos, por el hecho de anteponer la salud humana ante los intereses comerciales y la accesibilidad a medicamentos y vacunas. Por ello, durante el primer semestre de 2020, se ha puesto en libre acceso tanto la secuencia genética del nuevo coronavirus, así como aquella bibliografía científica relacionada con propuestas terapéuticas, para democratizar el conocimiento y hacer frente a la emergencia sanitaria mundial (NLM/NIH, 2020).

DESAROLLO FARMACÉUTICO Y MADUREZ TECNOLÓGICA: DEL MODELAJE COMPUTACIONAL A LOS ENSAYOS EN HUMANOS

La innovación farmacéutica, incluso en épocas de pandemia, se lleva a cabo bajo una metodología en la que sus principales componentes son los sujetos de investigación. Ellos representan una población específica en la que se extrapolarán los resultados. Pueden o no estar sanos, según el interés del ensayo clínico. Un segundo elemento es la intervención, para la que hay una comparación entre el medicamento innovador contra un grupo de control al que se le administra un placebo (sustancia que no causa efecto farmacológico) o un medicamento de referencia del cual ya se dispone información farmacológica. Finalmente, la evaluación global de los ensayos clínicos que implica la revisión de parámetros de eficiencia y seguridad de la intervención en términos de eventos adversos, calidad de vida, farmacogenómica y la relación costo-efectividad (Bayona y Fajardo, 2012).

El proceso de investigación y desarrollo farmacéutico dispone esencialmente de cuatro etapas en las que se pone a prueba la seguridad y la eficacia de las moléculas candidatas, en esencia se resumen en: fase 1, también conocida como fase preclínica (TRL-1 al 5), en esta fase se simulan las actividades biológicas sobre blancos moleculares de interés así como el maquetado de las moléculas candidatas por medio de programas informáticos (estudios in silico) y modelos biológicos, como animales de laboratorio y líneas celulares (estudios in vitro/in vivo); fase 2 y 3 (TRL- 6 al 8), en estas etapas las moléculas y formulaciones que probaron las dos características importantes son aplicadas a seres humanos para conocer su perfil farmacológico y de farmacocinética; por último se tiene la fase 4, la cual se relaciona con la vigilancia sanitaria postcomercialización (TRL-9), en donde se sigue evaluando seguridad y eficacia, así como el seguimiento de reportes de eventos adversos relacionados con las nuevas terapias que no fueron detectados en las fases previas. Dichas etapas son reconocidas como parte de un protocolo estandarizado, para la búsqueda de nuevas moléculas, que se apega a la parte clínica.

Para el diagnóstico del desarrollo de nuevas tecnologías, la NASA estructuró las escalas de madurez tecnológica (TRL, por sus siglas en inglés), que establecen de manera estandarizada los protocolos para llevar toda clase de prototipos desde la ideación y la gestión del conocimiento hasta volverse una realidad comercial (Conacyt, 2015). Para ello, la escala se establece en numerales de TRL1 al TRL9. En concreto, un “TRL” es una forma aceptada de medir el grado de madurez de una tecnología. Esta escala puede acoplarse al desarrollo de un nuevo fármaco desde la etapa de fabricación hasta su comercialización:

  • TRL 1: investigación básica: se parte de principios básicos observados y reportados por otras investigaciones, se despliegan estrategias de vigilancia tecnológica e inteligencia competitiva (VT&IC).
  • TRL2: investigación de laboratorio: se maqueta el concepto tecnológico o aplicación tecnológica formulada. Se identifican, seleccionan o se elaboran protocolos para elucidar nuevas moléculas que podrían tener actividad farmacológica. Actualmente se usan programas informáticos para la identificación de potenciales blancos terapéuticos, así como sus acoplamientos moleculares entre receptores celulares y los prospectos fármacos. En esta fase se modelan miles de moléculas prospectas en un proceso llamado cribado in silico (Saldívar-González et al., 2017).
  • TRL3: investigación de laboratorio: se prueban experimentalmente las moléculas prospectas de manera in vitro. Es decir, en modelos biológicos como células eucariotas o procariotas, de acuerdo con el objetivo terapéutico.
  • TRL4: desarrollo tecnológico: se experimenta la seguridad de los fármacos candidatos en un modelo animal definido (por ejemplo, ratones, cobayos, conejos, etc.) para simular lo más posible la fisiología humana en estos modelos in vivo (Morales-Navarro, 2015).
  • TRL5: desarrollo tecnológico: una vez validadas las moléculas en laboratorio, se elaboran pequeños lotes en condiciones piloto (simulando a la industria), apegándose a las buenas prácticas de fabricación de fármacos y medicamentos descritas en la normatividad mexicana (SSA, 2015).
  • TRL6: demostración tecnológica: se inicia la fase 1 de los estudios clínicos, donde se evalúa la toxicidad y seguridad del fármaco en humanos. Para ello se selecciona un número de sujetos pequeño, aproximadamente 20-80 personas.
  • TRL7: desarrollo de producto: se demuestra el prototipo del medicamento en un ambiente operativo real. Se da comienzo a la fase 2 de estudios clínicos: se prueba la eficacia para el tratamiento de la enfermedad destinada, esto para establecer un rango óptimo de dosis-respuesta. Asimismo, se evalúa en un número mayor de sujetos, aproximadamente con 100-1,000 personas.
  • TRL8: desarrollo de producto: una vez aprobada y validada la manufacturación de los nuevos medicamentos en un ambiente real se inicia la fase 3 de estudios clínicos. En esta fase se evalúa la eficacia para la aplicación clínica pretendida en una población mayor y heterogénea, aunada a la comparación del nuevo medicamento contra placebos u otros medicamentos de referencia. El tamaño de la población de estudio es aproximadamente de 1,000-10,000 personas. Estos estudios se denominan multicéntricos, ya que se llevan a cabo en varios centros de investigación alrededor del mundo.
  • TRL9: producto terminado: los nuevos medicamentos que ya fueron probados en un entorno real y cumplen con todos los requisitos legales de operación para su elaboración a escala industrial. Se aprueban para su comercialización, iniciando la fase 4, también denominada postclínica, lo que involucra la farmacovigilancia, es decir, la detección de los efectos adversos pocos comunes que no fueron detectados en las fases anteriores (Conacyt, 2015; ISO, 2013; SSA, 2015).

Desde la búsqueda de nuevas moléculas hasta el registro y posterior lanzamiento del medicamento, el desarrollo puede tardar desde diez hasta quince años, muchas veces envuelto en una gran probabilidad de fracaso en cualquiera de las etapas del proceso de desarrollo e investigación (Rendo, 2015).

No sólo se involucran las fases clínicas para poder llegar a la comercialización del medicamento, sino que, por lo general, la industria farmacéutica tiene previsto desde fases tempranas el escalamiento industrial de las moléculas en estudio. Sin embargo, el éxito en la producción industrial que satisfaga la demanda del mercado es otro factor importante para considerar al momento de desarrollar una nueva terapia, pues si la tecnología para su manufacturación no es del todo rentable, propiciará un bajo interés de desarrollo por parte de las casas productoras de fármacos. Para el momento actual de la pandemia por COVID-19 podría parecer que esto no es relevante, sin embargo, por la necesidad actual de nuevas terapias farmacéuticas es imprescindible tomar en cuenta los factores sociales, económicos y de salud pública.

LEGISLACIÓN DE NUEVOS MEDICAMENTOS Y SUS RETOS EN LA PANDEMIA DE COVID-19

Una de las cosas más importantes a la hora del desarrollo e innovación farmacéutica es la pertenencia de los derechos de propiedad intelectual (PI), es decir, a quién le pertenece explotar comercialmente y beneficiarse de las regalías derivadas de la comercialización de estas terapias.

Por tal motivo, las empresas farmacéuticas son impulsadas por el reconocimiento y protección legal de sus moléculas, procesos y productos finales, lo que conlleva al resguardo de sus invenciones por medio de patentes, modelos industriales, etc. En otras palabras, sólo los propietarios tienen la posibilidad de impedir que otros fabriquen o vendan los productos ya protegidos por leyes de propiedad intelectual, derivando en el máximo aprovechamiento de las regalías por parte de los titulares de la patente. De este modo se justifica el precio final del producto debido a la inversión realizada en las fases previas de investigación y desarrollo. Sin embargo, cuando se trata de una invención o mejora que es esencial para la humanidad, ya sea para combatir enfermedades o proteger la vida de las personas, entonces, ¿pueden coexistir los intereses patrimoniales con el bien común? Para responder la pregunta anterior hay que mencionar que, en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales se reconoce el derecho de toda persona a “gozar de los beneficios del progreso científico de sus aplicaciones”, lo que necesariamente requiere de establecer leyes que limiten los derechos de explotación comercial para que, en efecto, puedan llegar a todas las personas (Méndez, 2020).

Para ello surgen las licencias de utilidad pública, definidas por la Organización Mundial de Comercio (OMC), en el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual (ADPIC), como aquellos “permisos que da un gobierno para producir un producto patentado o utilizar un procedimiento patentado sin el consentimiento del titular de la patente”. En el mismo acuerdo se menciona que aquellos países que por emergencia requieran reducir costos de algún producto de patente para hacer frente a una emergencia pueden “poner en la mesa” este argumento y así contar con la producción de genéricos sin la autorización del titular de dicha tecnología.

Con todo, todavía es necesario cumplir ciertos requisitos. Uno de ellos es la búsqueda de una licencia voluntaria con el titular; otro es el hecho de cumplir con el pago de regalías, se haya o no obtenido una licencia voluntaria. También es importante hacer mención de que no se da exclusividad a los licenciatarios (Méndez, 2010).

Aun con todo lo anterior, se desconoce la capacidad para responder a la demanda global, los costos, la gestión de la PI en los que las empresas farmacéuticas deberán estar preparadas para cumplir con la disposición global. También es importante considerar que el aprovechamiento de “los secretos industriales” por parte de las empresas puede agravar la situación, puesto que han comenzado a considerarse como una práctica de competencia desleal y la legislación sobre licencias de utilidad pública sólo es aplicable a las patentes (Muñoz-Téllez, 2020).

La ley de la Propiedad Industrial mexicana declara en sus artículos sobre el abordaje de la PI las tecnologías para la producción farmacéutica de las muy próximas terapias de la actual epidemia. Indicando que los trámites se deben resolver en un plazo no mayor a noventa días y la Secretaría de Salud tiene que definir los criterios del aseguramiento de calidad para las nuevas terapias desarrolladas (Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2018). Sin embargo, esto no significa que el problema de la accesibilidad de las vacunas y medicamentos está resuelto, pues, así como sucedió en la pandemia por el virus H1N1, las primeras personas que recibirán las fármaco e inmunoterapias serán los profesionistas de la salud, lo que se conoce como atención a la primera línea. Para aquella pandemia las opciones terapéuticas provinieron de décadas de estudios, resaltan los fármacos oseltamivir y zanamivir (Domínguez-Cherit et al., 2010).

CONSIDERACIONES FINALES

Ante la emergencia sanitaria que enfrenta el mundo contra la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19), se ha puesto bajo el ojo público la importancia de disponer de la ciencia, la tecnología y la innovación sin restricciones, a favor del desarrollo de medicamentos, vacunas y proyección de lineamientos en salud pública.

Como podemos darnos cuenta, el proceso de escalamiento industrial de nuevas terapias debe ser apegado a las buenas prácticas de fabricación para lograr llegar a la reproducibilidad tecnológica, por lo que, ante la situación de emergencia sanitaria por el SARS-CoV-2, no debe ser una excepción. Debemos tomar en cuenta que existe una aceleración importante de todos los procesos. Por ello, institutos de salud, gobiernos y empresas farmacéuticas deberán generar alianzas en esta carrera contra el tiempo.

La gestión de la propiedad intelectual (PI) juega un rol importante para la industria farmacéutica, pero para la pandemia actual deberá pasar a segundo plano porque se debe permitir el acceso global a las próximas terapias farmacéuticas en desarrollo por medio de las licencias de utilidad pública, las cuales el ADPIC permite, principalmente, a países en vías de desarrollo.

Es importante denotar los esfuerzos que están haciendo las empresas, los gobiernos y las organizaciones mundiales para adelantar los procesos, tanto en los estudios clínicos para la seguridad y la eficacia de las nuevas terapias, así como en la adaptabilidad tecnológica para lograr la producción industrial con base a las buenas prácticas de fabricación y los requisitos de calidad que la regulación exige.

AGRADECIMIENTOS

Por la revisión de la redacción al estudiante LLH. Ángel Gamaliel Figón Minor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

 

* Universidad Autónoma de Nuevo León.
Contacto: manuel.carreraga@uanl.edu.mx,
juan.hernandezarn@uanl.edu.mx

REFERENCIAS

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